En brazos de la mujer madura (o de su hija).
Alguna vez he escrito que me siempre me han gustado las mujeres maduras. En realidad diré que, en cuanto a la edad de las mujeres puedo decir que soy constante. Vaya que me gustan de la misma edad que cuando tenia quince años.
Como todo crío adolescente (hormonas con patas) yo tuve mis fantasías con mujeres mayores pero, me da la impresión de que lo mío era algo más. Me apasionaban las mujeres que entonces eran maduritas (y con cuya edad hoy serian coetáneas o incluso jovencitas). Películas como “Verano del 42”, o la famosa escena de “el graduado” con Ms. Robinson o una menos conocida “Class” con una increíble Jacquelin Bisset, formaban parte de mi fantasía erótica particular.
Pero aparte de esas fantasías más lejanas también tuve alguna fantasía más cercana (aunque no por eso más realizable) con alguna vecina, y, en especial con la madre de un amigo mío. En honor a la canción “La madre de mi amigo josé” de “el canto del loco” le llamaré a este amigo igual: José. Pues bien, José fue durante un periodo de mi adolescencia primera uno de mis mejores amigos. Después el tiempo, las amistades y otras cosas largas de explicar hizo que nos distanciáramos.
La familia de José era curiosa. El padre era pintor y un tanto extraño aunque con un humor surrealista genial. Aparte de su padre José tenía dos hermanas. Una, un año menor que yo, que por aquel entonces no era más que una cría guapa y que luego paso a ser una mujer de bandera. La otra era tres años mayor que yo. Por aquel entonces era una barbaridad (sólo hay que ver la diferencia entre un crío de 15 o 16 y una mujer de 18 o 19) y después estaba su madre. Su madre era la típica madre de toda la vida. Muy “Maruja”. Nada sofisticada vistiendo. Aún así nos volvía locos a todos (y a mi particularmente). Era una mujer guapísima, muy joven para tener una hija de 19 años y sobre todo, increíblemente exuberante. Por hacer un símil y aunque soy bastante malo para encontrar parecidos podría decir que me recordaba a Estefanía Sandrelli en “la llave secreta” (joder, que cinéfilo me esta quedando el post). La madre de José fue la protagonista absoluta de innumerables sesiones de onanismo (ya sabéis.. yo solo… y mi mecanismo).
Un día sucedió algo curioso… en esa casa la puerta estaba abierta siempre y no sé muy bien la razón pero tenían picaporte de entrada en la puerta de la calle con lo cual si no habían cerrado con llave se pasaba sin llamar. Tal era la confianza que teníamos en esa casa que los amigos solíamos entrar sin llamar (incluso atracar el frigorífico con total descaro). Un día, sucedió una cosa digna de cualquier relato erótico. Pasé sin llamar y me encontré en la habitación a la hermana mayor de José y a la hermana mayor poniéndose la ropa. La hermana se ponía una camiseta mientras y la madre tenía una combinación. Lamentablemente no se trataba de un relato erótico así que, en vez de tirarme a la madre y a la hija repetidamente y en todas las posturas conocidas, me limite a salir corriendo con una especie de mezcla de vergüenza y calentura. Nunca jamás comentamos nada de lo que había sucedido aunque era evidente que ellas me habían visto delante suyo mirándolas descaradamente.
He de decir aquí que sin duda la madre era una mujer deseada por todos los amigos pero pudiera ser que la hermana lo fuera mucho más. Era como la madre pero con diecinueve años. Aunque era muy guapa, al igual que la madre lo más llamativo sin duda eran sus pechos. Y algo más. Le encantaba jugar con nosotros y provocarnos. Aun recuerdo una tarde-noche en el banco en el que solíamos pasar las noches de verano cuando le dio por sentarse encima y abrazarme poniendo su pecho justo a la altura de mi boca. Creo que le gustaba ponernos caliente ya fe mía que lo conseguía.
Sin embargo a mi, como decía, la mujer que me quitaba el sueño y me calentaba con solo imaginarla era más la madre que la hermana. Estoy seguro que ella se daba cuenta de todo porque yo no podía evitar mirar el escote o directamente el culo en cuanto se ponía a tiro. De todas formas, a mi siempre me traro como lo que era: un crío.
Pasado el tiempo, con quien tuve un “affaire” que no paso de un rollito de una noche de feria fue curiosamente con la hermana pequeña que, por aquel entonces, no era tan pequeña y que, para hacer honor a la familia, se convirtió en una mujerona impresionante.
El caso es que, como ya escribí en otro post, más de una vez me decían que mis gusto por las mujeres mayores era algo típico de la edad y que, cuando me hiciera mayor me gustarían las jovencitas. No ha sucedido. No voy a decir que me gusten las mujeres de veinte o treinta años más que yo pero tampoco me atraen particularmente las niñas de veinte. Digamos que me siguen gustando de la misma edad sólo que ahora esa edad es la mía.
Este fin de semana ha sucedido algo curioso. Uno de esos sucesos que a muchos les hacen pensar en el destino y a mi únicamente en las casualidades felices. El viernes salí con unos amigos y en un bar de copas me llamó la atención una mujer. La verdad es que, para que negarlo, la chica llamó la atención de todos los que estábamos allí. A mi de pronto me recordó a alguien pero, como me suele pasar, no terminaba de concretar a quien. Ella estaba con más gente en lo que parecía una reunión de empresa. En varias ocasiones nuestras miradas se cruzaron. Estuve apunto de decirle “tu cara me suena, nos conocemos de algo?” pero, como ya he dicho alguna vez, odio la cara de gilipollas de los tíos cuando nos da por ligar y esa frase es tan arquetípica que, incluso este caso donde era real, preferí evitarla. El caso es que ya había conseguido quitar mis ojos y mi mente de aquellas curvas cuando alguien me toca en el hombro. Es la mujer en cuestión que me dice… “perdona, nos conocemos?”. Con sólo decir eso, y aunque se notaba en la voz que la copa que tenía en la mano no era la primera, me dio una pista.
- Eres de Sevilla?
- Si, y tu?
- Tambien, de Triana
- Vaya, yo también
- Un momento…. Tito?
- Si.. como sabes mi nombre…
- No sabes quien soy?
Pues si, era la hermana mayor de mi amigo José. Con algún kilo de más pero, como siempre que la recuerdo, extremadamente sexual (no sensual, no. Sexual). Después de darme miles de achuchones como si yo fuera aquel chiquillo tímido de dieciséis años me contó toda su vida, su pareja, su separación. Que trabajaba como comercial de una empresa y que estaba el fin de semana para una especie de congreso-convivencia con los comerciales de toda España. Fue precisamente hablando de eso cuando se me ocurrió comentarle el hecho de que tenía a todos sus compañeros cardiacos y muertos de deseo cuando ella me dijo…
- Tito, ya sabes que yo soy así. Me gusta provocar.
- Ya, pero alguno de esto se va a morir de un infarto.
- Bueno, tu tambien me mirabas
- Si, pero, te lo creas o no, porque me recordabas a alguien.. y ya ves.. tenía razón
- Vaya que desilusión… osea que a ti no te estaba calentando?
- Chiquilla.. es muy difícil que tu no calientes a un hombre
Un día un amigo me comentó que le gustaban las reuniones de antiguos alumnos de su instituto porque se encontraba con aquellas niñas con las que tonteó hace tanto tiempo pero ahora ni ella eran niñas ni el un pardillo y normalmente terminaba follando. Yo creo que esta es una de las razones por las que muchos hombres intentan reencontrar a sus novias de adolescencia.
El caso es que yo este fin de semana cumplí (repetidamente.. y quien se pique que como ajos…) una fantasía de adolescencia. Cuantas veces imagine el sabor de aquellos pechos que por fin probé más de veinte años después.
Aunque eso si, el subscosciente siempre tiene guardado algo y debe ser por eso, por el hecho de que cumplir con una fantasía no anula el deseo de cumplir con la mayor que, mientras la hermana de mi amigo me abrazaba en la cama y rozaba mi cuerpo con esos grandes pechos que tanto deseé, sudando y aún alterados, después de un esfuerzo físico tan agradable como considerable no se me ocurrió otra cosa que decir:
- Oye.. y tu madre, que tal está?
PD: Después de la preguntita y mientras ella me miraba un tanto alucinada por mi ocurrencia recordé una frase que decía precisamente su padre: “Quien nace lechón, muere en el charco”.
Como todo crío adolescente (hormonas con patas) yo tuve mis fantasías con mujeres mayores pero, me da la impresión de que lo mío era algo más. Me apasionaban las mujeres que entonces eran maduritas (y con cuya edad hoy serian coetáneas o incluso jovencitas). Películas como “Verano del 42”, o la famosa escena de “el graduado” con Ms. Robinson o una menos conocida “Class” con una increíble Jacquelin Bisset, formaban parte de mi fantasía erótica particular.
Pero aparte de esas fantasías más lejanas también tuve alguna fantasía más cercana (aunque no por eso más realizable) con alguna vecina, y, en especial con la madre de un amigo mío. En honor a la canción “La madre de mi amigo josé” de “el canto del loco” le llamaré a este amigo igual: José. Pues bien, José fue durante un periodo de mi adolescencia primera uno de mis mejores amigos. Después el tiempo, las amistades y otras cosas largas de explicar hizo que nos distanciáramos.
La familia de José era curiosa. El padre era pintor y un tanto extraño aunque con un humor surrealista genial. Aparte de su padre José tenía dos hermanas. Una, un año menor que yo, que por aquel entonces no era más que una cría guapa y que luego paso a ser una mujer de bandera. La otra era tres años mayor que yo. Por aquel entonces era una barbaridad (sólo hay que ver la diferencia entre un crío de 15 o 16 y una mujer de 18 o 19) y después estaba su madre. Su madre era la típica madre de toda la vida. Muy “Maruja”. Nada sofisticada vistiendo. Aún así nos volvía locos a todos (y a mi particularmente). Era una mujer guapísima, muy joven para tener una hija de 19 años y sobre todo, increíblemente exuberante. Por hacer un símil y aunque soy bastante malo para encontrar parecidos podría decir que me recordaba a Estefanía Sandrelli en “la llave secreta” (joder, que cinéfilo me esta quedando el post). La madre de José fue la protagonista absoluta de innumerables sesiones de onanismo (ya sabéis.. yo solo… y mi mecanismo).
Un día sucedió algo curioso… en esa casa la puerta estaba abierta siempre y no sé muy bien la razón pero tenían picaporte de entrada en la puerta de la calle con lo cual si no habían cerrado con llave se pasaba sin llamar. Tal era la confianza que teníamos en esa casa que los amigos solíamos entrar sin llamar (incluso atracar el frigorífico con total descaro). Un día, sucedió una cosa digna de cualquier relato erótico. Pasé sin llamar y me encontré en la habitación a la hermana mayor de José y a la hermana mayor poniéndose la ropa. La hermana se ponía una camiseta mientras y la madre tenía una combinación. Lamentablemente no se trataba de un relato erótico así que, en vez de tirarme a la madre y a la hija repetidamente y en todas las posturas conocidas, me limite a salir corriendo con una especie de mezcla de vergüenza y calentura. Nunca jamás comentamos nada de lo que había sucedido aunque era evidente que ellas me habían visto delante suyo mirándolas descaradamente.
He de decir aquí que sin duda la madre era una mujer deseada por todos los amigos pero pudiera ser que la hermana lo fuera mucho más. Era como la madre pero con diecinueve años. Aunque era muy guapa, al igual que la madre lo más llamativo sin duda eran sus pechos. Y algo más. Le encantaba jugar con nosotros y provocarnos. Aun recuerdo una tarde-noche en el banco en el que solíamos pasar las noches de verano cuando le dio por sentarse encima y abrazarme poniendo su pecho justo a la altura de mi boca. Creo que le gustaba ponernos caliente ya fe mía que lo conseguía.
Sin embargo a mi, como decía, la mujer que me quitaba el sueño y me calentaba con solo imaginarla era más la madre que la hermana. Estoy seguro que ella se daba cuenta de todo porque yo no podía evitar mirar el escote o directamente el culo en cuanto se ponía a tiro. De todas formas, a mi siempre me traro como lo que era: un crío.
Pasado el tiempo, con quien tuve un “affaire” que no paso de un rollito de una noche de feria fue curiosamente con la hermana pequeña que, por aquel entonces, no era tan pequeña y que, para hacer honor a la familia, se convirtió en una mujerona impresionante.
El caso es que, como ya escribí en otro post, más de una vez me decían que mis gusto por las mujeres mayores era algo típico de la edad y que, cuando me hiciera mayor me gustarían las jovencitas. No ha sucedido. No voy a decir que me gusten las mujeres de veinte o treinta años más que yo pero tampoco me atraen particularmente las niñas de veinte. Digamos que me siguen gustando de la misma edad sólo que ahora esa edad es la mía.
Este fin de semana ha sucedido algo curioso. Uno de esos sucesos que a muchos les hacen pensar en el destino y a mi únicamente en las casualidades felices. El viernes salí con unos amigos y en un bar de copas me llamó la atención una mujer. La verdad es que, para que negarlo, la chica llamó la atención de todos los que estábamos allí. A mi de pronto me recordó a alguien pero, como me suele pasar, no terminaba de concretar a quien. Ella estaba con más gente en lo que parecía una reunión de empresa. En varias ocasiones nuestras miradas se cruzaron. Estuve apunto de decirle “tu cara me suena, nos conocemos de algo?” pero, como ya he dicho alguna vez, odio la cara de gilipollas de los tíos cuando nos da por ligar y esa frase es tan arquetípica que, incluso este caso donde era real, preferí evitarla. El caso es que ya había conseguido quitar mis ojos y mi mente de aquellas curvas cuando alguien me toca en el hombro. Es la mujer en cuestión que me dice… “perdona, nos conocemos?”. Con sólo decir eso, y aunque se notaba en la voz que la copa que tenía en la mano no era la primera, me dio una pista.
- Eres de Sevilla?
- Si, y tu?
- Tambien, de Triana
- Vaya, yo también
- Un momento…. Tito?
- Si.. como sabes mi nombre…
- No sabes quien soy?
Pues si, era la hermana mayor de mi amigo José. Con algún kilo de más pero, como siempre que la recuerdo, extremadamente sexual (no sensual, no. Sexual). Después de darme miles de achuchones como si yo fuera aquel chiquillo tímido de dieciséis años me contó toda su vida, su pareja, su separación. Que trabajaba como comercial de una empresa y que estaba el fin de semana para una especie de congreso-convivencia con los comerciales de toda España. Fue precisamente hablando de eso cuando se me ocurrió comentarle el hecho de que tenía a todos sus compañeros cardiacos y muertos de deseo cuando ella me dijo…
- Tito, ya sabes que yo soy así. Me gusta provocar.
- Ya, pero alguno de esto se va a morir de un infarto.
- Bueno, tu tambien me mirabas
- Si, pero, te lo creas o no, porque me recordabas a alguien.. y ya ves.. tenía razón
- Vaya que desilusión… osea que a ti no te estaba calentando?
- Chiquilla.. es muy difícil que tu no calientes a un hombre
Un día un amigo me comentó que le gustaban las reuniones de antiguos alumnos de su instituto porque se encontraba con aquellas niñas con las que tonteó hace tanto tiempo pero ahora ni ella eran niñas ni el un pardillo y normalmente terminaba follando. Yo creo que esta es una de las razones por las que muchos hombres intentan reencontrar a sus novias de adolescencia.
El caso es que yo este fin de semana cumplí (repetidamente.. y quien se pique que como ajos…) una fantasía de adolescencia. Cuantas veces imagine el sabor de aquellos pechos que por fin probé más de veinte años después.
Aunque eso si, el subscosciente siempre tiene guardado algo y debe ser por eso, por el hecho de que cumplir con una fantasía no anula el deseo de cumplir con la mayor que, mientras la hermana de mi amigo me abrazaba en la cama y rozaba mi cuerpo con esos grandes pechos que tanto deseé, sudando y aún alterados, después de un esfuerzo físico tan agradable como considerable no se me ocurrió otra cosa que decir:
- Oye.. y tu madre, que tal está?
PD: Después de la preguntita y mientras ella me miraba un tanto alucinada por mi ocurrencia recordé una frase que decía precisamente su padre: “Quien nace lechón, muere en el charco”.
Comentario:
jjjjj que buena historia me ha gustado pero la frase del final se lleva la palma
"quien nace lechón, muere en el charco"
"quien nace lechón, muere en el charco"
Comentario:
Eres el que más gente del pasado se reencuentra, y además creo que en sitios diferentes a los que correspondía en su tiempo
Comentario:
Esto no se hace hombre… a estas horas en esta oficina gris, es que me cuentas estas cosas y claro… cualquiera se pone con normativas y memorias.
Comentario:
Cuando era jovencita a mi me gustaban los hombres que tenían más o menos treinta años, y con el paso del tiempo me siguen gustando precisamente los ahora jóvenes para mi, que tienen más o menos treinta años, porque yo ya voy siendo mayor que ellos. Y me da rabia, jolín, que a mi me gustan los hombres mayores que yo.
Comentario:
Invocando a los muertos?
Comentario:
...Bueno, pues no sé qué decirte...
¿A falta de pan buenas son tortas?
Hijo, te falta sólo la madre... bueno, y el padre... y tu amigo...
Cochinote, esas cosas no se cuennnn!!! (acabas de perder uan poin)
¿A falta de pan buenas son tortas?
Hijo, te falta sólo la madre... bueno, y el padre... y tu amigo...
Cochinote, esas cosas no se cuennnn!!! (acabas de perder uan poin)





