La furia
Es curioso los vericuetos de la mente y de los recuerdos. Hoy he hecho una entrevista de trabajo y la persona en cuestión tenía un apellido bastante raro que me ha recordado de pronto una historia absolutamente olvidada. Para este post diré que el apellido es Escalante (es obvio que se trata de otro. Uno muy poco habitual).
Yo siempre he sido una persona pacífica. En realidad durante mucho tiempo dude si era pacífico o directamente cobarde. Lo cierto es que, cuando era un crío, jamás me pelee con nadie. De hecho nunca rehuí una pelea pero siempre buscaba las vueltas para no pelearme. A partir de la adolescencia, aparte de que todos nos civilizamos más, mi estirón y mi afición por el deporte hizo que no me tuviera preocupar demasiado de pelearme porque, aunque solo fuese por presencia, digamos que no me provocaban demasiado. Así pues, aparte del terror al dolor físico, la verdad es que yo he sido el típico “grande bonachón”. Excepto una vez. Solo una.
Estábamos en tercero de BUP y por lo tanto éramos “mayores”. Conocimos a unas chicas y nos invitaron a la fiesta de su instintito. Un colegio privado “super pijo” donde la verdad encajábamos regular. Allí estábamos nosotros, bailando y riéndonos de los asistentes a la fiesta mientras, me imagino, muchos se reirían de nosotros.
No había demasiada luz, y la que había eran los típicos focos parpadeantes al son de la música. Aún así distinguí claramente un rostro. Era un rostro casi angelical. Un niño rubito con ricitos, muy de anuncio. Me acerqué lentamente y me quedé mirándolo y algo debió de notar en mi expresión porque me pregunto “que pasa?”. Eso fue justo antes de que me abalanzara sobre él y le encajará el primer puñetazo. Luego otro y otro… en menos de diez segundos el estaba en el suelo y yo encima golpeando su cabeza una y otra vez contra el suelo de aquel campo de baloncesto.
La cosa fue tan rápida e inesperada que mis amigos tardaron bastante en reaccionar. Los amigos del rubito ni se acercaron. Creo que me consideraron un loco peligroso. La paliza duró menos de un minuto pero cuando mis amigos consiguieron levantarme de allí mis manos estaban llenas de sangre. Cuando ya me iba abrazado por tres de mis amigos que me miraban con cara de alucinados oí que uno de los amigos del pobre muñeco ensangrentado le decía.. “¿que ha pasado Escalante?”.
Al oír aquello conseguí zafarme de mis amigos y corrí como loco hacia el rubio de rizos que estaba de rodillas intentando levantarse. Afortunadamente para mí, cuando estaba a punto de golpear su cabeza como si se tratara de una pelota de rugby un amigo consiguió agarrarme y mi patada fue al aire a pocos centímetros de su nariz.
Conseguimos salir de allí como pudimos entre los insultos de un montón de pijos (incluyendo los que nos lanzaban las niñas que nos habían invitado). Mientras saliamos a escape mis amigos solo sabían preguntar porqué y yo no podía hablar… lloraba de rabia y era incapaz de articular palabra.
Dos años antes yo era un crío ilusionado con una niña de mi instituto. Una niña “de porcelana” con una cara preciosa. La relación, que al final quedo en nada, era una nueva versión de capuletos y montescos. Por aquella época yo llevaba chapitas anarquistas y vestía con chupas vaqueras y ella llevaba una banderita con el águila en el reloj y vestía de encaje y con jerséis amarillos. Hoy día eso no tendría demasiada importancia pero quien haya vivido aquella época (primeros años ochenta) sabe que no es una cuestión baladí.
Aún así, a mi me gustaba mucho y un día la invite a salir. Me dijo que sí y mi corazón bailaba de alegría. Ella salía mucho por un sitio al que yo jamás iba y me dijo que si quería podíamos quedar en un bar por donde paraba ella y sus amigos. Allá que fui. Llegue temprano y decidí esperarla dentro. Entonces caí en que se trataba de un bar de fachas. Por aquel entonces los fachas no eran los "skin heads" actuales pero, al calor de la transición, eran numerosos y bastante peligrosos. Incluso con cierta permisividad por parte de la policía de entonces. Al poco rato dos críos más o menos de mi edad mirándome de forma rara me increpan y me dicen que porqué voy provocando. Yo no entiendo nada hasta que me doy cuenta que aún llevo una chapa con la “A” anarquista en el bolsillo pequeño del vaquero. Lo último que quería yo ese día eran disputas políticas así que me la quité y me la guardé en el bolsillo. Decidí salir del bar y quedarme fuera apoyado en la pared al otro lado de la calle que era estrecha.
Parece que todo ha acabado pero al poco tiempo mientras miro con impaciencia mi casio digital alguien me llama. “Eh tú!” me increpa un tío mayor, de unos veinte calculo. o más aún. Esta cruzando la calle con cinco chavales detrás. Me vuelve a increpar y decirme que estoy provocando. Me pregunta si voy solo y si pertenezco a la liga revolucionaria. Yo intento contemporizar y, con bastante miedo, les explico la verdad, que estoy esperando a una chavala y que no quiero problemas. El tío me mira y se ríe y dice algo así como.. “bah, es un pobre tío” y se da media vuelta.
Recuerdo perfectamente mi sensación de alivio pensando que, una vez más, me había librado de una pelea. Pero en ese momento el cabecilla se vuelve y observo que ahora trae un artilugio en la mano. Es un puño americano y casi sin aviso me golpea en un costado. A partir de ahí recuerdo que solo me invadía un pensamiento: “no debo dejar que me tiren al suelo”. Me obsesioné con eso. No quería patadas en el suelo, así que no me defendí, simplemente intentaba taparme la cara y el pecho pero aguantaba los puñetazos de cinco o seis chavales y alguno más que se apunto a la fiesta.
Me estuvieron pegando durante varios minutos. En un momento de descuido el cabecilla me golpeo con el puño americano en la mejilla. Consecuencia de ese golpe: una muela rota y bastante sangre. De vez en cuando algún chaval me agarraba e intentaba hacerme una llave para tirarme al suelo pero yo me defendía como podía. No devolví ni un golpe, no podía entretenerme en eso. Mi objetivo era simplemente minimizar los daños. Algunos chavales salieron del bar y se reían mientras los demás me golpeaban. Al final, más por aburrimiento que por otra cosa, el cabecilla paró y dijo… “dejémoslo, ya estoy harto de pegarle al mierda este”.
Había cumplido mi objetivo. Estaba magullado y me habían golpeado sin parar pero al menos estaba de pie. Con una rabia increíble, pero a salvo. Ya se habían ido, no podía apenas moverme y tenía la cabeza agachada. De pronto, y no se porqué me dio por levantarla justo en el momento en que alguien que no se donde había salido, me golpeaba con todas sus fuerzas en el costado con una porra de cable (una porra echa con un trozo de cable de alta tensión) y me dejaba literalmente sin respiración. Aún con el dolor intenso tuve la fuerza para levantar la cabeza y mirarlo fijamente. Era un niño rubito de rizos. Lo miré fijamente a los ojos mientras la sangre se me escapaba por la boca. Soy fatal para recordar caras pero supe que aquella no se me olvidaría nunca. Aún oí al cabecilla que riéndose decía:
“Escalante, venga.. déjalo ya que no merece la pena”.
De esta historia pude sacar muchas enseñanzas pero saque una especial. Jamás he llevado un arma encima, sea una navaja, una porra o, por supuesto, un arma de fuego. La razón es que, aunque soy extremadamente pacífico, sé que en un momento dado todos podemos volvernos locos. Si yo hubiese tenido una pistola ese día o incluso el día de la fiesta del instituto seguramente habría matado a unos cuantos.
PD: De aquella tarde recuerdo dos caras. La del niño rubito y la del cabecilla. Si algún día me vierais abalanzarme sobre alguien sin aparente motivo y machacarle la cara, es muy probable que por fin lo haya encontrado.
Yo siempre he sido una persona pacífica. En realidad durante mucho tiempo dude si era pacífico o directamente cobarde. Lo cierto es que, cuando era un crío, jamás me pelee con nadie. De hecho nunca rehuí una pelea pero siempre buscaba las vueltas para no pelearme. A partir de la adolescencia, aparte de que todos nos civilizamos más, mi estirón y mi afición por el deporte hizo que no me tuviera preocupar demasiado de pelearme porque, aunque solo fuese por presencia, digamos que no me provocaban demasiado. Así pues, aparte del terror al dolor físico, la verdad es que yo he sido el típico “grande bonachón”. Excepto una vez. Solo una.
Estábamos en tercero de BUP y por lo tanto éramos “mayores”. Conocimos a unas chicas y nos invitaron a la fiesta de su instintito. Un colegio privado “super pijo” donde la verdad encajábamos regular. Allí estábamos nosotros, bailando y riéndonos de los asistentes a la fiesta mientras, me imagino, muchos se reirían de nosotros.
No había demasiada luz, y la que había eran los típicos focos parpadeantes al son de la música. Aún así distinguí claramente un rostro. Era un rostro casi angelical. Un niño rubito con ricitos, muy de anuncio. Me acerqué lentamente y me quedé mirándolo y algo debió de notar en mi expresión porque me pregunto “que pasa?”. Eso fue justo antes de que me abalanzara sobre él y le encajará el primer puñetazo. Luego otro y otro… en menos de diez segundos el estaba en el suelo y yo encima golpeando su cabeza una y otra vez contra el suelo de aquel campo de baloncesto.
La cosa fue tan rápida e inesperada que mis amigos tardaron bastante en reaccionar. Los amigos del rubito ni se acercaron. Creo que me consideraron un loco peligroso. La paliza duró menos de un minuto pero cuando mis amigos consiguieron levantarme de allí mis manos estaban llenas de sangre. Cuando ya me iba abrazado por tres de mis amigos que me miraban con cara de alucinados oí que uno de los amigos del pobre muñeco ensangrentado le decía.. “¿que ha pasado Escalante?”.
Al oír aquello conseguí zafarme de mis amigos y corrí como loco hacia el rubio de rizos que estaba de rodillas intentando levantarse. Afortunadamente para mí, cuando estaba a punto de golpear su cabeza como si se tratara de una pelota de rugby un amigo consiguió agarrarme y mi patada fue al aire a pocos centímetros de su nariz.
Conseguimos salir de allí como pudimos entre los insultos de un montón de pijos (incluyendo los que nos lanzaban las niñas que nos habían invitado). Mientras saliamos a escape mis amigos solo sabían preguntar porqué y yo no podía hablar… lloraba de rabia y era incapaz de articular palabra.
Dos años antes yo era un crío ilusionado con una niña de mi instituto. Una niña “de porcelana” con una cara preciosa. La relación, que al final quedo en nada, era una nueva versión de capuletos y montescos. Por aquella época yo llevaba chapitas anarquistas y vestía con chupas vaqueras y ella llevaba una banderita con el águila en el reloj y vestía de encaje y con jerséis amarillos. Hoy día eso no tendría demasiada importancia pero quien haya vivido aquella época (primeros años ochenta) sabe que no es una cuestión baladí.
Aún así, a mi me gustaba mucho y un día la invite a salir. Me dijo que sí y mi corazón bailaba de alegría. Ella salía mucho por un sitio al que yo jamás iba y me dijo que si quería podíamos quedar en un bar por donde paraba ella y sus amigos. Allá que fui. Llegue temprano y decidí esperarla dentro. Entonces caí en que se trataba de un bar de fachas. Por aquel entonces los fachas no eran los "skin heads" actuales pero, al calor de la transición, eran numerosos y bastante peligrosos. Incluso con cierta permisividad por parte de la policía de entonces. Al poco rato dos críos más o menos de mi edad mirándome de forma rara me increpan y me dicen que porqué voy provocando. Yo no entiendo nada hasta que me doy cuenta que aún llevo una chapa con la “A” anarquista en el bolsillo pequeño del vaquero. Lo último que quería yo ese día eran disputas políticas así que me la quité y me la guardé en el bolsillo. Decidí salir del bar y quedarme fuera apoyado en la pared al otro lado de la calle que era estrecha.
Parece que todo ha acabado pero al poco tiempo mientras miro con impaciencia mi casio digital alguien me llama. “Eh tú!” me increpa un tío mayor, de unos veinte calculo. o más aún. Esta cruzando la calle con cinco chavales detrás. Me vuelve a increpar y decirme que estoy provocando. Me pregunta si voy solo y si pertenezco a la liga revolucionaria. Yo intento contemporizar y, con bastante miedo, les explico la verdad, que estoy esperando a una chavala y que no quiero problemas. El tío me mira y se ríe y dice algo así como.. “bah, es un pobre tío” y se da media vuelta.
Recuerdo perfectamente mi sensación de alivio pensando que, una vez más, me había librado de una pelea. Pero en ese momento el cabecilla se vuelve y observo que ahora trae un artilugio en la mano. Es un puño americano y casi sin aviso me golpea en un costado. A partir de ahí recuerdo que solo me invadía un pensamiento: “no debo dejar que me tiren al suelo”. Me obsesioné con eso. No quería patadas en el suelo, así que no me defendí, simplemente intentaba taparme la cara y el pecho pero aguantaba los puñetazos de cinco o seis chavales y alguno más que se apunto a la fiesta.
Me estuvieron pegando durante varios minutos. En un momento de descuido el cabecilla me golpeo con el puño americano en la mejilla. Consecuencia de ese golpe: una muela rota y bastante sangre. De vez en cuando algún chaval me agarraba e intentaba hacerme una llave para tirarme al suelo pero yo me defendía como podía. No devolví ni un golpe, no podía entretenerme en eso. Mi objetivo era simplemente minimizar los daños. Algunos chavales salieron del bar y se reían mientras los demás me golpeaban. Al final, más por aburrimiento que por otra cosa, el cabecilla paró y dijo… “dejémoslo, ya estoy harto de pegarle al mierda este”.
Había cumplido mi objetivo. Estaba magullado y me habían golpeado sin parar pero al menos estaba de pie. Con una rabia increíble, pero a salvo. Ya se habían ido, no podía apenas moverme y tenía la cabeza agachada. De pronto, y no se porqué me dio por levantarla justo en el momento en que alguien que no se donde había salido, me golpeaba con todas sus fuerzas en el costado con una porra de cable (una porra echa con un trozo de cable de alta tensión) y me dejaba literalmente sin respiración. Aún con el dolor intenso tuve la fuerza para levantar la cabeza y mirarlo fijamente. Era un niño rubito de rizos. Lo miré fijamente a los ojos mientras la sangre se me escapaba por la boca. Soy fatal para recordar caras pero supe que aquella no se me olvidaría nunca. Aún oí al cabecilla que riéndose decía:
“Escalante, venga.. déjalo ya que no merece la pena”.
De esta historia pude sacar muchas enseñanzas pero saque una especial. Jamás he llevado un arma encima, sea una navaja, una porra o, por supuesto, un arma de fuego. La razón es que, aunque soy extremadamente pacífico, sé que en un momento dado todos podemos volvernos locos. Si yo hubiese tenido una pistola ese día o incluso el día de la fiesta del instituto seguramente habría matado a unos cuantos.
PD: De aquella tarde recuerdo dos caras. La del niño rubito y la del cabecilla. Si algún día me vierais abalanzarme sobre alguien sin aparente motivo y machacarle la cara, es muy probable que por fin lo haya encontrado.
Comentario:
Me da la impresión de que voy a desentonar un poco con la tónica general de los comentarios, porque con toda la sinceridad de mi alma, yo no veo mal que le partieras la cara al rubito. Es casi irónico que éso lo diga yo, que no me he metido en una bronca ni cuando me han buscado la boca, y que soy una persona a la que, definitivamente, le da miedo que se la partan a ella y no dudaría en correr si ve que tiene las de perder. Creo que eso me convierte en cobarde.
No defiendo la violencia gratuita ni el concepto de venganza, pero tampoco la idea de poner la otra mejilla. Creo que a ningún ser humano se le puede negar el derecho a defenderse... Es cierto que tu reacción se consideraría más una "venganza" que una "defensa", y que sería mucho mejor que hubieras sabido pasar por encima de tu rabia ( por ti, que no por el rubito) Pero sencillamente eres humano.
Besitos
No defiendo la violencia gratuita ni el concepto de venganza, pero tampoco la idea de poner la otra mejilla. Creo que a ningún ser humano se le puede negar el derecho a defenderse... Es cierto que tu reacción se consideraría más una "venganza" que una "defensa", y que sería mucho mejor que hubieras sabido pasar por encima de tu rabia ( por ti, que no por el rubito) Pero sencillamente eres humano.
Besitos
Comentario:
Si nos dedicasemos mas a hablar y menos a discutir seguramente viviriamos en un mund mas tolerante y mejor. Un beso a todos los que como tu perdierón una batallita.
Comentario:
Yo solo me he pegado una vez. Y no fue por mi, yo soy demasiado pacifica, no entro en broncas ni peleas, pero aquella vez no fue conmigo, fue hacia mi prima y yo que tengo alma de heroina de comic no pude soportarlo y me lance hacia la tia como una perra rabiosa, a dia de hoy creo que todavia tiene cicatrices en la cara.
Aunque creo que no volvere a hacerlo, eso de ir pegando a la gente no es lo mio.
Besos.
Aunque creo que no volvere a hacerlo, eso de ir pegando a la gente no es lo mio.
Besos.
Comentario:
Muchos son muy valientes, no sólo cuando van en grupo, sino cuando tienen un arma en la mano, cuando saben que cooperarás, porque tu vida depende de ellos...en fin, se sienten tan seguros, que olvidan que un día puedes dar con ellos, donde menos lo esperan, donde no tienen ninguna ventaja...
Comentario:
Me supera ver como la gente es violenta, solo porque los demas no sean como ellos quieren, ademas son tan valientes que van en grupo, no intento alabar lo que hicistes, pero tampoco puedo culparte de una rabia contenida.
Besos.
Besos.
Comentario:
por cierto, qué pasó con la chica?
porque mi cabeza quiere pensar que no estaba conchabada con el rubiales Escalante y sus amigos, y que te cuidó y mimó
porque mi cabeza quiere pensar que no estaba conchabada con el rubiales Escalante y sus amigos, y que te cuidó y mimó
Comentario:
por suerte nunca he sufrido semejante agresión
de todas formas, tú lo sabes: la única pelea que se gana es la que no se comienza
de todas formas, tú lo sabes: la única pelea que se gana es la que no se comienza
Comentario:
Suelo ser pacifica, aunque no por naturaleza...... mi naturaleza es combativa y yo intento controlarla......soy muy pequeña y quizas suplo mi debilidad fisica con un caracter fuerte....... francamente no lo se...... pero jamas pondria la otra mejilla ;))
Comentario:
yo hace dos años una noche recibí na llamada de un amigo,al principio con la voz cascada me pregunto q tal? y cosas vanales...algo lógicamente raro para la hora q era...de pronto se puso a llorar,esataba realmente destrozado,nunca le habia visto asi,asustado me conto q había hecho algo de lo q no se sentía nada orgulloso y q se había sentidofuera de sí,yo sólo escuchaba,él no estaba seguro de q debiera contarme y no queria insistirle o q se sintiera obligado asiq sólo asentí y le consolé...si había hecho algo fuera lo q fuera,obligado,no era su culpa y todo tenía solución...quedamos a desayunar y más calmado me contó...él era maestro de artes marciales..algo de lo q yo no entiendo nada pero q según él me contaba esta prohibidisimo usar en peleas callejeras...y puedes meterte en una buena si lo haces...él es un chico pacífico al q le encanta el deporte,de eso yo soy testigo,pero unas noches atrás,un grupo de tios con el q se habían encontrado él y otro chico,despues de una fiesta en la q estabamos todos enchaquetados,les empezaron a pegar,dijo q al principio no pudo defenderse q sólo le habían pedido la hora y q fue muy rápido,eran muchos y iban con puños americanos y botas de punta... recibieron mucho pero de pronto cuando pudo levantarse del suelo empezo a devolverlas y q se le fue la cabeza,q no podia parar q estaba fuera de sí y q se dió miedo...nunca me conto q le habían pegado hasta esa mñn...y su cara no demostraba rencor sino miedo a sí mismo,dijo q de pronto volvió en sí y dejo de pegar al q tenía cogido...pero q le tenía en el suelo y cree q le hubiera matado sin más...si no hubiera reaccionado antes...yo sólo pude pensar en aquel dia q mi hermano recibió de unos punkis una paliza por ir de la mano de su novio y de como me sentí yo de mal por no haber estado ahí para darles su merecido y q si hubiera tenido algo con golpearles sin duda lo hubiera hecho hasta matarles...con la sóla escusa de haberle visto la cara destrozada a mi hermano...y no pude reponder,él no quería una palmadita en la espalda,un lo has hecho de put...y en mi corazón era eso lo q quería decirle...hoy en día aun me da vueltas en la cabeza..mi amigo,mi rencor,su miedo..todo desatado por una misma acción..aún no sé q decirle
Comentario:
Los ochenta, mi instituto de izquierdas, los niños pijos del Luca y los Remedios, las niñas pijas de los colegios de monjas... Todo me suena, aunque sin violencia.
Leo tu furia, tu impotencia, tu venganza... Tu pacifismo, pese a todo o por causa de ello, me agrada, pero la postdata me inquieta. Y se me vienen a la mente los acordes de "Dias y Flores":
Pero si un día me demoro, no te impacientes,
yo volveré más tarde.
Será que a la más profunda alegría
me habrá seguido la rabia ese día:
la rabia simple del hombre silvestre,
la rabia bomba —la rabia de muerte—,
la rabia imperio asesino de niños,
la rabia se me ha podrido el cariño,
la rabia madre por dios tengo frío,
la rabia es mío —eso es mío, sólo
mío—,
la rabia bebo pero no me mojo,
la rabia miedo a perder el manojo,
la rabia hijo zapato de tierra,
la rabia dame o te hago la guerra,
la rabia todo tiene su momento,
la rabia el grito se lo lleva el viento,
la rabia el oro sobre la conciencia,
la rabia —coño— paciencia paciencia.
Me alegro de que la rabia no sea tu vocación.
Leo tu furia, tu impotencia, tu venganza... Tu pacifismo, pese a todo o por causa de ello, me agrada, pero la postdata me inquieta. Y se me vienen a la mente los acordes de "Dias y Flores":
Pero si un día me demoro, no te impacientes,
yo volveré más tarde.
Será que a la más profunda alegría
me habrá seguido la rabia ese día:
la rabia simple del hombre silvestre,
la rabia bomba —la rabia de muerte—,
la rabia imperio asesino de niños,
la rabia se me ha podrido el cariño,
la rabia madre por dios tengo frío,
la rabia es mío —eso es mío, sólo
mío—,
la rabia bebo pero no me mojo,
la rabia miedo a perder el manojo,
la rabia hijo zapato de tierra,
la rabia dame o te hago la guerra,
la rabia todo tiene su momento,
la rabia el grito se lo lleva el viento,
la rabia el oro sobre la conciencia,
la rabia —coño— paciencia paciencia.
Me alegro de que la rabia no sea tu vocación.
Comentario:
ok ya me entere, no se porque no asocie una cosa con la otra...
espeso el dia si señor..
espeso el dia si señor..
Comentario:
Lucre el pequeño rubio fue uno de los fachas que pegaron a titobeno aquel día. El que le pegó con una porra.
Comentario:
no soy el más apropiado para ir a hostias con el mundo ni el que junta las palabras con más soltura como para hacer de defensor del diablo. dicho eso, conviene recordar que existen varias constantes comunes a la inmensa mayoría de los animales y que permancen desde el principio de los tiempos: el miedo, el instinto de defensa y la memoria (hay más, por supuesto). ninguna es gratuíta y todas han permitido con mayor o menor fortuna la subsistencia de las especies. la furia no es más que el resultado de desencadenarse la memoria, el miedo y el instinto de defensa, creo que por ese orden (en este caso). la inteligencia, es el elemento que con el paso del tiempo permitió a algunos animales, unas veces controlar la furia y otras inventar normas que la hiciesen innecesaria (justicia). hoy en día, en algunas sociedades como la nuestra, podemos permitirnos el lujo de que esas tres constantes estén más o menos dormidas y que la violencia física sea condenada frontalmente, pero no podemos olvidar que jamás desaparecerá, por que nunca desaparecerá, el miedo, el instinto de defensa y la memoria.
Comentario:
"pero dudo que nadie que no haya estado en una situación similar pueda imaginar la rabia y la impotencia que sentí"
He estado en una situación, un tanto similar...y si, los golpes físicos, son los que menos duelen.
Afortunadamente pude drenar un poco.
Besos
He estado en una situación, un tanto similar...y si, los golpes físicos, son los que menos duelen.
Afortunadamente pude drenar un poco.
Besos
Comentario:
Nada que ver tu arrebato con su ensañamiento intencionado y premeditado. No puedo estar de acuerdo, pero es fácil decir esto aquí y ahora.. no se cómo actuaría en tu caso, no puedo tirar ninguna piedra por algo que podría hacer si pasara por ese trance, aunque ojalá no lo sepa nunca.
(Enero no tiene la curpa curpita.. ;DD)
(Enero no tiene la curpa curpita.. ;DD)
Comentario:
vuelvo a preguntar... porque zurraste el pequeño rubio????
Comentario:
y recuerda que "a cada cerdo le llega su San Martín"
Comentario:
Espero, por tu bien que no encuentres al cabecilla, aunque te quedes genial dándole una paliza, el único que perderás serás tú....
Besos,
Besos,
Comentario:
Efectivamente, no estoy para nada orgulloso de lo que hice. Pero las cosas suceden como suceden.
Y de hecho es muy raro explicarlo porque la mayoría de las cosas que hice en la fiesta donde le pegué al rubio me la han contado los amigos que venían conmigo. Parecía que estuviese fuera de mi.
Por eso mismo, por que sé que, solo una vez, me volví loco es por lo que me plantee nunca dar una oportunidad a que la locura fuese a más.
En cualquier caso, ya se me ha olvidado aquello pero dudo que nadie que no haya estado en una situación similar pueda imaginar la rabia y la impotencia que sentí aquel día mientras me pegaban y se reían. Esa rabia duele mucho más que los golpes. De hecho, todo el que ha sufrido una paliza sabe que no duele en el momento. Comienzas a darte cuenta lo que te duele mucho despues.
Insisto que, ni antes, ni despues, jamás me he peleado ni he pegado a nadie.
Lo del cabecilla, bueno, tal vez sea una licencia porque hoy por hoy creo que si me lo encontrará y lo reconociera (yo tengo en la mente una cara de un chaval de veinte años que tendrá cuarenta y seis), seguramente no haría nada o todo lo más le recriminaría con palabras.
Y de hecho es muy raro explicarlo porque la mayoría de las cosas que hice en la fiesta donde le pegué al rubio me la han contado los amigos que venían conmigo. Parecía que estuviese fuera de mi.
Por eso mismo, por que sé que, solo una vez, me volví loco es por lo que me plantee nunca dar una oportunidad a que la locura fuese a más.
En cualquier caso, ya se me ha olvidado aquello pero dudo que nadie que no haya estado en una situación similar pueda imaginar la rabia y la impotencia que sentí aquel día mientras me pegaban y se reían. Esa rabia duele mucho más que los golpes. De hecho, todo el que ha sufrido una paliza sabe que no duele en el momento. Comienzas a darte cuenta lo que te duele mucho despues.
Insisto que, ni antes, ni despues, jamás me he peleado ni he pegado a nadie.
Lo del cabecilla, bueno, tal vez sea una licencia porque hoy por hoy creo que si me lo encontrará y lo reconociera (yo tengo en la mente una cara de un chaval de veinte años que tendrá cuarenta y seis), seguramente no haría nada o todo lo más le recriminaría con palabras.
Comentario:
Yo siempre fuí un broncas de crío. Creo que cuando uno tiene su padre borracho a todas horas y su madre histérica perdida, y los ves cada día como están a punto de matarse, uno va creciendo con tanto odio acumulado que ya nada le importa.
En mi casa mis hermanos y yo nos acostumbramos a no pedir dinero a mi madre. Mi padre se dedicaba a gastarse lo que él ganaba. Yo al no tener ni un puto duro me junté con lo peor de la calle y allí aprendí a no rajarme y a encajar puñetazos.
Me hace gracia. Tú y yo medimos casi lo mismo, nacimos en Enero, nos gusta hacer deporte, tenemos un corazón que no cabe en el pecho, somos muy autocríticos, autoexigentes, pero también tenemos un loco solapado en el alma.
Por culpa de ese loco, a los veinte, hace diez años, me metí en una bronca por culpa de regalarle a una chica guapa el piropo más bonito del mundo. No me di cuenta que estaba acompañada. Eran rapados. Mi amigo y yo repartimos galletas a los cuatro rapaditos. Al cabo de unos días vinieron a buscarme siete perros de presa. Todos de gimnasio. En mi vida había corrido tanto. Al llegar a casa tenía hasta calambres en las piernas. Desde aquel día se me quitaron las ganas de meterme en broncas y suelo ser muy amable incluso con los gilipollas.
Sí, todo lo que yo quiera, pero se que tengo un loco solapado en mi alma que si me aprietan mucho, mucho, mucho puede salir por soleares.
Si alguna vez ves a un tío corriendo como un loco y siete rapados detrás, ese que corre soy yo.
En mi casa mis hermanos y yo nos acostumbramos a no pedir dinero a mi madre. Mi padre se dedicaba a gastarse lo que él ganaba. Yo al no tener ni un puto duro me junté con lo peor de la calle y allí aprendí a no rajarme y a encajar puñetazos.
Me hace gracia. Tú y yo medimos casi lo mismo, nacimos en Enero, nos gusta hacer deporte, tenemos un corazón que no cabe en el pecho, somos muy autocríticos, autoexigentes, pero también tenemos un loco solapado en el alma.
Por culpa de ese loco, a los veinte, hace diez años, me metí en una bronca por culpa de regalarle a una chica guapa el piropo más bonito del mundo. No me di cuenta que estaba acompañada. Eran rapados. Mi amigo y yo repartimos galletas a los cuatro rapaditos. Al cabo de unos días vinieron a buscarme siete perros de presa. Todos de gimnasio. En mi vida había corrido tanto. Al llegar a casa tenía hasta calambres en las piernas. Desde aquel día se me quitaron las ganas de meterme en broncas y suelo ser muy amable incluso con los gilipollas.
Sí, todo lo que yo quiera, pero se que tengo un loco solapado en mi alma que si me aprietan mucho, mucho, mucho puede salir por soleares.
Si alguna vez ves a un tío corriendo como un loco y siete rapados detrás, ese que corre soy yo.
Comentario:
Me has dejado sin palabras.
Yo vivía en una barriada marginal, giatnos y payos; descubrí varias cosas: una de ellas es que lo que hace iguales a las personas es el dinero y es por eso que a día de hoy, soy la persona menos racista del mundo. He visto gitanos buena gente y payos de lo peor, eso si, todos muertos de hambre. Allí había uno, muy chulo él, que acosaba a todo dios y les robaba el dinero o para hacerse el gracioso pagaba un par de collejas a un pobre chaval...pero un día se pasó y le pegó de una manera brutal a un pobre chico. A la policia no le dió tiempo a llegar cuando lo más decente del contorno, padres de familia, trabajadores, gente harta del niñato le pegaron una paliza que casi lo descalabran. ¿Por qué? Fue la furia como tu bien dices.
¿Lo justifico? No.^Pero a más de uno, desde ese momento, se le quitaron las ganas de hacerse el chulo.
Ahora que el personal interprete lo que quiera.
Yo vivía en una barriada marginal, giatnos y payos; descubrí varias cosas: una de ellas es que lo que hace iguales a las personas es el dinero y es por eso que a día de hoy, soy la persona menos racista del mundo. He visto gitanos buena gente y payos de lo peor, eso si, todos muertos de hambre. Allí había uno, muy chulo él, que acosaba a todo dios y les robaba el dinero o para hacerse el gracioso pagaba un par de collejas a un pobre chaval...pero un día se pasó y le pegó de una manera brutal a un pobre chico. A la policia no le dió tiempo a llegar cuando lo más decente del contorno, padres de familia, trabajadores, gente harta del niñato le pegaron una paliza que casi lo descalabran. ¿Por qué? Fue la furia como tu bien dices.
¿Lo justifico? No.^Pero a más de uno, desde ese momento, se le quitaron las ganas de hacerse el chulo.
Ahora que el personal interprete lo que quiera.
Comentario:
¿Ajuste de cuentas, quizá?
Comentario:
Vamos, que tú lo de "poner la otra mejilla y perdonar" ni de coña.
A mí me ha dado mal rollo que te pegaran pero también que le pegaras a él.
A mí me ha dado mal rollo que te pegaran pero también que le pegaras a él.
Comentario:
Pues mejor que no te encuentres al cabecilla, no?? No merece la pena, creo yo.
1beso
1beso
Comentario:
pues hoy me he perdido, porque le zurraste al rubito con rulos en el pelo???
Comentario:
Me recuerda la historia de phill y la ejecutiva del metro. Lo que no sabemos es si el rubito sabía el por qué de tu reacción, o si en sus cabeza hueca de pelo rubio rizado habrá relacionado ambos episodios.
Comentario:
Tito yo estoy contigo, las peleas ni como último recurso, claro que a veces, como la que tú cuentas, el último recurso, merece ser el primero.
La pena es no saber si habrá escarmentado o seguirá con la misma actitud el "ricitos".
Saludetes y espero no parecerme en nada a ninguno, no quiero que un tio grando se avalance sobre mí en la calle :oP.
La pena es no saber si habrá escarmentado o seguirá con la misma actitud el "ricitos".
Saludetes y espero no parecerme en nada a ninguno, no quiero que un tio grando se avalance sobre mí en la calle :oP.





