logotipo

img_google
Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
Acerca de
Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
Post-it
Enlaces
Acesos directos desordenados
Mujeres con demasiado pecho
Y aquí.. las que son demasiado cariñosas
Logo CCFVLS
Sindicación
 
El coche perfecto
Me gustan los coches. En realidad me gusta todo lo que sea bonito y los coches me gustan más por estética que por otra cosa. Por eso soy un enamorado de los coches clásicos. Desde no hace mucho soy propietario de un coche clásico que antes perteneció a un buen amigo. La existencia de ese coche es casi un secreto. Lo tengo en una casa de campo y lo conduzco muy pocas veces y siempre solo. En realidad solía conducirlo solo cuando mi amigo vivía, ahora la mayoría de las veces él va en el asiento del copiloto.

Siendo absolutamente sincero, con los coches me esta pasando como con muchas otras cosas y es que me noto que pierdo un poco la ilusión por ellos. No obstante como siguen atrayéndome y me mantengo informado y, da la casualidad que en pocos meses meses me cumple el contrato de renting, llevo bastante mirando posibles sustitutos. Alguien se puede extrañar de que este mirando con meses de antelación pero es que hay colas de espera para todos los coches que me interesan (debe ser que en eso no soy muy raro).

Amada ya escribió en un post sobre los prototipos de hombres y su relación con el coche que tienen. Es curioso como muchos de nosotros hacemos ese tipo de asociación aún a sabiendas de que es una tontería. Yo, por ejemplo, veo un propietario de un Seat León amarillo (en general cualquier coche tuneado) y sin conocerlo, no me gusta. Un prejuicio bastante tonto y seguramente injusto pero es así. En mi descargo diré que no es gratuito. Un Leon de ese tipo estuvo molestando durante cien kilómetros a un amigo mío que llevaba a su bebe al hospital con peligro de muerte por una deshidratación. El gilipollas del Leon, a pesar de los avisos de la madre, pensó que se estaba picando y viajó todo el tiempo intentando adelantarle.

El caso es que cuando me planteo cambiar de coche me surgen dudas. Básicamente lo que me gusta. Lo que necesito se cumple con prácticamente cualquier coche. La cuestión es cual es el coche perfecto para mí. Si hacemos caso al prototipo de cuarentón debería comprar un deportivo descapotable. Si me apuntara a la moda me compraría un todoterreno o más concretamente lo que los americanos llaman SUV (Sport Utility Vehicle) y que aquí hay gente que llama “todocaminos”. Por cierto que un amigo mío llama a estos coches Supermarket Utility Vehicle y algo de razón no le falta porque es curioso la cantidad de estos mastodontes que se utilizan para ir al hipermercado.

En estos tiempos he pensado en multitud de coches de lo más variopintos. Hay días que me digo que para que necesito yo un coche grande y pienso en cualquier utilitario (me gusta el citröen C2), otras veces me da por un deportivo (me encanta el PGO Cévennes, el Alfa Breray el audi A5 ). También pensé en las berlinas medias y ahí mi preferencia iba por el Lexus IS . Últimamente me estaba dando por mirar los famosos SUV. Me gusta el Freelander2 pero casi estaba decidido por el Mercedes ML.

Así pues me puse a analizar distintos factores para intentar despejar o al menos acotar candidatos. Hay factores digamos prácticos y más o menos objetivos y factores mucho más subjetivos.

En los factores prácticos está básicamente precio, consumo, seguridad, fiabilidad y necesidades de espacio. Esto es fácil. Tengo un presupuesto determinado por cuestiones de acuerdos de empresa, hago de treinta a cuarenta mil kilómetros al año así que lo pillaré diesel y normalmente o voy yo solo o máximo con alguien aunque alguna vez al año tengo que trasladar a mi familia. Pero eso se puede solucionar pidiendo un coche o incluso alquilándolo. La seguridad y fiabilidad, afortunadamente ya viene de serie en todos los coches.

Así pues, la reducción de candidatos es pobre por no decir inexistente. De todos los que yo he dicho ahí todos exepto en Cévennes cumple. Pero es que el Cévennes es tan bonito..

Y ahí comenzamos con los factores subjetivos. En eso mi lado femenino se impone claramente porque para mi es fundamental que el coche me resulte bonito. Me encantó un eslogan de Lancia que decía “Haz algo por el paisaje de tu ciudad, cómprate un Lancia”. Para mí comprarse un coche feo debería estar gravado y en cualquier caso me parece una falta de respeto por los demás (y pienso aquí en el tunning). Y no sólo en el exterior, para mi es fundamental que el interior sea también bonito. Por eso, prefiero los coches italianos o ingleses a los alemanes o japoneses.

También soy un enamorado de los “gadgets” y el equipamiento. Por eso me dan tanta rabia los BMW y Merecedes donde en el precio te incluyen un volante y cuatro ruedas (literalmente porque últimamente no llevan de repuesto). En eso el Lexus es espectacular.

Una cosa que no se si afortunadamente o lamentablemente pesa muy poco últimamente en mi decisión es la opinión femenina al respecto. Es curioso como muchos hombres tienen muy en cuenta ese factor cuando en realidad, como bien explicó Amanda en su post, da igual lo que haga, seguro que te equivocas. Porque, desde un punto de vista femenino, y entendiendo por femenino la línea editorial del cosmopolitan, se elija el que elija se aplicará algún calificativo despectivo. Si elijo el PGO daré la imagen de cuarentón con crisis de los cuarenta, si escojo el Brera de pijo-maki, si me decido por el A5 de yupi, cualquier SUV me granjeará la antipatía de los más ecologistas y además aquello de “intentar compensar con el tamaño del coche…”.

Con este tema nos pasa un poco como a ellas con el tema de la figura. En realidad hacemos suyos nuestros gustos cuando lo cierto es que un alto porcentaje de mujeres no se siente excesivamente atraídas por los coches.

Como por otra parte yo no ligo, el coche lo utilizo para trabajar y cuando salgo por ahí de copas suelo salir en taxi tampoco debo tener muy en cuenta ese factor.

No solo en cuanto al sector femenino existen estos prejuicios. Una de las cosas que menos me gusta de las marcas que la gente llama “Premium” es precisamente eso, que intenten dar la imagen de “Premium”. Esa imagen de “yo soy más porque llevo un BMW, Audi, Mercedes..” la odio y por eso (tan tonto este prejuicio mío como el otro) a mi me da cierto rechazo estas marcas. Aparte de que han perdido bastante su sentido porque, hoy en día, todo el mundo puede tener uno de esos coches y de hecho sólo hay que mirar en la calle para ver que abundan. A veces se ven más que los “generalistas”.

Al respecto hay una anécdota que siempre me hizo gracia. Un día a un tipo en hacienda se le ocurrió mirar personas que tenían un Mercedes y declaraban menos de un determinado ingreso anual para intentar detectar fraudes. Detectaron a miles de propietarios de furgonetas mercedes.

Hay otro factor que (y aquí si que tengo claro lo de lamentablemente), los cuarentones solteros apenas tenemos en cuenta. Se trata del espacio y la facilidad para determinadas actividades. Cualquiera de mi época sabrá perfectamente que el SEAT Panda no era precisamente bonito, rápido ni cómodo para conducir pero eso si, tenía la increíble capacidad de convertir todo el coche en una cama plana. Y eso, cuando tienes veinte años, las hormonas “alborotás” y no tienes casa, es un tesoro. Porque a quien hizo famosa la frase de "que dificil es hacer el amor en un Simca mil" me gustaria yo verlo intentando echar un polvo (o algun sustituto) en uno de esos coches "Premium".

Si entrar en más detalles que estoy seguro que no os interesan para nada, no hace demasiado estuve en una situación parecida. Comprobé empíricamente un problema evidente que seguro que los diseñadores apenas tienen en cuenta para los coches de “puretillas” como yo. Mucho reposabrazos, mucha guantera central (peor aun si tiene los horrorosos posavasos) y mucha palanca cortita para darle más aspecto deportivo pero a no ser que se seas contorsionista es verdaderamente difícil alcanzar según que zonas de la persona que se sienta al lado. Y hay veces, en las que alcanzar esas zonas, o que te alcancen las tuyas es una prioridad absoluta. Es entonces cuando te acuerdas de tu humilde dos caballos.

Desde que me pasó esto, puede que debido al trauma que me produjo (aunque he de decir que la cosa se solucionó aceptablemente) cada vez que miro un nuevo coche rápidamente miro la zona del promontorio central donde normalmente están el cambio y el freno de mano. Sobre esto hay pocas novedades. Todos parecidos excepto el Mercedes ML que curiosamente tiene el cambio automático en el volante y el freno de mano es con un pedal. Pero a los diseñadores alemanes, tan pragmáticos ellos, no se le ocurre otra cosa que poner dos travesaños cuya única función aparente parece ser la de molestar. (Aquí) se puede ver claramente de que hablo.

Y en estas estábamos cuando de pronto surge un candidato revolucionario. Va a salir en breve, tiene un motor diesel interesante, es precioso por fuera y una pasada por dentro. Encaja en mi presupuesto. Tiene una línea coupe deportiva pero sitio de sobra, cuatro puertas y un amplio maletero. Viene bien equipado de serie (con todo lo que yo quiero) e incluso con algunas pijadillas de las que a mi me gustan como por ejemplo que las tomas de aire están ocultas y se giran al arrancar. Tiene una marca “Premium” pero tampoco tanto. Dentro de los arquetipos femeninos-cosmopolitanos creo que es de los menos malos. Será más exclusivo (por desconocimiento más que nada) que los alemanes.

Y parecerá una estupidez pero cada vez que me enteraba más de características del coche más me intrigaba el tema del tunel central entre los asientos. Cuando lo vi "filpé". No tiene palanca, sino una ruedecilla a modo de botón selector para cambiar de marchas y además, cuando se apaga el motor la ruedecilla se mete dentro del salpicadero dejandolo totalmente plano y expedito.

Por fin, mi coche perfecto
.
 
Separacion de bienes. El dilema
Yo no es que tenga demasiados bienes valiosos. De hecho a mí con el dinero me pasa como con la inteligencia, que la gente piensa que tengo más de la que realmente tengo (o al menos, en el caso de la inteligencia, de la que yo mismo creo que tengo). Por cierto, esta frase no es falsa modestia ni verdadera modestia, es lo que pienso. No me considero tonto y no soy pobre pero, tal vez por la poca importancia que le doy a ambas cualidades, creo que proyecto una imagen un tanto distorsionada de la realidad.

Sin meterme en más líos, todo esto viene a que el otro día tuve una conversación con una amiga en la que hablamos de temas de divorcios. En una de estas yo dije que, aunque no creo que me case nunca, si lo hago lo haré en régimen de separación de bienes. De hecho, defiendo firmemente que el modelo por defecto debería ser ese en nuestro país. Creo que en Cataluña es así.

Ella, que es una mujer separada hace mucho y absolutamente autosuficiente desde el punto de vista económico, me reprochó que eso no era sino una falta de confianza en la persona con la que pretendes pasar el resto de tu vida porque, señaló con lógica, si te casas es para el resto de tu vida aunque después dures lo que dures. De hecho, sentenció, yo jamás me casaría con un hombre que me propusiese un acuerdo de ese tipo.

He de reconocer que algo de razón tiene en que puede parecer una falta de confianza y que el hecho de plantearlo es incluso de mal gusto. Por eso precisamente es por lo que yo creo que debería ser la elección por defecto. Para no tener siquiera que plantearlo.

Mi convicción no va por el tema de la confianza. Por otra parte, en el aspecto económico, creo que quien me conoce sabe que no soy precisamente tacaño. Aparte de que, como ya he dicho antes, le doy una importancia relativa al dinero. No hace mucho alguien me dijo “A mi el dinero me importa un bledo si lo tengo, cuando me preocupa es cuando no lo tengo”. Esa frase, que yo mismo había dicho antes muchas veces, no es tan cínica como parece. Para mí el dinero tiene una posición muy baja en mi lista de prioridades pero yo hablo desde el punto de vista de alguien que no pasa apuros económicos. Obviamente, si no llegase a fin de mes, o no tuviera dinero para comida o para las cosas más básicas (y tenemos cerca a mucha más gente de la que pensamos así) seguramente el dinero sería una de mis principales prioridades. Creo además que es lo normal. No creo que a nadie de los que leemos esto si nos preguntan por nuestras preocupaciones pongamos “el agua” como una de ellas y es obvio que hay millones de personas que se levantan cada día pensando donde y como podrán conseguirla.

Volviendo al tema, le expliqué a mi amiga a que cuando yo estoy en pareja no sólo comparto todo lo mío sino que incluso por ese extraño sentido arcaico de la caballerosidad y por esa, no menos arcaica, figura del “hombre de la casa”, he tenido por costumbre soportar todos los gastos. No hablo de lujos sino del día a día. Vaya que no sólo pago la cuenta en el restaurante. Cuando vivía con Ella se puede decir que su sueldo iba directo al banco. Todos los gastos de la casa, compras, vacaciones o incluso ropa iban a mi cargo. Simplemente era una costumbre. Hasta las averías de su coche las he pagado yo.

Siguiendo con la explicación le dije que mi opción por la separación de bienes tenía que ver con un tema eminentemente práctico. Nadie se casa para divorciarse pero como es una posibilidad bastante evidente y estadísticamente probable, en caso de divorcio se solucionan bastante las cosas. Esto la verdad es que es más teoría que práctica porque conozco algún caso en que, aún con separación de bienes el juez le ha dado el piso propiedad del hombre, a la mujer.

Esto es lo que le dije a mi amiga y todo es cierto pero hay otras razones de las que no hablé porque no me gusta (o tal vez sea pura timidez) asumir mis debilidades. La realidad es que aparte de todas las cosas anteriores, creo que me siento más seguro cuando una mujer esta conmigo sabiendo que puede dejarme cuando quiera. Parece una paradoja eso de que me sienta más seguro cuanto menos “agarrado” tenga el asunto, pero creo que cuando hablo de seguridad, en realidad hablo de autoestima. Debe ser que aunque aparantemente doy una imagen de seguridad en mi mismo, necesito saber que quien esta a mi lado es porque quiere y no porque lo necesita.

Por eso tal vez, prefiero a una mujer económicamente independiente. No porque tenga o deje de tener dinero sino porque no me necesita. Alguien pensará que cuando no quieres a una persona da igual que no tengas dinero. Eso es bonito pero no es real. Muchísimas mujeres ahora (y muchísimas mujeres hace años) no se han atrevido a dejar a sus maridos únicamente por una cuestión de indefensión económica.

Así pues, mi idea es que si hay algún problema en la pareja, sea por el lado que sea, el aspecto económico no suponga una traba ni para ella ni para mi. Dicho en plata, lo que pretendo es desburocratizar y facilitar en la medida de lo posible la posibilidad ruptura para la unión sea aún más fuerte. Por eso tampoco creo que me llegue a casar oficialmente nunca. De hecho toda esta “paja mental” (y después digo que no hablo nunca de sexo) no tiene demasiado sentido porque no creo que vuelva a vivir en pareja en mi vida.

A mi amiga (a la que le hurté está última explicación) no le convencí. “Sigo pensando que si alguien me propone una separación de bienes es que no está muy seguro de que quiere estar conmigo de por vida. Si quieres que nos atrevamos, lo mío es tuyo y lo tuyo es mío”.

Ok, lo entiendo –le contesté- pero yo diría algo así como: Si quieres estar conmigo, mientras lo estemos lo tuyo es tuyo y lo mío es de los dos. Pero si algún día lo dejamos, lo mío es mío y lo tuyo, tuyo.

Mi amiga se quedo pensativa y al cabo de un rato me contesto. No se si te das cuenta pero estas incentivando claramente a tu posible pareja por estar contigo.

Ahora quien pensaba era yo. Joder, tenía razón. Preveo nuevas rondas de autodiscusión...
 
Cartas de color

Carta de Yogurtu a su tío Oblongo (que en dialecto suagili significa: "más largo que ancho").

…. mientras tanto conseguí trabajo en una cosa sorprendente, que trataré de explicarte: Se trata de un tendido de dos largas cintas de hierro, sobre las que se deslizará una gigantesca oruga que arrastra unas cabañas sobre ruedas que llevan gente en su interior. ¡Es fantástica!

Muchos besos,
Yogurtu.

Querido sobrino:
Estoy muy impresionado por lo que me cuentas de esa "oruga con cabañas", ¡en mi vida había oído hablar de nada que se pareciera tanto a un tren!


Lo que antecede es un fragmento de las “cartas de color” de les luthiers y me lo ha recordado la discusión que se esta teniendo en este país sobre si en Afganistán hay guerra o no.

He oído al ínclito Pepiño decir que en realidad lo que hay en Afganistán no es una guerra, es un “conflito” donde un gobierno legalmente establecido se enfrenta a unos insurgentes armados que intentan derribar a dicho gobierno. Para conseguir que no sea derribado se han enviado unos miles de soldados interpuestos (yo diría puestos a favor del gobierno) armados hasta los dientes que van en carros de combate. Aún así, parece ser que los insurgentes alcanzan a poner minas, lanzarle misiles de pequeño alcance y bombas y realizar ataques armados y emboscadas como consecuencia de los cuales han muerto unas decenas de soldados de distintas nacionalidades y algún centenar de insurgentes.

Querido Pepiño:
Estoy muy impresionado por lo que me cuentas de ese “conflito” ¡en mi vida había oído hablar de nada que se pareciera tanto a una guerra!

PD: Por cierto, en el ejército español hay un 5% (cinco por ciento) de soldados de otras nacionalidades (principalmente colombianos y ecuatorianos). Este porcentaje sube hasta el 30% (treinta por ciento) en los contingentes destacados en Líbano y Afganistán. Es probable que esta cifra no salga en la COPE.

PD2: La manía de no considerar a esto (o a lo del Líbano) un escenario de guerra le hurta a sus familias un reconocimiento como “caídos en combate” con todas las consecuencias que ello conlleva (por ejemplo la cuantía en las pensión para sus familias). Esto sin embargo es muy probable que no se escuche en la SER.
 
El menor del este
Un día, un licenciado en historia a punto de doctorarse y mucho más a punto de potar a causa de la considerable cantidad de gin-tonics que se había metido, me contaba mientras me echaba la mano por encima del hombro y me señalaba insistentemente a la nariz: “Mira, los españoles jamás hemos sido racistas ni xenófobos. Bien está que los portugueses nos parecen sucios, los franceses maricas, los ingleses estirados, los alemanes cabeza-cuadradas, los negros pestilentes, los sudamericanos indios… pero, jamás de los jamases ha habido un español que le haga ascos a una portuguesa, francesa, inglesa, alemana, negra o sudamericana”.

No deja de ser una frase de un tipo borracho (hoy por cierto un eminente investigador de la historia de América) pero que tiene su base y que marca las obvias diferencias entre las poblaciones de ex-colonias inglesas, alemanas, holandesas o belgas y las ex-colonias españolas. Que alguien intente encontrar un mestizo en la India, Sudáfrica, Surinam o en el Congo.

En cualquier caso un día conté la frase como anécdota y me encontré con que un par de personas me acusaron de xenófobo. Espero que algún día no me tomen por terrorista si les cuento algo de los atentados del 11S.

Lo cierto es que la mala conciencia muchas veces se refleja en nuestra forma de hablar y en este caso en nuestra forma de excusarse continuamente. Si alguien te dice “yo no soy homosexual… y que conste que no tengo nada en contra de los homosexuales” pudiera ser que estuvieras hablando con un homófobo.

Hace mucho tiempo, una conocida se refería a otro conocido que veíamos con cierta frecuencia en el sitio que íbamos de copas y me decía “si ya sabes, se trata de aquel tipo.. ya sabes, el negrito”. El “negrito” media dos por dos así que le pregunté por el curioso diminutivo. La respuesta fue graciosa. Parece ser que decir negrito suavizaba la palabra “negro” que podía parecer peyorativa. Debo decir, aunque no aporta nada en el hilo argumental, que entonces fue cuando una rubia hizo honor a su color de pelo y dijo “pues llámale afroamericano”. Seguramente nos hubiésemos descojonado igual por la cursilería aún en el caso del que el negro no fuese senegalés.

Hay otro síntoma de xenofobia y racismo que no suele fallar. Se trata de las frases que comienzan con “yo no soy racista pero…”. Hace un tiempo alguien me dijo “yo no soy xenófobo pero es que como la cosa se ponga mal los inmigrantes van a ser los primeros en irse al paro y ¿ahora qué?, a pagarles el paro”. No hace demasiado alguien me confirmo la teoría. Imagino que como repunte el paro se pondrá de moda.

Pura escuela "Artch" (por cierto Amanda le ha cambiado de inteligente a complejo… se va acercando a mi percepción, aún le queda un paso). Imagino que a alguien puede parecerle lógico pensar que una persona que trabaja y cotiza tiene derecho a subsidio sólo si ha nacido en Fuenlabrada, si es de Quito entonces no. Efectivamente no son xenófobos o al menos no sólo. Son estúpidos y además xenófobos.

No hay más cuidado por el término políticamente correcto que en Estados Unidos. Por eso cuando la policía machaca a un “espalda mojada” o a un “negraco” todo el mundo se escandaliza por llamarlos así. No señor, se le pego una paliza de muerte a un afroamericano o a un hispano. Hay que ser políticamente correctos.

Por eso me hizo tanta “gracia” cuando el otro día fui testigo de un robo en un restaurante. Un chaval de no más de diez años apareció en el restaurante y, mientras pedia dinero y nos ofrecía unos pañuelos, busco con la mirada todo lo que había en las mesas o colgado en las sillas. Yo tuve suerte porque lo vi venir e instintivamente avisé a mi acompañante de que agarrase el bolso. Cerca de mí una pareja no tuvo tanta suerte. El chaval agarró el móvil y un bolso. Afortunadamente, a la carrera perdió lo más valioso (el bolso). Un camarero salió detrás de él y vino al poco con el bolso con un tirante roto pero afortunadamente con el contenido intacto.

No se de donde salieron pero al poco tiempo había una pareja de municipales (creo que en Madrid hacen pruebas de chulería a estos tipos porque todos son parecidos) y le pregunto a la pareja. El tipo, lógicamente alterado dijo: “Fue un puto niño rumano” a lo que el policía contesto con un “ok, se trataba de un menor del este”. Yo, que estaba lo suficientemente cerca como para escuchar no pude por menos que replicar “no, no… un menor del este no, un niño rumano”. El policía me miro con cara de odio. Lo gracioso de todo es que después de entretenernos diez minutos contándole lo sucedido (creo que las gorra les impedían que el riego sanguíneo llegara a las cabezas) se despacharon con un “nosotros no podemos hacer nada, vaya usted a comisaría y ponga una denuncia”.

En definitiva, yo creo que la gente se confunde bastante. Lo que sería xenófobo y racista es decir que todos los rumanos son ladrones o vagos (en mi empresa trabajan dos por ejemplo) o que todos los rumanos deberían estar en la cárcel por el hecho de ser rumanos pero si un niño rumano te roba, ha sido un niño rumano. Otra cosa es que si hubiese sido un niño español sólo habríamos dicho “un niño” pero eso es por pura generalización.

Alguien decía, y yo estoy de acuerdo con ello, que sólo porque alguien sea miembro de una minoría étnica no significa que no sea un pequeño cabrón desagradable.
 
Un embutido es un embutido
Yo conocí a un tipo que en los primeros tiempos de la democracia consiguió un trabajo de repartidor de propaganda electoral del extinto UCD. Llenó su Citroen GS de panfletos, chapitas, mecheros, bolígrafos, etc.. y se fue a su pueblo (el de mi madre). A las seis de la mañana se dedicó a esparcir por toda la calle mayor toda la publicidad que llevaba y se sentó tranquilamente en la plaza del pueblo a mirar mientras se fumaba un pitillo. A eso de las siete apareció una señora vestida de luto y al ver los obsequios en el suelo comenzó a gritar. Al grito de la mujer salió medio pueblo recogiendo todo alborozados como si de verdad todo aquello tuviese valor. Mi conocido veía divertido desde la plaza como la gente iba de un sitio a otro recogiendo chapas, lápices, calendarios…

Según me contaba la historia y entre risas sentenció: “Yo me había prometido que algún día iba a volver al pueblo y llenarlo de regalos, y ese día lo cumplí”.

¡Que tiempos aquellos en los que en las elecciones se regalaban chapitas y mecheros!. Desde hace un tiempo y hasta Marzo del año que viene se nos avecina un tiempo de “generosidad sin límites”. Generosidad, eso sí, con el dinero público que, como todo político sabe y la nunca suficientemente ponderada exministra Calvo dijo, “es un dinero que no es de nadie”.

Siempre suelo decir que intento ser lo suficientemente honesto en mis opiniones como para, si es necesario, defender una postura que me perjudica sólo porque creo que es la correcta. Imagino que a veces lo consigo y otras no. En este caso, mi opinión se alía con mi interés pero ello no quiere decir que no sea la que considero correcta.

Es el caso de las ayudas y subsidios de todo tipo que han comenzado a ponerse de moda. Se comenzó hace un tiempo con la pasta para las madres trabajadoras, se continuó con los dos mil quinientos euros para los padres de los niños, después se habló de pisos (no se si gratis) para los que cobraran menos de tres mil euros al mes (ya se sabe, los indigentes) y ahora, elecciones mediante, surgen un montón de ayudas más. Por ejemplo, ahora vamos a pagar (he dicho bien, vamos) doscientos y pico euros a cada chaval de veinte a treinta años (uno ya tiene una edad y lo mismo que con quince los de treinta me parecían viejos ahora estos me parecen chavales) para el alquiler.

Que nadie se confunda viendo matices políticos. A esta verbena se apuntan todos los sectores. Al fin y al cabo mi opinión (poco compartida, lo sé) es que ser de izquierdas es una de las formas de ser irracional. La otra es ser de derechas. De hecho en el bando de los “peperos” se ha hablado de otra “batería de medidas” que es como le llaman a los regalitos electorales entre los que recuerdo por ejemplo un subsidio para pagar la hipoteca durante un año a la gente que se quede sin trabajo.

Como yo soy un liberal sin escrúpulos y, además, no moldeo mis acciones por ningún tipo de elección, debo decir que estoy en contra de las subvenciones por principio con la excepción de la ayuda por “emergencia social” o la ayuda como facilitador de la inversión.

Me refiero por "emergencia social" a la ayuda completa a los más desfavorecidos en las cosas esenciales. No sólo estoy de acuerdo con la ayuda por niño sino que yo votaría a favor de pañales, educación, ropa y libros gratis para un niño cuyos padres pudieran demostrar insuficiencia de medios. Obviamente no hablamos de todos o de los “que cobren menos de tres mil euros” que es una forma diferente pero bastante aproximada a todos.

A mi personalmente me parece una indecencia que se paguen pisos a gente con ingresos de, vamos a poner, dos mil novecientos euros mensuales, mientras mueren personas cada invierno en la puta calle o hay pisos en el centro de Madrid que son ocupados por cincuenta personas y donde hay gente que paga cien euros al mes por disponer de un sillón para dormir (ni siquiera un sofá) ocho horas al día.

Siempre me he manifestado en contra de las ayudas “generalizadas”. Esas de “café para todos” porque son injustas y además suelen acarrear más problemas que soluciones. Por ejemplo, cuando se pague doscientos euros a cada joven como ayuda al alquiler, veremos si lo que se produce no es una subida de alquiler. Imagino que al pobre que tenga treinta y tantos le habrán jodido bien. Si lo que intentas es dar ayudas a todo el mundo lo mejor es que simplemente bajes los impuestos.

Lo cierto es que aquí alguien podría acusarme de arrimar el ascua a mi sardina porque no hay una ayuda que me pille ni por casualidad. Ni soy menor de treinta ni mayor de cincuenta, ni soy mujer ni formo parte de una minoría étnica desfavorecida. No tengo niños (ni planes), no tengo alquiler ni tampoco hipoteca y mis ingresos no me permiten acceder a nada y para colmo ni siquiera soy homosexual (mi parte femenina si pero no está censada). Osea que una mierda pa’mi (si es que me corresponde que lo dudo).

Y digo yo, ¿es que mi voto no vale?. ¿Alguien sabe lo jodido que es vivir sólo?. ¿Tiene idea Zapatero de a cuanto está el traje de Armani, el maletín de Loewe, los zapatos Sebago o la corbata de Hermes?. ¿Puede Solves entender que cuando se ha jugado al golf con palos de titanio no es fácil acostumbrarse a los normales?. ¿Es que nadie va a pensar en una ayuda para la limpieza de las tapicerías de cuero de los BMW?. ¿Hasta cuando habrá que renunciar a la opción de suspensión neumática del mercedes nuevo?. En su día propuse una medida de ayuda a las pornochachas. Yo creo que la seguridad social se ahorraría una pasta en tratamientos sicológicos. Ni eso siquiera.

Alguien a lo mejor considera cínico o se escandaliza con el párrafo anterior. Al fin y al cabo no son más que exageraciones de casos que se pueden dar perfectamente con las ayudas indiscriminadas a la mujer trabajadora, el nacimiento de niños, y tantas otras.

Lo malo de todo esto es que seguimos siendo un país con una economía que crece a base del consumo y de la construcción ayudada por la mano de obra barata inmigrante. Hemos conseguido “ahorrar” dos duros y ahora no los gastamos no en vino, sino en Moët Chadon. Seguimos teniendo una de las productividades más bajas de Europa y seguimos poniendo trabas a la inversión productiva. Sigue siendo un país donde para montar un negocio hay que hacer mil papeleos (veintiséis expedientes para abrir una pequeña casa rural lleva un amigo). Pero todas estas cosas imagino que no venden.

Creo que me tendré que conformar con el dudoso mérito de ser uno de los pocos a los que no le alcanza ningún subsidio (joder, es que ni derecho a paro tengo). Mientras tanto, millones de personas podrán decir con una sonrisa en la boca aquello de “el honor no esta mal pero un embutido es un embutido”.

Ojala no venga el futuro metiéndonos el embutido por donde amargan los pepinos.
 
En el principio no había nada, la cual explotó
En uno de los primeros proyectos en los que trabajé en Madrid me tocó un compañero americano (estadounidense). Era un americano muy típico como he descubierto pasado el tiempo. Con una apariencia de progre mantenía la mayoría de ideas que hacen que los americanos sean tan americanos. En definitiva era un tipo que no sabía conducir coches con cambio manuales, se desesperaba porque no encontraba coches de alquiler con control de crucero, estaba fervientemente a favor de la pena de muerte y, por supuesto, defendía su derecho constitucional a disponer de varias pistolas, algún que otro rifle y un arma semi-automática para “defender a su familia”.

Pero lo que de verdad me dejo patidifuso fue el hecho de que nos comentó que él era “creacionista”. Creo que fue una de las primeras veces que yo escuché eso de “creacionismo”. No lo que significa obviamente, sino el término en sí.

Poco a poco nos iba sorprendiendo cada vez más a todos los que escuchábamos. Este hombre no sólo pensaba que Dios había creado el mundo y todas las especies tal y como eran sino que, además, le ponía fecha exacta (y sorprendentemente cercana) al acontecimiento (creo que eran unos diez mil años). En su momento ese tío me pareció un fundamentalista desfasado e imaginaba que sería raro incluso en un país tan “curioso” como Estados Unidos. Después, con el paso del tiempo he ido averiguando que no sólo era una excepción sino que en bastantes estados el creacionismo se enseña en las escuelas.

Otra cosa que me hizo bastante gracia fue el hecho de que el americano nos miraba como si fuésemos bichos raros al contarle que nosotros no nos creíamos eso de Adan y Eva o que, al menos, no nos lo tomábamos al pie de la letra. Según él, de lo poco que conocía de España, pensaba que todos éramos católicos practicantes y el catolicismo es una religión creacionista. Lo cual es, además, absolutamente cierto. Siempre me ha parecido curioso como un país tan católico, apostólico y romano como nosotros se salta las bases del catolicismo tan alegremente. Supuestamente, un católico no debería usar anticonceptivos, no debería divorciarse, por supuesto no abortar, etc…

Yo, por aquel entonces, era mucho más beligerante defendiendo mis opiniones y como no, le intentaba demostrar al tipo lo equivocado que estaba y las bondades del método científico.

Pasado el tiempo, sigo pensando que el método científico es el correcto en general, pero aparte de atemperar bastante mis ánimos he descubierto el fundamentalismo en las filas científicas. El problema del método científico es lo tirano que es. Si una regla se rompe en un solo caso ya no es una regla. Esto es tan sumamente jodido que incluso los más acérrimos defensores de la ciencia y del método se lo saltan a la torera con cierta frecuencia. Yo creo que todo tiene una explicación según reglas científicas (sean físicas, matemáticas o químicas) pero también creo firmemente que no conocemos la inmensa mayoría.

Por poner un ejemplo simple y sencillo: todos sabemos (o deberíamos saber) que el punto de congelación del agua es cero grados centígrados. Según esa regla sería imposible encontrar agua líquida a menos de cero grados. Cualquier puede hacer un sencillo experimento. Si echa unos cubitos de hielo en un vaso de agua y pone un poco de sal podrá ver como el agua llega sin dificultad a los diez o quince grados bajo cero. Este experimento se hace desde hace siglos para fabricar helado y desde hace unos años para enfriar los barriles de Cruzcampo (En Sevilla entendemos así la ciencia aplicada). Así pues, ¿es falso aquello del punto de congelación del agua?. No pero si. No es falso ya que efectivamente cero grados es el punto de congelación del agua pura pero el agua pura no existe salvo en el laboratorio (y menos mal porque es tóxica y mortal para el hombre). Lo que en realidad se produce es una reacción química con intercambio de calor de la sal al hielo que se funde y que a su vez proporciona frío al agua.

Durante mucho tiempo se ha mantenido que el agua se congela a cero grados y durante siglos se ha sabido que “a veces” no ocurría y sin embargo hasta no hace demasiado no se sabía porqué.

Algo que no mucha gente conoce es que la inmensa mayoría de la física que se estudia en los colegios, institutos y universidades no sólo no está plenamente demostrada sino que hay evidencias de que es incorrecta. Por ejemplo, la física tradicional parece que funciona perfectamente cuando se trata de calcular el tiempo que tarda el tren A en cruzarse con el tren B pero falla lamentablemente cuando intenta explicar la posición de los astros. La física de Einstein se acercó más al comportamiento planetario pero fallaba en “la distancia corta”. Algún ejemplo más: a día de hoy nadie sabe exactamente que es la carga eléctrica. Se sabe como se genera, como se transporta, su comportamiento y sus aplicaciones pero no se sabe que es.

En la medicina esto se multiplica por mucho. Con todos los avances de la medicina actual aún no se conoce la inmensa mayoría del funcionamiento del cuerpo humano y por supuesto de las enfermedades. Es una de las razones de que me guste la serie “House”. Deja bien a las claras como funciona la medicina hoy en día. Se trata de “le damos esto y si se cura es que teníamos razón, sino, es que no la teníamos”. Un día me contaron una frase a modo de razonamiento que resume la teoría de la mayoría de los estudios médicos actuales: “Las patatas fritas producen cancer de páncreas puesto que todos los que tuvieron ese cancer confesaron haber comido patatas fritas”.

Por último, y la razón de este post tan ligerito, una de las teorías científicas más comunmente aceptadas sobre la creación del universo es la teoría del Big-Bang. Haciendo un resumen muy simple podríamos decir que el Big-Bang es la teoría según la cual el universo se creo después de una explosión. El sustento físico de esta teoría es que parece ser que el universo se está expandiendo y además cada vez a más velocidad (esto se sabe por la aplicación del efecto doppler que es el efecto que hace que sepamos por el sonido si un tren se aleja o se acerca). Si cada vez nos estamos expandiendo con mayor velocidad parece que estampos aún en una tremenda explosión. Lo curioso de esta teoría es que esta perfectamente explicado todo excepto un pequeño detalle: el origen. Es decir, que era y porque existía lo que supuestamente explotó. El Big-Bang es como si vemos una onda en el agua y suponemos que fue una piedra la que lo produjo. Sólo que nadie sabe si efectivamente hubo una piedra y mucho menos como era.

Hace unos días escuche a un tipo (en un documental) defender la idea del Big-Bang con vehemencia. Todo el desarrollo estaba apoyado en pruebas más o menos científicas (no quiero pasarme de la raya pero sólo decir que hay teorías sobre la posibilidad de que la velocidad de la luz no sea constante con lo que la teoría se iría al carajo) pero lo que me llamó la atención fue cuando llegó el momento de despejar la incógnita X. ¿Qué, cómo y porqué se produjo la explosión?. Para este punto comenzaron las teorías y en este punto me acordé del americano creacionista porque al fin y al cabo hablábamos de suposiciones sin fundamento, osea, fe. Lo curioso era ver como dos o tres cientificos que poco antes hablaban sin aparente importancia de los hechos se volvían vehementes al intentar defender su propia teoría sobre que fue lo que pasó. Tal cual el americano nos intentaba convencer de cómo Dios un día dijo “Hop” y creó el mundo.

La frase que sirve de título a este post la leí hace años a un tipo que me recordaron no hace mucho en un comentario: Terry Pratchett. Como muchas de sus frases me gustó porque es una muestra de sarcasmo que de forma sorprendentemente simple deja en ridículo esa especie de superioridad intelectual que a veces se arrogan (nos arrogamos) los científicos al dar explicaciones a los sucesos. Me hizo gracia pensar la similitud que existen entre el creacionismo que se basa en la creencia de que un día un ente superior creó todo lo que existe y el Big-Bang que se basa en la creencia de que existía algo que no sabemos que fue y explotó creando todo lo que existe.

Yo ya uní una vez cuando era pequeño la teoría religiosa (Dios creo el hombre a su imagen y semejanza) y Darviniana (venimos del mono) en la sentencia de “a lo mejor Dios era un mono” y mi abuela se enfadó mucho conmigo. Lamentablemente mi abuela ya no está con nosotros pero se asustaría mucho más si le digo que en el principio estaba Dios y de pronto explotó y creó todo lo que existe.
 
Sol gatito luna mano cara estrella…
Los nuevos tiempos implican nueva formas de comunicación. Indefectiblemente (es decir que no es defectible) esto trae consigo una nueva jerga. Hasta ahí se admite. Vale. Aceptamos mail, Emilio, emiliear, chatear, chatero, bloguero, blogger, etc.. Son palabros. Pero al fin y al cabo palabros que significan algo y que enriquecen el vocabulario.

Ahora bien, con las nuevas formas aparecen nuevas maneras y eso ya es más jodido. Yo tenía un compañero de universidad cuyo padre era impresor. Tenía una pequeña empresa y dentro de los servicios que ofrecía estaba de maquetador de pequeños boletines o folletos. Por aquel entonces comenzaban algunos programas procesadores de texto y el padre de mi amigo ya comenzaba a notar cierta competencia.

Un día recuerdo que fuimos a su imprenta para imprimir un trabajo de prácticas (en esa época una impresora láser costaba cerca de un millón de las pesetas de entonces) y mientras lo pasábamos al ordenador nos dijo: Recordad que el hecho de que haya cien fuentes y cincuenta colores no implica que necesariamente tengáis que utilizar todas/os. A mi me hizo gracia la frase y como era y es habitual en mí pregunté el porqué. Fue cuando nos contó que, con la proliferación de ordenadores, todo el mundo creía que era maquetador y que le llegaban algunas cosas para imprimir sin un mínimo estilo con multitud de fuentes y colores mezclados sin ningún sentido.

Volviendo al mundo de Internet, aún recuerdo en los primeros años cuando fueron los informáticos los que se encargaban de hacer los diseños de páginas web. Había muchas páginas que no eran más que sucesión de dibujitos animados y las palabras (si es que las había) solían contener todas las fuentes posibles. Aún hoy se encuentran bastantes páginas que están hechas básicamente para el disfrute de su autor o de su propietario. Por poner sólo un ejemplo reciente, hace no mucho pasé a una página de una inmobiliaria y me apareció una pantalla azul donde se iba dibujando una especie de paisaje. Después de unos sesenta segundos de presentación con musiquita decidí que tenía otras cosas que hacer. Un cliente potencial perdido.

En los blogs también sucede. Curiosamente una de las cosas que me atrajo de los blogs en un principio fue que en su mayoría eran páginas sobrias y limpias. Ahora cada vez más observo blogs recargados, con fondos de colores y tipos y tamaño de fuentes diversas. Alguno incluso con chorraditas que se mueven al compás del cursor. A mi eso me da igual. Todo el mundo tiene la maravillosa libertad de ser un macarra pero ya se sabe que los derechos de uno terminan donde comienzan los de los demás. En la mayoría de las ocasiones esas cosas me molestan a la vista pero es que además no me dejan leer o enterarme de lo que se dice. Afortunadamente, la selección natural hace su trabajo y normalmente en esos casos que te hurten la posibilidad de enterarte de lo que se dice no suele ser una gran perdida.

Qué decir de esa maravillosa costumbre de escribir con todo tipo de abreviaturas. Lo curioso de quien escribe así es que buscan la excusa de que están acostumbrados a escribir de esa forma en el móvil y no pueden evitarlo. En primer lugar la excusa falla por la base porque es igual de macarra escribir “kasa” en vez de “casa” en un móvil que en una tesis doctoral. En segundo lugar, suelo poner un ejemplo comparativo para rebatir esa supuesta fuerza de costumbre. Yo, como imagino que la mayoría, cuando tomaba apuntes utilizaba abreviaturas para aumentar la velocidad. Dudo mucho que nadie haya escrito tantos sms como cualquier estudiante apuntes y sin embargo no veo que la gente ponga como excusa los apuntes para escribir mal.

Quiero dejar claro algo, y espero que no haya nuevos comentarios como los que ya los hubo hace tiempo. No se trata de no perdonar una falta, se trata de conseguir una lectura sencilla y clara. La lectura suele requerir un esfuerzo y leer por ejemplo algunos foros suele ser insufrible. Si alguien escribe “haiga” me molesta pero puedo llegar a entender la falta de cultura o el desconocimiento del idioma, si alguien escribe “saver” me imagino que es una falta no intencionada o se le ha traspapelado una letra. Si lo escribe en un texto importante refleja además, cierta dejadez por no repasarlo o pasarle el corrector ortográfico. Pero lo que de verdad me molesta es la gente que escribe cosas ininteligibles a propósito. Y mucho cuidado, digo que me molesta pero sólo cuando yo soy el interlocutor o el que tengo que leerlas. El hecho de que dos adolescentes consigan hilar una conversación de diez minutos con las palabras "vale, fuerte y tía" me la trae al pairo.

Por fin, últimamente y desde hace un tiempo (en realidad ya hace bastante) ha aparecido una nueva oportunidad de ser a la vez, macarra e ininteligible a conciencia (lo que para mi es sinónimo de mal educado). Esta vez con el messenger y sus “smiles”. Porque sí, es cierto que las nuevas versiones de messenger tienen la posibilidad de poner dibujitos y animaciones pero como bien dijo el padre de mi amigo (cuantas veces me he acordado de la frase), el hecho de que exista la posibilidad no obliga a su uso. Y menos aún a su abuso.

Los “smiles” se inventaron hace mucho tiempo para reflejar algo que le falta a una comunicación escrita y ciega: el contexto. Yo que soy andaluz, sé de primera mano hasta que punto es importante el contexto en una frase y como, por ejemplo, un insulto puede ser un saludo y viceversa con sólo observar el tono y el contexto. Pero claro, ahora ya no es que se ponga una sonrisa para hacer ver que te hace gracia o un guiño para buscar cierta complicidad, ahora es que si dices “tu” aparece el “tio sam” señalándote y para redondear la gracia si escribes “turista” aparece el tio sam seguido de “rista”.

Alguna vez me ha sucedido algo realmente curioso como que me aparezca un dibujito de una tía haciéndole una mamada a un tipo. No esta mal si fuese cibersexo pero es que no era el caso. He de reconocer que hay uno de esos dibujitos que me pone, en él se ve una muñequita andando y moviendo las tetas. Ya se sabe, el adolescente que todos llevamos dentro.

Hace unos días al revisar el correo me encontré una invitación en el Messenger y la acepté. Era una chica que estaba en línea en ese momento. Lo primero que me dijo fue hola o al menos eso intuí al ver a una osito saludándome. A la cuarta frase me aparecieron una ristra de dibujitos seguidos.. una estrellita, una muñeca, una manita que se movía…. En estos casos sale a relucir mi naturaleza y fui lo más educado que pude pero bastante directo.Ante la imposibilidad física de seguir una mínima conversación (que, para ser sincero creo que aún sin muñequitos no hubiese sido demasiado interesante) le contesté algo así como “disculpa, pero si no quitas los muñequitos no me entero y la verdad es que tengo poco tiempo como para jugar a los jeroglíficos”. Me contesto con un rotundo “gilipollas” y observé con cierto alivio que no tenia ningún “smile” para la palabra “gili”.
 
Y se murió.
- Venga, ahora vamos a cantar canciones de campamento.

Es lo malo de fiarse de las apariencias. La chica estaba estupenda, igual que sus amigas, pero no solo era pija (cosa que nos ponía bastante) sino cursi (cosa que no nos ponía nada).

Mis amigos de adolescencia y primera juventud, que hoy en día son a los únicos que llamo amigos, no eran precisamente pijos. De hecho, yo, debido a mi forma de ser y algunas características bastante poco habituales en mi entorno como el hecho de no decir tacos o ser bastante discreto en cuanto a determinados temas, era considerado (sin serlo) el pijo del grupo.

Cuando digo que mis amigos no eran pijos antes no significa que ahora lo sean pero es obvio que el tiempo nos ha cambiado. No se si para bien o para mal pero el caso es que como a la mayoría, el transcurrir de los años nos ha apaciguado (amaestrado hay quien dice). No hace demasiado, por poner un ejemplo, nos sorprendimos hablando de los chavales que van como locos con los coches obviando y olvidando alegremente la cantidad de veces que hemos conducido al borde del coma etílico.

En definitiva, ahora no somos sino componentes de lo que normalmente se llama clase media y los americanos llaman “honorables ciudadanos de bien”. Suena aburrido, y tal vez lo sea pero es lo que hay.

En cualquier caso, hay veces en las que no sabes si simplemente por hacer honor a los recuerdos o por aquella frase tan elegante de “quien nace cochino muere en el charco” vuelves a sentirte como en aquellos años ya cada vez más lejanos.

Te sientes, en fin, como hace más de veinte años, cuando invitamos a “una fiesta privada en la playa” a cuatro chavalas que Ricardo había conocido el día anterior. Las chicas eran tan arquetípicas que casi parecían sacadas de una película americana de adolescentes. No recuerdo tanto el aspecto físico (si se que no estaban nada mal) como el hecho de que eran de “Madrizzzz” y eran terriblemente pijas y cursis. En realidad el calificativo correcto sería “bobas”.

Ya hacía tiempo que nos habíamos dado cuenta que el concepto de “fiesta privada en la playa” que nosotros teníamos y el que tenían ellas era muy diferente. A cada nueva tontería de las niñas Ricardo nos miraba como disculpándose. Nuestra única esperanza es que las señoritas al menos perdieran un poco los papeles con la bebida pero ni eso. Creo que dimos con las pijas cursis más resistentes al alcohol que he conocido en mi vida. Hartos ya de tanta estupidez y pensando que la noche algún podría tener una segunda oportunidad en la discoteca de moda (Surfasaurus se llamaba) Andrés y yo ya estábamos planificando la huída. Hasta Chimo, famoso por su aguante se nos acercó en un momento y nos dijo “¿Pero estas tías de donde han salido?.

La experiencia se forja con momentos como estos. Cuando ya pensaba que era imposible que la noche empeorara a una de las niñas se le ocurrió un juegecito “muy divertido”. Se trataba de hacer un cuento a base de frases cortas de forma que cada uno continuase la frase del anterior.

Mientras las otras daban grititos de aprobación, tal vez lo único gracioso de aquella iniciativa fue la cara de Ricardo cuando nos miraba entre avergonzado y temeroso por nuestras previsibles represalias y la cara de Chimo que sin mover un músculo de la cara fue capaz de expresar con la mirada algo así como “no creo que consigas nunca reparar este daño”.

Antes de que nos diéramos cuenta, la cabecilla del grupo de las tonto-pijas comenzó el relato y, además, cómo no, un relato digno de una película de Barbie.

- Esto era una niña que quería ser princesa….

Nunca sabré si las nauseas me la produjo la bebida o la estupidez (que paradójicamente parecía congénita y a la vez contagiosa) de esas chicas. Las chicas dijeron dos o tres frases haciendo honor al nivel que todos les presuponíamos y entonces me tocó a mí. Mis amigos me miraron fijamente, las niñas me miraban expectantes con su boquita medio abierta (en una expresión que las hacía parecer particularmente inteligentes..) y no se muy bien porqué dije:

- Y se murió.

Inmediatamente, Andrés, Chimo y Ricardo continuaron el cuento.

- No sin antes sufrir terribles dolores.
- Causados por la radiación a la que fue expuesta y que le licuo todos sus órganos internos.
- La misma radiación que ya había matado a su hermanito de cinco años que yacía junto a ella en un charco de vómitos y sangre.

La cara medio de asombro, medio de asco, medio de estupefacción (si, era cara y media) fue el momento perfecto para levantarse y despedirse. Tampoco "nos comimos" nada en la discoteca pero al menos nos reímos un rato. Pasado unos días nos encontramos con las niñas que estaban siendo acosadas por unos conocidos. Chimo se acercó a uno de ellos y disimuladamente le dijo “Invitadlas a la playa, ya veréis como se desmadran”.

Hace unos días en un grupo en el que la media de edad estaría muy cercana a os cuarenta, una mujer que no parecía precisamente una adolescente pero que no estaba nada mal tuvo la ocurrencia de plantear el mismo juego. Mientras se organizaban y comenzaban la historia con la colaboración entusiasta de todo el personal masculino, a mi me dió por pensar como transcurrido el tiempo ese jueguecito me sigue pareciendo igual de estúpido, y como, tanto con menos de veinte como con más de cuarenta aceptamos alegremente la estupidez con sólo la posibilidad de aparearnos. Suena un tanto a término biológico pero es que en realidad imagino que es eso: puro instinto biológico.

Y mientras me sonreía interiormente, absorto en mis pensamientos, alguien me dio un codazo y me invito amablemente “venga, te toca”. No tengo ni idea de que iba la historia pero no pude reprimirme y dije:

- Y se murió.

No aguanté más y solté una carcajada. Creo que fui al único que le hizo gracia.
 
Casualidad... o no
Hace unos días me referí a una noticia económica que me acojonó bastante por lo que significaba.

Hoy leo eso:

Evita Alemania un ataque "devastador"

BERLIN.- Una fuerte conmoción provocó ayer en Alemania la detención de tres miembros de una célula islamista vinculada a Al-Qaeda que, según las autoridades, se preparaban para atacar objetivos norteamericanos en el país con bombas de mayor poder que las utilizadas en los atentados de Madrid y Londres.

"Con estas detenciones se desarticuló el mayor plan de atentados terroristas jamás registrado hasta ahora en Alemania", afirmó la fiscal federal Monika Harms, y agregó que los detenidos estaban a punto de perpetrar sus "devastadores" ataques luego de adquirir suficiente material para hacer una bomba con poder explosivo equivalente a 550 kilogramos de TNT.

"Esto les hubiera permitido fabricar bombas con más poder explosivo que las usadas en los atentados de Londres y Madrid", dijo Joerg Ziercke, jefe de la Oficina Federal de Prevención de la Delincuencia en Alemania.

El ministro de Defensa alemán, Franz Josef Jung, dijo que los sospechosos suponían una amenaza "inminente" a la seguridad, mientras la canciller Angela Merkel declaró que un "horrible acto" había sido evitado. "Esto muestra que la amenaza terrorista aquí no es abstracta. Es real", señaló Merkel en una conferencia de prensa en Berlín.


¿Casualidad?, vamos a pensar que sí.
 
Teoría de la relatividad del pollo.
Esta es la historia de un padre que era niño y de un abuelo que fue padre en la España de la posguerra. El abuelo (por aquel entonces, padre) era maestro y como con el sueldo de un maestro no se podía vivir solía dar clases particulares a opositores a banca.

Aún así, en España por aquella época no había un duro y encima este hombre era del arquetipo “de bueno, tonto” así que cobraba más bien poco porque seguía dando clases incluso aunque no le pagaran con lo que, obviamente, la mayoría de sus alumnos pasaban de pagarle. Tanto era así que, a pesar de que el hombre no paraba de trabajar, debían dinero a todo el mundo. Al casero, al de la tienda, la luz, el agua… todo. Tampoco era raro. Todo el mundo estaba igual. Entonces, obviamente no había domiciliaciones y venían a cobrar a casa. Para esas ocasiones la madre tenía un vestido un poco más estropeado de lo habitual y así con su vestido ajado, sin pintar y con voz humilde pero digna solía decir “ahora no tenemos dinero, por favor venga la semana que viene”.

Aunque suene bastante patético parece ser que era la vida habitual en los años cuarenta en las ciudades españolas. En el campo sin embargo, sin grandes lujos, al menos solía haber comida. Un día uno de los opositores que era de pueblo y le debía unas clases al maestro decidió pagarle pero como no tenía dinero le llevó un pollo.

La primera idea fue llevar el pollo al mercado y venderlo (entonces era habitual) para poder pagar algunas deudas pero el padre en un arrebato de locura decidió que por una vez desde hacía mucho tiempo, sus hijos iban a comer como dios manda. Antes que nada, madre y abuela miraron el pollo como un tallador de piedras preciosas mira un diamante en bruto para sacarle el mayor beneficio. Se decidió hacer el pollo con patatas. Como si fuese una operación de intendencia militar se pensó en todo. El pollo –pensaba mama intendente- era lo suficientemente gordo como para permitir reservar algo una vez asado para hacer una cazuela de arroz con pollo y tal vez con algo de grasa, una sopa. Se procuraría en la medida de lo posible que las sobras se aprovecharan para hacer croquetas. Fue idea de la abuela pero la madre sabía que sería muy difícil que, después de tanta sopa boba y tantas lentejas hervidas sus hijos dejaran algo de carne para las croquetas.

Por fin llegó el día. Por la mañana mataron al pollo (que no se dijo aún pero estaba vivo)y lo desplumaron y a la hora de la comida se sacó el ajuar de las grandes ocasiones. La madre, con esa prudencia que sólo tienen las madres (y que curiosamente pierden totalmente cuando se convierten en abuelas), se preocupó de aleccionar a sus hijos explicándole que, bajo ningún concepto deberían decirles a sus amigos que iban a comer pollo. En primer lugar porque era de mala educación presumir de lo que se tiene y en segundo (y esto no se lo dijo a los niños) porque no quería que directamente aparecieran los amigos a la hora de comer para ver que pillaban.

La vista del pollo asado doradito encima de la bandeja con sus patatas alrededor era asombrosa y consiguió que todos (niños, padre, madre y abuela) hicieran fiestas durante el fastuoso traslado de la cocina a la mesa.

Cuando el padre estaba a punto de trinchar el pollo sonó la puerta. Todos se sobresaltaron. Normalmente se callaban a ver si había suerte y el visitante desistía pero en esta ocasión, con tanta charla, era imposible disimular. Al preguntar quien era escucharon la inconfundible voz ronca del casero. La madre, rápidamente salió disparada hacia la habitación y apareció en un minuto con el vestido ajado. También había tenido tiempo para despeinarse. Mientras todos los demás se escondían como si tuviesen miedo de algo, la madre abrió la puerta.

- Buenas tardes señor Damián.
- Buenas tardes señora, venía a cobrar el mes.
- Sabe usted?, es que no tenemos nada pero en la semana que viene a mi marido le pagaran unas clases.
- Siempre es igual señora. Yo también tengo hijos. Ya lleva dos semanas de retraso y a este paso me deberá usted dos meses.
- Lo sé señor pero tiene usted que entenderlo...

Lamentablemente, por aquella época, tal vez por el hambre que se pasaba, todo el mundo tenía muy desarrollado el sentido del olfato.

- Un momento… eso que huele es pollo?. Si es pollo!
- Bueno, si, es que nos ha pagado un alumno de mi marido, pero es muy pequeño.
- Pequeño o grande señora, mis hijos no tienen pollo para comer y usted me dice que no tiene para pagarme el alquiler.
- Ya, pero es que es verdad que no tenemos nada de dinero señor.
- Pero tienen un pollo…

La cara de los niños era un poema mientras veían a la madre envolver el pollo en un paño de cocina para llevárselo al casero que esperaba en la puerta. Tan absorto estaban en el pollo que no se dieron cuenta de la lagrima que caía por la mejilla de su madre ni la fuerza con que el padre apretaba los dientes.

Afortunadamente, era chavales y rápidamente atendieron a su padre mientras riendo decía.

- Que tonto el casero. Todo el mundo sabe que cuando el pollo se asa con patatas las patatas se quedan con todo el sabor. Y el muy estúpido se lleva el pollo y nos deja las patatas.

Los niños no se quedaron muy convencidos de la explicación pero viendo como se reía su padre, su madre y su abuela optaron por reírse también. Ese día comieron patatas con sabor a pollo. Seguramente mejor que la mayoría de sus amigos.

PD: Alguien se preguntará a que viene esto. Pues nada, que he leído que el pollo ha subido treinta céntimos el kilo. No sé a donde vamos a llegar.
 
Ya está aquí la crisis... (tranquilos, de momento le afecta a los demás)
Se comienzan a ver los primeros signos de crisis. Puede ser curioso afirmar esto cuando la economía sigue creciendo a un muy buen ritmo. Lo que pasa es que nosotros somos de la “escuela económica europea” que prioriza la macroeconomía frente a la economía de las familias. En USA todo va orientado a que las familias puedan gastar ya que, según ellos, esa es la base del crecimiento. Acá pensamos en la inflación, la masa monetaria y todo ese tipo de cosas. La idea es tener unas cuentas limpias aunque la gente lo pase regular.

En cualquier caso, hoy por hoy y con las excepciones lógicas que siempre hay, mi opinión es que no se puede decir que haya una crisis pero claro, tanto hablar de la misma a lo mejor hace que llegue. No se quien fue quien dijo una vez que la economía (como todo, añado yo) es una cuestión de ánimo. Eso si, en los momentos de crisis siempre aparecen los tontos que se alegran de que a los demás las cosas les vayan mal aunque sepan (o tal vez porque son tan ignorantes que no lo saben) que tarde o temprano el hecho de que le vaya mal a una mayoría termina afectándolos a ellos.

En este bendito país, esos tontos son legión. Un conocido gallego que vivió gran parte de su vida en Estados Unidos me decía que en USA hay tanta envidia como aquí pero que él había notado cierto matiz diferenciador. En USA si un vecino compraba un coche de cinco metros la gente quería comprarse uno de cinco y medio, aquí si el vecino se compraba el coche la gente lo que quería es que se le cayese un árbol encima.

En definitiva que, de pronto y sin saber muy bien porqué a todo el mundo le ha dado por hablar de lo mal que va todo. Eso si, a los demás. Ayer fui testigo de una conversación de este tipo y que comienzan a ser habituales. Varias personas hablaban con cierta satisfacción (demostrando que lo de los españoles y la envidia es una relación ancestral) del hecho de que la subida de las hipotecas esta afectando gravemente (dijeron “seriamente” pero yo me niego) a las familias. Eso si, nadie de los presentes se daba por aludido.

También escuché la cantidad de gente que ha reducido sus vacaciones. Uno contaba que este año en la playa la gente compartía las cervezas y se llevaba comida del Carrefour a los hoteles. Otro, (que fue a un “todo incluido” del caribe), explicaba que la gente con tal de gastar menos no salía del hotel para aprovecharse del “todo incluido”. Alguno que no salió de Madrid en todo el verano constataba que este año en Madrid se había quedado mucha gente porque –era evidente- no había dinero para salir. Alguien que se compró el año pasado un todoterreno de moda comentaba el hecho de que tarde o temprano “los demás” iban a pagar sus excesos con los créditos.

Una mujer, con pinta de Maruja recién venida de la peluquería era la más catastrofista y pintó un escenario para septiembre donde la gente, ahogada por las deudas no podría siquiera comprarles los libros del colegio a los niños ni llevarlos a la guardería. “Es que la gente no puede pagar la burrada que cobran las guarderías… ¿sabéis cuando me cobran a mí?”. Obviamente, quedaba bastante claro que ella no era una de las víctimas de la recesión pero eso si, se le veía afectada por sus pobres amigas que no tenían tanta suerte.

En cualquier caso, todo el mundo había visto a su alrededor evidente signos de que la cosa estaba fatal pero, afortunadamente por lo que escuché, a ellos no les afectaba. De la charla saqué dos impresiones: la primera, que la cosa esta muy mal y la segunda, que los pocos que sobreviven a la quema se juntan a tomar algo y comentar lo mal que va la cosa a los demás.

Alguien me preguntó y yo contesté sinceramente: “Pues que queréis que os diga, yo sólo he estado una semanita en un parador pero no he visto a la gente precisamente ahorrar y según mi impresión si me fijo en los signos externos (la ropa o en el parking) tampoco parecía indicar que les fueran muy mal las cosas. No sé si la gente subía comida a las habitaciones pero yo comía todos los días en el restuarante y estaba lleno. Yo no he salido en agosto y mi impresión es que Madrid ha estado más vacío que nunca. Eso si, no se si porque la gente se ha ido de vacaciones o porque al no tener ni un duro la gente no salía a gastar. En cuanto al tema de hipotecas, yo de eso ya no uso y la mayoría de la gente que conozco o ya pagaron su hipoteca o la están pagando tranquilamente ya que tienen buenos trabajos. Algunos de ellos tienen más de un piso. Obviamente no suelo preguntar si tienen problemas para pagar sus deudas pero en vista de las apariencias no parece que, por ahora, tengan problemas. Y en cuanto a los demás, yo veo a la gente saliendo y consumiendo bastante."

La señora maruja recién salida de la peluquería me miro con cara extraña y extrañada. Su expresión venía a decir algo así como. "nos has cortado el rollo mamón". Lamentablemente sigo teniendo cierta tendencia a la exuberancia verbal que unido a mi habitual sentido del sarcasmo hace que me pase a menudo. Esta vez no fue una excepción y cuando aún la gente me miraba algo perpleja sentencié:

"Pero claro, puede ser que lo que pase es que yo no me junto con pobres”

Ahora la cara de la señora maruja recién salida de la peluquería era facilmente identificable. Era odio.
 
Los peones y los puntos negros
Siempre me ha llamado la atención la teoría del “punto negro”. Yo suelo ilustrar el absurdo con una anécdota que me contaron hace tiempo. Alguien mirando a la azotea de su calle descubrió que en un tramo de unos cinco o seis metros había una valla a modo de barandilla mientras que en el resto de las azoteas no había nada de protección.

Cuando preguntó al portero de la finca por el curioso hecho la respuesta fue: “es que por ahí se cayó hace tiempo una persona”.

Muy nuestro eso de poner remedio sólo cuando ha sucedido una desgracia. A veces incluso ni con el punto negro. Hace unos años, trabajando para una multinacional un comercial de grandes cuentas me contó una anécdota. Uno de los servicios que vendía esta empresa era un sistema de copia de seguridad de los datos críticos de la empresa. Era un servicio con gran éxito en todo el mundo que, obviamente, en España era imposible de vender. Un día sucedió que una gran empresa perdió la mayoría de sus datos por un fallo en sus sistemas. Este comercial, confiado en la teoría del punto negro, aprovecho para visitar al responsable de sistemas de esta empresa para ofrecerle el servicio para que no volviese a suceder. Entonces se encontró con la respuesta brillante del tipo:

- Joder, si que suceda una vez es difícil, que suceda dos veces debe ser casi imposible.

Debió tratarse de esa extraña aplicación bastarda de la estadística que hacía que los londinenses buscaran los socavones producidos por las bombas durante la segunda guerra mundial con la extraña esperanza de que “es casi imposible que una bomba caiga dos veces en el mismo sitio”. Imagino que en los cementerios debe haber decenas de muertos a los que les hubiera venido bien alguna clase de estadística y teoría de la probabilidad.

En definitiva, todo este preámbulo (que si, que ahora empieza el post) es sólo para decir que como intento ser consecuente conmigo mismo procuro no criticar demasiado cuando se dictan normas preventivas incluso aunque lo que se pretenda evitar no haya sucedido anteriormente.

Voy a poner un ejemplo que ilustra a que me refiero. Hace unos años, un instalador me estaba colocando un aparato de aire acondicionado y me comentó que él tardaba un poco más en la instalación de la unidad exterior porque colocaba unos tornillos más largos en la fijación para evitar que se cayera. Pensé entonces en la cantidad de aparatos que hay por ahí colgados a alturas considerables y que no se sabe si están bien fijados. Alguna vez me da por mirar hacia arriba y observo que encima de mi cabeza hay uno, dos, o diez aparatos que pueden pesar más de treinta kilos. Además, como suelen estar perfectamente alineados, imagino que la caída de uno puede producir la caída de varios. Increíblemente para mí, no hay ninguna norma (al menos yo no la conozco) sobre la localización o el sistema de fijación de esos aparatos. Supongo que será cuando alguno se caiga y mate a alguien cuando se hará.

Hace un tiempo escuché que iba a entrar en vigor una ley según la cual es necesario apagar el móvil cuando se va a repostar y en general mientras estas en una gasolinera. Mi primera reacción fue pensar en la estupidez que suponía esa ley pero después intenté ser consecuente conmigo mismo y pensar en que sería mejor prevenir que curar. No obstante me quedé con la duda del porqué de la ley. Yo estoy de acuerdo en la prevención pero odio que nadie me explique las razones. No encontré ninguna evidencia de que tener el móvil encendido o hablar por él sea peligroso o produzca alguna chispa.

Meses después vi un documental de la serie “cazadores de mitos” donde intentaban cazar el mito de que alguien había salido ardiendo mientras hablaba por el móvil y repostaba en una gasolinera. Por si alguien no conoce esa serie lo que hacen es intentar por todos los medios reproducir el caso que estudian para demostrar que algo es posible o imposible. Algunos resultados son obvios y otros sorprendentes. En este caso hicieron todo tipo de pruebas posibles primero con el móvil de forma normal y después incluso haciéndole perrerías a la batería y no consiguieron sacar una chispa. Probaron con el móvil en espera, hablando y en los momentos supuestamente más peligrosos que son cuando se le llama y cuando descuelgan y nada de nada. No consiguieron nada.

Aún así la ley sigue vigente y, en teoría, todos deberíamos apagar los móviles cuando entramos en una gasolinera. No se si alguien lo hará alguna vez.

Este fin de semana, estaba yo en una gasolinera de un pueblo perdido en la serranía de Cuenca. Una gasolinera que parecía de otro tiempo, atendida por un señor mayor y donde aún te ponen la gasolina. Allí estaba yo cuando en ese momento me llaman al móvil, lo cojo y veo como el señor de unos sesenta años largos me mira con cara mitad de asombro, mitad de susto. Yo estuve a punto de decirle “móooovil.. esto es un móooovil” pero el tipo no me dejo:

- Disculpe que le moleste pero en la gasolinera no se puede tener el móvil encendido.

Sin muchas ganas de discutir le dije a mi interlocutor que luego lo llamaba, pero el señor insistió.

- Siento mucho molestarle pero es que no se puede tener encendido aunque no este hablando.

Es curiosa la mente humana. En una fracción de segundo pensé en mandarle directamente a la mierda, me di cuenta de lo complicado que sería explicarle que esa ley no tiene base alguna y de cómo se habían hecho pruebas y no habían conseguido sacar una chispa de un móvil. También se me ocurrió el hecho de que lo que yo estaba respostando era gasoil y de cómo es prácticamente imposible que el gasoil arda ni incluso acercándole una cerilla. Pero de pronto me recordó a alguien de hace años.

Un día, hace ya tantos años que no me acuerdo nos quedamos tirados sin gasolina en una calle de Sevilla sin gasolina a las tres de la madrugada. Mientras mi amigo iba a por una lata de gasolina en una gasolinera cercana yo me quede vigilando el coche. Lamentablemente mi amigo se llevó el mechero (y el coche era tan viejo que ni tenía o no le funcionaba). La calle estaba desierta hasta que al poco pasó un barrendero, un señor mayor con una escoba que arrastraba un carro. Me acerqué y le pedí fuego. Entablamos una mínima conversación:

- Buenas, tiene fuego?
- Si, toma. Vaya, ese tabaco fumo yo.
- Perdone, no le he ofrecido, quiere usted?
- No gracias, ojala pudiera pero estoy de servicio.
- Pero estamos solos.
- Si pero de servicio no me permiten fumar.
- Pero son las tres de la mañana y no hay un alma en la calle. No creo que nadie venga a descubrirlo.
- Ya, pero las normas son las normas.

Durante años he pensado multitud de veces en ese hombre. Un señor mayor, con un puesto no precisamente muy agradecido pero con la suficiente integridad como para cumplir las normas incluso cuando nadie le veía.

Volví a la gasolinera y me encontré delante mía un señor sesenton, canoso y entrado en carnes que trabajaba un día de festivo en una gasolinera en una carretera semidesierta en medio de ninguna parte que me hablaba con humildad y que segundos antes me limpiaba los mosquitos del limpiaparabrisas pidiéndome de forma respetuosa pero firme que cumpliera la ley. Una ley estúpida y sin fundamento. Nadie iba a echarle en cara que no lo hubiera hecho. Estaba él sólo en la gasolinera. Puede que injustamente desde alguna atalaya estúpida en la que a veces nos subimos a mí me recordó a aquel barrendero de Sevilla. Siempre me han producido respeto los “peones de ajedrez”.

Sin decir nada, apague el móvil y le pedí excusas. Cuando ya me iba me dijo:

- Buen viaje, y disculpe por lo del móvil. Hay gente que se enfada.
- Da igual, pero de todas formas, créame usted que tampoco pasa nada por tener el móvil encendido.
- Ya, pero si han puesto la ley será por algo. Supongo que ya habrá sucedido alguna tragedia antes.

Tal y como salía de la gasolinera iba pensando en lo interiorizado que tenemos en este país lo del “punto negro” y la suerte que tienen los legisladores y los “técnicos” que hacen estas leyes estúpidas en el hecho de que aunque se empeñan en demostrar su inutilidad día tras día, la gente todavía confía en que saben lo que hacen.

Más adelante me volví a acordar de los “peones de ajedrez” a los que tanta gente le ha debido tanto tiempo tantas cosas. A veces cuando veo a alguien así me acuerdo de una frase no sé si de un poema o de un libro que dice: “era, en el mejor de los sentidos, bueno”.