Una noche más
- ¿Te ha dado filosófica?.
- No, me ha dado “contemplativa”.
Esta pequeña conversación fue prácticamente la mayor que mantuve la noche que salí de copas después de prácticamente dos meses (creo que ha pasado menos tiempo pero últimamente hago tantas cosas que parece más tiempo).
Mi conocido/amigo me preguntaba si me había dado filosófica porque me encontraba en un taburete sentado, con mi güisqui en la mano, observando y sin articular palabra. La verdad es que, para variar, me encontraba cansado y fue, una vez más, una de esas salidas que me auto-impongo para no quedarme anquilosado en casa. Muchas veces en estas salidas voy de menos a más pero ese día iba de menos a menos (una muestra de estabilidad bien mirado). La verdad que no me había dado ni filosófica ni contemplativa porque no había bebido como para pillarla así que simplemente se trataba de cansancio.
Lo malo es que no se que tipo de cansancio. Si se tratará de cansancio físico sería hasta normal porque llevo una temporada bastante dura. Incluso si fuese cansancio sicológico por estrés sería normal y asumible. Lo malo es que creo que es cansancio de otro tipo. Iba a llamarlo cansancio vital pero quedaría un poco escandaloso y además no es cierto. Lo que si noto es cierto cansancio en lo que a las relaciones se refiere. Es similar a lo que en otro post llamé pereza. No hablo sólo de relaciones con mujeres aunque es donde más lo noto.
Ese día me dio por observar los juegos de cortejo, apareamiento o seducción (que cada cual elija el término más adecuado según su gusto) y volví a sentir vergüenza ajena. Siempre me ha pasado que cuando veo a un tío ligando a la “manera tradicional” y a una mujer “dejándose querer” me da eso tan raro y para mi tan habitual que es la vergüenza ajena. Aunque yo creo que más que vergüenza ajena se trata de sentido del ridículo ajeno. Aunque yo ya he dicho más de una vez que no soy nada ligón imagino que alguna vez, visto desde fuera, habré resultado tan patético como a mi me parecían aquellos hombres intentando impresionar a aquellas chicas. Si no fuera porque la edad media sería superior a los cuarenta, porque las conversaciones se hablaban en muchas ocasiones de “ex” y de hijos y por las calvas de muchos participantes en el cortejo cualquiera pensaría que estábamos en una fiesta de instituto. Las sonrisas un poco agilipolladas de ellos y las reticencias aparentes (aunque estuvieran deseando) de ellas componían un espectáculo que no por conocido me resulta menos patético.
De pronto me acordé de mi amigo Chimo. Ya he hablado de él en alguna ocasión. Probablemente la persona con la que menos tengo en común en lo aparente y a una de las que más quiero sin duda. Y me dio por recordar su forma de ligar por acoso y derribo y la cantidad de veces que mi sentido del ridículo se desbordaba cuando iba con él. Me acordé de un día en concreto. Quedamos en un bar de copas enfrente del trabajo de uno de los amigos que salía muy tarde. Llegué el primero y me senté a esperar. Al poco tiempo apareció Chimo y tal y como llegó se quedó mirando fijamente a dos chicas. Yo concocía de sobra esa mirada y le dije.. por favor Chimo, que nos vamos ya. Él, como siempre me dijo, un segundo sólo, ven conmigo. Chimo mantenía una extraña teoría según la cual eramos una “pareja perfecta” para ligar ya que el era un especialista en “entrarle” a las chicas y yo era un tío estupendo para darles conversación una vez que ellas habían cedido. Siempre me pareció que se trataba de una teoría que él defendía para no dejarme aislado de su actividad “depredadora”.
Cuando llegamos y tal y como nos veían llegar las dos chicas (que por cierto, estaban muy buenas) se dieron la vuelta dándonos –literalmente- la espalda. Por supuesto, para mi fue suficiente como para renunciar pero no conseguí convencer a Chimo. Me quedé en un segundo plano y vi actuar al “maestro”. Chimo tiene un acento de pueblo y una forma de vestir que no lo hacen muy sofisticado a los ojos de nadie. Incluso cuesta trabajo pensar que es un titulado universitario. Tampoco es una belleza ni tenía un tipazo impresionante con lo que no le vale con lo de la primera impresión. Así pues digamos que no liga “por la cara”. Se lo tenía que “currar” pero todos los que lo conocíamos sabíamos que se lo curraba muy bien.
La escena era si cabe más patética al ver a Chimo hablándole a dos niñas (yo por aquel entonces hubiera dicho niñatas) que estaban de espaldas a él y mirando a la pared. Antes de continuar y como ya me ha pasado alguna vez diré que en mi tierra “niñas” se utiliza para llamar a cualquier chica (en Jaen por ejemplo serían “nenas”). Así que nadie piense mal que las niñas en cuestión hacía mucho que eran mayores de edad. Se estableció una conversación que yo creo que duró quince minutos y que resumo de manera suscinta aquí:
- Hola…
- Adios..
- Que pasa, es que no os gusto?
- No
- En serio, no me lo puedo creer, entonces no tengo nada que hacer con vosostras?
- No.
Esta conversación de besugos tan habitual en los bares de copas se mantuvo y he de reconocer que me hizo gracia. El objetivo de Chimo era el de siempre. En su estudio del comportamiento humano Chimo tenía clarísimo que a las mujeres le gustan los hombres que las hacen reir y él tenía una habilidad innata en ello. Aún así en este caso parecía que las niñas eran un poquito más “esaborías” de lo habitual y apenas contenstaban con monosílabos. Le vi soltar la mayoría de los chistes habituales y nada, no había forma. Por fin pareció que, al cabo de bastante tiempo, toco un tema que hizo que contestaran frases completas e incluso consiguió que lo miraran. Yo estaba expectante. Y Chimo no me defraudó.
- Vaya, conoces a alguien mejor?
- Si
- Bueno, bueno… eso es casi imposible..
- Vaya, muy seguro estas de ti mismo
- Claro.. pero dime es que tenéis novio?
- Pues si
- Pero no será tan guapo como yo
- Mucho más
- Aja.. pero seguro que es mucho menos simpático
- Mucho más
- Ya.. pero no será tan fuerte
- Mucho más
- Ya pero yo soy cinturón marrón de karate
- Y mi novio cinturón negro
- Ya, pero yo le dí la vuelta al marcador.
Las dos al unísono soltaron una carcajada. Me dí la vuelta sonriendo. El resto era pura rutina para Chimo. Poco a poco fueron viniendo los amigos y tal y como llegaban miraban a Chimo con las dos chicas. La única duda era cual sería la “afortunada”. Luego supimos que fueron las dos (una primero, la otra después).
Volviendo a la realidad, vi el espectáculo y pensé que ahí no había nadie del nivel de Chimo que al menos me entretuviera. Decidí irme no si antes mirar al lado mío y ver una mujer sentada en un taburete con la copa en la mano y una mirada perdida similar a la mía. Mientras recogía mis cosas le dije:
- ¿Cansada o hastiada?
- Hay diferencia?
Sonreí, me sonrió… y me fui.
Cuando ya me iba un amigo/conocido se acercó y me pregunto si iba bien y si podía conducir. Debía tener un aspecto lamentable porque era la segunda vez que alguien pensaba que estaba borracho y no me había bebido ni una copa.
- No, me ha dado “contemplativa”.
Esta pequeña conversación fue prácticamente la mayor que mantuve la noche que salí de copas después de prácticamente dos meses (creo que ha pasado menos tiempo pero últimamente hago tantas cosas que parece más tiempo).
Mi conocido/amigo me preguntaba si me había dado filosófica porque me encontraba en un taburete sentado, con mi güisqui en la mano, observando y sin articular palabra. La verdad es que, para variar, me encontraba cansado y fue, una vez más, una de esas salidas que me auto-impongo para no quedarme anquilosado en casa. Muchas veces en estas salidas voy de menos a más pero ese día iba de menos a menos (una muestra de estabilidad bien mirado). La verdad que no me había dado ni filosófica ni contemplativa porque no había bebido como para pillarla así que simplemente se trataba de cansancio.
Lo malo es que no se que tipo de cansancio. Si se tratará de cansancio físico sería hasta normal porque llevo una temporada bastante dura. Incluso si fuese cansancio sicológico por estrés sería normal y asumible. Lo malo es que creo que es cansancio de otro tipo. Iba a llamarlo cansancio vital pero quedaría un poco escandaloso y además no es cierto. Lo que si noto es cierto cansancio en lo que a las relaciones se refiere. Es similar a lo que en otro post llamé pereza. No hablo sólo de relaciones con mujeres aunque es donde más lo noto.
Ese día me dio por observar los juegos de cortejo, apareamiento o seducción (que cada cual elija el término más adecuado según su gusto) y volví a sentir vergüenza ajena. Siempre me ha pasado que cuando veo a un tío ligando a la “manera tradicional” y a una mujer “dejándose querer” me da eso tan raro y para mi tan habitual que es la vergüenza ajena. Aunque yo creo que más que vergüenza ajena se trata de sentido del ridículo ajeno. Aunque yo ya he dicho más de una vez que no soy nada ligón imagino que alguna vez, visto desde fuera, habré resultado tan patético como a mi me parecían aquellos hombres intentando impresionar a aquellas chicas. Si no fuera porque la edad media sería superior a los cuarenta, porque las conversaciones se hablaban en muchas ocasiones de “ex” y de hijos y por las calvas de muchos participantes en el cortejo cualquiera pensaría que estábamos en una fiesta de instituto. Las sonrisas un poco agilipolladas de ellos y las reticencias aparentes (aunque estuvieran deseando) de ellas componían un espectáculo que no por conocido me resulta menos patético.
De pronto me acordé de mi amigo Chimo. Ya he hablado de él en alguna ocasión. Probablemente la persona con la que menos tengo en común en lo aparente y a una de las que más quiero sin duda. Y me dio por recordar su forma de ligar por acoso y derribo y la cantidad de veces que mi sentido del ridículo se desbordaba cuando iba con él. Me acordé de un día en concreto. Quedamos en un bar de copas enfrente del trabajo de uno de los amigos que salía muy tarde. Llegué el primero y me senté a esperar. Al poco tiempo apareció Chimo y tal y como llegó se quedó mirando fijamente a dos chicas. Yo concocía de sobra esa mirada y le dije.. por favor Chimo, que nos vamos ya. Él, como siempre me dijo, un segundo sólo, ven conmigo. Chimo mantenía una extraña teoría según la cual eramos una “pareja perfecta” para ligar ya que el era un especialista en “entrarle” a las chicas y yo era un tío estupendo para darles conversación una vez que ellas habían cedido. Siempre me pareció que se trataba de una teoría que él defendía para no dejarme aislado de su actividad “depredadora”.
Cuando llegamos y tal y como nos veían llegar las dos chicas (que por cierto, estaban muy buenas) se dieron la vuelta dándonos –literalmente- la espalda. Por supuesto, para mi fue suficiente como para renunciar pero no conseguí convencer a Chimo. Me quedé en un segundo plano y vi actuar al “maestro”. Chimo tiene un acento de pueblo y una forma de vestir que no lo hacen muy sofisticado a los ojos de nadie. Incluso cuesta trabajo pensar que es un titulado universitario. Tampoco es una belleza ni tenía un tipazo impresionante con lo que no le vale con lo de la primera impresión. Así pues digamos que no liga “por la cara”. Se lo tenía que “currar” pero todos los que lo conocíamos sabíamos que se lo curraba muy bien.
La escena era si cabe más patética al ver a Chimo hablándole a dos niñas (yo por aquel entonces hubiera dicho niñatas) que estaban de espaldas a él y mirando a la pared. Antes de continuar y como ya me ha pasado alguna vez diré que en mi tierra “niñas” se utiliza para llamar a cualquier chica (en Jaen por ejemplo serían “nenas”). Así que nadie piense mal que las niñas en cuestión hacía mucho que eran mayores de edad. Se estableció una conversación que yo creo que duró quince minutos y que resumo de manera suscinta aquí:
- Hola…
- Adios..
- Que pasa, es que no os gusto?
- No
- En serio, no me lo puedo creer, entonces no tengo nada que hacer con vosostras?
- No.
Esta conversación de besugos tan habitual en los bares de copas se mantuvo y he de reconocer que me hizo gracia. El objetivo de Chimo era el de siempre. En su estudio del comportamiento humano Chimo tenía clarísimo que a las mujeres le gustan los hombres que las hacen reir y él tenía una habilidad innata en ello. Aún así en este caso parecía que las niñas eran un poquito más “esaborías” de lo habitual y apenas contenstaban con monosílabos. Le vi soltar la mayoría de los chistes habituales y nada, no había forma. Por fin pareció que, al cabo de bastante tiempo, toco un tema que hizo que contestaran frases completas e incluso consiguió que lo miraran. Yo estaba expectante. Y Chimo no me defraudó.
- Vaya, conoces a alguien mejor?
- Si
- Bueno, bueno… eso es casi imposible..
- Vaya, muy seguro estas de ti mismo
- Claro.. pero dime es que tenéis novio?
- Pues si
- Pero no será tan guapo como yo
- Mucho más
- Aja.. pero seguro que es mucho menos simpático
- Mucho más
- Ya.. pero no será tan fuerte
- Mucho más
- Ya pero yo soy cinturón marrón de karate
- Y mi novio cinturón negro
- Ya, pero yo le dí la vuelta al marcador.
Las dos al unísono soltaron una carcajada. Me dí la vuelta sonriendo. El resto era pura rutina para Chimo. Poco a poco fueron viniendo los amigos y tal y como llegaban miraban a Chimo con las dos chicas. La única duda era cual sería la “afortunada”. Luego supimos que fueron las dos (una primero, la otra después).
Volviendo a la realidad, vi el espectáculo y pensé que ahí no había nadie del nivel de Chimo que al menos me entretuviera. Decidí irme no si antes mirar al lado mío y ver una mujer sentada en un taburete con la copa en la mano y una mirada perdida similar a la mía. Mientras recogía mis cosas le dije:
- ¿Cansada o hastiada?
- Hay diferencia?
Sonreí, me sonrió… y me fui.
Cuando ya me iba un amigo/conocido se acercó y me pregunto si iba bien y si podía conducir. Debía tener un aspecto lamentable porque era la segunda vez que alguien pensaba que estaba borracho y no me había bebido ni una copa.
Comentario:
La verdad aunque te suene pedante nunca me ha resultado complicado ligar, siempre he conseguido lo que he querido, y digo "siempre", aunque durase mi conquista un suspiro, pero siempre me ha bastado con sonreir a mi presa para que viniera como un corderito. Pero ahora me aburre bastante todo eso, sera la edad. Ahora salgo para divertirme, si por casualidad conozco a alguien y terminamos en mi casa, pues mira, mejor, pero no es una de mis prioridades.
Después de toda una semana de curro lo que me apetece son unas risas con misa amigas/os y desconectar de todo. Para follar ya tengo a mi SP que ese viene a domicilio.
Besos
Después de toda una semana de curro lo que me apetece son unas risas con misa amigas/os y desconectar de todo. Para follar ya tengo a mi SP que ese viene a domicilio.
Besos
Comentario:
Te entiendo perfectamente, y menos mal que no soy la unica, pense que se debia a la edad pero ya veo que tiene que ser algo en el ambiente( alergias o cosas asi). Supongo que lo que nos divertia con 20 ya no nos divierte ahora o quizas que nos hemos vuelto mas exigentes. Pero bueno como soy una romantica, me pregunto, porque no invistaste a un cafe a esa chica que estaba como tu, igual os hubierais divertido en otro sitio ambos y te hubieras dado cuenta que tu situacion no era la única. No te preocupes dicen que es efecto de la primavera. Un beso
Comentario:
Hubiera firmado en tu artículo sin ningún inconveniente, si recogieras firmas...
:DDDD
:DDDD
Comentario:
Pero habías bebido o no lo habías hecho?
Besos de una maia.
Besos de una maia.
Comentario:
hasta los cojones, al menos así lo resumo yo,
salud,
salud,
Comentario:
Pues si que estamos buenos en general!!
Mu mal, asi no llegamos a ningún sitio, eh?? con estos ánimos para salir y socializar... telita!!
(Conste que más que nada me lo digo pa'mi misma, jajaja)
1beso
Mu mal, asi no llegamos a ningún sitio, eh?? con estos ánimos para salir y socializar... telita!!
(Conste que más que nada me lo digo pa'mi misma, jajaja)
1beso
Comentario:
bienvenido al club..
igual ahora con el inicio del tiempo primaveral todo se magnifica. el cansancio o el hastio
...
Hablo la dra. lukre :O
un beso niño
igual ahora con el inicio del tiempo primaveral todo se magnifica. el cansancio o el hastio
...
Hablo la dra. lukre :O
un beso niño
Comentario:
Al final cuando sales por ahí, yo creo que todos queremos lo mismo, socializar. No sé qué pasa pero no sucede así o por lo menos ocurre pero en pocas ocasiones. Lo natural sería hablar, reir y si el sitio lo permite, bailar. Esa sería una noche divertida ¿ o no ?
Comentario:
Pues yo llevaba sin salir desde septiembre cuando lo hice este sábado, y la verdad no me he perdido nada. Todo sigue igual en el mismo sitio. E igual de aburrido.





