Retrato de mujer con cubo
A pesar de estar lejos podía apreciar el cuidado, esmero y delicadeza con que sus manos ajadas –digo yo, porque hasta ahí no llega mi vista- arreglaban el ramo de flores. Nunca he entendido el lenguaje de las flores (yo y mis problemas con los idiomas). Las flores amarillas no se que significan pero los gestos y el cuidado de esta mujer mayor colocando las flores en un recipiente encima de la lápida denotaban más que cariño, un amor profundo.
Me dio por imaginar. Teniendo en cuenta la avanzada edad de la señora supuse que se trataba de su marido fallecido. Y ya puestos, me puse a pensar que a lo mejor se trataba, como en el caso de mis abuelos, de matrimonios concertados que había devenido en amor. “El roce hace el cariño” dice el refrán y era la excusa que, supongo, se pondrían los hombres y mujeres de hace un siglo para aceptar lo que sus padres decidían, en muchos casos, siendo unos crios.
También me dio por pensar que la costumbre de asistir al cementerio para “honrar” a los muertos es una más de las que se están perdiendo. Dentro de mi albúm de fotos mentales de mi infancia siempre hay una de cuando era muy pequeño y me llevaban el día de todos los santos al cementerio de San Fernando. Curiosamente nunca me impresionó el cementerio siendo niño y lo veía un sitio divertido incluso. A pesar de la fecha de invierno mi recuerdo es de un día luminoso y soleado (por otra parte habitual en Sevilla) y los juegos por los “pasillos” de lápidas con mis primos. Imagino que entre que cada vez nos importa menos y somos más egoístas en general y también al hecho de que se han generalizado las cremaciones, la costumbre de visitar el cementerio está destinada a morir (curiosa broma).
Pero en este caso no se trataba de una visita de cortesía o por aparentar. Al menos así quise yo creerlo. En el cementerio no había nadie que la viera y ella, de rodillas, no parecía que estuviese cumpliendo con un deber obligado sino más bien con una visita a un ser querido. Mi vista (excelente por otra parte) no daba para tanto pero incluso me dio la impresión de que la mujer hablaba mientras limpiaba el polvo con un trapo. Tal vez le estaba contando como había ido la semana, novedades sobre sus hijos y nietos o cualquier chisme del vecindario.
En estas estaba yo cuando vino a interrumpirme la persona con la que había quedado. No pude por menos que sonreír mentalmente cuando recordé la conversación que tuvimos el día anterior cuando quedábamos para asistir a una instalación en un pueblo manchego.
- Quedamos en la cafetería que hay nada más entrar en el pueblo. No tiene perdida, enfrente del cementerio.
- Vaya, un sitio muy alegre.
- Si, y animado, si llego tarde siempre puedes dar una vuelta.
Después de un café, cuando salíamos para coger el coche, observé a la mujer que salía del cementerio con su cubo de plástico. La dificultad evidente para andar me hizo pensar en el mérito añadido que tenía. Pensé en ofrecerme a llevarla a su casa en el coche pero la timidez y la verguenza (ridícula verguenza) de que la persona con la que había quedado me viera en esa tesitura me hizo desistir.
No quería hacerlo pero no pude evitar pensar en que a ella no le faltaba demasiado para hacer compañía a quien, con tanto amor, cuidaba su lápida. ¿Alguien se preocuparía de cuidar la suya?. Cualquier sabe.
Dos días despues sigo dándole vueltas a porque no me ofrecí a llevarla.
Me dio por imaginar. Teniendo en cuenta la avanzada edad de la señora supuse que se trataba de su marido fallecido. Y ya puestos, me puse a pensar que a lo mejor se trataba, como en el caso de mis abuelos, de matrimonios concertados que había devenido en amor. “El roce hace el cariño” dice el refrán y era la excusa que, supongo, se pondrían los hombres y mujeres de hace un siglo para aceptar lo que sus padres decidían, en muchos casos, siendo unos crios.
También me dio por pensar que la costumbre de asistir al cementerio para “honrar” a los muertos es una más de las que se están perdiendo. Dentro de mi albúm de fotos mentales de mi infancia siempre hay una de cuando era muy pequeño y me llevaban el día de todos los santos al cementerio de San Fernando. Curiosamente nunca me impresionó el cementerio siendo niño y lo veía un sitio divertido incluso. A pesar de la fecha de invierno mi recuerdo es de un día luminoso y soleado (por otra parte habitual en Sevilla) y los juegos por los “pasillos” de lápidas con mis primos. Imagino que entre que cada vez nos importa menos y somos más egoístas en general y también al hecho de que se han generalizado las cremaciones, la costumbre de visitar el cementerio está destinada a morir (curiosa broma).
Pero en este caso no se trataba de una visita de cortesía o por aparentar. Al menos así quise yo creerlo. En el cementerio no había nadie que la viera y ella, de rodillas, no parecía que estuviese cumpliendo con un deber obligado sino más bien con una visita a un ser querido. Mi vista (excelente por otra parte) no daba para tanto pero incluso me dio la impresión de que la mujer hablaba mientras limpiaba el polvo con un trapo. Tal vez le estaba contando como había ido la semana, novedades sobre sus hijos y nietos o cualquier chisme del vecindario.
En estas estaba yo cuando vino a interrumpirme la persona con la que había quedado. No pude por menos que sonreír mentalmente cuando recordé la conversación que tuvimos el día anterior cuando quedábamos para asistir a una instalación en un pueblo manchego.
- Quedamos en la cafetería que hay nada más entrar en el pueblo. No tiene perdida, enfrente del cementerio.
- Vaya, un sitio muy alegre.
- Si, y animado, si llego tarde siempre puedes dar una vuelta.
Después de un café, cuando salíamos para coger el coche, observé a la mujer que salía del cementerio con su cubo de plástico. La dificultad evidente para andar me hizo pensar en el mérito añadido que tenía. Pensé en ofrecerme a llevarla a su casa en el coche pero la timidez y la verguenza (ridícula verguenza) de que la persona con la que había quedado me viera en esa tesitura me hizo desistir.
No quería hacerlo pero no pude evitar pensar en que a ella no le faltaba demasiado para hacer compañía a quien, con tanto amor, cuidaba su lápida. ¿Alguien se preocuparía de cuidar la suya?. Cualquier sabe.
Dos días despues sigo dándole vueltas a porque no me ofrecí a llevarla.
Comentario:
toc, toc, toc
Comentario:
Siempre he considerado las visitas en los cementerios como una de las más sinceras, porque las hacen sin testigos, sin la intención de agradar a quien ya no está. Esas visitas nacen y se hacen con el corazón.
El no ofrecerte llevar a la señora, son el tipo de cosas que suelo hacer, sólo por no sentir algún rechazo, o por efecto de la timidez. Lo malo es que siempre me arrepiento más de lo que no hice.
Me ha transmitido mucha sensibilidad en tu post.
El no ofrecerte llevar a la señora, son el tipo de cosas que suelo hacer, sólo por no sentir algún rechazo, o por efecto de la timidez. Lo malo es que siempre me arrepiento más de lo que no hice.
Me ha transmitido mucha sensibilidad en tu post.
Comentario:
La próxima vez solo tienes que dejarte llevar por tu primera intención, evidentemente con ella no habrá próxima vez pero nunca dejes de dejarte llevar por tus impulsos...de esos que tuviste con ella son los mejores que tendrás nunca, no vuelvas a desaprovecharlo.
Comentario:
Imagino que eres de ciudad grande?
A los de la ciudad nos han educado para ir por la vida sin ver, para no entrometernos en la vida de los demás, para el "qué más da". Creo que de ahí ese pudor inherente a hacer cosas que nuestro corazón considera lógicas.
Quizá la viejecita muy prágmática te hubiera dicho que no gracias, que iba a la vuelta de la esquina aunque tuviera por delante kilómetros. A algunos los educaron para aguantar, para hacer lo que se debe, para no molestar.
Besos y gracias por tu visita.
A los de la ciudad nos han educado para ir por la vida sin ver, para no entrometernos en la vida de los demás, para el "qué más da". Creo que de ahí ese pudor inherente a hacer cosas que nuestro corazón considera lógicas.
Quizá la viejecita muy prágmática te hubiera dicho que no gracias, que iba a la vuelta de la esquina aunque tuviera por delante kilómetros. A algunos los educaron para aguantar, para hacer lo que se debe, para no molestar.
Besos y gracias por tu visita.
Comentario:
Hiciste bien...
Al menos yo opino así.
Me gusta visitar a mis seres queridos en sus tumbas... suelo hacerlo cuando se que no va a haber nadie... son momentos llenos de complicidades, muy intimos, ... privadisimos... el silencio se llena de tantas cosas!!!!
Hiciste bien... si alguien se ofreciese a llevarme de vuelta, se lo agradecería pero no aceptaría...
Es como ir a una cita importantisima, con alguien muy muy amado...no me molesten a la ida, ni tampoco a la vuelta por favor... son momentos mágicos, intensos... mios, nuestros...
¡¡¡no molesten por favor!!!
Bueno, es mi opinión...
Asi que por mi, hiciste bien...
Al menos yo opino así.
Me gusta visitar a mis seres queridos en sus tumbas... suelo hacerlo cuando se que no va a haber nadie... son momentos llenos de complicidades, muy intimos, ... privadisimos... el silencio se llena de tantas cosas!!!!
Hiciste bien... si alguien se ofreciese a llevarme de vuelta, se lo agradecería pero no aceptaría...
Es como ir a una cita importantisima, con alguien muy muy amado...no me molesten a la ida, ni tampoco a la vuelta por favor... son momentos mágicos, intensos... mios, nuestros...
¡¡¡no molesten por favor!!!
Bueno, es mi opinión...
Asi que por mi, hiciste bien...
Comentario:
Yo creo que eso nos pasa a mucha gente.
Tener una buena intención, intentar ayudar a alguien y quedarnos quietos sin hacerlo.
El sentimiento de después es peor que cualquier otro tipo de vergüenza.
Tener una buena intención, intentar ayudar a alguien y quedarnos quietos sin hacerlo.
El sentimiento de después es peor que cualquier otro tipo de vergüenza.
Comentario:
Creo q las rosas amarillas simbolizan amistad, el resto no estoy segura
Al menos tuviste el pensamiento d llevarla, es dificil dar el paso d acercarse cuando estamos habituados a no mirar a la gente
Un beso
Al menos tuviste el pensamiento d llevarla, es dificil dar el paso d acercarse cuando estamos habituados a no mirar a la gente
Un beso
Comentario:
las flores amarillas significan desprecio.. pero a mi me encantan los girasoles..
curioso
un saludo
curioso
un saludo
Comentario:
Me ha encantado tu relato.
Besos miles desde mi azotea.
condió
Besos miles desde mi azotea.
condió
Comentario:
Se me ocurren un ciento de motivos, además de tu supuesta timidez, que justifican tu actitud al evitar un acercamiento a una ancianita adorable... pero todos son muy cobardes y egoistas.
Eso sí, la mayoría de la gente no se plantea siquiera la posibilidad de ayudar a una desconocida que han visto en un cementerio, no se preguntan por qué no lo han hecho y mucho menos siguen pensando en ello días después...
Aunque el resultado sea el mismo, imagino que tener buenas intenciones siempre es mejor (aunque no sé qué opinará la ancianita al respecto...)
Besos.
Eso sí, la mayoría de la gente no se plantea siquiera la posibilidad de ayudar a una desconocida que han visto en un cementerio, no se preguntan por qué no lo han hecho y mucho menos siguen pensando en ello días después...
Aunque el resultado sea el mismo, imagino que tener buenas intenciones siempre es mejor (aunque no sé qué opinará la ancianita al respecto...)
Besos.
Comentario:
Se me ocurren un ciento de motivos, además de tu supuesta timidez, que justifican tu actitud al evitar un acercamiento a una ancianita adorable... pero todos son muy cobardes y egoistas.
Eso sí, la mayoría de la gente no se plantea siquiera la posibilidad de ayudar a una desconocida que han visto en un cementerio, no se preguntan por qué no lo han hecho y mucho menos siguen pensando en ello días después...
Aunque el resultado sea el mismo, imagino que tener buenas intenciones siempre es mejor (aunque no sé qué opinará la ancianita al respecto...)
Besos.
Eso sí, la mayoría de la gente no se plantea siquiera la posibilidad de ayudar a una desconocida que han visto en un cementerio, no se preguntan por qué no lo han hecho y mucho menos siguen pensando en ello días después...
Aunque el resultado sea el mismo, imagino que tener buenas intenciones siempre es mejor (aunque no sé qué opinará la ancianita al respecto...)
Besos.





