logotipo

img_google
Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
Acerca de
Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
Post-it
Enlaces
Acesos directos desordenados
Mujeres con demasiado pecho
Y aquí.. las que son demasiado cariñosas
Logo CCFVLS
Sindicación
 
Pisos pa los monos
En este país en el que vivo (supongo que en todos los demás también) conviven muchas sensibilidades y una de ellas es el nacionalismo. Aunque siempre he defendido que el nacionalismo se cura viajando respeto que alguien sea nacionalista aunque no lo comparta. Hay varios nacionalismos en España, el catalán, el gallego, el vasco y, por supuesto, el español. Curiosamente los nacionalistas españoles no se dan por aludidos cuando se habla de nacionalismo.

Como en casi todos estos temas, estoy tan lejos del capullo que se enfada si oye hablar a alguien catalán en la televisión española, como del imbécil que pide que traduzcan los sms en español que envíen a la televisión catalana. Tengo la fortuna de hacer negocios con catalanes y me consta que es un problema que jamás se da en la calle. Capullos los hay seguro, pero en mi tierra también los hay. ¿En la tuya no?.

Cuando, hace unos meses comenzó una discusión interminable en los medios de comunicación sobre el hecho de que en el nuevo estatuto de autonomía los catalanes se definieran como nación yo intuí una cosa que suelo intuir de los políticos y es que detrás de toda esta historia no había más que un ansia de poder y de cargos. Y es que si en vez de un cargo hay diez, muchas más probabilidades de trincar hay. Me barrunté que esto de la polémica era una cortina de humo que escondía otras cosas. Hice entonces una de las tonterías que hago de vez en cuando y que estoy seguro casi nadie ha hecho: me leí el proyecto de estatuto de autonomía. Al menos lo encontré. Cuando intenté leer la constitución europea, esa que los españoles aprobamos con abrumadora mayoría, me fue absolutamente imposible encontrarla en Internet.

Una vez que le eché un vistazo, y obviando las sensibilidades nacionalistas que seguro que a mucha gente les apasiona, lo analicé como ciudadano y también como empresario. Y me quede alucinado. No soy experto constitucionalista pero no creo que haya una ley tan intervencionista (y a veces tan increíblemente estúpidamente intervencionista) en toda Europa. A veces he observado como a alguien que no está acostumbrado a tener autoridad o poder se le da y se emborracha de la misma. A mi me pasó una cosa curiosísima una vez con un chaval al que nombre coordinador de un grupo y me encontré con que al poco tiempo quería restringirles hasta su derecho al desayuno. Pues bien, a quien redactó ese estatuto le pasa algo similar. Detalles como, por ejemplo, que la generalitat podrá decidir de que países se pueden contratar trabajadores y de cuales no, o el hecho de que si un trabajador que atienda al público no sabe catalán el responsable directo será el empresario (lo cual inhabilita obviamente el trabajo a cualquiera que no sepa catalán y coarta la actividad económica) son pequeñas muestras de esta estupidez. Es obvio que quien escribe eso no tiene un bar o un comercio y no se encuentra con el hecho de no disponer de mano de obra.

Muy hábilmente, los responsables de estas barbaridades han jugado con la estupidez de sus colegas (los políticos) del lado “contrario” y han sacado el tema nacionalista. Meses de discusiones sobre si se debe hablar de nación, de realidad nacional, de identidad nacional o de un aire nacional. Ahora tocará el referéndum y estoy seguro que nadie publicará el texto de estatuto. Seguro que nadie planteará la consulta en los términos de: “esto es lo que hemos pensado, léelo y si te gusta vota si y sino, vota no”. No, la consulta será algo así como… “si eres buen catalán vota si” y por el otro lado será algo como… “si no quieres que España se desmiembre vota no”. Para ilustrar el estatuto seguro que sacan alguna frase evidente y rimbombante como en el caso de la constitución europea. Así pues, tendremos a Joan Manuel Serrat o a alguien por el estilo leyendo un texto similar al siguiente: “La generalitat defenderá los derechos humanos y a toda la buena gente del mundo”. Y alguien dirá.. estas de acuerdo con esto?. Pero las cartas están echadas. Y volveremos a tener una ley intervencionista que desprecia a individuo o a la masa. Por ejemplo, en ninguna de estas leyes (ni incluso en la constitución europea) se prevé el derecho a exigir un referéndum con un número determinado de firmas con lo que se podrían evitar cosas como por ejemplo que un tío nos meta en una guerra a pesar de que más del 90% del país esté en contra.

De momento, y como anticipo de este estatuto, la generalitat va a sacar una ley según la cual las viviendas que estén dos años vacías tendrán que alquilarse a la fuerza. A tomar por culo la propiedad privada. Para ello se controlará el gasto de energía y de agua en las viviendas. A tomar por culo la protección de datos. Bienvenido al gran hermano. Imagino que lo siguiente será expropiar a los coches que no hagan un número de km al año.

Imagino que en realidad el gobierno catalán se ha adelantado al hecho de que a partir de ahora los simios tendrán “derechos humanos” y según nuestra constitución los humanos tenemos derecho a una vivienda digna.

Ea!, pisos pa los monos!
 
Stendhal vesus Titobeno
Me encanta la publicidad. Y a veces los anuncios son unos excelentes medios para aumentar la erudición popular. Hace unos meses, gracias a un anuncio de Audi todo el mudo conocimos el curioso síndrome de Stendhal. Para quien no lo recuerde, el nombre de dicho síndrome se debe al pseudonimo de un autor francés que lo sufrió en Florencia, después de un día intenso de visitas a obras de arte e iglesias, en la iglesia de la Santa Croche. En plena visita se sintio mal y tuvo que salir corriendo a la calle con síntomas de ahogo.

Este síndrome ataca a las personas con una especial sensibilidad por el arte y la belleza y se manifiesta con palpitaciones, ahogo y sensación de claustrofobia al contemplar un “exceso de belleza”. Curiosamente este síndrome es más habitual de lo que pudiera parecer. En definitiva se trata de una sobredosis de belleza.

Supongo que este tipo de síndrome puede tener su correspondencia en otros aspectos de la vida. Me imagino de pronto a alguien obsesionado por el dinero delante de un tesoro de una habitación llena de oro o joyas.

Yo no desprecio para nada la belleza ni el dinero. De hecho en el caso de la belleza creo que soy un enamorado de la misma en todas sus manifestaciones. Por otra parte, también tengo mis gustos como todos. Me gusta el fútbol (más bien mi equipo..), soy muy curioso y me encanta aprender cosas, me apasiona mi trabajo, los coches, saber como funcionan las cosas, etc.. pero no me veo con palpitaciones y claustrofobia por que mi equipo gane la copa, o por mi trabajo, o por un coche.

Desde luego y aunque me gusta el arte no creo que a mi me afecte este síndrome que hizo famoso al tal Stendhal. De hecho, he estado en esa iglesia y, siendo bellísima como toda Florencia, no sentí siquiera un ligero mareo.

Pero he descubierto que todo el mundo tiene una especial sensibilidad para cada cosa. Yo, por ejemplo, me considero bastante sarcástico y admito que a veces de forma excesiva. Suelo decir que yo soy natural de Sarcastia. Reconozco que me gusta sacarle punta a las cosas y burlarme de determinadas situaciones. A veces me sorprendo a mi mismo sacándole punta a situaciones de lo más serias y/o normales y habituales. De hecho suelo reprimirme porque continuamente me dan ganas de sacar mi sentido de la ironía y el sarcasmo a pasear. Así pues, a riesgo de parecer algo pretencioso, he de afirmar que creo que tengo una particular sensibilidad para el sarcasmo.

Ayer leí esta noticia:

Con la justificación de que el hombre comparte el 98,4 por ciento de los genes con los chimpancés, el 97,7 por ciento con los gorilas y el 96,4 por ciento con los orangutanes, el Grupo Socialista presentará un proyecto que pide "derechos humanos" para los simios.

Una organización internacional conocida como el ” proyecto gran simio” busca una declaración de la ONU sobre los derechos de los simios y defender sus intereses igual que los "de los menores de edad y de los discapacitados mentales de nuestra especie", según los responsables del proyecto.


De pronto, mi sentido del sarcasmo colapsó, se me ocurrieron tantas bromas, tantas ironías, tantos sarcasmos, tanta ridiculización, tantas comparaciones, tantos post... que me sentí ahogado, sentí fuertes palpitaciones y tuve que salir a la calle a respirar aire fresco….

¿Síndrome de titobeno?
 
Dando fe
Siempre he pretendido ser respetuoso con las profesiones de los demás. Aún recuerdo como discutía con mi madre cuando un señor le cobro un pastón por quitarle un nudo a la tubería de desagüe de la lavadora.

- Ya ves, tres mil pesetas por diez minutos para quitar un nudo
- No mama, tres mil pesetas por saber que hay que hacer..

En fin, como en el chiste del tornillo (apretar el tornillo es gratis, el pastón es por saber que tornillo hay que apretar). Mi respeto por las profesiones se vuelve “tisquismiquis” con el lenguaje. Por ejemplo, cuando alguien me da un precio por un servicio y lo considero caro nunca digo “eso es caro” o “te has vuelto loco”. Simplemente digo “usted sabrá en cuanto valora su trabajo pero yo no estoy dispuesto a pagarlo”. De la misma manera que no me gusta que los demás valoren mi trabajo a mi no me gusta valorar el de los demás. Simplemente lo pago o no.

Dicho esto he de reconocer que hay profesiones a las que les tengo manía pero en realidad no es a las profesiones en sí sino a los profesionales que lo práctican. Así, por ejemplo, les tengo algo de “tirria” a los pilotos a los que suelo referirme como “chofer de avión”. Pero eso no quiere decir que no admire y valore el trabajo de conducir un avión (perdón, pilotar..). Simplemente es que me parecen pelín pretenciosos cuando en realidad hacen lo mismo que un conductor de autobús o un taxista (si alguien entiende de pilotar aviones podría confirmar que, hoy en día, es más fácil que conducir un camión). Hay varios casos como estos y no hace muchos post hablé de los médicos. Me jode esa idea de semidioses cuando en realidad van bastante perdidos (por cierto, la serie House es genial en eso y la primera que ilustra lo que es el pan nuestro de cada día de la medicina: la técnica de la prueba y error). También los periodistas que van pelín endiosados, los teleco.. etc.. Al final parecerá que no dejo titere sin cabeza pero, insisto, no critico las profesiones.

Como he dicho, las profesiones me parecen todas importantes en su momento y muchas veces pienso en los problemas que todos tendriamos si no hubiese, cerrajeros, camareros, ingenieros, médicos, jardineros, restauradores, conductores, etc… da igual la profesión o actividad que busquemos. La vida no sería igual si alguien no se dedicará a ello. Por eso, para mi, todas son importantes y, tal vez con distintos grados, imprescindibles.

¿Todas?, bueno no. Hay excepciones. Hay unos trabajos que no respeto en absoluto y que además me causan bastante rabia. Sobre todo aquellos trabajos que vienen dado por un exceso de burocracia absolutamente artificial y, en la mayoría de las ocasiones innecesaria. Mi desprecio no es para quien los práctica sino para la profesión en sí. En muchos países directamente se han erradicado o simplificado. Aquí se dan diferencias curiosas. Por ejemplo un notario. En España un notario es un Dios (ya ni siquiera un semidios) y cobra un dinero indecente por hacer nada (literalmente en muchos casos porque ni lee lo que firma). Entiendo la necesidad de un notario en el siglo XV pero no ahora. En cualquier caso si alguien ha necesitado un notario en USA habrá comprobado como puede ir a cualquier oficina de correos o a cualquier centro público y como, cualquier funcionario dará fe notarial de forma gratuita (normalmente te piden la voluntad para la mutualidad de huerfanos) cualquier documento. Solo es necesario que firmes delante de él.

Curiosamente, si no hay un notario disponible, en España se paraliza prácticamente la actividad económica. De hecho, a mi me sucedió hace bastante tiempo cuando, en un puente resultó que no había ningún notario disponible en Madrid. Suena a chiste pero sucedió. Creo que, a raíz de aquello que fue en el año 95, se estableció una especie de turnos de guardia como en los juzgados o farmacias.

Ayer un compañero me llevo a recoger el coche que estaba en el taller y de paso le acompañé a firmar un préstamo personal que solicitó. Cuando llegamos a la oficina estaban el director de la oficina, la persona que le gestionó el crédito y nosotros. La chica de la oficina nos dijo que estaba todo listo e íbamos con algo de prisa pero todos tuvimos que esperar. Faltaba alguien fundamental: el corredor de comercio. A los veinte minutos apareció la chica que encima nos metió prisa. Pasó algo curioso. El trabajo de la chica consistía en leer de forma increíblemente rápida en voz alta el contrato…

- Usted.. fulanito de tal solicita de esta entidad la cantidad de…. Que se devolverá en cuotas iguales de tanto resultando un interés de tanto anual…

En estas mi compañero dijo..

- Un momento.. tanto anual?, ese no era el interés acordado..

Sin dar tiempo siquiera a que respondiera el director de la sucursal la señorita espetó:

- Mire usted.. dígame si va a firmar o no porque tengo prisa y aun me quedan dos visitas más.

Afortunadamente, el director de la sucursal admitió el error y tacharon la cantidad y la pusieron con lapiz encima. No soy muy experto pero no me parece muy adecuado eso. El caso es que la corredora de comercio, que parecía mucho más una corredora de los cien metros lisos pasó olímpicamente del tema.. y les dejó las copias a los dos (mi compañero y el director de la sucursal), después firmo ella (sinceramente, ni siquiera recuerdo si firmó, imagino que si) y sin apenas despedirse salió de la oficina a toda leche.

Me quedé pensando lo que pienso muchas veces de otras profesiones. Que sería de nuestra vida si no hubiese corredores de comercio… y volvi a reafirmarme.. todo sería igual excepto que habríamos terminado antes y encima mi compañero no hubiese tenido que pagar un tres por mil de comisión (o un mínimo). Porque encima, si haces cuentas de lo que se lleva la “pava” en cuestión por ser maleducada un ratito te acojonas. Y pensar que aún le quedaban dos más (y seguramente vendría de un par de ellos).

Seguramente alguien pensará que esa gente se pasa media vida estudiando para sacar la plaza de oposición pero eso no quita para que el trabajo tenga contenido y utilidad mínima o nula. Aquí sólo daré un caso curioso que le sucedió a un amigo. Tuvo problemas porque le vendieron un piso que tenía cargas y en el contrato decía que no las tenía. Mi amigo quiso esgrimir que el Notario había firmado eso y certificado que el piso no tenía cargas y la respuesta fue la siguiente: No, eso no es así. El Notario sólo certificó que firmaban ustedes, no que lo que firmaban fuese cierto. No esta mal teniendo en cuenta que cobró casi mil euros por la firma. Y no me meto también con la forma de escribir y redactar porque, como siempre, me estoy extendiendo demasiado..


Así pues, valgan estas líneas para mi sincero “homenaje” a esos profesionales abnegados que practican profesiones tan necesarias como la notaria y la correduría de comercio. A esos héroes de la pluma de oro y el papel timbrado sin cuya existencia es posible que todos fuésemos un poco menos pobres y hubiésemos perdido menos tiempo.

De lo que doy fe y expido el presente....En Madrid… a tantos de tantos….
 
Así será si así os parece
Nuestro cerebro, entre muchas otras sorprendentes funcionalidades, tiene una de la que no recuerdo el nombre y que, básicamente consiste en la capacidad de componer un todo a partir de partes adquiridas por nuestros sentidos. Gracias a esta cualidad, por ejemplo, tenemos la ilusión de movimiento a partir de imágenes fijas (osea, que sin esto no podríamos ver películas). Otra cosa curiosa es como nuestro cerebro reconoce formas incompletas. Así, si coloco cuatro líneas paralelas dos a dos (y perpendiculares un par con el otro) aunque no haya vértices ni estén unidas, nuestro cerebro reconoce un cuadrado en vez de cuatro líneas.

Esta capacidad de matizar nuestros sentidos es la responsable de las ilusiones ópticas de las que se pueden encontrar muchísimos ejemplos curiosos. Pero este post no va por las ilusiones ópticas sino más bien por otro tipo de ilusiones cognoscitivas.

Y todo esto viene al hecho de que alguna vez he pensado con que facilidad se califica a una persona en base a una simple impresión. Todos lo hacemos creo yo. Y, como no podría ser de otra forma, en esto de los blogs sucede a menudo.

Hay muchos ejemplos, pero como ya tengo alguna experiencia desagradable de alguien que me ha pedido que no le ponga como ejemplo me pondré a mi mismo, y a alguien que estoy casi seguro a la que no le molestará y cuyo último post me ha vuelto a hacer pensar en todo esto.

Me refiero a Elvira (si queréis leer su blog tenéis el enlace aquí justo a la derecha). Se quejaba Elvira con toda la razón de que el hecho de que en su blog haya posteado alguna vez que le gusta el sexo, o que tiene alguna tendencia exhibicionista no tiene que indicar necesariamente de que se considere una nudista patológica. Y no sólo es que se exagere, es que se añade al paisaje elementos de nuestra propia consecha e imaginamos que si alguien es exhibicionista es obvio que le encantará mirar “pollas”. Y es que aquí nos vuelva a pasar lo que nos pasa con el ejemplo de las líneas y el cuadrado que puse antes. Leemos dos detalles y nosotros nos encargamos de rellenar el resto a nuestro gusto. Así pues, si leemos algún pasaje donde una mujer desvela una cierta sensibilidad erótica al final nos componemos el retrato de una ninfomaniaca crónica.

Llevo mucho tiempo observando este fenómeno y aunque creo que no, tampoco puede asegurar que yo mismo no lo practique. La gente escribe blogs sobre lo que le apetece y los hay de todo tipo. Los que tratan sobre nada, los que tratan sobre una única cosa (y en este caso es peor puesto que parece que el autor no piensa en otra cosa) , los que se extienden en un periodo muy concreto con un problema muy concreto, etc.. Y los lectores tienden (tendemos?) a contar con esos cuatro datos y pergeñar una personalidad. Si bien todos lo hacemos, hay personas que son menos pudorosas en su uso y se permiten incluso escribir comentarios calificándote como si te conociesen de toda la vida. Así, por ejemplo, a mi me han calificado tanto en comentarios como en correos privados gente que, obviamente, sólo conoce mis post y supongo que en muchos casos unos pocos. Quien haya leído mis post de cuando estaba alegre pensará que soy un payaso y quien los lea de cuando estaba triste que soy un muermo. Como si de pronto las personas fuesemos planas y sin aristas.

Y que conste que no es una queja. Yo creo que, en mi caso, la mayoría de los errores son a mi favor. Es decir, la gente que se arriesga a calificarme en base a los post normalmente me halaga de forma seguramente excesiva e inmerecida.

Por otra parte, el conocimiento que tienes de otra persona siempre está hecho a base de retazos. Incluso aunque se trata de una persona que creas que conozcas perfectamente, siempre habrá muchos ámbitos en los que no las has visto. Eso es fácil de imaginar con solo ponerte como ejemplo tu mismo. Si piensas en la cantidad de cosas (no necesariamente malas u ocultables) que haces sin que tu pareja lo sepa o esté allí para verlo rápidamente caes en la cuenta de que excepto tu mismo, nadie tiene los datos para calificarte.

Yo me considero una persona compleja y no me considero más que nadie. Quiero decir con esto que doy por hecho que todos los demás son personas complejas. Un conocido siempre me decía que todo el mundo tiene gente alrededor que piensa de él que es buena persona y otro que piensa que es un gilipollas y eso es una muestra de que todos tenemos distintas caras y aristas. Y, siendo una persona compleja, me extraña que después de leer dos o tres post alguien crea que me conoce cuando yo que estoy conmigo casi siempre (o tal vez por eso), a veces dudo de mi auto-conocimiento. Creo que, al menos quien hace este tipo de comentarios, debería poner una coletilla del tipo “por lo que leo en este post..” e intentar suponer mucho menos. Tal vez ponerse él o ella mismo como ejemplo sea una buena praxis.

Por otra parte (y es que en mis desvaríos onanistas mentales siempre hay otra parte) es obvio que, como ya dije alguna vez en este blog, la mayoría de las calificaciones que hacemos de personas son absolutamente subjetivas y dependen en gran medida del observador. Así pues, quien soy yo para negar que soy listo, tonto, divertido, muermo, soso, salado, brillante o gris porque supongo que lo soy, todo, dependiendo del momento y de la persona. Y si para alguien soy un soso (por poner un ejemplo) quien soy yo para decir que no lo soy.

En resumen que, como en el tema de las ilusiones ópticas, así será si así os parece.
 
De House a Hommer
Vale, misterio concluido.

He visto de una tacada tres capítulos de la serie House. He de reconocer que aparte de mi ánimo anterior el hecho de que ese tipo les ponga tanto a las mujeres (al menos una muestra bastante significativa de las comentadoras…) me intrigaba.

Por lo demás poco misterio había. Sin meterme ahora a crítico y admitiendo que me toca un poquitín los cojones esa especie de complejo de semidioses de los médicos, he de reconocer que, incluso en eso, esta serie se sale un poco de lo normal. Una frase genial -“Vosotros dadle eso, si se cura es que teníamos razón, si se muere es que no la teniamos”- me ha hecho pensar que en esta serie al menos se reconoce el hecho de que en la mayoría de las ocasiones los médicos van a tientas. No obstante, siendo una serie que se deja ver (sobre todo si se evitan las escenas de casquería explícita que tanto se han puesto de moda) no es que sea la serie del siglo (al menos para mi).

En cuanto al personaje en sí, tiene su gracia aunque sinceramente, después de algunos comentarios (sobre todo el de Amanda) yo esperaba un personaje más ingenioso y brillante. Debe ser que los capítulos que he visto (ya tengo bajando unos cuantos más) no son los mejores. Más bien me parece un tio amargado de la vida con algunas chispas sarcásticas. La brillantez se resume en que de pronto el tío dice… “Ya esta!... la culpa es de la naftalina” y alguna frase ocurrente típica de serie americana.

Por otra parte, confirmando todos los comentarios, efectivamente creo que no tiene mucho que ver conmigo aunque si entiendo perfectamente el porqué Elena me dijo que se lo recuerdo.

Aclararé un poco el tema. Elena me conoció hace unos diez años en un proyecto en el que yo llevaba una coordinación general de varios grupos y ella era la jefa de uno de esos grupos. Yo por aquel entonces, aparte de más joven (y seguramente por eso) era mucho más exigente con los demás y, porque no decirlo, seguramente algo prepotente. Tampoco (y en eso no he cambiado mucho) me caracterizaba por mi sociabilidad dentro del trabajo ni por mi diplomacia con la gente del equipo ni con los clientes. Aunque nos vemos de vez en cuando, ella sigue pensando que en el aspecto profesional sigo siendo el mismo. De hecho más de una vez me comentó que la primera vez que habló conmigo le cause dos impresiones contrapuestas. Ella, junto con su grupo, estaban encargados de diseñar un procedimiento y después de tres días de intenso trabajo vinieron a exponerme su método. Según dice ella (juro que no me acuerdo) cuando terminaron de exponerlo yo contesté algo como:

- Ok, ya me habies explicado vuestro método pero mejor vamos a hacerlo bien.

Y acto seguido les enumere los problemas que daría ese método y les expliqué como podríamos hacerlo para solucionarlos.

Ella se acababa de incorporar al proyecto y era una Senior que no estaba acostumbrada a que le corrigiesen y siempre me dice que pensó inmediatamente dos cosas.

1. Este tío es un capullo pedante insoportable. Quien se cree que es para hablarme así.
2. Este tío es brillante. Nosotros llevamos tres días dándole vueltas al método y él en el acto, descubre los fallos y sobre la marcha diseña otro procedimiento.

En cuanto al primer punto yo no me reconozco pero si, tal vez lo dije. También puede ser que por aquel entonces yo estaba recién llegado de Sevilla y aunque parezca una tontería había formas de expresarme que se tomaban como broma en mi ciudad que aquí no se entendían (aún recuerdo lo que me costó dejar de exagerar). Lo que si es cierto es que antes yo era terriblemente exigente con los demás (casi tanto como conmigo) y a veces, unido a la forma un pelín sarcástica de expresarme, podría dar esa impresión de capullo.

En cuanto al segundo punto, ya se lo dije a Elena varias veces (cada vez que me recuerda este sucedido que es casi cada vez que nos vemos) que el fallo consiste en algo que me ha ocurrido infinidad de veces. Se confunde la brillantez con el trabajo. No es que yo fuese un genio que en dos minutos comprobara los fallos y diera con soluciones. Es que yo, por mi cuenta y seguramente en mi casa a altas horas de la noche (era habitual) me había dedicado a pensar sobre el problema y a buscar las ventajas e inconvenientes de cada forma de hacerlo. Cuando me dijeron lo que iban a hacer, yo ya había analizado los problemas que nos daría esa forma de hacerlo y las posibles soluciones. Por eso parecía que se me ocurría todo sobre la marcha. He de reconocer que en las poquitas cosas que me he identificado con el doctor House es en una escena en la que, a altas horas de la noche se queda con una pizarra (y una botella) pensando y escribiendo garabatos. Da a entender que la genialidad hay que currársela y yo creo firmemente en eso.

Y dicho lo anterior, he de decir que el “tito” de hoy es una versión muy Light y dulcificada de aquel que Elena conoció en el aspecto profesional. De hecho sinceramente creo que hoy día soy un “padrazo” para la gente que trabaja conmigo y he aprendido a soportar las meteduras de pata de la gente y asumir que cada uno es cada cual y tiene sus “cadaunadas”. Osea que en ese aspecto de “maltratador” que tiene el tal House con su equipo no me parezco en nada.

Aclarado el tema insisto en lo que comenté de pasada en el comentario-respuesta a Amanda. Nunca en mi vida he sido mitómano ni he querido ser como nadie en ningún aspecto pero seguramente hace diez o quince años si me hubieran dicho a quien me querría parecer hubiese dicho a House, o a alguien por el estilo. Al inteligente, brillante, sagaz, triunfador.. etc.. Pero, como ya he dejado entrever en muchos de mis post, la evolución en mi forma de ser tiende a lo que los americanos llaman “downsizing”. No es que me haya vuelto conformista pero si es cierto que he perdido la ambición por el dinero, el estatus, la posición social, el poder, el reconocimiento, etc… Mi ilusión es poder hacer lo que me gusta cuando quiera.

Esta última frase parece evidente (hacer lo que se quiera cuando se quiera) pero normalmente se da de bruces con la ambición “economico-social” y con las servidumbres del aparentar y de buscar el reconocimiento de los demás. Tampoco pretendo que nadie me tome por brillante o inteligente y cada vez me importa menos la opinión de los demás con respecto a mi (lo cual no quiere decir que no me importe nada, pero estoy en ello).

Así pues, hoy, ya de vuelta de muchísimas cosas, he descubierto que si pudiera elegir ser como algún personaje de ficción elegiría a Hommer Simpson. Un tio simple y feliz, ni particularmente guapo, ni particularmente inteligente, ni particularmente nada. Un tio cuya meta en la vida es quedarse como está, beber cerveza con sus amigos, escaquearse del curro y vivir una vida muelle. Un tío que se acepta como es y es absolutamente consciente de sus posibilidades.

- Marge, es que mi cerebro es muy pequeño y si aprendo algo siempre termino por olvidar otra cosa. Acuerdate de cuando fuimos al curso de cata de vinos. Se me olvido conducir!!
- Pero Hommer, eso fue porque te emborrachaste.

Me consta que me sería más difícil ser Hommer Simpson que el doctor House, pero creedme si os digo que lo preferiría mil veces. En definitiva, mi ilusión sería que, con solo llenarme la barriga todos mis apetitos fuesen saciados. En ese caso podría llegar a un restaurante y decir la frase genial:


- Quiero el filete más grande que tenga
- Y para beber?
- Albondigas!!
 
Brillante gilipollez
Creo que alguna vez he hablado de ella pero como no tengo ganas de revisar mis post y no sé que nombre ficticio le dí, en este post la llamaré Elena. Elena es una mujer mayor a la que veo muy de vez en cuando. La conocí cuando su marido fue compañero mío en un proyecto y, más tarde, ella misma también fue compañera mía. Hace de esto ya más de diez años. Es lo más parecido a una amiga que tengo en Madrid. En realidad más que amiga es mi “pepito grillo”. Es una mujer mayor y no hay ni ha habido ningún tipo de tensión sexual entre nosostros lo que hace que seamos muy francos y directos. Por otra parte es una persona inteligente y tiene una cualidad curiosa con respecto a mi. Me da muchísima caña y sin embargo noto que me quiere lo que me hace estar confortable con ella.

La vi hace dos días después de mucho tiempo y, como de costumbre, me dio mi ración de palo:

- ¿has visto la serie “House”?
- La del médico?. No, he visto algún anuncio pero ya sabes que yo odio los hospitales y cualquier cosa que tenga que ver con ellos. De hecho no veía CSI sólo por no ver las escenas de “casquería”. Me mareo sólo de pensarlo.
- Pues una pena porque es clavadito a ti.
- Quien?.. el doctor ese?. Joder no nos parecemos en nada
- No digo físicamente. Digo la forma de ser. Siempre que lo vemos lo comentamos Ernesto –su marido- y yo.
- En serio ¿.. yo he visto los anuncios que ponen en la fox.. es un tío sarcástico.. lo dices por eso?.
- Si más o menos. En resumen, es un gilipollas antisocial y brillante.

Dicho esto me quede mudo. Así que una persona que yo considero inteligente y sagaz y que además me quiere piensa de mi que soy Gilipollas y antisocial (si, ya.. y brillante). Ella creo que noto que me había dejado un poco grogui así que abundo en el tema.

- Oye, no te molestes. Estoy seguro que detrás del personaje ese hay un montón de guionistas para conseguir un tío tan fino, inteligente y brillante.
- Y tan gilipollas
- Si, eso también. En realidad no es Gilipollas, es antisocial como te he dicho y tu mismo me has dicho alguna vez que te consideras raro y antisocial.

Lo peor es que comentamos el tema con algunas otras personas y los pocos que me conocían algo corroboraron la impresión. He de decir que dentro de lo malo hubo algo bueno y es que una chica que estaba por allí y que o me conocía de nada mostró cierto interés por mi después de eso. Le comenté a Elena el hecho y me dijo..…

- Hombre.. no digo que tu seas así pero he de decirte que el House de la serie es un tío extremadamente sexy.
- Por guapo, porque esta bueno o por lo de gilipollas antisocial?
- Decididamente por lo brillante que es.. yo creo que todas las mujeres que lo vemos nos pone mucho esa forma de ser. Además el punto de trasgresor antisocial le da su morbo. Y lo sé porque lo he comentado en el trabajo.
- Entonces, si para ti soy así.. te pongo?
- Pues lo que te decía.. Elenita y Ernestito cada día están más lindos.
- Vale.. oído cocina.

Bueno, esto me calmó un poco. El caso es que, como no podía ser de otra forma, me quede dándole vueltas al tema. Si hubiese sido otra persona simplemente hubiese pasado de este tema pero tratándose de Elena me lo tomé en serio. Lo primero que hice fue buscar para descargarme algún capítulo de la serie y en ello estoy aún. Aún no lo he visto (en la Fox lo dan los martes).

Pero después de eso me puse a pensar en los dos términos: gilipollas y brillante. He de reconocer que son dos de los calificativos que más han utilizado conmigo. Como ya he dicho repetidamente, me importa un bledo lo que opine la mayoría de la gente sobre mi pero eso no quita para que uno anote mentalmente lo que le dicen. O lo que dicen que me dicen.

Inmediatamente recordé el consejo de mi padre que ya comenté en un post no hace mucho. El consejo venia a decir que o se es un genio y gilipollas o un mediocre y simpático pero que lo que nunca se puede ser es gilipollas y mediocre. Bueno, si yo era un gilipollas brillante al menos cumplía la condición.

Pero después me dio por pensar en que la brillantez seguro que se va con el tiempo y la gilipollez (entendida como el no ser simpático y diplomático que es a lo que yo creo que se suelen referir cuando me lo dicen) se agudiza con la edad. Ósea que el futuro sería igual a más gilipollez y menos brillantez. Mal futuro es ese.

Tal vez debería plantearme comenzar a cultivar más mis relaciones y ser mucho más amable, más social, más diplomático. Debería llamar más a mis amigos y a los que no lo son, aparecer por las reuniones familiares, ir de copas y a cenar con los empleados de mi empresa, hacer como que me preocupo por sus familiares, decir eso que se dice en el pueblo de mi madre de “ya he preguntado por ti”, ser el primero en la lista de los pésames aunque me importe un bledo….

Lo pensé y repensé mientras llenaba la lavadora y al final concluí….Anda y que les den!!!. En fin... una vez más recordé la fábula de la rana y el escorpión y pensé: "es mi caracter".


PD: a ver si veo los capítulos de la serie y puedo rebatir con argumentos. (sino tendre que rebatir sin ellos).
 
Tos por igua
Mi primer recuerdo de semana santa es en una plaza que en realidad no lo es, el Altozano. A las tres de la mañana, con mis primos y comiendo coco. Ya se que puede parecer raro pero los recuerdos son así y además es (o al menos lo era) una golosina muy típica de las fiestas aunque parezca que no pega. Esperábamos en “la bulla” a que la virgen saliera de la calle Pureza y diera la vuelva para encarar el puente. La espera era interminable aunque para ser sinceros, a los niños casi nos gustaba más la fila de nazarenos a los que amablemente les pediamos caramelos con el siempre sutil chantaje de “nazareno dame un caramelo y si no me lo das, te pego una patá”. Muy fisna la frase aunque en realidad es una frase hecha que se repetía sin pensar en su significado.

Más tarde mis recuerdos se centran en mis excursiones, en principio solo, después con amigos, para ver las cofradías. Tenía algo de maniobras militares la cosa. Lo primero era planificar la ruta armado con el siempre útil callejero y con la hoja de horarios del ABC. Esta tarea se solía hacer antes de comer. Después de comer, uno se pertrechaba como si fuese a la batalla. Bocadillo en la bolsa anudada al cinturón, botella de agua o refresco, cinco duros para gastar y otros cinco para las emergencias y por si había que volver en taxi. El objetivo era ver las siete u ocho cofradías del día y para ello se hacía una ruta con estrictos horarios. Tan estricto y tan importante era el objetivo que, a veces, cuando estabas viendo un paso ni siquiera esperabas a que pasara delante de ti porque había que ir a por el otro. Después de siete, ocho o nueve horas andando uno volvía a casa, rayando las doce de la noche casi siempre con el orgullo del deber cumplido: “las he visto todas..” le decía ufano mientras mi madre me traía el plato con las croquetas de rigor.

Ya adolescente, la semana santa seguía siendo sinónimo de caminatas pero ya no había ese fervor medio militar, medio religioso de “verlas todas”. Cada día quedábamos para ver salir una cofradía (“la Estrella, San Gonzalo… el Baratillo, La O, Trianera… El cachorro”) y nos íbamos al centro. En este caso era casi al revés.. a veces huíamos de las cofradías pero ellas no rodeaban a traición. Aun recuerdo una semana santa en la que, rodeado de miles de personas, nos quedamos solos una niña rubita y yo y nos comimos a besos.

Más adelante, conforme me volvía más agnóstico (si es que el agnosticismo admite niveles) y mi fobia a las “bullas” se hacía mayor, la semana santa se iba convirtiendo en algo así como un preludio de la feria y, salvo la obligatoria (y deseada) vigilia en el Altozano para ver a la Esperanza, las visitas a cofradías eran esporádicas y la mayoría de las veces como actuando como cicerone de algun amigo foráneo.

Pero estas experiencias son como “espectador”. Como todo chaval de mi tierra también he sido actor. Y solo mi inconsistencia me impidió participar más activamente. Aún así si recuerdo mi temporada en la banda, ensayando día y noche con la boquilla de una corneta y aquellas noches de ensayos (desde Septiembre hasta semana santa cientos y miles de chavales sacrifican las noches de viernes, de sábado.. para ensayar). También recuerdo mi época de costalero. Lamentablemente mi estatura era un inconveniente y sólo fui cuatro días al ensayo. No obstante, tengo muchas horas de costalero en cruces de Mayo (pasos como la semana santa pero, en pequeñito).

Y leyendo todo esto tal vez penséis que yo soy lo que se dice en Sevilla un “capillita”. Un capillita, para quien no lo sepa, es alguien que casi vive para la semana santa. No son cuatro precisamente y de hecho son miles. Son personas que se preocupan y conocen todo aquello que tenga una ligera relación con la Semana Santa y se saben de memoria desde el nombre de los capataces que dirigen el paso hasta que cofradía estrena mantones, o varales de plata o candelabros. De hecho, creo que el primer “trivial pursuit” temático fue uno que trataba sobre la semana santa y se llamaba “bajo palio”.

Pues no, no soy un capillita y si me apuras soy casi la antítesis de un capillita. Aunque lo cierto es que mi nivel de crítica bajó mucho cuando descubrí, por amigos, la cantidad de obra social que hacen las cofradías de Semana Santa. Muchos comedores sociales, obras, asistencia a mayores y a niños desfavorecidos son responsabilidad de estas personas a las que muchas veces se les critica por convertir la religión es un espectáculo. No sé si quien los critica práctica el cristianismo a su nivel.

El caso es que yo no soy muy de Semana Santa y lo cierto es que hace ya algunos años que no voy a mi tierra por esta época. Este año además, por cuestiones de trabajo, me hubiese sido imposible ir. No obstante, es curioso como funcionan los mecanismos de la memoria porque el jueves por la noche (“la madrugá”) salí con unos amigos y entramos en un bar de copas en el centro. Iba al servicio cuando pasé por delante de una radio encendida y, no sé ni de que emisora ni programa escuché una exclamación…

“ tos por igua…. A esteeeeeeeeeeeeeeeeeee”

Para quien no lo sepa, es la señal típica que da el capataz para avisar a los costaleros que hay que levantar el paso.

Yy de pronto me vi con siete años, con sueño, comiendo coco apoyado en la cadera de mi madre, rodeado de gente y esperando a que pasara la virgen camino del puente. Y me vi a la vez, con diez u once años, caminando por la calle Reyes Católicos, con mi bocadillo amarrado en la bolsa de plástico y la hoja del ABC en mis manos. Y también me vi con catorce años, en el Barrio León, esperando a que saliera la hermandad de San Gonzalo con una niña apoyada en mi pecho. Y me vi con dieciséis en la calle Adriano, de espaldas a la bulla, comiéndome a besos a una cría mientras el sonaba el himno de España que indicaba que el Baratillo acababa de salir de la capilla de la piedad... Y me vi soplando la puta boquilla de la corneta que parecía que nunca conseguiría hacerla sonar, y con mi costal y mi camiseta con el símbolo de la virgen mientras levantábamos un paso lleno de sacos de arena.

Y tan tonto soy que tuve que secarme alguna lagrima furtiva. En fin, sólo es nostalgia