logotipo

img_google
Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
Acerca de
Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
Post-it
Enlaces
Acesos directos desordenados
Mujeres con demasiado pecho
Y aquí.. las que son demasiado cariñosas
Logo CCFVLS
Sindicación
 
El puto troll
La primera vez que me conecté a un Chat fue allá por el año 96. Se trataba de lo que hoy en día se llama webchat (si es que existe alguno). Escribías un mensaje, le dabas a “reload” y alli te quedabas esperando fácilmente un minuto hasta que se te cargaba la página.

Prácticamente en simultáneo al descubrimiento de algo tan fascinante como el hecho de que pudiera “hablar” con gente a través del ordenador descubrí lo que era un Troll. Más conocido como “puto Troll”. Todos sabréis que son. Son personas infelices y enfermas que no tienen otra forma de llamar la atención (en realidad lo único que buscan) que molestar. En el caso de aquel Chat simplemente conseguía con mensajes de todo tipo ralentizar el ya de por sí lento proceso de comunicación.

En realidad, yo conocí a un troll muchos años antes. En mi barrio cuando era niño había un chaval al que nadie le hacía caso y de vez en cuando se le iba la olla para que alguien se fijase en él. En una de estas “idas de ollas” (perdonarme la jerga psiquiátrica) no se le ocurrió otra cosa que, sin venir a cuento, pegar una patada a todas las chapas de un grupo de chavales mayores que jugaban a las mismas. La ocurrencia le sirvió para, como solía pasar, ganarse un par de leches y además en este caso, la vergüenza terrible de irse a su casa en pelota picada. Aún así, yo creo que el admitía el castigo con tal de ser el “protagonista” alguna vez en su corta y ya insulsa vida.

A partir de ahí, he vivido muchos modos de comunicación en Internet. Chats, listas de correo, foros, comunidades y desde hace un tiempo blogs. En todos los casos se repiten estos sujetos. Incluso en el caso de los Hackers, que es un mundo muy curioso que en su día tuve que tratar por temas profesionales, tienen a sus propios trolls y son tan despreciados como en cualquier otro sitio. Los hackers, que en la realidad distan mucho de ser los genios que salen en las películas (y que desde luego no navegan en tabla de surf por la red), en la mayoría de las ocasiones también es gente con problemas de personalidad y sin embargo gustan considerar un código ético propio (según ellos son abanderados de la verdad) y desprecian a esta gente que utiliza sus mismas técnicas pero sólo para joder.

También por cuestiones profesionales, hace un tiempo tuve la oportunidad (no creo que sea indicado decir la suerte) de “conocer” a un tipo que podría asociar a un troll. En este caso amenazaba a un alto cargo de una corporación a través del correo. Esta gente suele ser tan ingenua que desconocen la cantidad de pistas que se deja cada vez que se utiliza la red. Una vez localizado, se le dio la oportunidad de que se defendiera antes de ejercer acciones legales contra él y cuando vino sorprendió a mucha gente. A mi no. Incluso físicamente me recordó a aquel chaval de mi barrio.

Es cierto que no cuadraba aquella pinta de mindundi con la crudeza y dureza del contenido de los correos donde, incluso, llegaba a describir torturas y aberraciones con los hijos del amenazado. Cuando entró y a la primera pregunta comenzó a llorar y no paro en los minutos que aguanté. Lo cierto es que era aburridísimo. Alguna vez he sentido lastima de aquel hombre, otras veces no. No sé si al final se le acusó de algo (estaba ya imputado de oficio por un juez) pero lo cierto es que no me importa. Es el sino de esta gente. Al final no importan.

En esto de los blogs me he llevado una sopresa agradable porque apenas me he encontrado con casos. Es más, lo más parecido a un Troll ha sido algún blogero como un tal gatito del que hace tiempo que no se nada y que disfrutaba humillando e insultando (con su pizca de arte, todo hay que decirlo). Pero en realidad, no creo que fuese puramente un troll sino más bien un chaval con ganas de aparentar. Había muchas cosas que le diferenciaban del troll típico.

Lamentablemente, ayer me avisaron de que ya tenemos tonto en la blogosferia. Y se han ido a cebar en el blog de una de las personas que más colabora con sus comentarios en todos los blogs que conozco. Suelen ser en su mayoría comentarios amables y, sin excepción, educados como, por otra parte, es la norma casi general en estos blogs (por lo que reitero mi sorpresa, todo hay que decirlo). Le ha usurpado su cuenta imagino y en definitiva su blog. Ha borrado todos sus post (lo cual ya de por sí es despreciable) y ha escrito un post único absolutamente vomitivo. También a mí me ha tocado colateralmente ya que ha firmado uno de los muchos comentarios que el mismo se ha hecho con mi nombre.

En realidad, no hay nada extraño. En este caso cumple con todas las condiciones del troll. Osea se trata de un “puto troll” de libro. Un tipo que, a diferencia del otro que comenté anteriormente, para ofender no puede utilizar la inteligencia (porque para eso habría que ser inteligente claro) y se basa únicamente en la obscenidad. Es tan simple el chaval (porque me juego lo que sea que es un hombre, probablemente venezolano por lo que deduzco y de edad mental reducida eso seguro) que pretende hacerse pasar por esta bloguera (a la que me permitiréis que no nombre y pediros que no la nombréis vosotros en los comentarios para no fomentar el morbo de ir a ver el blog) escribiendo un post ridículo y mal escrito. Como si nadie fuese a notar la “pequeña” diferencia de estilo (literario y personal) y cultura que se desprende. De la misma forma deja una perla de comentario con mi nombre. Estoy casi seguro que todo el que lo han leído habrá reconocido sin duda mi marca personal en él (manda huevos).

Repito que hay gente a la que estos tipos les da lástima. A mi no. Hay gente con poca inteligencia o con pocas excelencias que se maneja perfectamente y hacen grandes cosas. De hecho, si algo caracteriza a la gente con carencias de este tipo es que se hacen querer de buenos que son. El hecho de no dar para más y ser un desagraciado no justifica el ofender y hacer daño porque sí.

Lo único que pediría a ya.com o a blogs.ya.com si tienen a bien leer este post es que anulen cuanto antes el blog en cuestión. Por otra parte, es obvio y ellos bien lo saben que pueden localizar a este tipo. Que hagan lo que consideren oportuno pero que eliminen esa cuenta y/o que cambien la password y se la entreguen a su propietaria (Mucha gente desconoce por ejemplo las implicaciones legales que tiene el simple hecho de forzar una cuenta de Hotmail).

Yo por mi parte, voy a enviar un mail a la gente de ya.com haciéndole la petición y me atrevo a pediros que hagáis lo mismo.

Y si el troll se quiere a si mismo que se ponga en manos de un psicólogo. No es que así vaya a dejar de ser un mierda, pero al menos molestará menos.
 
Collage
Ayer en un comentario a mi post anterior alguien vestido con la siempre socorrida coraza del anonimato me dijo que mi blog era mediocre (algo similar) y que ese post ya lo había visto antes. Como ya le contesté en los mismos comentarios, me la pela (o como se diga) que me digan o me consideren mediocre pero si me hinchan los cojones que me acusen de plagio y el hecho de que se me hinchen los cojones me molesta bastante y mucho más en esta temporada en que Armani ha decidido hacer los pantalones de los trajes bastante entallados.

Lo cierto es que el plagio no es un tema que me guste demasiado. No obstante no es algo que descarte. Eso si, si lo hiciera sería un plagio reconocido y con referencia al autor. Porque una cosa es copiar algo y otra muy distinta copiarlo y atribuírselo.

De todas, formas, hay un dicho que dice que si copias de un sitio es plagio pero si copias de muchos es “investigación”. Así pues, hoy he decidido hacer investigación y me he permitido por una vez hacer un plagio. Pero ya que plagio mejor hago un collage con retazos de un sitio y de otro.

Y esto es lo que me ha salido:


Hoy me despierto tosco y solitario. No tengo a nadie para dar mis quejas, nadie a quien echar mis culpas de quietud.

Tuve que soñarte para curar mi dolor y fue extrañamente real,
te pensé y fue realmente extraño porque de pronto, me di cuenta que eras tú la que me echabas de menos. Y entonces el dolor cambió de forma y de razón y se hizo más agudo al sentir tus lágrimas.

Me he sentado un rato a esperar que la lluvia pare de caer de tus ojos, que algún destello de luz te indique que ha pasado la tormenta, y te animes a volar una cometa. Hoy he querido hacerte esa cometa, convertirme en aire y hacerla volar, hasta que seas capaz de sonreír al sentir que soy el que tira con fuerza desde lo más alto.

Y sin darme cuenta, ya he encontrado un sentido a mi despertar y un objetivo a mi tiempo. Si consigo imaginar tu sonrisa, será tan buena la jornada, que desde ya, mi soledad se espanta.


Iba a poner uno por uno los sitios donde he copiado pero en la mayoría de los casos la copia ha sido de un frase o incluso ni eso. Eso sí quiero destacar la involuntaria “colaboración” de Benedetti y de Elvira. El primero por la altura literaria y la segunda por lo mismo y porque además la echo de menos últimamente.

Por ultimo no quiero dejar escapar la oportunidad de agradecer los servicios prestados a Google sin cuya participación este post no hubiese sido posible.
 
Superfuerte
Ayer fui a un centro comercial bastante pijo (de nombre igual a una urbanización bastante pija) a comprar algún trajecito. Al poco de dejar mi coche y mientras caminaba por el parking escuché un ruido terriblemente desagradable. Se trataba del inconfundible sonido que produce la puerta de un coche cuando golpea con otro aparcado al lado y encima, el coche golpeado es el tuyo.

Me quedé mirando y debo reconocer que pensé inmediatamente “una mujer seguro”. Sin querer entrar en discusiones sexistas de la categoría “yo de Venus, tú de Marte” alguien alguna vez tendría que hacer un estudio del porqué del hecho comprobado empíricamente de que las mujeres sean incapaces de abrir la puerta sólo un poco y lentamente. Puede que tenga que ver algo con la fisonomía femenina que disponga de un codo que solo tiene dos posiciones (cerrado o abierto a tope). Tal vez sea simplemente la misma razón por la que las madres cuando llevan a los niños “aparcan” apagando el motor (dejando el coche en medio de la calle): simplemente les importa una mierda los demás.

Después de este paréntesis que seguro me granjeará grandes cariños por parte de la audiencia femenina continuo.

El coche en cuestión era un Porsche (lease Porssssssssschhhhhh) y de él salió una mujer realmente espectacular. Creo que es el calificativo adecuado. Era una mujer de edad indefinida que parecía retocada por el photoshop. Una rubia con pinta de hiperpija con morenazo de yate (a lo mejor era de rayos UVA pero le pegaba lo del yate), pintada como un cuadro, con labios sospechosamente carnosos, con una camiseta ajustada que dejaba bien claro que alguien se había dejado un buen dinero en silicona y una falda corta que mostraba unas piernas increíbles. Para nada desentonaría como compi de compras o de café de Ana Obregón.

Yo, que aún estaba absorto (primero por el golpecito de los cojones y segundo por el espectáculo de la rubia mientras se acercaba) reaccione justo a tiempo para decirle lo más educadamente que soy posible (y soy mucho):

- Disculpa, ¿Acaso no te has dado cuenta de que había un coche al lado?. No creo que sea tan difícil abrir con un poco de cuidado ¿no?.

Es cierto que, aunque lo dije de forma muy educada en mi mente me imaginaba acompañando cada una de las sílabas de la frase con un golpe en la chapa de su coche (con-un-po-co-de-cui-da-do). También es cierto que gracias a esa calenturienta imaginación que tenemos algunos hombres (sólo los que respiramos) al principio imaginaba que los golpes se los daba yo con su cabeza en mi mano y al final más bien me imaginaba a ella dándolos sobre el capó del coche debido a mis embestidas.

En cualquier caso, que yo sea un sádico lujurioso jamás me ha impedido mostrar una exquisita compostura así que mi tono, aunque serio y reprochador, nunca fue ofensivo.

Sin embargo, y ante mi sorpresa, la rubia cambio la cara como si le hubiese amenazado de muerte y salió corriendo (más bien andando todo lo deprisa que le permitían los tacones de veinte centímetros). Si alguien hubiese visto la escena desde la lejanía, y vista la reacción de la rubia, tal vez pensaría que yo estaba amenazándola.

Tan rara fue su reacción que incluso preferí esperar a que ella cogiera el ascensor primero. Me quede pensando en su reacción. La única explicación que se me ocurre es que esta mujer no esté acostumbrada a que ningún hombre le hable sin la sonrisita de gilipollas que se nos suele poner a todos (a mi no pero sé que nadie me creería) delante de una mujer de bandera como esa. Imagino que el hecho de que yo no le hubiese invitado amablemente a machacar la puerta de mi coche cuando la señorita tuviese a bien le descolocó terriblemente. Incluso me dio por pensar como contaría la rubia el sucedido con sus amigas en el club: “Osea tia, superfuerte… estoy viva de milagro…”.

Según subía por el ascensor iba yo pensando en el Porsche (ya sabéis, Porsssssss…) y con esa vena tan asquerosamente machista que a veces tenemos los hombres (sólo los que tenemos nariz) pensaba en que seguro que ese coche se lo había pagado la rubia con el sudor de su frente. Es más, estoy seguro de que sudó bastante mientras lo conseguía.

Ya el centro comercial, pude apreciar una escena que confirmó mis impresiones. Desde la planta de arriba ví como aparecía la rubia, pasaba al lado de un grupo de hombre trajeados y todos sin excepción se volvían y comentaban entre si lo buena que estaba “la tía”. Me quede mirandola mientras caminaba. La verdad es que estaba impresionante. De pronto comencé a pensar. ¿No habría cometido un error fatal?. ¿No hubiese sido mejor invitarla a que machacara sin piedad la puerta de mi coche con la puerta de su porssssschhhh?.

Y es que es lo que nos pasa a veces a los hombres que respiramos y tenemos nariz, que ante determinadas perspectivas perdemos todas las demás y dudamos hasta de nuestras más arraigadas convicciones.
 
Mardito parné
Desde hace un tiempo, me sorprendo a mi mismo diciendo que me voy a jubilar cuando cumpla cincuenta años. La verdad no sé porque lo digo porque para mí mi trabajo es mi hobby . Además según la progresión que llevo con cincuenta será cuando me encuentre mejor que nunca (esta última frase no viene a cuento pero me apetecía decirlo). El caso es que me llama la atención el que lo diga más que nada porque no es la primera vez que comienzo a decir algo medio en broma y al final lo hago. Yo soy muy mío y a lo mejor la frasecita no es más que un auto-aviso.

El caso es que hace unas semanas alguien me dijo que “al igual que yo” él quería jubilarse a los cincuenta con la pequeña diferencia de que él los cumplía en poco más de un año. Y siguiendo con el argumento me pidió ayuda y, a la vez, no se si consciente o inconscientemente, me planteo un problema matemático (que me resulta siempre atractivo). El susodicho podría disponer de unos ahorros de unos quinientos mil euros. Su pregunta: ¿Existe alguna forma de vivir decentemente de las rentas con un capital neto de quinientos mil euros?.

Mi primera duda fue en que cifraba él eso de vivir decentemente. En esto del dinero como en los globos es mucho más importante rebajar lastre que meter combustible y cualquiera con experiencia sabe que cierto es eso de que es "más rico el que menos necesita". Así pues le pedí que me dijera que ingresos netos mensuales consideraba él que serían los mínimos para vivir. Me contestó que puesto que su hijo estaban ya “colocado”, tenia su piso pagado, no tenía deudas y era simplemente para vivir él y su mujer con unos dos mil o dos mil quinientos euros mensuales a él le llegaban.

Bueno, dos mil quinientos euros mensuales no me parecen mucho (abrimos plano y panorámica de mileuristas rabiosos tirándose de los pelos e insultándome). Lo cierto es que, para esta persona estoy seguro que esos ingresos suponen una merma considerable a lo que está acostumbrado. Hice algunas cuentas y aquí pongo un resumen por si alguien se lo está planteando.

Los ingresos necesarios son unos treinta mil euros “limpios”. Teniendo en cuenta que los ingresos provenientes de la renta tributan al dieciocho por ciento tendremos que calcular unos ingresos brutos de unos treinta y cinco mil euros redondeando (es un poco más). Eso es un siete por ciento de los quinientos mil euros.

Pero hay que tener en cuenta el efecto de la inflación y para seguir manteniendo los ingresos en términos reales hay que procurar que, aparte de la rentabilidad neta obtengamos un plus de rentabilidad que nos permita hacer crecer nuestras reservas al ritmo del IPC. Haciendo un redondeo simple nos salé aproximadamente un diez por ciento de rentabilidad anual.

La cuestión es, ¿hay alguna inversión que te asegure un diez por ciento anual?. He de decir que una de sus condiciones inapelables era que debía tratarse de una inversión que no supusiera ni riesgo ni trabajo. Osea que olvidémonos de especular en bolsa. Yo he hecho varias consultas y la única solución que he encontrado ha sido, curiosamente, en un foro donde alguien preguntaba exactamente lo mismo que a mi me plantearon (como vivir de las rentas con medio millo de euros). En este foro hablaban de una especie de fondo de energía solar que te aseguraba un diez por ciento. Lo cierto es que yo no lo he encontrado.

Puesto que me veía en la terrible tesitura de explicarle que no había manera se me ocurrió aplicar un poco de pensamiento paralelo al problema. La cuestión es que no hace falta que le lleguen sus ingresos para toda la vida. Basta con que le lleguen a los sesenta y cinco años (o setenta si se cumplen las previsiones que apuntan a que la edad de jubilación se va a posponer) y, eso sí, asegurarse una pensión vitalicia de esos dos mil quinientos euros. Eso, aunque parezca complicado, no lo es en absoluto. Si ha cotizado suficientes años (y en este caso es así) basta con darse de alta como autónomos y pagar una cuota a la seguridad social equivalente a un sueldo de dos mil quinientos euros. En concreto la cuota es de unos ochocientos euros.

Se me ocurrió hacer una hoja Excel contando con todos los ingresos previstos (rendimiento financiero), gastos (sueldo que nos queremos dar más impuestos más cuota de seguridad social) y todas las actualizaciones de IPC y los resultados son (al menos a mi me lo parecieron) curiosos.

En resumen, con unos ingresos previstos de dos mil quinientos euros (actualizables a un IPC del tres por ciento) y con una rentabilidad media de un cuatro por ciento los ahorros nos durarían diecisiete años (osea que llegaríamos a los sesenta y cinco años pero no a los setenta).

Obviamente, como en todo cálculo de este tipo, las posibilidades son casi infinitas pero alguna de la conclusión a la que llegué era que con esas condiciones, necesitaríamos una rentabilidad del IPC más cinco puntos para llegar a los veinte años (a los setenta) viviendo de las rentas. Lo cual, es en cualquier caso difícil por no decir imposible sin tomar riesgos. Una solución posible consiste en bajar nuestras pretensiones un poco (hasta los dos mil euros mensuales) y subir nuestro capital inicial hasta los quinientos cincuenta mil euros. En ese caso, suponiendo una rentabilidad del IPC más un punto (posible por ejemplo con bonos) llegaríamos a los setenta años e incluso si tuviésemos suerte y pudiéramos jubilarnos a los sesenta y cinco años aún nos quedaría en el banco un dinerito (más de doscientos cincuenta mil euros).

Cuando terminé de hacer todas las cuentas, de pronto me pareció escuchar a mi padre y a mi madre con dos de sus frases: “No he visto nadie que trabaje tanto para no trabajar” y “la mejor lotería es el trabajo”.

En cualquier caso, yo no creo que me jubile a los cincuenta pero por si acaso ya voy haciendo números.
 
El camino del inglés (y del francés)
El otro día ví (debería decir padecí) la película “El camino de los ingleses” dirigida por ese señor que dice en un anuncio “¿Es mejor tener fortuna o ser afortunado?” y después pone una cara muy de Felipe Gonzalez en su tiempo de “¿soy chulo o no?”.

Antes de comenzar la obra maestra y durante un par de minutos se enumeran las entidades que “colaboraron”. Así de memoria (y que me perdone si omito alguna de las entidades que pusieron pasta) la lista de paganos era tal que así:

Sogecine (Sogecable)
TVE
Canal Plus
Canal Sur
ICO (Instituto de crédito oficial)
Ministerio de cultura.
Turismo de Andalucía.
Ciudad de la luz
Ayuntamiento de Málaga
Diputación de Málaga
Consejería de cultura de la junta de Andalucía.

Después de ver lo que pude de la película no sé porque pero me imaginé a Antonio Banderas delante de mí sentado en la silla y sin zapatos diciéndome.

- ¿Qué es más importante, ser gracioso o caer en gracia?.

De todos ellos (los patrocinadores) excepto Canal Plus y Sogecine el resto son entidades públicas. En realidad, podríamos decir que las televisiones aunque no son entidades públicas para los efectos como “si lo seriesen” ya que están coaccionadas por la ley del cine que, de forma creo que única en la legislación española, obliga a una serie de empresas privadas (cadenas de televisión) a dedicar un tanto por ciento de su facturación a invertirlas en otras empresas privadas (productoras de cine) para producir películas españolas.

Hoy he visto sendos anuncios-trailers de dos películas que prometen (en su más pura acepción “por los cojones”): “Transformers” y “Café solo o con ellas”. He apuntado mentalmente “no verlas”. En ambos casos y sólo por lo que se ve en los anuncios, me han parecido igual de interesantes que la historia de la maceta del portal de mi casa. La diferencia entre ambas superproducciones es que estoy casi seguro que en la segunda (la española claro) habré participado a través de mis impuestos.

Se supone que tanto apoyo directo a través de impuestos o forzado de terceros al cine entra dentro de lo que en Europa se ha dado en llamar la lucha contra la colonización cultural americana. En realidad a mi me suena más a pagar determinados servicios prestados por los embajadores de la cultura popular (léase “Ramoncines” y “ Bardenes”) pero es que yo, de todos es conocido, soy bastante mal pensado.

Además, digo yo que si lo que se intenta es defender nuestro patrimonio cultural (parece ser que los bodrios que, salvo contadas excepciones, son las películas españolas constituyen un patrimonio) lo mejor es que no se quedaran en medias tintas. ¿Qué tal una ley que obligue a gastar al español medio un cinco por ciento de su presupuesto de ocio en cine español?. Yo creo que ni por esas. Al final la cosa (la invasión cultural) es inevitable sino es por un lado, por el otro. Está demostrado.

Al respecto yo suelo recordar algo que me sucedió en Francia (un país beligerante en esto de la defensa de sus valores culturales) en un stage profesional. En una charla preparativa para nuestro periodo de prácticas en las empresas un señor cuya misión era prepararnos para las costumbres francesas nos advirtió que, al contrario de lo que pasa en España , en Francia habían hecho un esfuerzo por independizarse de USA en todo lo que a terminología se refiere y que el caso de la informática no era una excepción.

Para afianzar su propia identidad francesa, un grupo de expertos había inventado sus propios conceptos y términos técnicos y se promovía (y casi se obligaba) su utilización. Así pues, nos advirtió de que deberíamos utilizar el término Logiciel en vez de software y Système d'exploitation en vez de Operating System. A pesar de que alguien se atrevió a comentar –sotto voce, eso sí- que en España también utilizábamos términos españoles (programa, sistema operativo..) el tío volvió a recalcar que a diferencia que en España nosotros somos muy celosos de nuestro patrimonio cultural y no nos gusta utilizar términos ingleses.

En ese momento alguien preguntó por la forma de vestir en las empresas y el tío (que ya nos estaba cargando un poco), sin dudarlo un momento contestó:

- Bueno, depende de la empresa. Hay algunas en las que lo apropiado es el traje pero en la mayoría puedes ir perfectamente con T-shirt y Jeans.

Fundido en negro y cara de banderas mirando de soslayo...

¿Qué es más importante... (pausa valorativa).... callar y parecer tonto o hablar y despejar todas las dudas?.


 
La mitad de mi armario
Sigo sin entender algunas reacciones a mis palabras. Me sucede a veces que ante unas palabras que yo considero bastante normales y lógicas causo reacciones diversas un tanto exageradas. Unas veces son halagos y otras críticas. En ambos casos me sorprenden.

Hace no demasiado alguien me “diagnosticó” una vez más “alergia al compromiso” y para rematar la faena me volvió a meter en la masa con la puntualización “como todos los hombres”.

Hablando sobre el tema entre copas y con varias personas (hombres y mujeres) en una conversación que no era sino la misma conversación de tantas veces se me ocurrió decir algo tan (al menos a mí me lo parece) evidente y lógico como:

“Yo volveré a pensar en un compromiso e incluso una convivencia cuando encuentre a alguien que me compense las ventajas y comodidades de vivir solo”.

Me cayeron bastantes acusaciones. Entre ellas la de “poco romántico” (aquí podría aplicar el famoso dicho de “que tienen que ver los cojones p’a comer trigo”) por la visión eminentemente práctica y utilitaria del problema. Incluso alguien me tachó (eso sí “de buen rollo”) de impresentable y puso un ejemplo con trampa pero, en definitiva, aplicable.

- ¿Osea que lo que buscas es alguien que folle lo suficientemente bien para que merezca la pena la espera en el cuarto de baño cuando te levantas?.
- Si. Aunque no hablo sólo de follar. Pero por ahí va el asunto.

Incluso alguien me acuso de algo tan estúpido y generalizado como es “escoger el camino fácil”. Nunca he entendido eso. ¿Acaso elegir lo difícil es equivalente a hacer lo correcto?. Yo diría que en la mayoría de las ocasiones sería justo al revés.

No sé si me expliqué mal o es que suena extraño pero mi planteamiento creo que no es nada descabellado. Para mi vivir solo tiene una serie de ventajas indiscutibles y que, por obvias y por extensas, no pienso desgranar ahora. Hay quien no puede estar en casa solo o sola (los ejemplos que yo conozco en concreto son “sola”) y hay quien, como yo, se siente bien cuando esta solo aunque sólo sea por el hecho de hacer lo que te place cuando quieres (con sus limitaciones claro).

Tengo un amigo que vivió con sus padres hasta que se casó pasados los treinta y cinco, a pesar de que tenía dos pisos vacíos. Simplemente le compensaba vivir en una “casa inteligente” (que era el eufemismo que utilizaba para explicar el hecho de que él tirara los calzoncillos en el suelo y aparecieran lavados, doblados e incluso planchados en su cajón). Su planteamiento era simple: Obviamente en casa de mis padres yo hago lo que quiero cuando quiero y me cuidan como nadie. ¿Para que voy a irme a vivir sólo y gastar tiempo y dinero en vivir peor de como vivo ahora?.

Yo, sin embargo, me fui a vivir sólo al poco tiempo de tener trabajo y, desde siempre, he sido una persona independiente que prefiere pagar el peaje que indudablemente tiene vivir solo a perder mi pequeño lujo de hacer lo que se me antoja.

Si encuentro a alguien a quien quiera o con quien quiera lo suficiente como para preferir estar con ella a estar solo seguramente volveré a estar emparejado e incluso me plantearía convivir. Ya me pasó una vez. Encontré una persona con la que quería estar siempre. Una persona que no tenía nada que ver conmigo en muchísimas cosas, que me hacía tener la casa ordenada, con la que dormía con la ventana abierta en invierno y, en general una persona que, aunque soportaba mis manías, consiguió que admitiera las suyas. Con la que no podía hacer lo que quisiera cuando quisiera pero que, de alguna forma extraña, consiguió que siempre quisiera hacer lo que ella quería. Alguien que ocupaba todo el sofá para ella dejándome en un rinconcito pero que hacía que, cuando no estaba, yo siguiera ocupando el mismo rincón echándola de menos. Alguien en definitiva que, incluso para mi que necesito más espacio vital que la mayoría de la gente que conozco, consiguió no sólo que me acostumbrara a verlo invadido sino que cuando no estaba hacía que me pareciese enorme.

Eso si, con la edad que tengo y en la posición que me encuentro, no voy a renunciar a la mitad de mi armario porque alguien este muy buena o sea muy buena conversadora, o sea la perfecta pareja presentable en sociedad o en familia, o sea inteligente o sea la perfecta madre de mis futuros vástagos. La mujer que quiera la mitad de mi armario lo único que tiene que conseguir es que, aparte de que ella quiera (eso obviamente se da por descontado), yo prefiera mil veces que en esa mitad esté su ropa en vez de la mía.
 
Y digo yo... (breviario)
Hay un tipo de Izquierda Unida (creo que de Iniciativa por Cataluña o algo así) que propone que el oro que se encuentre en los naufragios sea entregado a los indígenas americanos. Esto, así a simple vista y sin profundizar podría parecer una estupidez. Una vez que lo estudias con detenimiento confirmas tus primeras impresiones.

-----

¿Porqué dos veces que he criticado al concejal Zerolo me han llamado homófobo?. Me molesta porque para nada soy homófobo (de hecho suelo decir que a mi lado femenino le va el rollo bollo). Si acaso seré Zerolofobo. No suelo encasillar a nadie por sus gustos sexuales. Si Zerolo fuese heterosexual me parecería igual de Zerolo. Hay que ser muy Zerolo para no entenderlo!

-----

Me pregunta alguien que con quien voy en la final de la copa.
- Con el Getafe naturalmente.
- Antisevillista eh?
- No, es que he vivido en Getafe unos meses y le tengo cariño.
- Joder, pero has vivido mucho más tiempo en Sevilla
- Si, pero yo vivía en la parte bética.
- Triana?
- No. Me refiero a la parte bética, es esa parte no localizada física ni geográficamente y que está formada por todos aquellos que tienen un sentimiento y una forma especial de ver la vida. En esa parte vivimos los béticos.
- Y los sevillistas entonces donde están?.
- Alrededor. Son los que le dan forma a esa parte, delimitándola.

-----


Me entero de que los grandes barcos mercantes, cuando hay una tormenta están mucho más seguros en alta mar que en puerto. Un capitán mercante me dijo hace unos años: “Eso de tener un amor en cada puerto puede ser muy peligroso”. Ahora sé a que se refería.

-----


Oigo a un opositor a Chávez (el presidente venezolano, el andaluz como no podía ser menos en la tierra del seseo termina en “s”) que cuenta que el problema para echar a este señor es que tiene comprado con subsidios a la mayoría del pueblo. Según este tipo con el dinero del petróleo Chávez ha establecido una serie de ayudas y subsidios a los pobres que es lo que realmente le mantiene en el poder. Hay que convenir que tiene razón. Tiene mucho más merito ganar unas elecciones cuando el dinero del petróleo se lo reparten entre cuatro familias.

-----

¿Qué tenían en común Neruda, Benedetti, Salinas o Bécquer?. Básicamente dos cosas. Todos eran (fueron y lo son) grandes poetas y todos, sin excepción, escribieron en negro sobre blanco. Así pues, ¿porqué la inmensa mayoría de blogs con poesía tienen letras blancas sobre fondo negro?. Y sobre todo, ¿porque hay tantos?. Yo he visto más de uno. Demasiados.
 
Paz y amor
Ayer fue un domingo (como casi todos los domingos) “deportivo”. Eso sí de esa variedad tan curiosa de deporte que consiste en que otros lo hagan y nosotros lo veamos en el sofá con nuestra cervecita. Yo recuerdo que cuando era un crío me gustaba jugar al fútbol pero me era insoportable ver un partido en la tele o en el campo. En realidad bien pensando es la postura más inteligente. Al respecto siempre recuerdo un chiste de Mingote donde un espectador troglodita de un partido de fútbol (también troglodita obviamente) le decía a otro: Yo no sé si es que aún estoy poco civilizado pero no entiendo porque juegan ellos y pagamos nosotros.

También recuerdo y viene al caso una frase de un monólogo de Seinfield donde un aficionado le dice a un de fútbol americano:

- ¡Hemos ganado!

Y el otro responde:

- No perdona. Hemos ganado nosotros y vosotros lo habéis visto

El caso es que hoy en día no podemos negar que somos un país de deportistas de sofá. Pero no sólo eso. Es que además llevamos la cosa hasta un punto surrealista a veces. Ayer me dio por leer un par de páginas de deporte de estas que tienen la noticia y luego te permiten hacer comentarios. De hecho, algunas tienen exactamente la misma estructura de un blog. No sé si me hizo gracia o me dio pena el hecho de que no había absolutamente ninguna noticia donde al cabo de tres comentarios alguien no estuviera cagándose en la madre de otro. Daba igual que la noticia hablara del partido de baloncesto, de fútbol o de la formula uno. Curiosamente bajo una especie de advertencia del tipo “No se permitirán mensajes de mal gusto u ofensivos” se acumulaban mensajes racistas, xenófobos y en general de tono perdonavida barriobajero y, eso si, con muchas “K”. Pensaba reproducir alguno pero no hay más que acercarse a cualquier página de este tipo y probar con cualquier noticia, sea la que sea.

En el caso de fútbol (que es algo que a mi me gusta pero que si alguna vez tengo un hijo trataría de prohibirle) no es más que una constatación de lo que pasa en todos los campos. Yo hace mucho que no voy a un campo pero me puedo imaginar como será la cosa si hace veinte años cuando yo iba se escuchaban autenticas barbaridades. A mí, como siempre me da por pensar en cosas raras, cuando iba al campo me surgía la duda de cómo sería en casa o en su trabajo ese señor que desesperado y mostrando a todo el que quisiera su último bocado del bocata de salchicha en la boca mientras gritaba a todo pulmón (el que le quedaba después del puro de treinta centímetros que se estaba fumando) “Dale en la cabeza que así no cojea”. Imagino que ese señor sería una persona normal, puede que buen vecino, buen marido y mejor padre Tal vez incluso de misa en domingos y fiesta de guardar. Siempre me pregunté porque extraña circunstancia de pronto insultaba, escupía y tiraba todo lo que tuviera a mano al árbitro ya ni siquiera al finalizar el partido sino cuando este salía antes de empezar.

Para continuar mi domingo deportivo vi un partido donde un equipo (el mío) se jugaba bajar o no bajar y el otro absolutamente nada. Aún así, en un momento dado cuando un jugador cayó lesionado aún se escuchó a coro de miles de gargantas el famoso “pisaló” que tan famoso hiciera Bilardo. Para quien no esté puesto en esta subcultura futbolística Bilardo era (y es) un entrenador argentino que haciendo honor al savoir faire de todo buen aficionado o profesional del fútbol y en la más pura escuela argentina (si cabe un punto más refinada aún en este tema) cuando su masajista atendió a un contrario que estaba lesionado le increpó con su inconfundible acento argentino diciendo.. Nooo.. al otro pisálo, pisálo…..

El famoso “písalo” (pisálo en argentino) me recordó una anécdota de hace mucho y que siempre me pareció genial. Hace ya unos años se jugó un partido entre el Zaragoza y el Chelsea inglés (creo que fue de la copa de la UEFA) y en una de estas un inglés se cayó lesionado. Inmediatamente (y para demostrar que incluso en una ciudad tan agradable y educada como Zaragoza todos nos convertimos en energúmenos cuando entramos en un estadio) todo el campo se puso a gritar “písalo, písalo!!”.

Los periodistas ingleses que llevan muy a gala eso del “fair play”, en su crónica destacaron el “impresionante detalle de la afición española que, ante la caída de uno de nuestros jugadores y viendo que el partido comenzaba a mostrarse brusco y a veces hasta violento reaccionaron de forma unánime pidiendo a los jugadores “Peace And Love” (Pisaló).

Así que yo ayer, quise ser igual de elegante que cualquiera de los habitantes del muy pijo barrio de Chelsea y emulando a sus periodistas quise imaginar y convertir ese grasiento y malintencionado “Písalo” en un etéreo “Peace and Love”. Y entonces me imaginé a más puro estilo John Lennon, un campo entero pidiendo a voz en grito paz y amor entre los bravos contendientes. No puse evitar soltar una lagrimita… que bonito es el deporte!.

 
Transigiendo
- Y adonde iríamos?
- Me da igual, ¿a la playa?.
- Mucha gente
- Bueno, buscamos una playa desierta.
- ¿Sin un chiringito?. Jamas!
- Pero en las playas desiertas no suele haber chiringuitos.
- Siempre he dicho que la naturaleza es sabia pero no tanto. (Nota del autor: Odio usar un slogan publicitario pero es que me lo robaron ya que yo lo utilizo desde hace tiempo. Tengo pruebas de ello pero no puedo contar más por que la cuestión está sub judice).
- Bien, y si encuentro una playa desierta y con chiringuito ¿te vienes?.
- Si, pero por favor, que tenga césped.
- ¿Cómo?.
- Odio la arena.
- ¿Algo más?.
- Si, que no haga mucho calor, a ser posible que la temperatura esté entre 23 y 27 grados. No soporto las temperaturas extremas. Y sino al menos que tenga aire acondicionado.
- Vale, espera que apunto para decírselo a la agencia. Una playa desierta, con chiringuito, césped y aire acondicionado.
- No se te olvide pedir que haya tumbonas.
- Ok, entonces mejor dejamos el asunto de la playa aunque te advierto que el bikini me sienta muy bien.
- Entonces tendremos que transigir.
- No me lo creo. ¿Tú transigiendo?
- No, tú. Vamos a cualquier sitio pero tú te pones el bikini.
 
La insoportable levedad del ser (y del estar).
Cuando estuve en Francia conocí a un tipo que era lo más parecido a un dandy que he visto en mi vida. El me dijo una vez que si regalaba flores debían ser siempre un número impar. ¿y si regalo una docena? –pregunte-. Por favor, esas son demasiadas, “yo me refiero a un regalo con clase”, una, tres o cinco máximo.

Desde entonces le tengo cierta simpatía al número impar y en las reuniones procuro que siempre haya un número impar de miembros y, a poder ser, no más de cinco. De hecho, si analizamos con detenimiento, hay pocas cosas dignas y con clase que se puedan hacer con más de cinco personas.

Solo hay una excepción donde el número mágico es el dos. Si, efectivamente, lo que todos estáis pensando: el ajedrez.

Ayer, por ejemplo, yo viajaba en un tren con otras cuatro personas. Éramos cinco (con su premio correspondiente) y descubrí que es un buen número para viajar. Tal vez sólo superado por el tres y definitivamente por el número mágico: uno.

La cuestión es que cuando viajan cinco puede darse la feliz circunstancia como la que se produjo ayer de que se establezcan dos conversaciones-discusiones paralelas y, además, tú puedas obviarlas.

Las conversaciones fueron sobre, sin duda, los dos asuntos (temas suelen decir este tipo de interlocutores) más importantes de la actualidad. A saber: el final de la liga y el final de la tregua de ETA.

En el primer caso la discusión se establecía entre un madridista y un atlético y tenía como hilo argumental la increíble suerte (creo que se utilizó el sinónimo de alto nivel “chorra”) del Real Madrid que, para el merengue se convirtió en justicia divina ya que hubiese sido de todo punto injusto que el Barca se hubiese hecho con la liga gracias a un gol con la mano.

La segunda conversación, de más nivel aún si cabe, se basaba en un acuerdo. Los dos contertulios estaban de acuerdo en que a Eta lo que había que hacer era derrotarla. El problema es que uno estaba mucho más de acuerdo que el otro. Y cuanto más de acuerdo estaban, más gritaban para demostrar a todo el vagón que, sin duda, ellos estaban mucho más de acuerdo. En el fondo, lo que subyacía en esta discusión estúpida aparentemente (y en el fondo también) era ni más ni menos que lo que está pasando entre media España y la otra media. Antes uno pensaba que lo mejor era negociar y otros que no había que hacerlo (a pesar de que lo hicieron cuando tuvieron oportunidad) y ahora que no hay más remedio los primeros deciden unirse a la opinión de los segundos con el consiguiente cabreo de estos. Porque sólo hay una cosa más irritante que la opinión contraria del adversario y es que a este le de por opinar lo mismo que tu.

Mientras tanto yo rememoraba mis tiempos de hace ya muchos años (últimamente de todo hace mucho) cuando montaba en el autobús después de una tarde-noche de frenesí adolescente y apoyaba mi cabeza en el cristal titineante. Lamentablemente en los AVE el tintineo no es ni parecido y no se te mete en la cabeza ni te produce esa extraña sensación de rechinar de dientes que comenzaba siendo molesta y terminaba siendo adictiva.

Me dio entonces por mirar por la ventana. Comencé mirando a través de la ventana pero terminé mirando a la ventana. Poco a poco, como si estuviera alcanzando algún tipo de relajación zen los sonidos provenientes de las conversaciones trascendentales sobre Messi, Raul, casillas, Zapatero, De Juana y Rajoy se fueron diluyendo y me dediqué a pensar en mis cosas.

Cuando ya estábamos llegando alguien me despertó del trance a base de un codazo (inoportuno como sólo puede ser un codazo) que me hizo suspirar por el número mágico de viajeros: uno.

- Que pasa tío, no has dicho nada?
- Y que quieres que diga?
- No sé, estamos aquí arreglando el mundo. No opinas?
- Siempre opino, ya lo sabes, pero es que hoy me aburren esos asuntos
- Vaya hombre, el señoriíto no considera bastante importante estos temas?
- No se si son importantes o no, pero desde luego no me resultan interesantes.
- Supongo que una ventana será mucho más interesante no?

De pronto recordé algo que leí hace mucho.

- ¿Sabias que las ventanas de vidrio están en realidad en estado líquido?. Se trata de un líquido muy viscoso pero líquido al fin y al cabo. Por eso, los cristales antiguos como por ejemplo las vidrieras de las catedrales suelen ser más anchos en su base que en la parte de arriba. El vidrio va escurriendo.
- Joder, pues no lo sabía.
- Pues a mi eso me parece más interesante que el gol de Messi o la reunión de Zapatero y Rajoy.
- Te voy a decir una cosa, no sé si te molestará o alguien te lo habrá dicho antes pero eres bastante raro eh?.
 
Jenialidad
Alguna vez he comentado que por cuestiones de imposición de trabajo he asistido a algún seminario/curso de “creatividad”. Lo pongo entre comillas porque sinceramente pocas veces he visto algo de creatividad en esos cursos y porque a primera vista parece complicado aprender a ser creativo. En realidad yo creo que si es posible aprender a utilizar algunas técnicas. Lo verdaderamente importante es aprender a “desaprender”.

Ya comenté en un post hace bastante lo que a mi me sucedió con un barco en un punto. Desde el momento que entramos en el colegio (o el jardín de infancia) comenzamos un proceso, la mayoría de las veces sin retorno, hacia la perdida de la imaginación y la creatividad. Desde que la profe de turno te dice que no, que el árbol que tu has pintado de color amarillo con las hojas rojas es muy bonito pero que los árboles son marrones con hojas verdes (mientras tu intentas decirle que en realidad habías pintado un árbol seco liofilizado) hasta que en la universidad te dicen constantemente que si, que tu forma de hacer las cosas puede valer pero que en el examen había que hacerlo según las normas.

Este fin de semana, he vuelto a leer un artículo sobre las burradas que contestan algunos alumnos en los exámenes del colegio y el instituto. Eso si, como siempre, el artículo que acompañaba a los ejemplos volvía a incidir en lo brutos y tontos que eran sus autores. En ninguna de las ocasiones que he visto alguno de estos casos he leído ni oído a nadie alabar la imaginación y la creatividad que se desprende en muchos de ellos.

A mi me recordó un caso que me sucedió a mí. A un profesor que solía disfrutar ilustrando sus exámenes en situaciones ficticias (y ambiguas en la mayoría de las ocasiones) se le ocurrió presentar un problema de una forma un tanto novelesca. En resumen, se trataba de un señor que quería medir la profundidad de un pozo y “solo disponía de un reloj”. La solución al problema era obvia: había que tirar algo al pozo y tener en cuenta el tiempo que se tardaba en escuchar el sonido en el agua. Este tiempo correspondería en parte al movimiento uniformemente acelerado de la piedra o lo que tirásemos y en parte al tiempo que el sonido tarda en regresar. Me dispuse a hacer el problema hasta que, de pronto, me di cuenta que se me había borrado de la memoria la velocidad del sonido. Por más que intente recordarlo, no pude. Así pues, ¿Qué hacer?. Para solucionar el problema opté por una solución alternativa. Propuse que el señor se tirara él mismo al pozo con el reloj en la mano. De esta forma, me quitaba el tema del sonido.

Curiosamente en ese problema hubo soluciones más creativas que la mía. Varios propusieron tirar el reloj y contar en voz alta (en el enunciado decía que solo tenía un reloj, no se hablaba de si había piedras para tirar). A mi el que más me gustó fue uno que propuso atar el reloj a una cuerda, activarle el sonido de la alarma y bajarlo hasta que se dejara de escuchar (se supone que al llegar al agua). Después bastaba con recoger la cuerda y medirla.

El profesor hizo lo que hacen los profesores casi todo el tiempo. Se rió de las ocurrencias pero no valoró el hecho de que, en primer lugar había ingenio en las respuestas y en segundo lugar, en algún caso eran soluciones plenamente válidas. De hecho a mi me puntuó por la mitad del ejercicio con la estúpida excusa de que “yo sabía perfectamente que había que hacer y a que se refería él”. Discutí la nota durante días. De hecho había aprobado el examen y yo no solía discutir todo aquello que fuese mayor de un cinco pero esto era una cuestión de principios. Mi solución era correcta. Lo sigo pensando.

Al cabo de mucho tiempo tuve la oportunidad de encontrarme en una situación muy parecida a la del problema. El padre de un amigo mío quiso medir la profundidad de un pozo (de hecho no es correcto el termino “profundidad” ya que lo que quería medir es el espacio hasta el agua) y que hizo?. Tiró una cuerda con un cubo. Cuando el cubo llego al agua tiro de él y midió la cuerda. Joder!, lo que dijo el chaval del examen!. Lo cierto es que allí estábamos varios universitarios y a nadie se le ocurrió tirar una piedra y ponerse a cronometrar.

En definitiva, en esto de las respuestas curiosas hay de todo, pero nadie puede negar que en muchos casos lo que hay es creatividad y genialidad, a veces genialidad con J pero genialidad al fin y al cabo.


Composición literaria que contenga sexo, monarquía, religión y misterio. Se ruega brevedad
” ¡Se follaron a la reina!, ¡Dios Mío!, ¿Quién habrá sido?”

Enumera tres estimulantes del sistema nervioso:
El café, el tabaco y las mujeres

¿Cuantos continentes hay?
Unos 150, aunque no he estado en todos. Conozco el de Majadahonda y Alcobendas. De todas formas ahora se llaman Carrefour