Paris
La primera vez que estuve en Paris no tenía aún veinte años. Fue justo después de un incidente sentimental que ya narré en un post titulado “la tercera ley de newton” (como soy tremendamente perezoso paso de poner enlaces). Desde que era un crío, cuando me siento mal por algo o simplemente quiero relajarme acostumbro a dar paseos. Pero en este caso el daño era tan extremo que supuse que el barrio de Santa Cruz no sería suficiente así que decidir ir unos días a un sitio donde siempre quise ir: Paris. Durante tres días no hice otra cosa que pasear sin rumbo fijo por Paris. Sin saber donde estaba la mayoría de las veces y sin buscar ningún sitio típico.
Después de aquello, he estado otras dos veces y han sido en situaciones muy similares. Después de un par de golpes duros (otro día tal vez cuente algo) y en estas dos ocasiones volvía hacer lo mismo: me hospedé en un hotel de dos estrellas, y pase algunos días paseando sin rumbo fijo lamiéndome las heridas.
La cuestión es que en cierta forma funcionaba. La belleza de Paris aliviaba mi dolor aunque inevitablemente sucedía que, como un paño que se ensucia al limpiar un cristal (joder, no creo que nadie le haya dedicado un símil tan espantoso a París), París se fue quedando en mi intrahistoria como una ciudad asociada al dolor.
Este fin de semana largo la cosa fue diferente. Mi estado de ánimo podría definirse con el famoso “ni chicha ni limoná” pero el viernes por la mañana, después de contestar a veinte personas diciendo “no, no salgo…” decidí que ya estaba bien así que, como cualquier madrileño que huye de Madrid en cuanto se juntan más de 48 horas libres, me dije: “me voy a Paris”.
A las cinco de la tarde la muchacha de la agencia de viajes me miraba de forma condescendiente mientras yo le pedía un vuelo y un hotel para el sábado por la mañana. Lamentablemente no había plaza en esos encantadores “hotelitos modestos con encanto”. Para quien no conozca Paris (y en general toda Europa me parece a mi), los hoteles de dos estrellas allí (al menos los que yo conozco, insisto) son perfectamente comparables a una pensión de medio pelo en el centro de Madrid.
Mientras la chica buscaba y rebuscaba y hacía alguna llamada buscando hotel me preguntó..
- y si hay alguno de tres o cuatro aunque no sea céntrico?..
En ese momento me acorde de la frase de mi amigo Chimo cuando le preguntaban si quería algo de tapa… “es que somos pobres?”, y decidí cambiar esta vez así que, ante la mirada estupefacta de la chica le dije
- Mejor me miras algo de cinco estrellas, y si es gran lujo mejor, en el centro obviamente.
- Ah.. bueno.. tenemos este, pero son cuatrocientos euros por noche
- Ok, me lo quedo.
Bien. La cosa empezaba distinta a las otras tres visitas en Paris. Buena señal, me había decidido a separar por fin la imagen de París de los síntomas del desamor o la nostalgia. Al final cambié la habitación del hotel de superlujo enfrente del Louvre por una suite en otro, algo más modesto pero con más encanto en el “quartier latin” (vaya, el barrio latino).
Con esto del barrio latino no puedo evitar hacer uno de mis paréntesis acostumbrados. Es curioso como el termino “latino” se está asociando a lo sudamericano. A mi me pasó una cosa curiosa cuando dije que era latino y alguien me dijo.. no hombre, tu eres español. De hecho al hablar del barrio latino de Paris te hace pensar que será el barrio donde viven los latinoamericanos como si Francia no fuese un país latino desde siempre.
El hotel (Victoria Palace) fue un acierto. No se si lo que más me gustó fue su lujo muy tradicional (nada moderno) o el hecho de que la camarera del hotel te hiciera la cama con el típico uniforme de criada francesa con su correspondiente cofia y escote prominente. El primer día pidió permiso para entrar aún estando yo en la habitación. Sinceramente, incluso me sentó mal, pero mi francés estaba tan oxidado que me fue más fácil decir “oui” (we.. para parecer más parisino) que explicarle que en mi país esperan a que no estés para arreglarte la habitación.
Una vez más comprobé el poco sentido que tiene la vena nacionalista y lo que me hubiese perdido de hacerle caso. Porque, la verdad es que la escena de la camarera haciendo la cama y ofreciendo a mi vista aquel espectáculo, repetida tres veces en cuatro días, me resultaba sospechosamente conocida. Puede que fuera de mis fantasías más íntimas o directamente de alguna peli porno.
Y una vez más, paseé por París. Creo que para mí será imposible visitar Paris alguna vez y no recordar los momentos que me hicieron ir allá pero en esta ocasión intenté no recrearme en el dolor y los recuerdos y centrarme simplemente en pasear y pedir un café en alguna terraza (nade de “café au lait”, esa expresión que hace que los camareros te miren con una sonrisa y digan… “espagnol, n’est pas?”). Como en anteriores ocasiones, no visité los sitios típicos, no subí a la torre Eiffel (ingeniero francés famoso por diseñar la cubierta de la lonja de pescado en Sevilla) y, aunque visité el Louvre fue una visita relámpago donde constaté que sigo sin sufrir el síndrome de Sthendall.
A cambio, tampoco me deje engullir por la autentica moda que constituye una visita a los “escenarios reales” del “Código Davinci”. Aunque no me apetece unirme a la moda intelectual de criticar el best-seller (allá quien no entienda que es una novela policíaca, lo mismo que Caballo de Troya es una novela de ciencia ficción) da un poco de grima ver a un grupo organizado atendiendo sin perder palabra a un guía que en español comentaba.. “..y por esa ventana es por donde se deslizaba en la novela…”.
Al tercer día de los cuatro que estuve, aproveché que estaba cerca del hotel para refrescarme después de comer y bajé a la cafetería a pedir mi capuchino (creo que probé todas las variedades para no decir “café au lait”). Me encontraba como casi siempre, ensimismado, mirando por los ventanales de la cafetería cuando, de pronto una voz femenina.
- Monsieur, s’il vous plait… pourrez vous….
- Perdona, Argentina ?
- Ah.. no.. Chilena.. y vos ?
Objetivo cumplido. Creo que a partir de ahora asociaré a París con una especie de olor dulce. El olor de la ilusión, o tal vez, simplemente, el olor de la pasión.
Y, por supuesto, con la imagen del escote de la camarera francesa mientras hacía la cama.
PD: Muchos la conocereis pero para quien quiera recordar o descubrir le recomiento seguir este enlace
Después de aquello, he estado otras dos veces y han sido en situaciones muy similares. Después de un par de golpes duros (otro día tal vez cuente algo) y en estas dos ocasiones volvía hacer lo mismo: me hospedé en un hotel de dos estrellas, y pase algunos días paseando sin rumbo fijo lamiéndome las heridas.
La cuestión es que en cierta forma funcionaba. La belleza de Paris aliviaba mi dolor aunque inevitablemente sucedía que, como un paño que se ensucia al limpiar un cristal (joder, no creo que nadie le haya dedicado un símil tan espantoso a París), París se fue quedando en mi intrahistoria como una ciudad asociada al dolor.
Este fin de semana largo la cosa fue diferente. Mi estado de ánimo podría definirse con el famoso “ni chicha ni limoná” pero el viernes por la mañana, después de contestar a veinte personas diciendo “no, no salgo…” decidí que ya estaba bien así que, como cualquier madrileño que huye de Madrid en cuanto se juntan más de 48 horas libres, me dije: “me voy a Paris”.
A las cinco de la tarde la muchacha de la agencia de viajes me miraba de forma condescendiente mientras yo le pedía un vuelo y un hotel para el sábado por la mañana. Lamentablemente no había plaza en esos encantadores “hotelitos modestos con encanto”. Para quien no conozca Paris (y en general toda Europa me parece a mi), los hoteles de dos estrellas allí (al menos los que yo conozco, insisto) son perfectamente comparables a una pensión de medio pelo en el centro de Madrid.
Mientras la chica buscaba y rebuscaba y hacía alguna llamada buscando hotel me preguntó..
- y si hay alguno de tres o cuatro aunque no sea céntrico?..
En ese momento me acorde de la frase de mi amigo Chimo cuando le preguntaban si quería algo de tapa… “es que somos pobres?”, y decidí cambiar esta vez así que, ante la mirada estupefacta de la chica le dije
- Mejor me miras algo de cinco estrellas, y si es gran lujo mejor, en el centro obviamente.
- Ah.. bueno.. tenemos este, pero son cuatrocientos euros por noche
- Ok, me lo quedo.
Bien. La cosa empezaba distinta a las otras tres visitas en Paris. Buena señal, me había decidido a separar por fin la imagen de París de los síntomas del desamor o la nostalgia. Al final cambié la habitación del hotel de superlujo enfrente del Louvre por una suite en otro, algo más modesto pero con más encanto en el “quartier latin” (vaya, el barrio latino).
Con esto del barrio latino no puedo evitar hacer uno de mis paréntesis acostumbrados. Es curioso como el termino “latino” se está asociando a lo sudamericano. A mi me pasó una cosa curiosa cuando dije que era latino y alguien me dijo.. no hombre, tu eres español. De hecho al hablar del barrio latino de Paris te hace pensar que será el barrio donde viven los latinoamericanos como si Francia no fuese un país latino desde siempre.
El hotel (Victoria Palace) fue un acierto. No se si lo que más me gustó fue su lujo muy tradicional (nada moderno) o el hecho de que la camarera del hotel te hiciera la cama con el típico uniforme de criada francesa con su correspondiente cofia y escote prominente. El primer día pidió permiso para entrar aún estando yo en la habitación. Sinceramente, incluso me sentó mal, pero mi francés estaba tan oxidado que me fue más fácil decir “oui” (we.. para parecer más parisino) que explicarle que en mi país esperan a que no estés para arreglarte la habitación.
Una vez más comprobé el poco sentido que tiene la vena nacionalista y lo que me hubiese perdido de hacerle caso. Porque, la verdad es que la escena de la camarera haciendo la cama y ofreciendo a mi vista aquel espectáculo, repetida tres veces en cuatro días, me resultaba sospechosamente conocida. Puede que fuera de mis fantasías más íntimas o directamente de alguna peli porno.
Y una vez más, paseé por París. Creo que para mí será imposible visitar Paris alguna vez y no recordar los momentos que me hicieron ir allá pero en esta ocasión intenté no recrearme en el dolor y los recuerdos y centrarme simplemente en pasear y pedir un café en alguna terraza (nade de “café au lait”, esa expresión que hace que los camareros te miren con una sonrisa y digan… “espagnol, n’est pas?”). Como en anteriores ocasiones, no visité los sitios típicos, no subí a la torre Eiffel (ingeniero francés famoso por diseñar la cubierta de la lonja de pescado en Sevilla) y, aunque visité el Louvre fue una visita relámpago donde constaté que sigo sin sufrir el síndrome de Sthendall.
A cambio, tampoco me deje engullir por la autentica moda que constituye una visita a los “escenarios reales” del “Código Davinci”. Aunque no me apetece unirme a la moda intelectual de criticar el best-seller (allá quien no entienda que es una novela policíaca, lo mismo que Caballo de Troya es una novela de ciencia ficción) da un poco de grima ver a un grupo organizado atendiendo sin perder palabra a un guía que en español comentaba.. “..y por esa ventana es por donde se deslizaba en la novela…”.
Al tercer día de los cuatro que estuve, aproveché que estaba cerca del hotel para refrescarme después de comer y bajé a la cafetería a pedir mi capuchino (creo que probé todas las variedades para no decir “café au lait”). Me encontraba como casi siempre, ensimismado, mirando por los ventanales de la cafetería cuando, de pronto una voz femenina.
- Monsieur, s’il vous plait… pourrez vous….
- Perdona, Argentina ?
- Ah.. no.. Chilena.. y vos ?
Objetivo cumplido. Creo que a partir de ahora asociaré a París con una especie de olor dulce. El olor de la ilusión, o tal vez, simplemente, el olor de la pasión.
Y, por supuesto, con la imagen del escote de la camarera francesa mientras hacía la cama.
PD: Muchos la conocereis pero para quien quiera recordar o descubrir le recomiento seguir este enlace
Comentario:
permiteme recomendarme para tu proxima crisis roma. en las manchas de las paredes de sus edificios podrias dejar tambien las tuyas.
en breve dejare la ciudad que en la que rei, llore, me enamore con mucha gente distta en estos dos años. pero sobre todo dejo la ciudad en la que mas acompañado me senti al pasear sin nadie al lado, y es que desde cada piedra te sigue la historia de miles de años de personas por sus calles que acompañan las tuyas.
saluti da roma.
en breve dejare la ciudad que en la que rei, llore, me enamore con mucha gente distta en estos dos años. pero sobre todo dejo la ciudad en la que mas acompañado me senti al pasear sin nadie al lado, y es que desde cada piedra te sigue la historia de miles de años de personas por sus calles que acompañan las tuyas.
saluti da roma.
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Pasaré un rato muy largo mirándola.
Siento el frío en mi nariz, humedad en la mirada, pies calidos, pero me falta el sabor del café.
Voy a preparármelo y regreso a mi paseo............
interno
Siento el frío en mi nariz, humedad en la mirada, pies calidos, pero me falta el sabor del café.
Voy a preparármelo y regreso a mi paseo............
interno
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estoy siempre dispuesto a buscar una excusita para ir, a pesar de resultarme imposible la reconciliación con sus habitantes. quizás a la próxima.
salud,
salud,
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puedes pedir "café creme"
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No sé si es que París es un lugar común del mortal turista accidental, o es que realmente sus efluvios envenenan. Yo estuve sólo día y medio en París... y la ciudad se me untó en el pericardio. Imagínate.
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yo nunca estube en paris...pero con esa imagen dan ganas de perderse entre sus calles...
un beso.
un beso.
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Vaya, has logrado algo que todavía yo no he conseguido: disociar París con el dolor.
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Me gusta cómo escribes y describes, siempre fijándote en las cosas que no saltan a la común vista, pero sabiendo darnos una idea de lo evidente y una impresión de lo más tuyo, de lo más personal...
El París de mis sueños tiene mucho que ver con tu relato, es de las ciudades que me vienen primero a la cabeza cuando pienso en una escapada... de mí misma... y nunca he estado allí, he tenido oportunidades de ir, pero ahora me da miedo no encontrar lo que se supone que he puesto en esa fantasía... de no encontrarme con "mi" déja vu ...
También me gusta "perderme" en las ciudades que visito, me parece que no he estado si no lo hago, no me gustan las fotos oficiales y los lugares obligatorios, siempre he sacado muchísimo más en mis descubrimientos particulares y en la mezcla con los habitantes, además de anécdotas muy interesantes...
La foto... impresionante... agradezco profundamente esa imágen, soy muy aficionada a las fotos nocturnas, como buena nightology que soy..
El París de mis sueños tiene mucho que ver con tu relato, es de las ciudades que me vienen primero a la cabeza cuando pienso en una escapada... de mí misma... y nunca he estado allí, he tenido oportunidades de ir, pero ahora me da miedo no encontrar lo que se supone que he puesto en esa fantasía... de no encontrarme con "mi" déja vu ...
También me gusta "perderme" en las ciudades que visito, me parece que no he estado si no lo hago, no me gustan las fotos oficiales y los lugares obligatorios, siempre he sacado muchísimo más en mis descubrimientos particulares y en la mezcla con los habitantes, además de anécdotas muy interesantes...
La foto... impresionante... agradezco profundamente esa imágen, soy muy aficionada a las fotos nocturnas, como buena nightology que soy..
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Vaya, no nos encontramos... ¿o sí?
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...siempre te quedará "Paguí"....
1beso
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Todo sumanente bello, sobretodo el desenlace...y claro, el cambio de asociación, magnífico.
Besos
Besos
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qué bien se vagabundea por ciudades extrañas, n'est pas?
un beso,
lacheshirecat
un beso,
lacheshirecat
Comentario:
Eres muy bueno tio, yo voy a paris el dia 1 de junio y ahora estoy superimpaciente.
Un Abrazo,
Un Abrazo,
Comentario:
Joer Tito, ¡¡la foto del enlace es preciosa!! Yo he estado en París una vez, un día por trabajo. Vi todo pero no vi nada, vamos que vi la Torre Eiffel, el Louvre, Notre Damme...pero todo por fuera, no me dió tiempo a visitarlo con calma, pero la ciudad me enamoró, y aunque yo tenía mis dudas, realmente me pareció tan romántica como dice la gente. Tengo muchas ganas de volver y poder visitarlo todo, esta vez sí, con más tiempo.
Comentario:
llevo un año diciendo que tengo ganas de ir a paris, los mismos de que mi hermano no me habla, porque el tiene casa e iba alli de gorrona.
Siempre he asociado paris con encontrar el afecto, mi hermano y familia vivia ahi, y una de mis amigas de la argentina se habia afincado tambien. Cuando emigre a Madrid, y me sentia sola me iba a Paris a que me mimaran todos una temporada. Por un tiempo, sobre todo hasta que comence a conocer gente aqui, conocia más paris que madrid, viajaba un finde si un finde no.
Me encanta paris, y despues de leerte me han dado aun mas ganas de ir.
Un saludo
Siempre he asociado paris con encontrar el afecto, mi hermano y familia vivia ahi, y una de mis amigas de la argentina se habia afincado tambien. Cuando emigre a Madrid, y me sentia sola me iba a Paris a que me mimaran todos una temporada. Por un tiempo, sobre todo hasta que comence a conocer gente aqui, conocia más paris que madrid, viajaba un finde si un finde no.
Me encanta paris, y despues de leerte me han dado aun mas ganas de ir.
Un saludo
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Me parece precioso el escenario, me parece preciosa la narración, me parece precioso el desenlace. Un beso.
Comentario:
Yo no lo conozco pero las vistas del enlaces son maravillosas, te dan ganas de perderte por esas calles. Me alegro que esta visita te haya servido para recordar paris de otra manera. lola
Comentario:
Conozco bien París y sé lo que es pasear sin rumbo y llegar al hotel con los pies desechos. Ahora, no tengo ni idea de cómo debe ser que una camarera con cofia y escote te haga la cama... Me alegro que en esta última visita además de París recuerdes también a Chile.





