logotipo

img_google
Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
Acerca de
Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
Post-it
Enlaces
Acesos directos desordenados
Mujeres con demasiado pecho
Y aquí.. las que son demasiado cariñosas
Logo CCFVLS
Sindicación
 
Venga que nos vamos...
Pues eso, que me largo porque en este sitio ya no me cabe nada más.

Tampoco es tan lejos. Me voy aquí al lado.
 
Los libros
Hoy he mirado el blog y me ha dado por revisar algún comentario del post anterior al anterior. Me he encontrado un comentario bastante extenso que comienza con la siguiente frase: “Yo, como ya sabes, y muy a pesar de mi madre, no soy adicto a libros.”

Lo cierto es que me ha sorprendido primero por la familiaridad. Que yo recuerde (y a lo mejor ahora estoy metiendo la pata) no conozco al comentarista. De hecho no me cuadra con nadie. Pero una vez superada la sorpresa inicial he leído el tocho y no puedo por menos que estar totalmente de acuerdo con el fondo del comentario.

Lo he hilado con el comentario previo de Inés que decía: “Puedo entender que para las cosas técnicas uno busque en google, pero el hecho de que en una casa no haya libros sigue significando que al dueño no le gusta el maravilloso placer de leer.Y no hay confusión posible”. Es algo que he escuchado muchas veces y a mí me ha hecho pensar en la de veces que he tenido esa discusión (en el puro sentido de discutir no de pelear).

Hace tiempo, estaba yo en casa de mi hermana con una amiga suya de toda la vida cuando hablando sobre no se qué me dijo “pues es un libro estupendo, si estas aquí mañana te lo traigo” a lo que mi hermana respondió con un tajante: “No, mi hermano no lee”.

Me quede “patidifuso”. Una de las personas que más me conoce (y más me quiere, lo cual demuestra que es posible combinar ambas cosas) ¿dice que yo no leo?. En primer lugar la afirmación es absurda porque puedo asegurar que sin lugar a dudas es la actividad, junto con la de dormir, en la que he ocupado más tiempo en mi vida. De hecho me costaría decidir si he llevado más tiempo leyendo que durmiendo o viceversa. Tampoco es nada especial. Pero claro, mi hermana al decir “no lee” no se refería a que nunca lea (además ella sabe perfectamente que, literalmente y algún día lo explicaré, leo desde antes de aprender a hablar) sino a que no leo libros. Pero eso también es falso. En realidad ella se está refiriendo a leer novelas o si queremos ser un poco más amplios aunque inexactos, a leer literatura.

Mi hermana es de esas personas que siempre tienen un libro en la mesilla de noche y leen unas páginas antes de dormir. A mí como costumbre me parece tan sana como otra cualquiera. Yo no podría porque, en primer lugar, cuando me acuesto normalmente estoy hecho polvo y porque además, a mi me cuesta un mundo leer a trocitos. Yo cuando me pongo, me pongo, con lo que si tuviera esa costumbre más de un día iría al trabajo sin dormir.

Y dicho esto, y que me parece estupendo la gente que lee novelas sea en la cama, en el metro o en el baño, no le noto la especie de “marca de calidad intelectual” que mucha gente le encuentra. No han sido ni una ni dos veces la que he escuchado (normalmente a mujeres, aunque esto puede ser por el simple hecho de que les suelo prestar más atención cuando hablan) lo de “yo no podría estar nunca con alguien que no lea” o su versión indirecta “no podría estar nunca con alguien que no tenga libros en su casa”. Ni que decir tiene que una de ellas es mi hermana. Se casó con un tipo que leía mucho y era un capullo (tampoco es una norma, los capullos no tienen fronteras intelectuales).

Aparte del hecho constatable de que los libros se utilizan en muchos casos como elementos de decoración (aún recuerdo a un amigo que me dijo que no entendía como compraba un libro tan caro y tan estrecho. ¡A esos precios, llenar la estantería del salón te va a salir por un pico! ), no entiendo muy bien el porqué de esos prejuicios.

Como bien decía el comentario al que me refería, los libros están en muchas ocasiones sobrevalorados. Para mi un libro es un medio de comunicación o un formato como puede ser el cine o la televisión como medios, o el documental como formato. Como cada medio no es bueno o malo por si mismo. Tiene ventajas e inconvenientes. Es obvio que el escritor de novelas tiene la facultad, por ejemplo, de recrearse en el pensamiento de un personaje cosa que en una película es difícil hacer. También es cierto que el libro juega con la imaginación del lector y que le obliga a hacer un esfuerzo mental mayor. Te puede gustar más un libro que el cine pero eso no quiere decir que quien lee una novela sea un tipo culto y quien ve una película sea un monigote sin cerebro (obviamente exagero). De hecho, el mayor esfuerzo mental (y eso parece ser que ha sido medido) se produce con un videojuego y sin embargo son denigrados constantemente por la cultura oficial.

Aparte de la ficción, en otros asuntos como por ejemplo en ensayos, historia, o estudios científicos de todo tipo no creo que un libro sea por defecto el mejor de los formatos. Cualquiera que haya visto los documentales que se hacen hoy en día, creo que se convencerá de que, independientemente de si el contenido es más o menos exacto, el formato ofrece capacidades que en un libro sería imposible alcanzar. Ayer mismo estuve viendo uno de esos documentales donde se explicaban las tácticas militares de los romanos. En él no solo se reproducían los movimientos de las legiones sobre esquemas animados, sino además se reconstruían físicamente las típicas armas romanas, desde la Gladius Hispaniensis (la típica espada romana, de origen hispano) hasta las grandes armas de asalto. A lo más que llego Darwin o DaVinci en sus libros es a hacer dibujos. ¿Nos podemos imaginar que hubiese podido hacer DaVinchi con una herramienta de diseño actual?.

En poco más de una hora (fundamental para alguien que no tiene mucho tiempo como yo) me mostraron una parte de la historia. Yo lo hago por pura diversión pero nadie puede negar que es una forma de aprender. Acaso si esa hora y media la hubiese dedicado a leer unas cuarenta páginas de un libro de historia se podría decir que era más culto?. Yo creo que no. Hoy en día, afortunadamente hay muchos medios de comunicación disponibles. Por ejemplo, desde hace un tiempo, está la web que con su capacidad multimedia y sobre todo con la funcionalidad de hipervínculos permite mucha más agilidad que el formato lineal de un libro. Es cierto que es mucho más cómodo leer en papel (yo tenía la costumbre de imprimir las cosas para leerlas en papel) pero eso no quiere decir que el libro siempre sea mejor.

Pero quien suele dar esa especie de marchamo de calidad a la costumbre de leer libros no solo habla de formatos sino de géneros. Parece ser que la cultura está indisolublemente ligada a la novela o poesía. Siempre me ha llamado la atención esto porque desde algún punto de vista me parece incluso ilógico. Pero es así, si lees la ultima novela del autor de moda (o de un clásico, da igual) eres culto pero si lees un tratado sobre instalación de conductos de refrigeración no lo eres.

Como he dicho alguna vez, si algún día me dijeran que propusiera alguna cualidad para definirme, entre todas, elegiría la curiosidad. No hace mucho he leído en el post de Miroslaw una frase que dice “la curiosidad es la fuente de la sabiduría”. Suena algo pedante pero creo que, si no suficiente al menos es una condición necesaria. Yo solía definir las librerías como la tienda de los deseos. Si quería saber sobre algo, me iba a la librería y encontraba un libro que me lo explicaba. Ahora, sigo pensando lo mismo pero está Internet (y su profeta Google) que es el hiper de los deseos. Una cosa en la que Inés se confunde, aunque es muy normal porque yo me explico mal y no es la primera vez que me lo dicen, es creer que yo cuando leo ensayos, o libros científicos lo hago por mi trabajo. Cuando yo iba a las librerías, normalmente los sábados. Solía elegir un tema que tuviese que ver con mi trabajo (que además es mi hobby) y otro que no tuviese nada que ver.

Normalmente volvía con una especie de frustración y con una lista mental de próximas adquisiciones. Alguna vez alguien me acompañaba pero termine por procurar ir solo a la librería porque para mucha gente es frustrante (cuando no irritante) ver como puedo llegar a emocionarme hojeando un tratado sobre papiroflexia, caligrafía, el Movimiento Dada o la fabricación del caucho. De hecho eso no se me ha quitado. Mi última adquisición en la web es un libro sobre “como construir un generador eólico”. Se que puede ser difícil entender que para mí, además, leer eso puede ser tan divertido como para otros ver el Gran Hermano. Lo que no haré es criticar a quien vea Gran Hermano en vez de leer lo que yo leo.

Las novelas las dejo para momentos de relax y descanso. Para mí de hecho son lecturas ligeras y la mayoría de las veces intrascendentes. Pero en la piscina me relaja más una novela que llevarme un dvd portátil o un mp3. En las últimas vacaciones me dió el tiempo justo para leer “Los pilares de la tierra”. Novela por cierto que muchos consideran la mejor jamás escrita y que para mi está bastante sobrevalorada. Claro que he leído novelas (seguramente no tantas como mi hermana) pero sinceramente, no valoro de forma muy diferente a quien le gusta leer novelas o a quien le gusta ver cine. Son formas distintas de entretenimiento.

Es cierto que lo libros tienen un cierto valor especial que, al menos en mi caso, viene dado de la importancia que siempre le han dado en mi casa. Cuando hice limpieza en mi estudio hace unos meses, me costó un mundo tirar varias cajas de libros viejos aún a pesar de que en la mayoría de los casos, eran libros que trataban temas que no existían. Pero creo que eso es algo similar, de alguna manera, a la razón por la cual mi abuela le daba un beso al pan si se caía y odiaba tanto tirar comida. Así pues, aunque es cierto que alguna vez he entrado en una casa y la ausencia total de libros me ha sorprendido, no creo yo que sea una medida tan exacta como para calificar la cultura del propietario. Aparte de que puede suceder que, como me pasa a mí, haya decidido guardarlos debajo de la cama y en los armarios.

Tendré que comprar dos metros de "grandes obras de la literatura" para el salon ;-)
 
No digo diferente, digo raro
Me estoy planteando cambiar de casa bloguera. Como de bien nacido es ser agradecido yo he de estarlo a ya.com que tuvo a bien proporcionarme una tribuna donde explayarme. No obstante, me da la impresión que, con todos mis respetos, este barrio de la blogosfera es un tanto suburbial así que me voy al mucho más concurrido y cosmopolita Blogger.

Y en estas estaba creando mi blog en un ratillo muerto cuando llego al punto de seleccionar la url. Por aquello de la continuidad decido utilizar la misma que aquí pero, ante mi sorpresa (sorpresa relativa) descubro que ya está utilizada.

Bien, tampoco es que se trate de el nombre más extraño del mundo. Tipos raros puede haber muchos y tal vez uno de ellos decidió ponerle nombre a su blog.

Como ya he dicho antes soy un aficionado a las casualidades y serendipias. Y lo cierto es que tiene cierta gracia que cuando entro en el blog, éste sólo tiene un post de cierto contenido. Se trata del típico blog abierto y abandonado a su suerte. El post es, a modo de presentación y tiene el siguiente texto:

Bueno, pues para empezar ahí van unas palabras sobre mí:

Vivo en Madrid, España. Tengo 39 años, trabajo en una multinacional americana en el desarrollo de aplicaciones informáticas. Estoy casado y tengo un hijo de 2 años.

Mis aficiones son: la programación (como hobby), jugar con mi niño y salir de copas con los amigos.

Y esto es todo por ahora.


No es que sea un prodigio de post pero me he quedado pensativo y atribulado (una magnífica palabra para un sms por cierto).

¿Porqué esa tribulación? os preguntareis con lógica desazón. Muy fácil. En la fecha en la que escribió ese post y exceptuando el pequeño detalle del niño y la mujer, puedo ser yo perfectamente.

En realidad no. Esto está escrito en el 2004 y yo tenia 37 y llevaba más de un año fuera de la multinacional pero no deja de ser curioso el que un tipo que se autodenomina “un tipo raro” viva en el mismo país, en la misma ciudad, se dedique casi a lo mismo que yo en una empresa de las mismas características, tenga más o menos mi edad y sus hobbys sean parecidos.

Pues eso, que seré raro pero por lo visto bastante común. Vaya que parafraseando a Fito y alterando un poco el sentido de la frase podría decir aquello de "no digo diferente, digo raro".

PD: Cuando haga la mudanza y abra el nuevo chiringuito ya os daré la dirección. De momento, sigo por aquí apurando mis últimos megas de espacio (manda huevos…).
 
Columnistas
La irrupción de Internet ha causado estragos en muchos sectores. Yo suelo comentar que antes de la llegada de la red tenía un gasto mensual en libros muy considerable ya que, mitad por placer, mitad por necesidad, siempre me ha gustado estar al día en muchas disciplinas. Así por ejemplo, si en el proyecto en el que estaba inmerso se trataba (aunque fuese “de refilón”) la gestión de almacenes, allá que me iba yo a la casa del libro (aún recuero los desayunos en la cafetería de la gran vía los sábados por la mañana) a rebuscar “todo lo que se había escrito sobre almacenes”.

Eso pasó a la historia. Hoy pongo “gestión de almacenes” en el google y listo. No sé si las librerías lo han notado pero yo desde luego sí. En mi despacho aún quedan recuerdos de todos esos libros pero siendo sinceros, hoy podría tener perfectamente mi estudio con una mesa, una silla, un portátil y una conexión a la red. Como mucho, un metería un disco duro para aumentar capacidad. Hoy en día esa impresión que te causa una casa sin libros puede ser engañosa.

Otro ejemplo de sector destruido es el de los videoclubs. Yo conozco a una chica que trabaja en uno y se defiende pero las grandes cadenas como Blockbuster lo han pasado tan mal que incluso, en España han cerrado. No hay que ser un sabio para saber porqué. Hoy día la gente o compra una peli o se la baja de Internet. Tengo un conocido cinéfilo que un dia me dijo: "Las películas procuro verlas en el cine, después las que me gustan y alguna que no haya podido ver en el cine antes me las bajo de Internet y si me siguen gustando, entonces compro el DVD". Yo suelo obviar el primer y último paso.

Un último sector en crisis es el de los columnistas de periódico. Yo recuerdo desde que tengo uso de razón a mi padre con el periódico. Siempre era el ABC. Mi padre no tienen ninguna tendencia declarada pero desde siempre en Sevilla (ahora supongo que habrá cambiado) han habido dos periódicos, el ABC y los demás. El éxito del ABC yo siempre he creído que era su formato y la grapa. Esa grapa que los periodistas y eruditos amantes de los grandes tabloides consideran una vergüenza pero que, para el común de los mortales, hace que sea mucho más cómodo de manejar.

Asociado al recuerdo del ABC estaba la columna de Antonio Burgos. Un tipo que me caía rematadamente mal pero me encantaba como escribía. Me sigue pasando. Me parece un impresentable pero hay que reconocerle que escribe muy bien. A pesar del estilo no lo aguanto cuando se mete en temas políticos o clasistas (aún recuerdo un artículo en el que se lamentaba de que con estos precios cualquiera puede ir en avión).

Recuerdos nostálgicos al margen, la cuestión es que, hasta no hace demasiado, una de las razones para comprarse un periódico era leer las columnas de opinión. Esto hacía que la profesión de columnista fuese (y aún lo sea) muy valorada en los medios. Si tal o cual columnista se iba de un periódico a otro incluso podía llegar a llevarse lectores consigo.

El último “gran columnista” falleció hace poco. El “gran Umbral”. Lo cierto es que he entrecomillado lo de gran columnista y gran Umbral porque aunque he visto en multitud de medios que le otorgan grandes títulos honoríficos (incluso antes de morirse), a mi ese tío jamás me ha gustado como escribía. Hubo una época que incluso hice el esfuerzo (como con la opera) de obligarme a leerlo para ver si le pillaba la gracia. Fue un intento infructuoso y frustrado (como con la opera).

Hoy leía que a Alfonso Usía le habían ofrecido el puesto de Umbral en la contraportada de El Mundo y él lo ha rechazado. La noticia en sí me interesa más o menos como conocer el periodo de menstruación de la lagartija pero me ha hecho pensar en estos columnistas tradicionales.

Si Umbral me caía mal y me parecía hiperbólico al menos le reconozco algún merito. A Usía ni eso. No sólo es que me caiga mal desde cualquier punto que lo vea (y aún recuerdo cuando lo vi formando un espectáculo y gritándole a un camarero en un restaurante porque algo no era de su agrado) es que además no entiendo siquiera que alguien pueda leerlo. Un día regalé un libro de Usía a mi tío que es un aficionado (uno no elige a la familia y excepto en esto, es un tío estupendo). Me dio por echarle un vistazo. Excepto las ilustraciones de mingote el libro no creo que sirviera ni para calzar una mesa (porque encima era raquítico). Yo creo que un libro de esos se puede escribir sin mucho problema en una tarde en el cuarto de baño. La pena es que después de escribirlo no se tire de la cadena para que desaparezca.

Pero aparte de mi “cariño” por el señor Usía me ha dado en pensar que esto de los columnistas si que tiene las horas contadas. ¿Porqué leer a Umbral o a Usía cuando puedes acceder a la columna diaria de miles de columnistas de la web?. Cada uno de los lectores de blogs se confecciona su lista de columnistas. Porque si quiero leer algo complejo, pedante y autocomplaciente, para que buscar la columna de Umbral si ya tengo a Art, si quiero leer a un facha me acerco a los miles de blogs de salvadores de la patria que tanto abundan y si quiero leer (y esto sí que quiero) artículos bien escritos, o curiosos, o que te hagan pensar, o que te jodan (pero después reconozcas su valor) o que te hagan gracia o donde te reconozcas, o que te enseñen, o que te emocionen, o que te asusten…

En definitiva, si quiero leer columnas de opinión, en Internet hay miles de blogs. Sinceramente, no veo ninguna diferencia apreciable de calidad en cuanto a la media de columnas periodísticas que he leído y la media de blogs que suelo leer (también es cierto que soy bastante restrictivo en cuanto a la calidad de lo que leo). De hecho creo que Usía no aguantaría demasiado en la distancia corta y la inmediatez de un blog sin las relecturas y correcciones de estilo y ortográficas a las que son sometidas las columnas periodísticas. Dicho esto puede ser que Usía tenga un blog pero me da igual, no pienso leerlo.

Los periodistas antiguos “de escuela” odian y menosprecian a los blogs más o menos de la misma forma que los periodistas más antiguos “de oficio” odiaban y menospreciaban a los, por aquel entonces nuevos, periodistas “de escuela”. Le consideran intrusos. En algún sitio he leído críticas sobre el hecho de que ahora “cualquiera” puede escribir. Y es cierto, cualquiera puede hacerlo y es entonces cuando se descubren las miserias de los que hasta ahora tenían ese privilegio.

Una vez le escuché a un cocinero muy famoso decir que jamás pondría en su carta los huevos fritos a pesar de que era su plato preferido. La razón tiene cierta lógica. “Si preparo un filete de lubina sobre lecho de cilantro y bañado en crema de nata y foie, habrá gente a la que le guste o gente a la que no pero no me compararan con su madre o con ellos mismos. Si preparo dos huevos fritos o una tortilla puede ser mi ruina al verme comparado con tantas madres y abuelas porque además, es obvio que en la mayoría de los casos saldré perdiendo”.

Por si todo esto no fuese poco, además el blog tiene la ventaja de que puedes complementar la lectura aportando una opinión. Así pues, ¿cuánto le queda a los columnistas de periódicos?. Poco.

De aqui a nada se hace una asociación de víctimas de Internet.