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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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¿El verano de mi vida?
Me gusta la publicidad. Ya lo he dicho más de una vez. Y porque me gusta aprecio y admiro cuando un anuncio consigue que todos nos identifiquemos con lo que cuenta. Últimamente me ha llamado la atención el anuncio que habla del verano de tu vida y ponen ejemplos de situaciones con las que, tal vez porque al final todos somos muy parecidos, te identificas rápidamente.

Iba pensando en esto y una vez más la casualidad se alió con la nostalgia, o al menos con el recuerdo y de pronto vino a mi la vivencia de un determinado verano. Por cuestión de trabajo, conducía por unas carreteras secundarias manchegas y la radio cambiaba constantemente de emisora. De pronto, en una de estas emisoras de “música de siempre” sonó una canción de hace muchos años. Ni siquiera tengo claro que la canción fuese de la época de la que yo la recuerdo. Estoy casi seguro que es muy anterior pero para mí siempre estará asociada a un verano, de acampada, en San Nicolás del Puerto. No sé si será el verano de mi vida, y de hecho cinco minutos antes, y sin la ayuda de la canción, seguramente ni me hubiese acordado, pero fue un buen verano.

La historia es simple y mil veces repetida pero para mi es un momento especial. Unos amigos nos fuimos de acampada (osea de juerga). Entre los que fuimos, había una chiquilla que a mi me encantaba. Era una niña rubita, de piel muy blanca y que siempre vestía con vestidos vaporosos y de encaje. La verdad es que a veces parecía que iba vestida de primera comunión. Era guapísima pero a mi me gustaba por su dulzura. Su tono de voz era calmado y cuando te hablaba parecía que te estaba acariciando el oído.

Por aquel entonces yo tenía un problema añadido a mi natural timidez (si, soy tímido) y tenía nombre propio: Alex. Alex era un amigo, por aquella época, íntimo. De hecho era un tío estupendo pero tenía un pequeño “problema”. Era una especie de imán para todas las mujeres. Un amigo común dijo una vez “no sé que tiene Alex pero si lo embotellamos nos hacemos ricos”. Alex era básicamente un chaval muy guapo y con un cuerpo increíble y ligaba sin pretenderlo. No sé si habéis visto alguna vez una serie que echan en Canal Plus que se llama “el séquito”. Pues bien, Alex era idéntico al protagonista (de hecho es que hasta las expresiones son iguales). También por curiosidad os diré que Alex era el hermano menor y el hijo de las protagonistas del post “en brazos de la mujer madura”.

El caso es que Alex, aparte de un tío estupendo era un grave problema para nuestras pretensiones de liberar hormonas. Si íbamos a una fiesta ocho amigos y conocíamos a ocho chicas normalmente sucedía que las ocho se “enamoraban” de Alex y los demás nos quedábamos a dos velas.

Tan asumido lo teníamos que, cuando nos fuimos de camping y con la sola presencia de Alex todos pensábamos que teníamos poco que hacer con las chicas. Para colmo, Alex había comentado alguna vez que le ponía mucho la rubita. Yo sabía que si le decía a Alex que me gustaba a mí el se retiraría pero eso me parecía patético. Así pues, aquella chica rubita con cara de Angel se me hacía una conquista imposible.

La semana en el camping discurrió como por aquel entonces discurría nuestras acampadas. Mucho alcohol, muchos porros, mucha juerga, poca comida y anécdotas diarias que posteriormente se convirtieron en clásicos de la pandilla y que aún se recuerdan cuando nos juntamos para bodas, bautizos y primeras comuniones varias. Yo decidí que prefería pasármelo bien a sufrir así que durante la semana apenas le hice caso a la chica en cuestión que, por otra parte, tampoco es que me hablase mucho. La chica la conocíamos de hacía poco y la trajo a la pandilla una amiga. Rápidamente ella y yo congeniamos y teníamos una cierta amistada paralela a la de la pandilla pero durante la acampada casi “rompimos relaciones”.

En la última noche, después de la típica juerga alrededor de la hoguera (niños, no hagáis esto nunca en el bosque) y cuando ya prácticamente todo el mundo se había ido a dormir la chica en cuestión se sentó a mi lado en un tronco. Como si no la hubiese visto en toda la semana le pregunté:

- Que tal la acampada?
- Bueno.. bien
- No pareces convencida, ¿no te lo has pasado bien?
- Si, pero si te digo la verdad, no era lo que esperaba.
- Vaya… bueno, ya sabes que somos un poco bestias a veces…
- No, no lo digo por eso, es que sabes?, no me has hecho caso
- ¿Cómo?..
- Si, mira yo no iba a venir pero cuando me dijeron que tu venias me animé y no se porqué pero no me has hablado en toda la semana

No sé si fue el alcohol o más bien la luna llena pero el caso es que me confesé abiertamente. Y le dije toda la verdad. Que me gustaba (con quince o dieciséis años lo del enamoramiento suena muy fuerte), que yo creía que a ella le gustaba Alex (ahora suena a lo que era, cosas de crios), que preferí no sufrir, etc..

Cuando terminé de hablar, sonrió, me cogió de la mano y nos fuimos a su tienda (no si antes echar a su pobre amiga que salió zombi para buscar algún sitio donde dormir). El resto de la noche lo recordaré toda mi vida. A pesar de las hormonas de la adolescencia, más que excitación sexual (que también) había cariño en nuestros besos. Nos comimos enteros durante esas horas y, seguramente por vergüenza y para que los demás no nos oyeran, ella cogió una cinta y la puso en el radiocassete Sanyo (por aquel entonces “san-yo”) que tenía en la tienda.

La primera canción que sonó la recuerdo perfectamente y era la que hizo que recordará todo esto: “La quiero a morir”. Aún hoy, cuando la escuché, inmediatamente me vinieron las sensaciones de la “atmósfera anaranjada” y del calor dentro de la tienda, de la suavidad de su piel de chiquilla y de la indescriptible sensación de placer, ternura y alegría al tenerla entre mis brazos.

Seguramente no fue el verano de mi vida, pero, repito, no estuvo mal.


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Comentario:
Ah, miroslav, gracias por aclararme la antigüedad del tema. Yo hablaba del verano del 86 (que también ha llovido, eh?).
Que conste que, ahora que hablo portugués "pelos cotovelos"(=por los codos), me he dado cuenta de que, en España, no tenemos ni idea de lo bonitos que son algunos temas de "Grrroberchu Carlus", ya clásicos en Brasil. Tiene letras maravillosas, al nivel de nuestro Serrat. Pero esas canciones nunca se tradujeron (por suerte!).
 
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Tito... eso es lo deprimente del asunto. Yo, urbana 100% (y a la última en música, todo hay que decirlo, gracias a mis escapadas a una disco de Los Remedios, que seguro que te suena), tuve que ligar por primera vez en mi vida en un pueblo de la Sierra, al ritmo de esa música del año catapún, jajajaja... Pero, qué quieres?, las ganas de bailar "agarrao" eran más fuertes que las de vomitar... jajajajaja...
 
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No siempre triunfan los guapos, también existe el encanto personal de los no tan guapos...
 
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....Precioso, tierno...e intenso...como tus primeros post.

Un besito, Rous
 
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Me ha encantado la nostalgia que desprende este post...

Pero lo que más gracia me ha hecho es el comentario de TitoBeno justificando su juventud!!

Te has dado donde más te duele, eh??!! jejeje

Besitos
 
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ays....
(equivale a un suspiro laaaaaaargo y melancólico)
 
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Lara,

Esa canción se me hace que era más de mis hermansa mayores que de mi época... jaja. y yo que me creía un carca.

Miroslaw,

Siguiendo con lo mismo, esa misma queja tenían mi hermanas conmigo. Siempre decían.. aja.. al niño si le dejas ir de acampada tan jovencito y a nosostras no.. En este caso no se si tiene que ver con la epoca o con el machismo y si, soy de BUP, y ni siquiera de los primeros.. es que yo soy un chavalin... :-)
 
Comentario:
Sigues con la ternuera a la que nos tenías acostumbrados.... me encanta.
 
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:O
yo también llevo toda la semana pensando en mi mejor verano cuando veo la publicidad.

sr. tito que tenga usted un bonito puente.. cuiedese si sale en la carretera :)
 
Comentario:
Creo que todos, alguna vez tuvimos una experiencia similar, que lindo recordar esos momentos y como se sentía el corazón, eufórico, ingrávido…..mmmm, aún ahora, al recordar. Gracias por recordármelos. Me voy a dormir, ojalá sueñe con aquello.

zzzzzzzzzzzz........
 
Comentario:
Jo, quince o dieciseis años y os ibais los chiquillos y chiquillas juntos de acampada, y pasabas la noche entera con una rubita preciosa comiéndoos mutuamente. Yo hube de esperar algo más; tampoco tanto, pero en esas edades (la de las hormonas bullentes) un año o dos son plazos eternos. Supongo que entre nosotros está la brecha generacional: calculo que serás de los primeros del BUP, mientras que yo de los últimos del Bachillerato.

Por cierto, la canción es de un francés (Francis Cabrel) y me da que su único exito en España; creo recordar que sonó hacia 1979 o 1980. Por tanto, en ese verano tuyo no podía ser muy rancia. Este post me ha recordado (obviamente) un verano adolescente en un pueblo de Asturias; la niña se llamaba Fátima y la más repetida de banda sonora era El gato triste y azul de Roberto Carlos; sólo que, a diferencia de Lara Jones, en mi caso la canción entonces no era rancia. A veces me descubro viejo.
 
Comentario:
Recuerdo vagamente la playa fluvial de San Nicolás del Puerto... Sobre la banda sonora del post... qué decir? si a mí me cayó en suerte dar mis primeros arrumacos al ritmo de una canción (ya entonces rancia) de Roberto Carlos:

El gato que esta triste y azul
nunca se olvida que fuiste mia
más siempre será en mi mirar
lágrima clara de primavera.

La letra no tiene perdón, pero ese gato dio mucho juego...
 
Comentario:
Otros besitos y un abracito.
 
Comentario:
estas nostálgico, un besito.
No