Deudas
Hay dos personas sobre las que quisiera escribir un post pero nunca lo hago porque creo que un post es demasiado poco. Este post más que sobre esas personas es sobre el hecho de que me siento en deuda. Yo escribo este blog para mi (aunque soy consciente y agradezco que haya otras personas que me lean) y el hecho de llevar unos meses escribiendo y ni siquiera haberlos nombrados me produce desazón (otra bonita palabra que jamás se utilizará en un sms).
Una es Santiago. Santiago se llama así: Santiago. Es a la única persona de la que hablo en el blog a la que no le cambiaré el nombre. En parte porque creo que es la persona más auténtica que conozco y me apetece mantenerle el nombre. La otra, simplemente porque nadie lo conoce por ese nombre. Es una de esas anécdotas que sucedían hace mucho tiempo en los pueblos. Todo el mundo lo conoce por el nombre de su padre hasta el punto de que, él mismo, se enteró de su verdadero nombre siendo adolescente y casi por casualidad. El caso es que yo soy de las pocas personas que lo llama por su nombre real (La otra que yo sepa es su mujer y sólo cuando se enfada con él). A Santiago lo conocí por su coche. Un día saliendo de una clase que deba en una universidad privada me encontré en el parking el coche que siempre me gustó (ya hablé de él) y al poco apareció un señor mayor. Le comenté varias cosas sobre el coche y me dijo: “Menos mal que aún hay alguien que aprecia las cosas bonitas y bien hechas”. Él, doctor en medicina ya jubilado, era profesor emérito en la universidad. Yo daba clases para un curso de postgrado y las semanas que coincidimos descubrimos algunas aficiones comunes aparte del coche: el café, el sarcasmo (es de las pocas personas que me gana en eso) y la curiosidad por cualquier conocimiento. Durante esas semanas, lo mejor del curso era la hora que disfrutábamos en una cafetería cercana hablando sobre cualquier cosa.
Más adelante cumpliré con mi deuda y hablaré en algunos post sobre Santiago porque me es absolutamente imposible siquiera resumir una idea general sobre él. Para mí es la persona más increíble que me he encontrado en mi vida. Ahora mismo, y desde hace unos meses, está en un hospital luchando entre la vida y la muerte y creo que esta última va a ganar. Con su increíble genio de viejo cascarrabias (como él mismo se define en una de sus geniales frases: “Si soy un viejo cascarrabias pero no siempre fui así, hace años fui un joven cascarrabias”) hace tiempo me dijo delante de su mujer: “Eres la única persona de menos de cincuenta años que no considero un imbécil”. La mujer me dijo no hace mucho: “sabes?, te mintió… creo que eres el único al que no considera un imbécil de menos de cincuenta y de más de cincuenta”. Como adelanto de su forma de ser simplemente comentaré otra anécdota. Un día me dijo: “mi mujer me engaño y nunca he terminado de perdonárselo del todo. Yo pensaba que era la típica mujer guapa y tonta y al final resulto guapa y lista”. Me reí mucho cuando me dijo eso. Después entendí, con sorpresa primero y con evidente lógica después, que era absolutamente cierto. Su mujer (antigua alumna suya) se hizo la tonta para casarse con él.
La otra deuda es más difícil de cumplir pero igual de injusta. En el caso de Santiago el problema es que se trata de una persona tan increíble que las veces que me da por escribir sobre él nunca sé como resumirlo en uno de mis largos post. Pero esto no es así en el caso de “la otra”. En este caso es que simplemente me cuesta mucho explicarlo y no sé que enfoque dar. La razón de que me cueste explicarlo es seguramente porque yo mismo hay veces que no me lo explico.
La otra es una mujer a la que conocí hace unos ocho años y que asumió el papel de mi amante no correspondida. O mejor dicho, mi amante platónica. Se que determinadas personas (ahora tengo en mente una concreta) jamás entenderán este concepto pero existe. Cuando yo la conocí estaba en pareja y, no hace falta abundar más, una pareja casi perfecta. Y entonces llego ella y se enamoró de mí. Yo no se puede decir que me enamorara de ella pero era (y es) imposible no quererla. Es la mujer que probablemente más me ha querido o que más me quiere y sin embargo es la mujer con la que me siento peor porque creo que he sido injusto con ella. La Otra es una mujer de otro país, sumamente inteligente, preparada (abogada), de éxito (en los negocios) y de una familia conocida y muy poderosa en su país. Es una mujer bellísima y con un cuerpo espectacular y con una mirada dulce.
En definitiva, es una mujer sobre la que si se cuenta exactamente la verdad nadie te cree. De hecho no le he hablado de ella a nadie, ni siquiera a mis amigos íntimos. Nos conocimos por una extraña casualidad tan tonta como que ella envío un mail a alguien y se equivocó al escribirlo y me llego a una cuenta mía. Le contesté y primero por mail y luego por Chat fuimos conociéndonos. Es una mujer a la que he querido, por la que he sentido cariño, que me ha excitado pero con la que (y es el gran misterio de mi vida) nunca me he planteado una relación “seria”. Desde que nos conocimos le he sido absolutamente sincero y eso ella lo valora mucho. Acostumbrada a ser el centro de atención en cualquier ámbito (profesional, familiar, amigos, hombres en general…) asumió su papel de secundaría de forma tan abnegada y honesta que me hizo sentir mal. Es una mujer que habla de mi como “mi gran amor que no me hace caso”.
Suele decirme que esta segura que en otra vida será mi pareja y mientras lo dice sonríe. Mientras tanto, hombres de todo tipo se derriten por ella. Aún mientras escribo esto me parece tan surrealista como es en realidad. No hace mucho estuvo en Madrid. Ahora no hay impedimentos en cuanto a parejas. Incluso hicimos por primera vez algo que deseábamos desde hace mucho (adivinad) pero sucedió algo realmente extraño. Ni ella, que conoce toda mi vida, me pidió nada ni yo le ofrecí nada. Simplemente estuvimos unos días juntos (en realidad casi horas porque me pilló en un pico de trabajo) y se fue. Y sólo al final se abrazó a mí y lloró.
Todo el mundo sabe que en una relación siempre hay uno que da más que el otro. En muchas hay una persona que se porta bien y otra no. Yo tengo la conciencia de que en todas las relaciones que he tenido me he portado bien y no creo haber sido injusto o haber causado daño exceptuando este caso. Tiene que ser ella la que, encima, me convenza de que no es así y que soy el hombre de su vida.
En fin, no espero compresión porque yo mismo no lo entiendo pero al menos creo que cumplo con una pequeñísima parte de una deuda gigante que tengo con esta mujer.
Seguramente escribiré alguna vez sobre estas dos personas tan importantes para mi pero de momento sólo quería decir que estoy en deuda. Y tener deudas, y más si son de este tipo, es como tener cualquier adicción: el primer paso es reconocerlo.
Una es Santiago. Santiago se llama así: Santiago. Es a la única persona de la que hablo en el blog a la que no le cambiaré el nombre. En parte porque creo que es la persona más auténtica que conozco y me apetece mantenerle el nombre. La otra, simplemente porque nadie lo conoce por ese nombre. Es una de esas anécdotas que sucedían hace mucho tiempo en los pueblos. Todo el mundo lo conoce por el nombre de su padre hasta el punto de que, él mismo, se enteró de su verdadero nombre siendo adolescente y casi por casualidad. El caso es que yo soy de las pocas personas que lo llama por su nombre real (La otra que yo sepa es su mujer y sólo cuando se enfada con él). A Santiago lo conocí por su coche. Un día saliendo de una clase que deba en una universidad privada me encontré en el parking el coche que siempre me gustó (ya hablé de él) y al poco apareció un señor mayor. Le comenté varias cosas sobre el coche y me dijo: “Menos mal que aún hay alguien que aprecia las cosas bonitas y bien hechas”. Él, doctor en medicina ya jubilado, era profesor emérito en la universidad. Yo daba clases para un curso de postgrado y las semanas que coincidimos descubrimos algunas aficiones comunes aparte del coche: el café, el sarcasmo (es de las pocas personas que me gana en eso) y la curiosidad por cualquier conocimiento. Durante esas semanas, lo mejor del curso era la hora que disfrutábamos en una cafetería cercana hablando sobre cualquier cosa.
Más adelante cumpliré con mi deuda y hablaré en algunos post sobre Santiago porque me es absolutamente imposible siquiera resumir una idea general sobre él. Para mí es la persona más increíble que me he encontrado en mi vida. Ahora mismo, y desde hace unos meses, está en un hospital luchando entre la vida y la muerte y creo que esta última va a ganar. Con su increíble genio de viejo cascarrabias (como él mismo se define en una de sus geniales frases: “Si soy un viejo cascarrabias pero no siempre fui así, hace años fui un joven cascarrabias”) hace tiempo me dijo delante de su mujer: “Eres la única persona de menos de cincuenta años que no considero un imbécil”. La mujer me dijo no hace mucho: “sabes?, te mintió… creo que eres el único al que no considera un imbécil de menos de cincuenta y de más de cincuenta”. Como adelanto de su forma de ser simplemente comentaré otra anécdota. Un día me dijo: “mi mujer me engaño y nunca he terminado de perdonárselo del todo. Yo pensaba que era la típica mujer guapa y tonta y al final resulto guapa y lista”. Me reí mucho cuando me dijo eso. Después entendí, con sorpresa primero y con evidente lógica después, que era absolutamente cierto. Su mujer (antigua alumna suya) se hizo la tonta para casarse con él.
La otra deuda es más difícil de cumplir pero igual de injusta. En el caso de Santiago el problema es que se trata de una persona tan increíble que las veces que me da por escribir sobre él nunca sé como resumirlo en uno de mis largos post. Pero esto no es así en el caso de “la otra”. En este caso es que simplemente me cuesta mucho explicarlo y no sé que enfoque dar. La razón de que me cueste explicarlo es seguramente porque yo mismo hay veces que no me lo explico.
La otra es una mujer a la que conocí hace unos ocho años y que asumió el papel de mi amante no correspondida. O mejor dicho, mi amante platónica. Se que determinadas personas (ahora tengo en mente una concreta) jamás entenderán este concepto pero existe. Cuando yo la conocí estaba en pareja y, no hace falta abundar más, una pareja casi perfecta. Y entonces llego ella y se enamoró de mí. Yo no se puede decir que me enamorara de ella pero era (y es) imposible no quererla. Es la mujer que probablemente más me ha querido o que más me quiere y sin embargo es la mujer con la que me siento peor porque creo que he sido injusto con ella. La Otra es una mujer de otro país, sumamente inteligente, preparada (abogada), de éxito (en los negocios) y de una familia conocida y muy poderosa en su país. Es una mujer bellísima y con un cuerpo espectacular y con una mirada dulce.
En definitiva, es una mujer sobre la que si se cuenta exactamente la verdad nadie te cree. De hecho no le he hablado de ella a nadie, ni siquiera a mis amigos íntimos. Nos conocimos por una extraña casualidad tan tonta como que ella envío un mail a alguien y se equivocó al escribirlo y me llego a una cuenta mía. Le contesté y primero por mail y luego por Chat fuimos conociéndonos. Es una mujer a la que he querido, por la que he sentido cariño, que me ha excitado pero con la que (y es el gran misterio de mi vida) nunca me he planteado una relación “seria”. Desde que nos conocimos le he sido absolutamente sincero y eso ella lo valora mucho. Acostumbrada a ser el centro de atención en cualquier ámbito (profesional, familiar, amigos, hombres en general…) asumió su papel de secundaría de forma tan abnegada y honesta que me hizo sentir mal. Es una mujer que habla de mi como “mi gran amor que no me hace caso”.
Suele decirme que esta segura que en otra vida será mi pareja y mientras lo dice sonríe. Mientras tanto, hombres de todo tipo se derriten por ella. Aún mientras escribo esto me parece tan surrealista como es en realidad. No hace mucho estuvo en Madrid. Ahora no hay impedimentos en cuanto a parejas. Incluso hicimos por primera vez algo que deseábamos desde hace mucho (adivinad) pero sucedió algo realmente extraño. Ni ella, que conoce toda mi vida, me pidió nada ni yo le ofrecí nada. Simplemente estuvimos unos días juntos (en realidad casi horas porque me pilló en un pico de trabajo) y se fue. Y sólo al final se abrazó a mí y lloró.
Todo el mundo sabe que en una relación siempre hay uno que da más que el otro. En muchas hay una persona que se porta bien y otra no. Yo tengo la conciencia de que en todas las relaciones que he tenido me he portado bien y no creo haber sido injusto o haber causado daño exceptuando este caso. Tiene que ser ella la que, encima, me convenza de que no es así y que soy el hombre de su vida.
En fin, no espero compresión porque yo mismo no lo entiendo pero al menos creo que cumplo con una pequeñísima parte de una deuda gigante que tengo con esta mujer.
Seguramente escribiré alguna vez sobre estas dos personas tan importantes para mi pero de momento sólo quería decir que estoy en deuda. Y tener deudas, y más si son de este tipo, es como tener cualquier adicción: el primer paso es reconocerlo.
Comentario:
Todos, cada uno de nosotros, debemos algo muy especial a alguien, pero que pocos lo reconocemos abiertamente... y como bien dices, ese es el primer paso para pagar nuestras deudas.
Me ha gustado este post (y la muerte siempre gana la joía, aunque a veces se lo pongamos difícil, siento lo de tu amigo).
Besos de una maia
Me ha gustado este post (y la muerte siempre gana la joía, aunque a veces se lo pongamos difícil, siento lo de tu amigo).
Besos de una maia
Comentario:
Siento lo de tu amigo, de verdad que tiene que ser muy doloroso.
Y lo de esa chica, aunque tú lo veas como un desencuentro yo me lo plantearía (y muy en serio): ¡anda que iba yo a desperdiciar a un tío espectacular, inteligente, rico, famoso, poderoso, profesional y locamente enamorado de mí! Yo, con un tío así, me caso, que cojones, el roce ya hará el cariño (¿tiene la muchacha un hermano?)
Y lo de esa chica, aunque tú lo veas como un desencuentro yo me lo plantearía (y muy en serio): ¡anda que iba yo a desperdiciar a un tío espectacular, inteligente, rico, famoso, poderoso, profesional y locamente enamorado de mí! Yo, con un tío así, me caso, que cojones, el roce ya hará el cariño (¿tiene la muchacha un hermano?)
Comentario:
El amor es raro. Siempre es útil si uno sabe aprovecharlo, sea correspondido o no. Escribirías sobre ella sin consultar su opinión sobre el tema? (pregunta retórica, o más bien me pongo en tu lugar y su lugar)
Me gustaría conocer tu mirada sobre Santiago, a él no le molestará que escribas historias (seguramente te hará un guiño y una risa desde donde sea que esté: internado, sano o habiendo cruzado la línea)
Me gustaría conocer tu mirada sobre Santiago, a él no le molestará que escribas historias (seguramente te hará un guiño y una risa desde donde sea que esté: internado, sano o habiendo cruzado la línea)
Comentario:
Ciertamente, sólo tú, puedes entender la existencia y magnitud de esa deuda.
"mi amante platónica", me ha gustado este concepto...a ver, " mi amante platónico...", si, me encanta!
Besos
"mi amante platónica", me ha gustado este concepto...a ver, " mi amante platónico...", si, me encanta!
Besos
Comentario:
A veces me pierdo....¿qué les debes??? ¿más amor??? Alguien muy especial para mi me dijo una vez que la vida le hizo descubrir que si había algo que alguien necesitaba y él lo tenía era una pérdida de tiempo no dárselo. No creo que te hayas guardado nada que tuvieras con ellos, no creo que debas nada entonces, pero sólo tú sabrás por qué la deuda, no podemos sentir las cosas igual que los demás, pero sí dar aquello que sentimos. Un beso (ves estos dos últimos post son como los del principio).





