Tos por igua
Mi primer recuerdo de semana santa es en una plaza que en realidad no lo es, el Altozano. A las tres de la mañana, con mis primos y comiendo coco. Ya se que puede parecer raro pero los recuerdos son así y además es (o al menos lo era) una golosina muy típica de las fiestas aunque parezca que no pega. Esperábamos en “la bulla” a que la virgen saliera de la calle Pureza y diera la vuelva para encarar el puente. La espera era interminable aunque para ser sinceros, a los niños casi nos gustaba más la fila de nazarenos a los que amablemente les pediamos caramelos con el siempre sutil chantaje de “nazareno dame un caramelo y si no me lo das, te pego una patá”. Muy fisna la frase aunque en realidad es una frase hecha que se repetía sin pensar en su significado.
Más tarde mis recuerdos se centran en mis excursiones, en principio solo, después con amigos, para ver las cofradías. Tenía algo de maniobras militares la cosa. Lo primero era planificar la ruta armado con el siempre útil callejero y con la hoja de horarios del ABC. Esta tarea se solía hacer antes de comer. Después de comer, uno se pertrechaba como si fuese a la batalla. Bocadillo en la bolsa anudada al cinturón, botella de agua o refresco, cinco duros para gastar y otros cinco para las emergencias y por si había que volver en taxi. El objetivo era ver las siete u ocho cofradías del día y para ello se hacía una ruta con estrictos horarios. Tan estricto y tan importante era el objetivo que, a veces, cuando estabas viendo un paso ni siquiera esperabas a que pasara delante de ti porque había que ir a por el otro. Después de siete, ocho o nueve horas andando uno volvía a casa, rayando las doce de la noche casi siempre con el orgullo del deber cumplido: “las he visto todas..” le decía ufano mientras mi madre me traía el plato con las croquetas de rigor.
Ya adolescente, la semana santa seguía siendo sinónimo de caminatas pero ya no había ese fervor medio militar, medio religioso de “verlas todas”. Cada día quedábamos para ver salir una cofradía (“la Estrella, San Gonzalo… el Baratillo, La O, Trianera… El cachorro”) y nos íbamos al centro. En este caso era casi al revés.. a veces huíamos de las cofradías pero ellas no rodeaban a traición. Aun recuerdo una semana santa en la que, rodeado de miles de personas, nos quedamos solos una niña rubita y yo y nos comimos a besos.
Más adelante, conforme me volvía más agnóstico (si es que el agnosticismo admite niveles) y mi fobia a las “bullas” se hacía mayor, la semana santa se iba convirtiendo en algo así como un preludio de la feria y, salvo la obligatoria (y deseada) vigilia en el Altozano para ver a la Esperanza, las visitas a cofradías eran esporádicas y la mayoría de las veces como actuando como cicerone de algun amigo foráneo.
Pero estas experiencias son como “espectador”. Como todo chaval de mi tierra también he sido actor. Y solo mi inconsistencia me impidió participar más activamente. Aún así si recuerdo mi temporada en la banda, ensayando día y noche con la boquilla de una corneta y aquellas noches de ensayos (desde Septiembre hasta semana santa cientos y miles de chavales sacrifican las noches de viernes, de sábado.. para ensayar). También recuerdo mi época de costalero. Lamentablemente mi estatura era un inconveniente y sólo fui cuatro días al ensayo. No obstante, tengo muchas horas de costalero en cruces de Mayo (pasos como la semana santa pero, en pequeñito).
Y leyendo todo esto tal vez penséis que yo soy lo que se dice en Sevilla un “capillita”. Un capillita, para quien no lo sepa, es alguien que casi vive para la semana santa. No son cuatro precisamente y de hecho son miles. Son personas que se preocupan y conocen todo aquello que tenga una ligera relación con la Semana Santa y se saben de memoria desde el nombre de los capataces que dirigen el paso hasta que cofradía estrena mantones, o varales de plata o candelabros. De hecho, creo que el primer “trivial pursuit” temático fue uno que trataba sobre la semana santa y se llamaba “bajo palio”.
Pues no, no soy un capillita y si me apuras soy casi la antítesis de un capillita. Aunque lo cierto es que mi nivel de crítica bajó mucho cuando descubrí, por amigos, la cantidad de obra social que hacen las cofradías de Semana Santa. Muchos comedores sociales, obras, asistencia a mayores y a niños desfavorecidos son responsabilidad de estas personas a las que muchas veces se les critica por convertir la religión es un espectáculo. No sé si quien los critica práctica el cristianismo a su nivel.
El caso es que yo no soy muy de Semana Santa y lo cierto es que hace ya algunos años que no voy a mi tierra por esta época. Este año además, por cuestiones de trabajo, me hubiese sido imposible ir. No obstante, es curioso como funcionan los mecanismos de la memoria porque el jueves por la noche (“la madrugá”) salí con unos amigos y entramos en un bar de copas en el centro. Iba al servicio cuando pasé por delante de una radio encendida y, no sé ni de que emisora ni programa escuché una exclamación…
“ tos por igua…. A esteeeeeeeeeeeeeeeeeee”
Para quien no lo sepa, es la señal típica que da el capataz para avisar a los costaleros que hay que levantar el paso.
Yy de pronto me vi con siete años, con sueño, comiendo coco apoyado en la cadera de mi madre, rodeado de gente y esperando a que pasara la virgen camino del puente. Y me vi a la vez, con diez u once años, caminando por la calle Reyes Católicos, con mi bocadillo amarrado en la bolsa de plástico y la hoja del ABC en mis manos. Y también me vi con catorce años, en el Barrio León, esperando a que saliera la hermandad de San Gonzalo con una niña apoyada en mi pecho. Y me vi con dieciséis en la calle Adriano, de espaldas a la bulla, comiéndome a besos a una cría mientras el sonaba el himno de España que indicaba que el Baratillo acababa de salir de la capilla de la piedad... Y me vi soplando la puta boquilla de la corneta que parecía que nunca conseguiría hacerla sonar, y con mi costal y mi camiseta con el símbolo de la virgen mientras levantábamos un paso lleno de sacos de arena.
Y tan tonto soy que tuve que secarme alguna lagrima furtiva. En fin, sólo es nostalgia
Más tarde mis recuerdos se centran en mis excursiones, en principio solo, después con amigos, para ver las cofradías. Tenía algo de maniobras militares la cosa. Lo primero era planificar la ruta armado con el siempre útil callejero y con la hoja de horarios del ABC. Esta tarea se solía hacer antes de comer. Después de comer, uno se pertrechaba como si fuese a la batalla. Bocadillo en la bolsa anudada al cinturón, botella de agua o refresco, cinco duros para gastar y otros cinco para las emergencias y por si había que volver en taxi. El objetivo era ver las siete u ocho cofradías del día y para ello se hacía una ruta con estrictos horarios. Tan estricto y tan importante era el objetivo que, a veces, cuando estabas viendo un paso ni siquiera esperabas a que pasara delante de ti porque había que ir a por el otro. Después de siete, ocho o nueve horas andando uno volvía a casa, rayando las doce de la noche casi siempre con el orgullo del deber cumplido: “las he visto todas..” le decía ufano mientras mi madre me traía el plato con las croquetas de rigor.
Ya adolescente, la semana santa seguía siendo sinónimo de caminatas pero ya no había ese fervor medio militar, medio religioso de “verlas todas”. Cada día quedábamos para ver salir una cofradía (“la Estrella, San Gonzalo… el Baratillo, La O, Trianera… El cachorro”) y nos íbamos al centro. En este caso era casi al revés.. a veces huíamos de las cofradías pero ellas no rodeaban a traición. Aun recuerdo una semana santa en la que, rodeado de miles de personas, nos quedamos solos una niña rubita y yo y nos comimos a besos.
Más adelante, conforme me volvía más agnóstico (si es que el agnosticismo admite niveles) y mi fobia a las “bullas” se hacía mayor, la semana santa se iba convirtiendo en algo así como un preludio de la feria y, salvo la obligatoria (y deseada) vigilia en el Altozano para ver a la Esperanza, las visitas a cofradías eran esporádicas y la mayoría de las veces como actuando como cicerone de algun amigo foráneo.
Pero estas experiencias son como “espectador”. Como todo chaval de mi tierra también he sido actor. Y solo mi inconsistencia me impidió participar más activamente. Aún así si recuerdo mi temporada en la banda, ensayando día y noche con la boquilla de una corneta y aquellas noches de ensayos (desde Septiembre hasta semana santa cientos y miles de chavales sacrifican las noches de viernes, de sábado.. para ensayar). También recuerdo mi época de costalero. Lamentablemente mi estatura era un inconveniente y sólo fui cuatro días al ensayo. No obstante, tengo muchas horas de costalero en cruces de Mayo (pasos como la semana santa pero, en pequeñito).
Y leyendo todo esto tal vez penséis que yo soy lo que se dice en Sevilla un “capillita”. Un capillita, para quien no lo sepa, es alguien que casi vive para la semana santa. No son cuatro precisamente y de hecho son miles. Son personas que se preocupan y conocen todo aquello que tenga una ligera relación con la Semana Santa y se saben de memoria desde el nombre de los capataces que dirigen el paso hasta que cofradía estrena mantones, o varales de plata o candelabros. De hecho, creo que el primer “trivial pursuit” temático fue uno que trataba sobre la semana santa y se llamaba “bajo palio”.
Pues no, no soy un capillita y si me apuras soy casi la antítesis de un capillita. Aunque lo cierto es que mi nivel de crítica bajó mucho cuando descubrí, por amigos, la cantidad de obra social que hacen las cofradías de Semana Santa. Muchos comedores sociales, obras, asistencia a mayores y a niños desfavorecidos son responsabilidad de estas personas a las que muchas veces se les critica por convertir la religión es un espectáculo. No sé si quien los critica práctica el cristianismo a su nivel.
El caso es que yo no soy muy de Semana Santa y lo cierto es que hace ya algunos años que no voy a mi tierra por esta época. Este año además, por cuestiones de trabajo, me hubiese sido imposible ir. No obstante, es curioso como funcionan los mecanismos de la memoria porque el jueves por la noche (“la madrugá”) salí con unos amigos y entramos en un bar de copas en el centro. Iba al servicio cuando pasé por delante de una radio encendida y, no sé ni de que emisora ni programa escuché una exclamación…
“ tos por igua…. A esteeeeeeeeeeeeeeeeeee”
Para quien no lo sepa, es la señal típica que da el capataz para avisar a los costaleros que hay que levantar el paso.
Yy de pronto me vi con siete años, con sueño, comiendo coco apoyado en la cadera de mi madre, rodeado de gente y esperando a que pasara la virgen camino del puente. Y me vi a la vez, con diez u once años, caminando por la calle Reyes Católicos, con mi bocadillo amarrado en la bolsa de plástico y la hoja del ABC en mis manos. Y también me vi con catorce años, en el Barrio León, esperando a que saliera la hermandad de San Gonzalo con una niña apoyada en mi pecho. Y me vi con dieciséis en la calle Adriano, de espaldas a la bulla, comiéndome a besos a una cría mientras el sonaba el himno de España que indicaba que el Baratillo acababa de salir de la capilla de la piedad... Y me vi soplando la puta boquilla de la corneta que parecía que nunca conseguiría hacerla sonar, y con mi costal y mi camiseta con el símbolo de la virgen mientras levantábamos un paso lleno de sacos de arena.
Y tan tonto soy que tuve que secarme alguna lagrima furtiva. En fin, sólo es nostalgia
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Un saludo tito beno, y encima te lo he puesto dos veces. Yo no sé a quien prefiero, creo que habiendo estado dentro te puedo decir que en todos lados hay gente buena, tanta como fuera.
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Amaranta, este post no tiene nada que evr con la religión.. como bien dijo epoptek este post tiene que ver, una vez más, con la infancia y la adolescencia y con ese mundo que forman los recuerdos.
En cuanto al tema de las imagenes. Tu crees que cuando yo voy a ver a la Esperanza veo a la Virgen?. No, y de hecho es muy probable que si pasearan a una barbi princesa ni me diera cuenta. Y si, uno de los mandamientos orginales es "no adoraras a las imagenes porque tu Dios es celoso" lo cual cuadra muy bien teniendo en cuenta la historia del becerro de oro.
Pero yo desde luego prefiero a quien monta la parafernalia durante una semana y dedica el resto del año a obras sociales a mucho "cristiano serio" que no dedica un minuto a ello.
Un saludo
En cuanto al tema de las imagenes. Tu crees que cuando yo voy a ver a la Esperanza veo a la Virgen?. No, y de hecho es muy probable que si pasearan a una barbi princesa ni me diera cuenta. Y si, uno de los mandamientos orginales es "no adoraras a las imagenes porque tu Dios es celoso" lo cual cuadra muy bien teniendo en cuenta la historia del becerro de oro.
Pero yo desde luego prefiero a quien monta la parafernalia durante una semana y dedica el resto del año a obras sociales a mucho "cristiano serio" que no dedica un minuto a ello.
Un saludo
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Pos no quememosionaoyto???
Pedazo de post!!
Kp
Pedazo de post!!
Kp
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Los recuerdos que te asaltan cuando más los necesitas. Es curioso porque los que no me conocen siempre piensan que soy una agnóstica y hasta me discuten que yo no puedo ser creyente dada mi forma de pensar y mi falta de pudor al expresarlo. Te digo esto por eso que dices de las críticas a los pasos y a la semana santa. Yo soy una de las personas que las critica y no porque piense que los que gustan de la semana santa sean más o menos cristianos. Evidentemente eso no es lo que se critica, hay gente grande en todos lados, incluso también las hay digo yo dentro de las cofradías. Y mucho más si como tú dices dedican parte de lo que tienen a obras sociales. En fin no te recordaré lo que dijo Cristo de aquellos que dedicaban parte y no todo lo que tenían como hizo la viejita aquella del final de la iglesia. La crítica es sencilla, adorar una imagen es algo que se reprochaba ya en la época de Moises, te remito a la biblia y allí está clarito. Me parece estupendo que a nosotros nos encanten las representaciones teatrales, de ahí la semana santa, pero por favor no se puede convertir en un acto de religiosidad o por lo menos no desde el punto de vista de aquellos que tienen sus raíces más en la parte judía de Cristo y menos en la parte pagana de nuestra herencia romana. En fin hay críticas y críticas.
Comentario:
Los recuerdos que te asaltan cuando más los necesitas. Es curioso porque los que no me conocen siempre piensan que soy una agnóstica y hasta me discuten que yo no puedo ser creyente dada mi forma de pensar y mi falta de pudor al expresarlo. Te digo esto por eso que dices de las críticas a los pasos y a la semana santa. Yo soy una de las personas que las critica y no porque piense que los que gustan de la semana santa sean más o menos cristianos. Evidentemente eso no es lo que se critica, hay gente grande en todos lados, incluso también las hay digo yo dentro de las cofradías. Y mucho más si como tú dices dedican parte de lo que tienen a obras sociales. En fin no te recordaré lo que dijo Cristo de aquellos que dedicaban parte y no todo lo que tenían como hizo la viejita aquella del final de la iglesia. La crítica es sencilla, adorar una imagen es algo que se reprochaba ya en la época de Moises, te remito a la biblia y allí está clarito. Me parece estupendo que a nosotros nos encanten las representaciones teatrales, de ahí la semana santa, pero por favor no se puede convertir en un acto de religiosidad o por lo menos no desde el punto de vista de aquellos que tienen sus raíces más en la parte judía de Cristo y menos en la parte pagana de nuestra herencia romana. En fin hay críticas y críticas.
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Casualmente ayer tropecé con una procesión, y me acordé de ti, pense que siendo andaluz probablemente estarias por tu tierra...
Que bueno volver a saber de ti!
Que bueno volver a saber de ti!
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nunca olvidare mis 16 años a las 7 de la mañana de un viernes santo detras de la Trianera mientras saludaba a Virgen del Baratillo......No se porque esa imagen quedo graba en mi memoria, quizás porque fue el final de mi niñez......era la 1º vez que me permitieron ir sola a la madrugá sevillana.....cuantos recuerdos en este post ;))
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no te resistas
la patria del hombre es su infancia
(en la mía no hubo procesiones, y tampoco ahora me llaman)
la patria del hombre es su infancia
(en la mía no hubo procesiones, y tampoco ahora me llaman)
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Yo tampoco soy mu Capillita, pero he de reconocer que me emociono viendo en mi tierra a "EL Cautivo" con su túnica blanca "andando" por la "Tribuna de los Pobres" mientras la gente le grita, "guapo, guapo, guapo" y esos hombres de trono, que queriendo ofrecer, mas aún, su esfuerzo y su Cristo a toda Málaga, suben sus brazos tras el grito de "a pulso", haciendo que "EL Cautivo" roce aún mas el cielo.
Un saludo.
Un saludo.
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Sí, yo me acuerdo de los niños que iban pidiendo cera a los nazarenos para ver quién conseguía la bola más grande, y de las ruedas del coche de mi padre rechinando días después por la cantidad de cera que había en las calles.
De cómo tenía que cerrar los ojos a cada estruendo del bombo que pasaba delante mía.
Y del olor a incienso, claro.
Ya no voy a ver nunca procesiones y, si algún día me topo con una, más que ver la procesión en sí, lo que hago mientras pasa delante mía es acordarme de cuando era pequeño y me llevaban a verlas.
De cómo tenía que cerrar los ojos a cada estruendo del bombo que pasaba delante mía.
Y del olor a incienso, claro.
Ya no voy a ver nunca procesiones y, si algún día me topo con una, más que ver la procesión en sí, lo que hago mientras pasa delante mía es acordarme de cuando era pequeño y me llevaban a verlas.
Comentario:
Aysssss... que te estás hasiendo mayó!
1beso
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