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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Carcoma en mis recuerdos
Lamentablemente apenas conocí a mi abuelo. En realidad a ninguno de mis abuelos y abuelas. Pero al que me refiero falleció cuando yo tenía pocos años. Es una pena porque por lo poco que he ido sabiendo de él era una persona un tanto peculiar que seguro que merecería ser conocida a fondo.

Solo me quedan mis recuerdos de un señor mayor, con pelo blanco y siempre vestido de traje y con sombrero, que saludaba a todo aquel con el que se cruzaba de forma muy educada y de sus plantas de caramelos. Porque, ante mi asombro de pocos años, mi abuelo tenía unas macetas con plantas que daban caramelos de menta (“pictolines”). Cuando me decía que no tenía caramelos yo siempre le decía.. “mira bien que a lo mejor hay alguno debajo de alguna hoja”. Yo nunca los vi en las plantas pero es innegable que allí estaban.

Por retazos y cosas que me han contado después también me queda algún recuerdo de una personalidad curiosa y a veces enigmática. Siendo “Rico de pueblo” y habitual compañero de tertulia y de partida de las fuerzas vivas del pueblo (cura, alcalde, médico y capitán de la guardia civil) tenía también amigos entre los “rojos”. Después de la guerra, siendo juez de paz del pueblo y gracias a sus amistades en Madrid con gente del movimiento salvó a bastantes vecinos de la carcel o de algo peor y, para completar el enigma, años después de ser enterrado, apareció entre sus pertenencias un carné de la CGT (Confederación General de Trabajadores) del año 35. Ni mis padres ni mis tíos tenían la más remota idea de cómo y porqué tenía ese carné.

Fue una persona mal dada para los negocios. Dos veces se enriqueció y dos veces se arruinó. Era un auténtico “dandy”. Por poner sólo un ejemplo de varias anécdotas al respecto mi madre me contó como pasó cuatro meses en un hospital en Madrid y como hizo que mi abuela le comprara una camisa blanca cada día de esos meses para “estar presentable”. Jamás salía a la calle si no tenía un traje perfecto con la raya de los pantalones marcada, una camisa impoluta y , por supuesto, su corbata, reloj de bolsillo y sombrero. En definitiva era un hombre de finales del siglo XIX en pleno siglo XX.

Tampoco nadie sabía a ciencia cierta de donde o porqué conocía a determinadas personas importantes y/o conocidas como banqueros, políticos o escritores y pintores siendo como fue casi siempre un hombre de pueblo. Jamás hablaba de ello ni presumía pero hay cosas muy curiosas como, por ejemplo, el hecho de que, incluso después de fallecer, todos los años recibía un regalo valioso (relojes de oro, plumas, litografías) de parte del presidente (ya fallecido también) de uno de los mayores bancos de España. Junto con el regalo siempre la misma tarjeta “Para mi querido compañero y amigo tito”. Lo de tito es porque me llamo igual que él (aunque no por él, es otra historia).

El hecho de estos conocimientos y la curiosa discreción que siempre tuvo sobre estos temas me hizo elucubrar durante una época que a lo mejor era un masón o algo parecido pero vaya usted a saber. Según mis tíos pudiera ser perfectamente de los días de farra de cuando su padre lo envío a Madrid a estudiar. Nunca terminó ninguna carrera pero, por lo poco que le oyeron contar, debió conocer bastante bien el “Madrid la nuit” de los años veinte. El hecho de que conociera a esta gente en situaciones “poco decorosas” explicaría también tanto oscurantismo.

Pero de mi abuelo tengo una pertenencia única y exclusiva. Siendo un crio, sentado en su regazo me contó una historia que se me grabó en la mente. Era la historia de un hombre y un árbol que nacieron a la vez. El padre del protagonista de esta historia sembró (no plantó no, lo sembró) un árbol cuando el niño nació. Para ser exacto sembró una bellota de roble. No era época de siembra y le dijeron que no germinaría pero lo hizo. Este niño nació con el árbol y desde siempre se identificó con él y lo hizo suyo. Lo cuidaba y a su sombra se hizo un hombre. Pasó mucho tiempo y aquel niño tuvo familia pero siempre tenía un tiempo para su árbol. En un momento dado el niño tuvo que mudarse muy lejos y tuvo que abandonar el árbol que iba a ser destruido ya que, el nuevo propietario iba a construir en el corral. Cuando yo le pregunté a mi abuelo que hizo con el árbol el me dijo sonriendo. “El niño-hombre lo cortó con sus propias manos e hizo construir un mueble con él. Una mecedora. Así estaría siempre cerca de él”.

Inmediatamente baje la mirada a la mecedora de mi abuelo. Esa mecedora en la que nadie jamás podía sentarse ya que estaba reservada para él y le pregunte.. ¿Abuelo, eres tu ese hombre?, ¿Es esta esa mecedora?. Él sonrió y no me dijo nada.

El caso es que a los años de fallecer mi abuelo mi tía que fue la que heredo aquel piso se fue al pueblo y vendió o tiró casi todos los muebles viejos pero yo, que era aún adolescente, insistí en que quería esa mecedora. La he guardado durante todos estos años y la tengo en mi casa de campo. Nunca supe si la historia es real o no. Por una parte mi padre recuerda perfectamente varios árboles en el corral de la casa, por otra parte nunca les dijo ni a él ni a mis tíos nada sobre algún árbol especial. Tampoco recuerdan si esa mecedora la tenía en el pueblo o donde la compró si es que la compro. Lo cierto es que, según la persona que me la restauró hace unos años, es de roble macizo lo cual no parece que sea muy habitual. Y una vez más no sé si es cierto y se trata una vez más de la extraña discreción de mi abuelo o es una historia inventada.

En cualquier caso, y gracias a esos extraños mecanismos de la nostalgia, para mi esa mecedora es intocable. No aceptaría dinero alguno por ella y constituye el único nexo de unión con una persona con la que, estoy seguro, perdí cientos de conversaciones apasionantes.

Hace unos días fui a darme una vuelta por la casa ya que hace mucho que no iba. Me senté a leer en la mecedora como siempre hago y escuché un ruido que parecía detenerse y volver. Examiné la mecedora y, aterrado, descubrí unos pequeños orificios en una pata. Mi mecedora tiene carcoma. Ahora estoy en una época de muchísimo trabajo y tengo que tomar decisiones bastante importantes. Me fui a mi casa además de para echar un vistazo para relajarme y pensar y desde entonces sólo puedo pensar en la puta carcoma. Ya he puesto solución y he contactado con un taller que me va a revisar la mecedora por si acaso.

Una mecedora que a mi me gusta pensar que está hecha de un roble que mi bisabuelo sembró cuando mi abuelo nació y junto al que mi abuelo creció. Y es que uno, aunque no es particularmente sensiblero ni nostálgico, no puede admitir que la carcoma se coma sus recuerdos.
 
Comentario:
¡duro con la carcoma!

salud,
 
Comentario:
Los recuerdos han de mantenerse vivos, y si la carcoma ataca.... a defenderse tocan!

1beso
 
Comentario:
A veces nos rodean personas con grandes historias detrás jamás contadas, llenas de luces y sombras. siempre nos sorprenden como nosotros sorprenderemos.
 
Comentario:
Creo que para mí los abuelos no han sido nada parecido al estereotipo de abuelo que se conoce. Mi abuela materna murió cuando mi madre era una niña, mi abuelo se volvió a casar con una "señora" que hizo la vida imposible a mi madre y a todos sus hermanos, por lo que puedes imaginar el cariño que le tuvimos los que la sociedad pretendía que fuéramos sus "nietos", ninguno. De lo poco que recuerdo de mi abuelo materno es, que siempre que íbamos a visitarlo lo encontrábamos sentado en su sillón orejero, al que no podíamos acercarnos, ni rozarlo siquiera, para no despertarlo. También recuerdo sus cascos para oír la tele y su sonotone en la oreja (no recuerdo en cual, la verdad). La madrastra malvada no dejó a sus hijos disfrutar de padre, y tampoco dejó a sus nietos disfrutar de abuelo.
Mi abuela paterna murió cuando yo iba a cumplir 9 años, 2 meses antes de recibir mi primera comunión, de ella casi no recuerdo nada, el chocolate que nos daba cuando íbamos a visitarla, el mismo que escondía de mi tío "el goloso", el mismo que cuando murió y levantaron su dormitorio, encontraron entre el colchón y el somier de su cama, escondido para la siguiente visita de sus nietos. Mi abuelo paterno se quedó muy triste con la muerte de su esposa, no volvió a casarse. Se fue a vivir con mi tía, con mis primos.. Ha sido del abuelo que más he podido disfrutar, pero siempre ha sido más el abuelo de mis primos que el mío o de mis hermanos... Hace más de 10 años que murió el último de mis abuelos.
Espero que mis futuros hijos.. Algún día puedan disfrutar más de abuelos de lo que yo lo hice.

Y estén donde estén ahora, su nieta les manda el Beso más grande que se puedan imaginar, el Beso que a lo mejor nunca les había dado...Os quiero.
 
Comentario:
jo otra vez a escribir por esta caca de la imagen de texto que han puesto tan ilegible..jejej
te decia que yo tampoco disfrute de abuelos y por eso quizá me atrae la gente mayor para escuchar sus historias, etc... lo he acortado porque se me fue la inspiracion por culpa de la imagennnnnnn grrrr.

besitos
 
Comentario:
Preciosa esta historia tito. Yo solo conoci bien a una de mis abuelas, pero de lo poco que se de los demas me parecieron siempre personas admirables aunque aun me queda mucho por descubrir de ellos. Quizas la pena de ello es que cuando somos jovenes no tenemos tiempo para oirlos y cuando nos damos cuenta de todo lo que nos perdemos de ellos, ya no estan. No se deberían enseñarnos que conocer tus origenes es conocerte a ti mismo, hoy a mi edad me doy cuenta de todo lo que me aportaron los cuatro y la influencia que junto a mis padres me han hecho crecer como persona. Felicidades por este retrato de tu abuelo, sin duda es un personaje digno de conocer.
 
Comentario:
Yo estaba muy unida a mi abuelo hasta que murió cuando yo tenía doce años. Lo seguía a todas partes y siempre me quedaba embelesada cuando me contaba sus historias. Si hizo ricos en dos ocasiones como el tuyo y también lo perdió todo en esas mismas ocasiones. Siempre creí que era un hombre de derechas pero justo cuando murió descubrí que no, que su ideología no tenía nada que ver con aquello que yo creía. Tengo muchos recuerdos de él, los más importantes todo el tiempo que pasé junto a él, que no fue poco. Y si algo sé es que él me protege cuando voy al volante de un coche, nunca lo vi conducir, pero sabía que al volante de un vehículo no tenía igual, no en vano se dedicó toda su vida al mundo de los coches y los motores. Recuerdo el día que me examinaba del carnet de conducir, nunca hubiera imaginado aprobar a la primera. En las clases de conducir cada día iba peor, sin embargo el día de antes del éxamen le pedía a mi abuelo que me ayudara. Y te puedo asegurar que aquel día cogí el volante del coche y no cometí ni un solo fallo. Y desde entonces coger un volante para mi es algo que me da paz, tranquilidad, seguridad, sé que lo tengo a mi lado.
No