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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Inercias
Gran parte de las técnicas de artes marciales y de defensa consiste en aprovechar la fuerza del contrario en tu beneficio. En otras ocasiones puedes aprovecharte de las reacciones predecibles de los demás. Yo lo llamo, aprovechar inercias.

Cuando yo era un chaval solía utilizar está técnica. Mi defecto al hablar no hacía fácil ser uno de los chicos más populares y a los que todos siguieran. Tal vez por eso me hice un experto en el arte del camino indirecto. Como siempre me ha gustado que se hagan las cosas a mi manera, cuando quería hacer algo se lo comentaba al jefecillo del grupo. Normalmente se hacía lo que yo quería aunque, eso si, siempre quedaba como una idea del “cacique” de turno. Creo que ese es el origen del hecho de que me importe poco quien se atribuya el mérito siempre y cuando se haga lo que yo quiero.

No hace demasiado, alguien me hizo recordar cuando en el instituto yo estaba colgado de una chica. Se me dio la posibilidad de hacerle un favor en un momento dado en algo que tenía que ver con el viaje de fin de curso. Por una parte estaba deseando que ella supiese que yo le había hecho el favor, pero por otra parte me parecía totalmente inapropiado comentárselo. Así pues, opté por decírselo a su mejor amiga y, eso si, hice que la susodicha me prometiese que jamás de los jamases se lo diría a ella. Pasado el tiempo, salí con esa chica y un día me comentó que ya supo lo del favor y que le había encantado. Ante mi queja terminó aconsejándome: “Si no quieres que una mujer sepa algo, jamás se lo cuentes a su mejor amiga”.

Hace unos días leí una historia que me hizo recordad eso de utilizar la inercia en beneficio propio. Lamentablemente no recuerdo donde lo leí así que lo diré de memoria. En el sitio donde lo vi decía que era cierto pero a mi me suena a chiste o leyenda urbana. En cualquier caso me parece muy bueno. La historia es la siguiente:

Un señor, mulsuman americano le escribe un correo electrónico a su hijo que está en Francia estudiando. Se refiere a una pequeña huerta que tiene y le dice:

Lamentablemente no tengo fuerzas para arar la tierra así que es muy probable que este año me quede sin sembrar. Es una pena que no estés aquí para ayudarme.

Al día siguiente el señor recibe un mensaje de su hijo que dice:

Papa, ni se te ocurra remover esa tierra. Tengo escondido una cosa allí

A la mañana siguiente de recibir este mail, llegaron unos señores trajeados que esgrimiendo una orden de registro se pasaron la tarde buscando el la tierra de la huerta sin llegar a encontrar nada. Al otro día, el señor recibió un nuevo mensaje de su hijo:

Papa, espero que ahora la tierra esté bien removida. No se me ocurría que hacer para ayudarte..
 
Hemos ganado
Hace tiempo un conocido me dijo “Vaya hombre, ahora que creíamos que íbamos a ganar los de izquierda resulta que hemos ganado los de derecha”. Hoy, mientras venía al trabajo, he escuchado en el coche frases y discursos que no se si son de hoy o son de hace cuatro, ocho o doce años. Todos han ganado.

Lo cierto es que los vencedores por mayoría simple han sido los míos, los que no votan. Los políticos saben perfectamente eso, pero prefieren ni hablar sobre el asunto. Hay veces incluso, que rozamos la mayoría absoluta pero siempre hay explicaciones para la abstención. Si hace buen tiempo que la gente prefirió irse a la playa y sino, les buscan las vueltas para obviar el hecho de que por cada tres que votan hay dos que no lo hacemos. Aunque son perfectamente conscientes de ello, a los políticos les duele reconocer el hecho de que una parte muy grande de esos que no votan, no lo hacen sólo por pura pereza.

En mi caso es simplemente porque no me gusta que no haya listas abiertas y tampoco me hace gracia este sistema que hace que un voto en Cuenca (por poner un ejemplo) valga cuatro veces más que uno en Madrid o que las minorías (mi sitio por naturaleza) no tengan ninguna oportunidad. Aparte de eso, lo cierto es que no está el panorama actual como para elegir con quien desperdiciar mi voto.

Yo no voto nunca, pero como es habitual, no intento convencer a nadie. Así pues no voy a hacer campaña ni admito que me la hagan a mi. Tampoco acepto esa frase tal manida y carente de sentido (a lo mejor con esto anulo algún comentario al post) de “si no votas no tendrás derecho a quejarte”. Una frase que, como muchas otras (“no podemos abrir la frontera”) a base de repetida pareciera que es cierta pero que si la analizas bien no tiene por donde sostenerse. En cualquier caso, insisto, no critico a quien vota. Incluso, en un alarde de esnobismo y originalidad, no critico a quien vota a cualquier partido. Para mi están más o menos igual de equivocados pero ¿qué sería la existencia sin el derecho al delicioso placer de equivocarse?. Incluso yo defiendo mi derecho a equivocarme aunque lo utilice en contadas ocasiones.

Hace unos años, en una región creo que de México (ahora no tengo claro si fue México o Brasil) un partido presentó a un burro como candidato y ganó con aplastante mayoría. A alguien (un político claro) se le ocurrió plantear una propuesta de ley para que “los animales no pudiesen figurar como candidatos”. Un periódico local argumentó que con esa ley no podrían haberse presentado ninguno de los candidatos en la última elección. Aquí de momento no existe esa ley y así nos va.
 
Ampliación de capital
Ayer tuve una conversación con un antiguo compañero de trabajo con el que coincido, además, por un proyecto que llevamos mi empresa y la suya. Fue por casualidad pero creo que él necesitaba hablar porque tardó dos segundos desde que nos encontramos en invitarme a un café para “contarme algo”. Tal vez por el hecho de que le habían dado la noticia hacía poco, tal vez porque yo también soy socio de una empresa me explicó que estaba bastante mal.

La historia no es muy compleja y bastante habitual: hace unos años este tipo se asoció con otros para formar una empresa. En realidad, lo que hicieron fue que sus socios le ofrecieron un porcentaje de la empresa para que él aportara su conocimientos y, sobre todo, sus contactos. Ahora, cuando la empresa parece que comienza a funcionar le plantean que van a hacer una ampliación de capital. Puesto que dispone de unos recursos limitados y mucho más en comparación con sus socios, es una forma legal de quitárselo de en medio. Quien tiene un diez por ciento en una empresa con capital de un millón de pesetas (por decir un ejemplo) se quedará con un cero coma uno por ciento si la empresa amplia capital hasta los cien millones y el no puede aportar los diez millones de su parte.

Me dio que pensar porque no hace demasiado esto mismo le sucedió a un familiar y porque, aunque no quiero pensarlo, es posible que me pase a mí en cualquier momento. Tanto en el caso de mi familiar como en el que me contaron ayer me llamó la atención que más que un tema de negocio, parecía una cuestión sentimental. Mi familiar incluso pasó una depresión mucho más por el hecho de sentirse traicionado por quien el creía sus amigos que por el dinero en sí. De hecho el disponía y dispone de otras empresas y recursos pero esto le dejo huella.

Me dio por pensar que si alguien de la mesa de al lado hubiese escuchado nuestra conversación, seguro que pensaría que se trataba de una infidelidad o algo parecido. Frases como “después de lo que yo he hecho por ellos y me lo pagan así”.

En el tiempo que llevo metido en el mundo empresarial (en la pequeña empresa) he reconocido siempre a la gente que tiene pasión por su trabajo, y la gente que tiene pasión por el dinero. En ambos casos se trata de gente muy trabajadora y cuya vida suele girar en torno a su empresa (algo muy mal visto que para mi tiene más sentido que hacer girar tu vida sobre la ultima conquista del torero de moda o sobre el ultimo gol del Madrid). La diferencia entre ellos se nota cuando se trata de tomar decisiones estratégicas. En estos casos los primeros son casi siempre más sentimentales y los segundos más pragmáticos y efectivos. En muchas empresas (por ejemplo en la mía) conviven socios de los dos tipos. Pondré un ejemplo. Si mañana viene un cliente y nos dice que nos paga un pastón si de pronto nos dedicamos a hacer pan estoy seguro que la postura de mis socios sería “vamos a comprar un horno” mientras que la mía sería “yo no quiero montar una panadería”.

En realidad la otra postura no es mala. Cada uno optamos por lo que más nos gusta. Yo por hacer y crear cosas en mi ámbito, ellos por crear empresa y ganar dinero. El único problema surge cuando para ti una empresa es un proyecto de vida y para otro es una sociedad anónima o limitada (que aparte de ser formas jurídicas no dejan de ser calificativos horrorosos si de verdad te identificas con ella).

Después de que me contó la historia esperó mi consejo o consuelo pero lo cierto es que no tengo ninguno. Ya me iba a casa y en el coche me dio por llamar a mi familiar ya que hacia mucho que no hablaba con él y de paso le conté la historia. Me sorprendió su respuesta:

- Que putada. Si no sabe que hacer dile que me llame a ver si hay algo en mi empresa.
- Se lo diré. De todas formas dice que a lo mejor pilla sus ahorros y monta él una empresa.
- Ok, pues dile que se pase por aquí y si hace algo que yo necesite ya tiene un cliente. Y sino, que le hago un precio especial en lo que yo hago.

Después de la conversación mi primera reacción fue divertida por esa muestra de solidaridad espontánea. Al final creo que cual organización de mujeres maltratadas o de padres divorciados separados de sus hijos, se creará la asociación de victimas de ampliación de capital. Más adelante profundice y me di cuenta que, confirmando mi teoría, hay quien hasta en algo tan aparentemente tan poco dado a sentimentalismos como el mundo de la empresa, demuestra sentimientos.

Como colofón, me acordé de otra de las frases que solía decir mi padre y a las que poco a poco les voy sacando todo su sentido: Hay gente tan pobre que no tiene más que dinero.
 
Insurgencias
Hoy, despues de mucho tiempo, he leído algún blog. Mitad por cortesía, mitad por curiosidad he pasado por el blog de maniasmias. Me ha gustado lo que he leído, y además, de forma indirecta, he descubierto una web cuando menos, curiosa: insurgente.org.

Se trata de una página a modo de aglutinador de los “movimientos revolucionarios” de todo tipo. De lo poco que he visto, me he encontrado con artículos pro-etarras, pro-okupas, pro-fidel, pro-Chavez, pro-Evo Morales y, por supuesto, anti-capitalista, anti-americano y anti-israelí.

Por lo que veo la página es de un grupo gaditano. Creo que Cádiz es la única ciudad europea donde, hoy por hoy, se pueden encontrar uno por la calle esa imaginería “revolucionaria” de principios de los ochenta. Cuando todo el mundo lleva al fútbol la consabida bufanda que te regalan en el Marca o la camiseta de Beckham o el ídolo de turno, en las gradas del Carranza se pueden ver las banderas con la imagen del ché y las banderas de Andalucía con la estrella roja.

Supongo que habrá gente que aplauda y apoye casi todo lo que se dicen en esa web y otros muchos (la mayoría) que se indignaran al leer manifiestos pro-etarras por poner un ejemplo. Lo cierto es que yo no he querido ni podido tomármela en serio. A mi me ha recordado mi época adolescente. Cada uno tendrá su opinión en esto pero yo creo que esa época de los trece a los diecisiete años es la indicada para muchas cosas y, entre otras, para el inconformismo social. En mi caso particular, fue en esa época cuando leí a Nietzche (o como se diga), Kafka o Bakunin (junto a lecturas mucho más amables como Tagore o Camus). Cuando llevaba chapas anarquistas y tenía un póster del ché junto a otro de Jesucristo (bonita contradicción). Cuando, mientras muchas niñas llevaban pegatinas de Tequila (yo ya no soy de los Pecos, por poco) yo llevaba una pegatina de una media luna y una estrella del movimiento andalusí con un lema que decía: “¿Qué los andaluces somos pacíficos?, que no se pasen!”.

Así pues entre el hecho de recordar esos tiempos y algún golpe bajo de la memoria como darme cuenta que con quince años leía filosofía y ahora veo “Prison Break”, he mirado más esa web como quien se encuentra de pronto en un trastero una carpeta de su adolescencia.

Esa mirada amable (y porque no decirlo, algo condescendiente), me ha hecho pasar por alto el hecho de que, en muchos de sus artículos se desprende una justificación (cuando no apología) de la violencia.

En este caso además, yo creo que la paginita en cuestión supera mis posturas adolescentes y lleva hasta el paroxismo las curiosas y habituales paradojas de los extremismos (de cualquier signo, para mi entre unos y otros las únicas diferencias son puramente estéticas). La defensa a ultranza de la libertad se combina con la apología de la dictadura cubana por poner un ejemplo. La defensa de la inmigración se combina con la de las ideologías nacionalistas y en muchos casos pseudos-nazis.

En este caso, las contradicciones no soportan el mínimo análisis medianamente racional. Mientras que se apoyan manifestaciones violentas en Cataluña o País Vasco o Andalucía, las mismas manifestaciones en Venezuela se convierten en “manifestaciones fascistas con apoyo del imperio y de la falsimedia internacional”.

Hay paradojas mucho más complejas que provienen de este mundo interrelacionado en el que vivimos. Los mismos que se quejan de las guerras son los que protestan cuando las fábricas que fabrican componentes para las máquinas de guerra deciden cerrar o irse a otra parte.

Por último, me he quedado con un artículo que sin ser ni mucho menos el más sangrante, me ha llamado la atención y casi me ha hecho gracia (aunque imagino que al protagonista no le habrá hecho ni pizca de gracia). Se trata de un artículo donde se denuncia la utilización de unos punzones de castigo por parte de la policía autonómica catalana. El artículo, denuncia el hecho y como elemento probatorio se ilustra con una foto de un mosso d'esquadra tirado en el suelo con el punzón en la mano.

El texto literalmente dice:

Además del gravísimo atentado contra la libertad de manifestación que supuso el encajonamiento policial, durante tres horas, de una marcha de la Asamblea de Okupas de Barcelona, los Mossos d'Esquadra comandados por Joan Saura -dirigente de Iniciativa per Catalunya-Verds y Conseller de Interior- utilizaron el pasado sábado un arma policial desconocida (en la fotografía, un mosso abatido porta una en la mano) y cuyo fin no parece ser, precisamente, la reducción de daños.

Desde luego hay que ser cabrón para clavarle un punzón a un pobre Okupa indefenso. Imagino que el mosso fue “abatido” sólo para que se quedara quieto en la foto. Seguramente le dieron con una flor. Solo falta que la puta “falsimedia internacional” le da más importancia a la brecha en la cabeza que al hecho de que lleve un punzón de cinco centímetros en la mano.
 
Brillante
Los coches de principio de siglos eran de color mate y la gama cromática era breve cuando no inexistente. Se hizo famosa una frase sobre el modelo “Ford T” que decía algo así como “disponible en cualquier color siempre que sea negro”.

Con el paso del tiempo, y después de las grandes guerras se fueron desarrollando los colores brillantes. Se suponía que el brillo equivalía al glamour. El “no va más” del brillo correspondía al cromado.¿ Hay algo más brillante que un espejo?. Pues nada, a cromar todo lo cromable.

Cuando ya el brillo no era novedad y su glamour se diluía como todo lo que se hace habitual, se comenzó a poner de moda el color metalizado. En realidad, una nueva forma de brillo conseguida a base de aplicar capas de barnices brillante a la base ya de por si brillante.

Después de la novedad, con el paso del tiempo la tecnología no ha parado de buscar nuevas facetas del brillo con efectos como el mica (con micro-partículas minerales), caleidoscópicos (cambiando de color según la orientación) e incluso “inteligentes” que reflejan más o menos luz en función de la luminosidad y temperatura ambiente.

Cuando ya parece que no es posible sacar más brillos, matices o dimensiones al color parece que se avecina la nueva revolución. El postmodernismo total en cuanto a colores de vehículos (y no sólo de vehículos): Los coches con color mate.

Dicen los “entendidos” que el color mate, lejos de artificios y efectos, deja ver mucho más claramente la limpieza de las formas, sobre todo las curvas.



Ya dieron el paso algunos provocadores que son seguidos (como siempre, en continua paradoja semántica) por los precursores. Dentro de poco –vaticino- será una moda.

Seguramente entonces, cuando sea una moda, más de uno que ahora no me entiende comprenda porque yo, después de tanta búsqueda de brillo, al cabo de los años, encuentro cada vez más belleza en la simplicidad sofisticada del mate.
 
Hora de asumir
Cuando me autocalifiqué como raro, no fue porque realmente yo crea que sea raro. De hecho no lo creo pero es uno de los adjetivos que me han acompañado desde que tengo uso de razón (hace unos años). Como a todo el mundo creo, a mi me han acusado de todo y muchas veces de forma contradictoria en poco tiempo. Me han dicho que soy frío, que soy caliente, que soy de derechas, que soy de izquierdas, que soy sensible, que soy insensible, que soy inteligente, que soy tonto, que soy proX y que soy antiX.

Y en general, imagino que siempre habrá habido distintas ocasiones en las que haya sido todo eso pero el hecho de que haya esa diversidad contradictoria hace que no me preocupe siquiera de planteármelo. En cualquier caso no suelo hacer demasiado caso a la gente que no me importa y aunque suene mal, lo cierto es que no me importa casi nadie, pero eso si, suelo tomar nota de lo que me dicen y hacer una especie de valoración estadística.

Cuando era un chaval jugaba al fútbol. Todos los entrenadores que tuve y muchos de los compañeros solían decirme que no lo hacía nada mal pero que era muy vago (que no corría vaya). Incluso una vez que me hicieron una prueba en un equipo un entrenador que posteriormente se hizo bastante conocido me dijo que con la calidad técnica que yo tenía, con sólo que me esforzara un poquito más podría dedicarme al fútbol. Yo no estaba de acuerdo pero lo cierto y verdad es que la coincidencia en el diagnóstico era harto sospechosa.

Así pues, a lo largo de los años siempre te vas quedando con las coincidencias y meditando si tendrán algo que ver con la realidad. Desde hace un tiempo, hay una cualidad que se empeñan en asociarme: la falta de sociabilidad. Un amigo mío (de los pocos en los que no he de puntualizar que es sólo conocido) me comentó que le llamaba la atención de mí que odiara las reuniones sociales pero que una vez en ellas me mostrara tan agradable y simpático. No hace demasiado, hablando con mi hermana me dijo algo muy similar con referencia a las reuniones familiares.

Poco después, una amiga se reía de mi cuando con cierta desazón le mostraba una invitación de boda de un socio y me quejaba y lamentaba de que a esta tendría que asistir por cojones. Unido al hecho de que hacía poco me había quejado de los gritos de una mesa de al lado, este comentario me consigúió una vez más el caificativo de antisocial. Joder, ahora va a resulta que porque no me guste la gente voy a ser un antisocial.

Hace unos días, muy cerca de las antípodas españolas, comiendo en un restaurante, identifiqué en una mesa lejana a un antiguo compañero de trabajo. En vez de saludarlo y alegrarme de ver un compatriota y además conocido tal lejos de casa me limité a hacer como que no lo había visto e incluso al salir procuré buscar el camino más lejano para no tener que coincidir con él.

Ya en el hotel, recapitulé y me di cuenta de que a lo mejor lo que decían de mí era verdad así que creo que llegó la hora de asumirlo:
vale, la tocaba bien pero no me gustaba correr. Ya esta dicho.