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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Confesiones
Como dije hace poco, a mi me gusta conducir. Y la verdad es que llevo tanto tiempo en Madrid que, poco a poco, se me ha ido pegando algo de la forma de conducir de los madrileños (o al menos de los que vivimos en Madrid).

Los de Madrid suelen presumir de que son los que mejor conducen. Eso es absolutamente falso. Lo cierto es que básicamente sucede es que se conduce rápido. Aún recuerdo el estrés que me suponía, cuando vine a Madrid, conducir por la M30 mirando las indicaciones mientras las hormigoneras me pasaban a 140. A mi se me ha pegado tanto que cuando voy a mi tierra suelo ponerme de los nervios al ver como la gente conduce a menos de cuarenta. Más de una vez, estando con amigos allá me preguntan si tengo prisa porque no entienden que vaya tan rápido.

Otra característica muy “madrileña” de conducción es conducir contra los demás. Baste una anécdota para ilustrarlo. Al poco de estar en Madrid, en un proyecto, conocí a un madrileño que se venía conmigo al trabajo ya que su casa me pillaba de paso. Un día por la M30 a unos cien metros delante de mí un coche puso el intermitente para pasar a mi carril y de pronto, como si se le hubiese encendido una luz de emergencia me increpó:

- Rápido, acelera que quiere ponerse en nuestro carril!
- Pero que mas da, si va cien metros por delante.
- Joder.. tu no aprendes. Si dejas pasar a alguien no sólo pierdes tu honor sino el de toda tu fila.

Obviamente se trataba de una broma, pero detrás de la exageración hay algo de verdad. Todo el mundo sabe que en Madrid basta que pongas el intermitente para quien va por detrás acelere para cortarte el paso. Cuando algún amigo de BCN me dijo una vez que no entendía porque en Madrid nadie ponía los intermitentes yo le contesté, medio en broma, medio en serio: “porque eso es lo que ellos esperan que hagamos”. Se quedo a cuadros. No es tan fácil hacer entender que lo mejor para girar o cambiar de carril en Madrid es pillar al otro por sorpresa.

Otra muestra de conducción contra los demás está en la manía de pitar. No se pita para avisar sino para castigar. Yo creo que debe haber accidentes que se han podido evitar si la gente no se hubiese preocupado más de pitar que de girar el volante o pisar el freno.

Y es aquí donde yo quería resistirme en lo posible. Siempre intento conducir tranquilo y no cabrearme. Suelo practicar el noble arte de ceder el paso si alguien se quiere incorporar y sentirme bien cuando me lo agradecen. Si alguien me pita o me saca un dedo yo sonrió y le saludo. Curiosamente he observado que aún cabrea más a la gente esa reacción.

Pero uno no es un santo y cada vez más me sorprendo jodiendo a los demás o alterándome durante la conducción. No hace mucho, por primera vez en mi vida, me baje del coche con el firme propósito de pegarle una hostia a un gilipollas que dejo la mano muerta en el claxon por el hecho de que un taxi, delante de mí, se paró para que bajara una persona discapacitada. No entiendo como alguien puede comportarse así cuando estaba viendo perfectamente como el taxista sacaba del maletero una silla de ruedas. No paso nada porque el tío me vio tan alterado que conforme me iba acercando cerro la ventanilla y la puerta. Vaya que se acojonó y me cortó el rollo.

Ya digo que es la primera vez en mi vida. Alguna vez me había bajado del coche pero siempre lo había hecho con algo de humor. Como por ejemplo la vez que bajé con un boli y un papel para pedirle un autógrafo a un imbécil que me había adelantado y pegado un frenazo para, simplemente, pararse delante mía en un semáforo al que nos acercábamos lentamente. La risa de la chica que iba con ella y su cara roja de vergüenza cuando me acerque con el bolígrafo fue suficiente recompensa al hecho de que casi me como el volante del frenazo que tuve que dar.

Pero últimamente la cosa se esta poniendo fea. Ya, cual sádico de la carretera, disfruto con un juegecito que he practicado unas cuantas veces. Suelo ir todos los días por la M40 y no se puede decir que yo conduzca despacio aunque si hay tráfico tampoco soy de los que dan ráfagas o se ponen a diez cm del que va delante para que me deje pasar.

Tampoco me gusta hacer zigzags sólo por adelantar dos coches. Y me joden los que lo hacen. No hace mucho me sucedió con una señorita que se puso justo detrás de mío (yo iría fácilmente a 140 o 150) dándome largas y pitando. Si simplemente le hubiera visto aparecer me habría apartado pero me jodió tanto lo que me estaba haciendo que me deje ir, bajando algo la velocidad y recordando que, en breve, pasaríamos por un radar de los que Gallardón nos ha puesto por nuestro bien. Cuando me estaba acercando, aceleré a tope y, obviamente, la mujer se quedo sorprendida. Supongo que no podía consentirlo así que ella intento alcanzarme. Faltaban cincuenta metros para el radar y me pase al carril del medio y frené. Ella me pasó a toda velocidad por el carril izquierdo. La luz del flash del radar confirmaba que había quedado inmortalizada (fácilmente a 180 en un sitió con limitación a 100). No pude reprimir una risa maliciosa… que se joda!.

Pues bien, lo peor no es eso. Lo peor es que me estoy aficionando al jueguecito y ya lo he hecho varias veces. No me siento nada orgulloso. Aunque sólo lo he hecho en casos puntuales cuando me encuentro con algunos de estos gilipollas que no sólo van rápido (insisto en que yo no voy lento precisamente) , sino que van estresando a la gente y jugando a lo Fernando Alonso por la calle, en el fondo creo que es una acción despreciable… pero no puedo evitarlo. Creo que en este juego ayuda el hecho de que mi coche parece que incita a mucho macarra a intentar adelantarme y picarse (lo noto desde que me lo compré). No sé si se debe a una “madrileñización” de mi forma de conducir o simplemente me he convertido, insisto, en un sádico de la carretera. Podrían llamarme el psicópata del radar de la M40. En cualquier caso, no puedo evitar esa sonrisa maliciosa al notar el flash del radar impactando en la matrícula de la víctima.

Y pensando en lo que hago yo digo: mea culpa pero… que les vayan dando!.
 
Nunca sucedió, pero si hubiera pasado...
Este iba a ser un comentario al post de Mordandis (en Avila ya no hay telarañas) pero creo que el tema merece, por si mismo, un post

Yo nunca he tenido un gatillazo y si lo hubiese tenido habría sido por:

- Estaba particularmente cansado.
- Había bebido demasiado.
- La verdad es que la chica no me ponía.
- Acababa de “auto-alivirame”.
- El jodido estrés del ejecutivo.
- Me acaban de dar un disgusto del que no me apetece hablarte.
- Tenía un gripazo encima.
- Estoy intentando contenerme.
- Me gusta parecerte un reto.

Como digo, nunca lo he tenido. Y cuando no lo he tenido siempre ha sido por

- Soy un toro. Todo un macho.

Jamás he dejado insatisfecha a una mujer, pero imagino que si alguna vez sucediera me diría:

- No es nada.
- Tranquilízate.
- Al fin y al cabo hoy no me aparecía tanto.
- Yo también tengo estrés.
- A todos los hombres les pasa alguna vez.

Y como no sucedió nunca sabremos que pensó pero intuyo que pensaría:

- Será que no le gusto o simplemente es un jodido impotente.
- Pues no, esto no es normal ni pasa tantas veces.

Yo nunca he tenido estos problemas pero si los hubiera tenido seguramente me lo tomaría con mucha más tranquilidad que cuando era un chaval y tampoco me sucedía.

 
¿lo ves?, te lo dije..
Esto de escribir blogs tiene algunas ventajas. En algún caso te ahorras una pasta en psicoanalistas, en otros casos simplemente te sirve como distracción. Yo he escrito desde siempre pero siempre lo he perdido o roto. Alguna vez (hace mucho) pensé en escribir una especie de diario pero soy muy inconstante para estas cosas. El caso es que ahora (una ventaja más de Internet) escribo de vez en cuando y ahí se queda.

Uno de los pequeños placeres que a veces da el blog es el de encontrarse con el hecho de que tus teorías se cumplen con el paso del tiempo o bien, simplemente, el hecho de que algo concuerde o coincida. Es una satisfacción que todos tenemos cuando se cumple. Es el famoso “lo ves?, te lo dije” que tanta rabia da al interlocutor pero que yo creo que todos hemos dicho en alguna ocasión. No podemos (o al menos yo no puedo) evitar una pequeña satisfacción aunque normalmente la frasesita de los cojones la decimos cuando se cumple alguna cosa mala.

De pronto el tío que tu decías que no te daba buena espina le ha roto la cara a tu amiga y tu, delante de la pobre con el ojo a la virulé le dices.. “ya te lo decía yo que ese tío no era trigo limpio” con cara circunspecta pero con una especie de sonrisa interior mientras piensas “que listo soy”.

Hace poco yo he tenido algún pequeños accesos de “lo ves?, te lo dije” que no van dirigidos a nadie y que se basan en cosas que escribí en el blog.

La primera se refiere a lo que comentaba en el post referido al estatuto catalan:
Ahora tocará el referéndum y estoy seguro que nadie publicará el texto de estatuto. Seguro que nadie planteará la consulta en los términos de: “esto es lo que hemos pensado, léelo y si te gusta vota si y sino, vota no”. No, la consulta será algo así como… “si eres buen catalán vota si” y por el otro lado será algo como… “si no quieres que España se desmiembre vota no”.

Efectivamente, parece que el eslogan de uno de los partidos será algo así como “el pp utilizará tu no contra Cataluña”.

Otra es más una coincidencia que otra cosa y se refiere al post sobre house y la relación que yo le veía a la frase que me decía mi padre sobre el hecho de ser un genio y gilipollas o mediocre y buena gente. En un capítulo que vi últimamente (no sé si lo han echado todavía porque los estoy viendo en inglés subtitulados y así de paso entreno un poco el oído) un tío decía refiriéndose a House:

- Debe ser un buen médico
- ¿Por qué lo dice?
- Porque con lo gilipollas que es, o es un genio o estaría en el paro.

La última es un “lo ves, te lo dije” introspectivo. No hace mucho alguien me escribió un comentario y yo pensé.. es curioso como con dos frases alguien puede resultarme tan poco atractivo (atractiva en este caso). A los pocos días leí su blog y confirmé totalmente mi primera percepción.
 
Básicamente fiel...
La infidelidad no existe. Es una afirmación a la que se puede llegar con una pasmosa facilidad. Como suele pasar en las demostraciones teóricas solo hace falta que moldeemos a nuestro antojo el concepto. ¿Qué es la fidelidad?.

Vamos a un caso concreto. ¿Qué pasa si de pronto te sientes atraído por otra persona?. Es decir, si teniendo pareja a la que se supone le eres fiel de pronto conoces alguien que te atrae sea como sea (normalmente sexualmente). ¿Sólo por sentirte atraído eres infiel?. Seguramente no porque sigue sin llegar más allá.

Y siguiendo con el razonamiento. Que pasa si en realidad no es que te atraiga esa persona físicamente o sexualmente sino que directamente te enamoras, si simplemente te gusta estar con ella aunque no llegues más allá. Puede incluso que sin que este tercero se entere. Bueno, podríamos decir que si no hay “acto sexual” y, a veces, ni relación, no hay infidelidad. También podríamos decir que si estas enamorado de un tercero en realidad no puedes ser infiel a quien no amas. Entonces podrías llegar a ser infiel con tu pareja oficial?. Tampoco. Si es tu pareja oficial no puedes ser infiel.

Bien, ¿y si lo hubiera?. Es decir, que sucedería si en un momento de enajenación mental transitoria (también conocida como calentura) echas un polvo con alguien. Bueno, en este caso se podría argumentar que el hecho de cumplir con una necesidad física momentánea no constituye una infidelidad ya que, al fin y al cabo, sigues amando o respetando a tu pareja. Se trata de algo que puede suceder pero que no tiene mayor importancia.

Y si además de sexo hubiera amor?. Es decir, que sucedería si te enamoraras de otra persona y mantuvieras una relación con ella sentimental y física?. Bueno, entonces podrías decir que simplemente es que lo otro se acabó y le eres fiel a quien quieres que no tiene porque ser tu pareja “oficial”. Así pues tampoco le habrás sido infiel a ella (a tu pareja). Se trata de un razonamiento similar al antedicho.

De esta forma, es imposible ser infiel. Este tipo de razonamientos es que utilizamos todos los días para no asumir una infidelidad entendida como una traición. Porque por mucho que digamos la mayoría de nosotros entiende la infidelidad como algo negativo. Seguramente tenemos razón.

Hay excepciones muy honrosas. Gente que define de forma muy concreta que es la infidelidad y en base a esa definición concluye que ha sido o no infiel. Por ejemplo, si llamamos infidelidad a cualquier acto sexual con alguien que no sea tu pareja ya está claro si has sido o no infiel alguna vez.

Curiosamente, como pasa en muchas otras cosas, la infidelidad se detecta mucho más nítidamente cuando hablamos de otra persona que no somos nosotros.

No hace mucho conocí a alguien que me argumento todo esto a la vez. Estaba casada y había pasado por todas las circunstancias posibles. Había conocido a hombres de los que se había enamorado platónicamente, había follado con tíos que acababa de conocer en noches locas. Había deseado a más de un amigo de su marido. A alguno lo había conseguido y a otros no más que nada por el miedo a ser descubierta. Por fin, se había enamorado totalmente y había mantenido un par de relaciones paralelas a su matrimonio que duraron años.

Después de todo esto me dijo mirándome a los ojos… “sabes, yo me considero una mujer básicamente fiel”.

Si tú lo dices cielo….

 
En brazos de la mujer madura (o de su hija).
Alguna vez he escrito que me siempre me han gustado las mujeres maduras. En realidad diré que, en cuanto a la edad de las mujeres puedo decir que soy constante. Vaya que me gustan de la misma edad que cuando tenia quince años.

Como todo crío adolescente (hormonas con patas) yo tuve mis fantasías con mujeres mayores pero, me da la impresión de que lo mío era algo más. Me apasionaban las mujeres que entonces eran maduritas (y con cuya edad hoy serian coetáneas o incluso jovencitas). Películas como “Verano del 42”, o la famosa escena de “el graduado” con Ms. Robinson o una menos conocida “Class” con una increíble Jacquelin Bisset, formaban parte de mi fantasía erótica particular.

Pero aparte de esas fantasías más lejanas también tuve alguna fantasía más cercana (aunque no por eso más realizable) con alguna vecina, y, en especial con la madre de un amigo mío. En honor a la canción “La madre de mi amigo josé” de “el canto del loco” le llamaré a este amigo igual: José. Pues bien, José fue durante un periodo de mi adolescencia primera uno de mis mejores amigos. Después el tiempo, las amistades y otras cosas largas de explicar hizo que nos distanciáramos.

La familia de José era curiosa. El padre era pintor y un tanto extraño aunque con un humor surrealista genial. Aparte de su padre José tenía dos hermanas. Una, un año menor que yo, que por aquel entonces no era más que una cría guapa y que luego paso a ser una mujer de bandera. La otra era tres años mayor que yo. Por aquel entonces era una barbaridad (sólo hay que ver la diferencia entre un crío de 15 o 16 y una mujer de 18 o 19) y después estaba su madre. Su madre era la típica madre de toda la vida. Muy “Maruja”. Nada sofisticada vistiendo. Aún así nos volvía locos a todos (y a mi particularmente). Era una mujer guapísima, muy joven para tener una hija de 19 años y sobre todo, increíblemente exuberante. Por hacer un símil y aunque soy bastante malo para encontrar parecidos podría decir que me recordaba a Estefanía Sandrelli en “la llave secreta” (joder, que cinéfilo me esta quedando el post). La madre de José fue la protagonista absoluta de innumerables sesiones de onanismo (ya sabéis.. yo solo… y mi mecanismo).

Un día sucedió algo curioso… en esa casa la puerta estaba abierta siempre y no sé muy bien la razón pero tenían picaporte de entrada en la puerta de la calle con lo cual si no habían cerrado con llave se pasaba sin llamar. Tal era la confianza que teníamos en esa casa que los amigos solíamos entrar sin llamar (incluso atracar el frigorífico con total descaro). Un día, sucedió una cosa digna de cualquier relato erótico. Pasé sin llamar y me encontré en la habitación a la hermana mayor de José y a la hermana mayor poniéndose la ropa. La hermana se ponía una camiseta mientras y la madre tenía una combinación. Lamentablemente no se trataba de un relato erótico así que, en vez de tirarme a la madre y a la hija repetidamente y en todas las posturas conocidas, me limite a salir corriendo con una especie de mezcla de vergüenza y calentura. Nunca jamás comentamos nada de lo que había sucedido aunque era evidente que ellas me habían visto delante suyo mirándolas descaradamente.

He de decir aquí que sin duda la madre era una mujer deseada por todos los amigos pero pudiera ser que la hermana lo fuera mucho más. Era como la madre pero con diecinueve años. Aunque era muy guapa, al igual que la madre lo más llamativo sin duda eran sus pechos. Y algo más. Le encantaba jugar con nosotros y provocarnos. Aun recuerdo una tarde-noche en el banco en el que solíamos pasar las noches de verano cuando le dio por sentarse encima y abrazarme poniendo su pecho justo a la altura de mi boca. Creo que le gustaba ponernos caliente ya fe mía que lo conseguía.

Sin embargo a mi, como decía, la mujer que me quitaba el sueño y me calentaba con solo imaginarla era más la madre que la hermana. Estoy seguro que ella se daba cuenta de todo porque yo no podía evitar mirar el escote o directamente el culo en cuanto se ponía a tiro. De todas formas, a mi siempre me traro como lo que era: un crío.

Pasado el tiempo, con quien tuve un “affaire” que no paso de un rollito de una noche de feria fue curiosamente con la hermana pequeña que, por aquel entonces, no era tan pequeña y que, para hacer honor a la familia, se convirtió en una mujerona impresionante.

El caso es que, como ya escribí en otro post, más de una vez me decían que mis gusto por las mujeres mayores era algo típico de la edad y que, cuando me hiciera mayor me gustarían las jovencitas. No ha sucedido. No voy a decir que me gusten las mujeres de veinte o treinta años más que yo pero tampoco me atraen particularmente las niñas de veinte. Digamos que me siguen gustando de la misma edad sólo que ahora esa edad es la mía.

Este fin de semana ha sucedido algo curioso. Uno de esos sucesos que a muchos les hacen pensar en el destino y a mi únicamente en las casualidades felices. El viernes salí con unos amigos y en un bar de copas me llamó la atención una mujer. La verdad es que, para que negarlo, la chica llamó la atención de todos los que estábamos allí. A mi de pronto me recordó a alguien pero, como me suele pasar, no terminaba de concretar a quien. Ella estaba con más gente en lo que parecía una reunión de empresa. En varias ocasiones nuestras miradas se cruzaron. Estuve apunto de decirle “tu cara me suena, nos conocemos de algo?” pero, como ya he dicho alguna vez, odio la cara de gilipollas de los tíos cuando nos da por ligar y esa frase es tan arquetípica que, incluso este caso donde era real, preferí evitarla. El caso es que ya había conseguido quitar mis ojos y mi mente de aquellas curvas cuando alguien me toca en el hombro. Es la mujer en cuestión que me dice… “perdona, nos conocemos?”. Con sólo decir eso, y aunque se notaba en la voz que la copa que tenía en la mano no era la primera, me dio una pista.

- Eres de Sevilla?
- Si, y tu?
- Tambien, de Triana
- Vaya, yo también
- Un momento…. Tito?
- Si.. como sabes mi nombre…
- No sabes quien soy?

Pues si, era la hermana mayor de mi amigo José. Con algún kilo de más pero, como siempre que la recuerdo, extremadamente sexual (no sensual, no. Sexual). Después de darme miles de achuchones como si yo fuera aquel chiquillo tímido de dieciséis años me contó toda su vida, su pareja, su separación. Que trabajaba como comercial de una empresa y que estaba el fin de semana para una especie de congreso-convivencia con los comerciales de toda España. Fue precisamente hablando de eso cuando se me ocurrió comentarle el hecho de que tenía a todos sus compañeros cardiacos y muertos de deseo cuando ella me dijo…

- Tito, ya sabes que yo soy así. Me gusta provocar.
- Ya, pero alguno de esto se va a morir de un infarto.
- Bueno, tu tambien me mirabas
- Si, pero, te lo creas o no, porque me recordabas a alguien.. y ya ves.. tenía razón
- Vaya que desilusión… osea que a ti no te estaba calentando?
- Chiquilla.. es muy difícil que tu no calientes a un hombre

Un día un amigo me comentó que le gustaban las reuniones de antiguos alumnos de su instituto porque se encontraba con aquellas niñas con las que tonteó hace tanto tiempo pero ahora ni ella eran niñas ni el un pardillo y normalmente terminaba follando. Yo creo que esta es una de las razones por las que muchos hombres intentan reencontrar a sus novias de adolescencia.

El caso es que yo este fin de semana cumplí (repetidamente.. y quien se pique que como ajos…) una fantasía de adolescencia. Cuantas veces imagine el sabor de aquellos pechos que por fin probé más de veinte años después.

Aunque eso si, el subscosciente siempre tiene guardado algo y debe ser por eso, por el hecho de que cumplir con una fantasía no anula el deseo de cumplir con la mayor que, mientras la hermana de mi amigo me abrazaba en la cama y rozaba mi cuerpo con esos grandes pechos que tanto deseé, sudando y aún alterados, después de un esfuerzo físico tan agradable como considerable no se me ocurrió otra cosa que decir:

- Oye.. y tu madre, que tal está?


PD: Después de la preguntita y mientras ella me miraba un tanto alucinada por mi ocurrencia recordé una frase que decía precisamente su padre: “Quien nace lechón, muere en el charco”.
 
Me gusta conducir
Ya me he confesado alguna vez enamorado de la publicidad como en realidad de cualquier actividad que aúne creatividad, belleza y funcionalidad. Esto último seguro que suena raro así que practicaré mi deporte favorito que es explicarme. NO es que me lo haya propuesto pero he observado que, en general, me gusta todo lo que incluya creatividad y belleza pero que además cumpla un fin (entendiendo por eso algo más que parecer bonito). Por ejemplo soy un enamorado del diseño industrial y de las cosas ingeniosas, bellas y eficientes. Lo cual hace que, en muchas ocasiones me encantan las cosas simples.

Vaya, que, por decirlo a lo bestia, prefiero el diseño de la máquina de escribir olivetti que el David de Miguel Angel. (He de reconocer que es una hipérbole por que lo del David es algo impresionante y es la escultura que más me ha impresionado de las que he visto). También hace que recele un poco de los cosas en las que prima tanto el diseño que se olvida la utilidad (aun recuerdo la frase de un chiste de forges de un tío probando una silla imposible y diciendo “¿y no tienen una con un poco menos de diseño?”) o también de aquellas donde prima tanto la utilidad que se olvida la belleza (y aquí podemos ver cualquier monovolumen de los que tanto se han puesto de moda).

Esto de la creatividad que de cómo resultado la belleza unida a la función también la asocio a dos de mis pasiones. Mi trabajo y los coches. En el caso de mi trabajo seguramente es muy difícil que se asocie a primera vista a la creatividad pero realmente no es así. Mi trabajo, al menos en el aspecto que a mi más me apasiona, es tremendamente creativo. Tal vez en otro post extienda mi razonamiento.

En el tema de los coches, es cierto que me gustan desde siempre pero no los megacoches con “tropecientosmil” caballos o simplemente los que corran más o aceleren más rápido. Para mi es algo fundamental la belleza y tal vez es por eso que me encantan los coches clásicos.

Volviendo al tema de la publicidad, el hecho de haber tenido alguna relación con profesionales del tema y mi propia forma de ser me hace apreciar la publicidad que no solo es bonita sino además, efectiva. Seguramente mucha gente puede hacer un anuncio impactante o bonito pero lo realmente fascinante es cuando, además, cumple su función que no es otra que convencernos para comprar el producto. Aunque con la publicidad pasa una cosa curiosa y es que nadie acepta que se ha comprado algo por la publicidad.

Hablé hace poco de mi afición a pasear pero la verdad es que pasear a pie es prácticamente una excepción desde que cumplí los dieciocho y me saqué el carnet de conducir. Y es que a mi me encanta conducir con rumbo o sin rumbo. Debido a mi afición a los coches, he conducido en bastantes y de todo tipo. Suelo decir que jamás sentiré la emoción al “estrenar” un coche como aquel 2CV descapotado (si, no era descapotable, era descapotado porque la caspota desapareció un día por la carretera).

Si bien es cierto, y no voy a negar, que el coche tiene algo de elemento de estatus social, también es cierto que, en mi caso, eso siempre ha sido una cuestión menor y cada vez lo es menos. Excepto tal vez en la primera época de mi juventud donde seguramente pretendí impresionar a alguna chica con mi coche (por cierto, más bien poco impresionante por aquellas fechas) a partir de ahí me da un poco igual. De hecho casi me da un poco de rabia llamar la atención o que se fijen en mi coche. Por otra parte, lo del impresionar con el coche es una estupidez porque lo cierto es que suele suceder al contrario. Una amigo suele decir para referirse a una coche impresionante.. “ya sabes, de esos que te hacen parecer gilipollas” . Y es cierto, porque cada vez que alguien aparece con un Ferrari de pronto alrededor hay un montón de gente que dice.. “menudo gilipollas.. que se creerá..”. Yo viví en primera persona como, esperando para poner una denuncia en una comisaría, los policías no atendieron a un señor que quería poner un a denuncia. El hombre se fue amargado después de una hora de espera (yo llevaba hora y media) y uno de los policías le dijo a los demás… “Habéis visto ese gilipollas.. lleva un Porsche 911 carrera.. a saber como lo habrá conseguido”. Mi conclusión fue que si tienes un Porsche mejor que vayas a poner la denuncia en taxi.

Hoy en día conduzco normalmente tres coches de los cuales, curiosamente, ninguno está puesto a mi nombre. Uno es un clásico con chasis de madera que aunque es del año 1963 en realidad se basa en los roadsters ingleses de los años treinta. Ese coche no es mío pero me lo deja para conducir un alma gemela de más de ochenta años que descubrí hace unos años y del que algún día hablaré. Sobre ese coche y mis paseos matutinos dominicales ya hice un post en su día (particularmente apreciado por mi vecino aguardentero). Este es el coche del disfrutar por disfrutar, de los paseos por la sierra, preferiblemente con frio y sol. En este coche disfruto a cielo abierto con la música en mi cabeza. Y sintiendo cada bache en mi conciencia. Este es mi coche preferido. Muy poca gente sabe siquiera que lo tengo (debería decir que lo tengo a mi disposición) y jamás he llevado a nadie conmigo a pasear.

El segundo de los coches es simplemente el coche “práctico”. Es un coche amplio y “comodon” que compró mi padre a pesar de que el no podía conducir por temas de vista. Es el coche a utilizar cuando hay que cargar maletas, o cargar familiares, amigos, o quien sea. Mucha gente diría que es un cochazo pero para mi es un coche aburrido.

El otro coche es mi vehículo habitual. Es una mezcla de los dos anteriores. Tiene todas las comodidades de cualquier coche moderno es práctico pero menos (dos puertas) y algunas cosas de coche para conductores (suspensión dura, asientos deportivos, tracción trasera, etc..). Hace año y medio, cuando lo compre, estuve tentado entre varias opciones y he de reconocer que el famoso “te gusta conducir” hizo mella en mi. Y aunque yo, como cualquiera, reniego de toda influencia de la publicidad debo admitir que me identifico con esa estampa tan impresionante del camino, con el brazo por fuera sintiendo el viento, etc y del mensaje del anuncio.. a mi me gusta conducir.

No hace mucho, hablando de coches alguien me preguntaba por como era el mío (el habitual) y si estaba contento con la elección y le dije la pura verdad. En cuanto a como va el coche me encanta. Seguramente no es tan cómodo como otros (entre la suspensión dura y las ruedas de perfil bajo suelo decir que si piso una moneda sé si es cara o cruz) pero me encanta conducirlo, va como un tiro y da gusto llevarlo en rectas y, sobre todo, en curvas. Pero hay algo que no me gusta y es la imagen que proyecta consciente o incoscientemente. Es algo así como si se tratara de un coche de “niñato bien” o de yuppi y a mi eso me queda bastante lejos. Por otra parte el hecho de que tenga potencia a mi me gusta para poder sacarla cuando me haga falta pero me fastidia bastante la gente que conduce de forma que pretenden demostrar algo superando a los demás. Será muy difícil verme haciendo zig-zags, dando ráfagas para hacerme sitio o adelantando a lo bestia por la carretera. Así pues, le dije, en cuanto al coche me encanta, en cuanto a todo lo que conlleva no me gusta nada.

Y en estas estábamos cuando al poco veo un nuevo anuncio de la marca (supongo que todos sabréis cual) en el que dice algo así (escribo de memoria) como.. “los que quieren un coche potente para adelantar y nunca ser adelantando, los que piensan que un coche debe ser tan grande como su ego, o como la envidia de los demás.. seguramente no han entendido nada”. Ya se que es solo publicidad… pero me encanta.
 
¿Deberiamos pedir perdón?
Se ha montado un pequeño revuelo con lo que dijo el señor Evo Morales sobre que España debería pedir perdón por los cinco siglos de infamia o algo por el estilo. La novedad es que lo dijera un presidente de un país (aunque ni eso porque Chavez continuamente habla de ello) pero la verdad es que es algo que subyace en toda América latina. De hecho, como presidente puede que sea el primero pero como candidatos no creo que no haya un candidato en un país de América latina que no haya utilizado algún argumento similar. El palo al "invasor" es algo que queda bien y da votos según parece. Lo que sucede es que es tomar posesión y se les hace el culo agua por hacerse una foto con el rey de la "madre patria".

A mi, estos tipos de argumentos, me lo han dicho, de buen rollo o de no tan bueno, en varios sitios y en alguna ocasión me lo ha dicho alguien con cabello rizado y rubísimo, tez blanca como la leche, ojos azules y apellido de origen polaco.

Aparte de pequeñas correcciones históricas (como que no fueron cinco siglos) esta cantinela se desmonta utilizando el argumento de Unamuno que, como ya dije en un post contesto a quien le acusaba de la masacre que habían perpetrado sus atepasados diciendo “esos serían sus antepasados, los míos se quedaron en España”.

Yo ni siquiera discuto eso. Para mi, estar orgulloso de algo que sucedió en mi pais o en mi region hace cientos de años me parece un tanto irracional. De la misma forma me parece estúpido arrepentirme de algo de esto. Porque, además, quien sabe donde estaban tus antepasados hace quinientos años. Por ejemplo yo, que no me he preocupado gran cosa de averiguar nada de mis orígenes, sé que un bisabuelo mío era de origen italiano. Así pues, ¿Qué hago?, me enorgullezco de mi pasado andalusí? O mejor presumo del Quattrocento y Cinquecento. ¿Me averguenzo de la santa inquisición o bajo la cabeza ante la época de Musollini?.

En definiva que a mi no me busquen intentando justificar, defender, asumir o arrepentirme del colonialismo español en las américas (ya se sabe que los italianos siempre nos hemos apuntado el tanto de Colón).

Por otra parte, lo mismo que huyo de nacionalismos si que admito que hay una especie de conciencia o forma de ser nacional con la que, aunque no estés de acuerdo, tienes que convivir y asumir. Y en el caso español, desde hace unos años, me da la impresión que existe una cierta tendencia a la prepotencia por la que tal vez si deberíamos pedir perdón.

Esto del orgullo patrio es una cosa curiosa. Durante un proyecto trabajé con un ingeniero chileno que trabajaba en argentina y cuando sucedió lo que sucedió en el país me contó una cosa curiosa. Me decía que los argentinos nacen oyendo una y otra vez que son algo así como un país elegido. A pesar de su humor y su autocrítica constante los argentinos piensan sinceramente que están en un país rico, culto e inteligente como muy pocos. Por eso les resultaba tan difícil admitir que habían llegado a la ruina. Sin embargo –todo según esta persona- en Chile pasaba lo contrario. Desde siempre los chilenos tenían una especie de complejo de inferioridad y por eso les costaba trabajo admitir el hecho de que Chile es, hoy por hoy, uno de los países más desarrollados de América latina.

Yo creo que en España hemos pasado (si seguimos el razonamiento de esta persona) de la mentalidad Chilena a la Argentina. No hace demasiado (tal vez veinte años) en España no dábamos un duro por nosotros mismos. De hecho recuerdo perfectamente la época en que “importado” era equivalente a “mejor”. Alguien me dijo en su día la anécdota de cómo mientras en España Opel se anunciaba como “ingeniería alemana” en Francia había un slogan que decía algo así como “merecería ser francés”. Recuerdo las historias que se contaban sobre Europa como si fuese otro mundo.. más limpio, increíbles autopistas, supermercados con productos impensables, etc..

Sin duda esa mentalidad no es buena pero es que con el paso del tiempo creo que nos hemos pasado y hemos llegado al otro extremo del péndulo. Me da a mi la impresión (obviamente subjetiva) de que nos lo hemos creído un pelín. No sé si hemos llegado a los extremos de chauvinismo francés o inglés (del que poco se habla por cierto) pero en ciertos momentos parece que vamos sobrados. Es cierto, sin duda, que España en estos últimos veinte años ha cambiado de forma espectacular pero de ahí a que queramos dar lecciones a diestro y sinistro hay un trecho.

En la última época además esta forma de pensar se está desmadrando incluso a niveles oficiales. No hace demasiado un ministro dijo sin ponerse nervioso que si el huracán Katrina hubiese llegado a España no habría habido tantos desastres como en USA. Al poco de decirlo cayeron cuatro gotas y hubo gente que tuvo que pasar la noche en sus coches a sesenta kilómetros de Madrid. No hace mucho hubo una ola de indignación sobre lo que Dan Brown (si, como no.. el del código de los cojones…) había escrito sobre Sevilla. Decía más o menos que la sanidad en España era un desastre. Ante esto hubo muchísima gente que argumento que ya quisieran tener los americanos la mitad de calidad de la sanidad española. Me parece bien, pero quien dice esto a lo mejor no tiene un padre en Sevilla al que le hicieron unas pruebas médicas en Enero de este año, que al cabo de cuatro meses ha perdido diecisiete kilos y que, sólo cuando se ha armado un escándalo en una oficina, han reconocido que las pruebas se perdieron y que habrá que volverselas a hacer… en Septiembre. Como yo si lo tengo, prefiero guardar un prudente silencio y aguantarme las ganas de darle caña al señorito Brown.

Ahora nos toca ser hiperprogresistas, hiperpacifistas e hiperfemnistas para demostrar que somos la vanguardia del planeta. El caso del feminismo es curioso. Mientras presentamos los índices de desigualdad más penosos del mundo occidental presumimos de nuestro feminismo. Hacemos de la desigualdad (discriminación positiva la llaman) un arma contra la desigualdad y, en mi modestísima opinión, volvemos a hacer el ridículo. Hace nada han sustituido al delegado de gobierno en Madrid. La mujer que se ha hecho cargo tiene un extensísimo currículum político y sin embargo, la vicepresidenta le ha hecho un flaco favor argumentando que se ha escogido principalmente porque es una mujer. Y encima se defiende que así se evita la desigualdad.

Pero el colmo de la estupidez sucedió no hace mucho. Hubo una cena “solo para mujeres” para homenajear a la presidenta de Chile. Imagino que pasaría si alguien diese una cena sólo para hombres cuando venga el presidente de Francia por decir algo. O sólo para payasos si viene Chavez. Pero lo mejor, lo más alucinante de esto no es ya de por si el hecho de la cena sino la frase y razón que se dio para esta cena. Parece ser que lo que se pretendía era apoyar a Bachelet contra del conservadurismo en su país.

Osea, que sepan los chilenos que los españoles queremos dar una lección de progresismo y feminismo a un país que entre otras cosas ha elegido a una mujer como presidenta. Y lo más curioso es que la han elegido sin necesidad de leyes de paridad.

Lo dicho, lo de pedir perdón por los siglos de colonialismo es una estupidez, pero a lo mejor deberíamos pedir perdón por determinadas pasadas de rosca.

PD: Quien quiera ver matices políticos de alguna tendencia en este post es muy suyo de hacerlo. Lamentablemente en este tema no creo que haya grandes diferencias entre unos y otros.
 
El ser y el estar. Torres Quevedo Vs. Belén Esteban
En líneas generales soy un defensor a ultranza de Internet como herramienta y medio de comunicación. Aparte de que yo prácticamente no concibo ahora mismo mi vida (trabajo, viajes, ocio, comunicación, etc..) sin Internet lo cierto es que se dicen muchas tonterías sobre la red. Afortunadamente ya es tan conocida y tan popular que el número de estupideces ha bajado considerablemente. Yo me conecto a Internet desde hace muchísimo y he oído barbaridades sobre la red. Aún recuerdo el titular de un periódico que decía ”Asesinada en Málaga la prostituta de Internet”. Fue una gran perdida para Internet ya que desde entonces nos quedamos sin puta. Bueno, ya se que puede ser una broma de mal gusto pero quedaos sólo con el sarcasmo y olvidad el toque necrológico.

Como decía, afortunadamente ya puedes decir con total tranquilidad que te conectas a Internet sin que la gente piense que eres un pedófilo (aunque siguen las noticias sobre el particular continuamente) o directamente un salido. Y es que uno era salido mucho antes del nacimiento de la world wide web.

Lo que internet es hoy para el mundo del conocimiento es lo que desde el siglo XVIII fue la enciclopedia britanica. La “Britannica” era una especie de “quien es quien” en el mundo de las artes y las ciencias. En general del conocimiento. Se medía la importancia de una persona por el espacio que ocupaba en la enciclopedia. Hoy en día no hay mayor compendio de conocimientos que Internet y Google es su índice de referencia. De hecho el número de apariciones en Google se ha convertido en una especie de medida de conocimiento y a veces de reconocimiento.

Ayer discutía con un amiga sobre la banalidad que nos inunda. Y le ponía un ejemplo. Últimamente estoy leyendo bastante sobre un personaje que he comprobado que es bastante poco conocido: Leonardo Torres Quevedo. Una de las cosas que a mi me gustan en mis pocos ratos libres es leer biografías y siempre me han apasionados algunos escritores, científicos y sobre todo ingenieros (es decir, que no se quedan en la teoría) que ha habido y que parecen adelantados a su tiempo. Algunos son muy conocidos como Leonardo DaVinci.. (ya sabéis, el del código :-().

También es muy conocido Einstein o Julio Verne pero hay otros mucho menos conocidos para el profano como Nicola Tesla o Roger Boscovich. Curiosamente estos dos últimos Serbio y Croata respectivamente y que fueron considerados por algunos coetaneos viajeros del tiempo que habían venido del futuro.

Nicola Tesla, cuya vida daría para varias películas de ciencia ficción, fue considerado en su día la persona viva más conocida del mundo y hoy día (poco más de medio siglo después de su muerte) apenas es conocido por el común de los mortales. Baste decir que antes de comenzar el siglo XX desarrollo un sistema para transmitir electricidad sin hilos. Eso parece fácil hoy verdad?... pues no… simplemente nadie ha sido capaz de hacerlo. Roger Boscovich ha sido considerado a veces como un mutante del siglo XVIII y era capaz de escribir poesía o adelantarse dos siglos a la teoría de cuerdas y proponer un modelo atómico coherente, establecer un método para determinar el eje de rotación de un planeta o calcular su orbita o reforzar el domo de la basílica de San Pedro

Torres Quevedo, la persona que descubrí hace poco, fue un ingeniero español (de Santander) que vivió en el siglo XIX y el XX (murió en 1936) y que, por poner sólo un ejemplo, fue el primero en presentar un dispoisitivo controlado de forma remota. En 1906 hizo una demostración de radiocontrol (mediante telegrafía sin hilos) de un barco en el puerto de Bilbao. En 1910 presentó el proyecto (denegado gracias a la proverbial visión de futuro del estado español) de construir torpedos teledirigidos por control remoto. Algo que hasta que no acabó la segunda guerra mundial ni se soñaba. También, por poner sólo un ejemplo, es el inventor y constructor del “spanish aerocar” que es el transbordador (especie de teleférico) que recorre la catarata del Niagara desde 1916. Hoy día sigue funcionando y en casi un siglo no ha fallado jamás. Aparte de esto invento y desarrolló máquinas de cálculos, autómatas, jugadores automáticos de ajedrez, etc. En definitiva, una persona increíble y muy cercana. Llego a ser muy conocido dentro y fuera de España e incluso ocupo una plaza en la academia de la lengua.

Y ahora viene la pregunta. ¿Alguien lo conoce?. Probablemente la respuesta sea no (y si hay alguna excepción le felicito, yo hasta hace unos meses ni había oído su nombre).

Pongamos a prueba ahora a los pocos pero selectos lectores de mi blog. ¿Alguien sabe quien es Belén Esteban?. Evitaré mayor comentario.

NOTA: Para quien me lea desde otro país que no sea España y tuviese la suerte de no saber quien es este personaje quisera recomendarle que se guardara la curiosidad que le pueda dar este nombre y la acumule a la curiosidad que pudiera suscitar el anterior.

Es cierto que el conocimiento no implica para nada ser mejor o peor pero, sinceramente, me gustaría que, por una vez este tipo de gente sustituyera en el ranking de popularidad no ya a Ronaldo o Beckham (pretender eso sería sacrílego por mi parte) pero si por lo menos a tanto personaje subproducto mediático. Cada vez recuerdo más la frase de un secretario de educación estadounidense (creo que de la época de Clinton) que dijo en una rueda de prensa: "Quiero que sepan que somos un pais de ignorantes y que somos plenamente conscientes de ello".

Pero hete aquí que estaba yo argumentando todo esto con mi amiga (que por cierto no sabía quien era Belén Esteban pero es que ella no es española) cuando para certificarlo hago la prueba del algodón de la popularidad… vamos a Google y buscamos “Belén Esteban” y “Torres Quevedo” y cielos!.. sorpresa.

Torres quevedo: 244.000 coincidencias.
Belén Esteban: 204.000 coincidencias.

Toma ya!. Bien por Google. Para que después hablen mal de Internet. Es cierto que resulta que hay una fundación "Torres Quevedo" y ayudas de un programa "Torres Quevedo" etc, etc.. pero aún así es impresionante.

Eso si, debo decir que luego seguí con mi investigación y los resultados fueron, no por esperados, menos desalentadores:

Roger Boscovich: 21.500 coincidencias.
Maria jose campanario: 47.100 coincidencias

Bueno, al fin y al cabo todo esto demuestra mi teoría sobre las minorías.

Terminado este razonamiento paso a un VIPS y me sorprende con una colección de libros a cual más interesante. Rápidamente compro cuatro sobre decoración de restaurantes y cafetería, diseño industrial, los coches americanos de los cincuenta que se conservan en Cuba y arte tecnológico. Mi amiga reciente (la conocí en París) me mira un tanto alucinada por la excitación de encontrarme con tantos libros interesantes de golpe y me dice… vos sos raro eh?.. sonrío… pienso en el blog… y de pronto alzo la mirada a un cartel que dice

“Semana demente… cientos de libros raritos a precios increíbles”.

PD: Sé que este es un post raro y un poco desestructurado. Otro día prometo describir con todo lujo de detalle los inacabables polvos con la chilena. A ver si así subo el ranking.
 
Paris
La primera vez que estuve en Paris no tenía aún veinte años. Fue justo después de un incidente sentimental que ya narré en un post titulado “la tercera ley de newton” (como soy tremendamente perezoso paso de poner enlaces). Desde que era un crío, cuando me siento mal por algo o simplemente quiero relajarme acostumbro a dar paseos. Pero en este caso el daño era tan extremo que supuse que el barrio de Santa Cruz no sería suficiente así que decidir ir unos días a un sitio donde siempre quise ir: Paris. Durante tres días no hice otra cosa que pasear sin rumbo fijo por Paris. Sin saber donde estaba la mayoría de las veces y sin buscar ningún sitio típico.

Después de aquello, he estado otras dos veces y han sido en situaciones muy similares. Después de un par de golpes duros (otro día tal vez cuente algo) y en estas dos ocasiones volvía hacer lo mismo: me hospedé en un hotel de dos estrellas, y pase algunos días paseando sin rumbo fijo lamiéndome las heridas.

La cuestión es que en cierta forma funcionaba. La belleza de Paris aliviaba mi dolor aunque inevitablemente sucedía que, como un paño que se ensucia al limpiar un cristal (joder, no creo que nadie le haya dedicado un símil tan espantoso a París), París se fue quedando en mi intrahistoria como una ciudad asociada al dolor.

Este fin de semana largo la cosa fue diferente. Mi estado de ánimo podría definirse con el famoso “ni chicha ni limoná” pero el viernes por la mañana, después de contestar a veinte personas diciendo “no, no salgo…” decidí que ya estaba bien así que, como cualquier madrileño que huye de Madrid en cuanto se juntan más de 48 horas libres, me dije: “me voy a Paris”.

A las cinco de la tarde la muchacha de la agencia de viajes me miraba de forma condescendiente mientras yo le pedía un vuelo y un hotel para el sábado por la mañana. Lamentablemente no había plaza en esos encantadores “hotelitos modestos con encanto”. Para quien no conozca Paris (y en general toda Europa me parece a mi), los hoteles de dos estrellas allí (al menos los que yo conozco, insisto) son perfectamente comparables a una pensión de medio pelo en el centro de Madrid.

Mientras la chica buscaba y rebuscaba y hacía alguna llamada buscando hotel me preguntó..

- y si hay alguno de tres o cuatro aunque no sea céntrico?..

En ese momento me acorde de la frase de mi amigo Chimo cuando le preguntaban si quería algo de tapa… “es que somos pobres?”, y decidí cambiar esta vez así que, ante la mirada estupefacta de la chica le dije

- Mejor me miras algo de cinco estrellas, y si es gran lujo mejor, en el centro obviamente.
- Ah.. bueno.. tenemos este, pero son cuatrocientos euros por noche
- Ok, me lo quedo.

Bien. La cosa empezaba distinta a las otras tres visitas en Paris. Buena señal, me había decidido a separar por fin la imagen de París de los síntomas del desamor o la nostalgia. Al final cambié la habitación del hotel de superlujo enfrente del Louvre por una suite en otro, algo más modesto pero con más encanto en el “quartier latin” (vaya, el barrio latino).

Con esto del barrio latino no puedo evitar hacer uno de mis paréntesis acostumbrados. Es curioso como el termino “latino” se está asociando a lo sudamericano. A mi me pasó una cosa curiosa cuando dije que era latino y alguien me dijo.. no hombre, tu eres español. De hecho al hablar del barrio latino de Paris te hace pensar que será el barrio donde viven los latinoamericanos como si Francia no fuese un país latino desde siempre.

El hotel (Victoria Palace) fue un acierto. No se si lo que más me gustó fue su lujo muy tradicional (nada moderno) o el hecho de que la camarera del hotel te hiciera la cama con el típico uniforme de criada francesa con su correspondiente cofia y escote prominente. El primer día pidió permiso para entrar aún estando yo en la habitación. Sinceramente, incluso me sentó mal, pero mi francés estaba tan oxidado que me fue más fácil decir “oui” (we.. para parecer más parisino) que explicarle que en mi país esperan a que no estés para arreglarte la habitación.

Una vez más comprobé el poco sentido que tiene la vena nacionalista y lo que me hubiese perdido de hacerle caso. Porque, la verdad es que la escena de la camarera haciendo la cama y ofreciendo a mi vista aquel espectáculo, repetida tres veces en cuatro días, me resultaba sospechosamente conocida. Puede que fuera de mis fantasías más íntimas o directamente de alguna peli porno.

Y una vez más, paseé por París. Creo que para mí será imposible visitar Paris alguna vez y no recordar los momentos que me hicieron ir allá pero en esta ocasión intenté no recrearme en el dolor y los recuerdos y centrarme simplemente en pasear y pedir un café en alguna terraza (nade de “café au lait”, esa expresión que hace que los camareros te miren con una sonrisa y digan… “espagnol, n’est pas?”). Como en anteriores ocasiones, no visité los sitios típicos, no subí a la torre Eiffel (ingeniero francés famoso por diseñar la cubierta de la lonja de pescado en Sevilla) y, aunque visité el Louvre fue una visita relámpago donde constaté que sigo sin sufrir el síndrome de Sthendall.

A cambio, tampoco me deje engullir por la autentica moda que constituye una visita a los “escenarios reales” del “Código Davinci”. Aunque no me apetece unirme a la moda intelectual de criticar el best-seller (allá quien no entienda que es una novela policíaca, lo mismo que Caballo de Troya es una novela de ciencia ficción) da un poco de grima ver a un grupo organizado atendiendo sin perder palabra a un guía que en español comentaba.. “..y por esa ventana es por donde se deslizaba en la novela…”.

Al tercer día de los cuatro que estuve, aproveché que estaba cerca del hotel para refrescarme después de comer y bajé a la cafetería a pedir mi capuchino (creo que probé todas las variedades para no decir “café au lait”). Me encontraba como casi siempre, ensimismado, mirando por los ventanales de la cafetería cuando, de pronto una voz femenina.

- Monsieur, s’il vous plait… pourrez vous….
- Perdona, Argentina ?
- Ah.. no.. Chilena.. y vos ?

Objetivo cumplido. Creo que a partir de ahora asociaré a París con una especie de olor dulce. El olor de la ilusión, o tal vez, simplemente, el olor de la pasión.

Y, por supuesto, con la imagen del escote de la camarera francesa mientras hacía la cama.

PD: Muchos la conocereis pero para quien quiera recordar o descubrir le recomiento seguir este enlace