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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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"Yo quiero ser jefe"
Hace poco entrevisté a un chaval recién salido de la carrera de Física.

Un inciso. Algún día haré un post sobre las entrevistas de trabajo que hago. Se podría escribir un libro con ellas. Aparte de anécdotas puntuales, es curioso como han cambiado las tornas en los últimos años.

El caso es que en un momento dado le hice una pregunta bastante rutinaria al chaval en cuestión, que, como ya he dicho, era un recién licenciado sin experiencia alguna. Le pregunté que era lo que le gustaría hacer. Soy de los que piensan que, en general, la gente es mejor en las cosas que le gustan. La respuesta del susodicho supone una clara excepción a la regla. Me contestó sin dudar: "Yo quiero ser jefe". Aunque seguimos unos minutos por cortesía digamos que, para mí, ahí acabó la entrevista.

La cuestión es que no hay nada peor que un tío con vocación de jefe porque sí. Me explico; cuando alguien por promoción, por meritos, o por su función específica en la empresa tiene cualquier tipo de responsabilidad que implica ser “jefe” de otros, la cosa puede ser buena o mala (depende básicamente de cada individuo). Se trata en estos casos de alguien que, dentro de sus funciones, incluye la responsabilidad y el mando sobre otros.

Cuando por el contrario el tipo en cuestión quiere ser jefe por el simple hecho de ser jefe y mandar sobre los demás, la cosa suele acabar en desastre. Porque además, la experiencia me dice que estos personajes (personajillos en la mayoría de los casos) disfrutan con el mando pero nunca aceptan el reverso de la moneda que es la responsabilidad. Alguna vez, cuando he explicado con mucho detalle a alguien que iba a tener la posibilidad de mandar a alguien y acto seguido he hecho hincapié en el hecho de que si el “mandado” comete un error sería su responsabilidad no lo han entendido o simplemente me han pedido renunciar a dicho mando.

No me extraña. Yo odio ser jefe. Excepto en el primer trabajo que tuve, en todos los demás he sido responsable de equipo, jefe de proyecto o algo parecido. Y siempre he odiado la parte de mi trabajo que tiene que ver con el hecho de ser jefe. Tanto es así que cuando alguna vez alguien me presenta como su jefe inmediatamente reacciono y suelo definirme como responsable. Jamás he utilizado el “porque yo lo digo y punto”. De hecho, seguramente uno de mis defectos (como en otros aspectos de mi vida) es gastar demasiado tiempo en explicar mis decisiones. Mi idea es intentar demostrar (seguro que muchas veces de forma infructuosa) que mis decisiones no son arbitrarias.

Tuve un ejemplo curioso e ilustrativo de todo lo que cuento. Hace unos años yo era jefe de un proyecto con unas cuarenta personas a mi cargo. El proyecto lo heredé en unas condiciones lamentables. Puesto que era muy difícil hacer milagros teniendo en cuenta lo que había decidí que uno de los puntos manifiestamente mejorables era el control de coste. En un año se pasó de las cuarentas personas largas asignadas al proyecto a unas quince sin cambios apreciables de productividad. De hecho con mayor productividad.

En este proyecto, junto a chavales de veintipocos años había un tipo mayor que yo (apenas tenía treinta por aquella época). Por cuestiones puramente funcionales, decidí hacer un par de subgrupos y poner a un responsable de cada grupo. Por lógica (creía yo) elegí para uno de esos puestos a este tipo con mayor edad y experiencia. No supe ver en ese momento una señal clara que me había dado en una conversación anterior. Un día me comentó que no entendía porque había reducido el equipo tanto. Me vino a decir que de esta forma yo sería menos jefe y por lo tanto menos importante en la empresa. Algo así como “Cuanta más gente tengas a tu cargo, más eres”.

El caso es que él quedó como encargado de un pequeño grupo. No se trataba de ningún puesto oficial y, de hecho, no implicaba subida de categoría ni sueldo. Se trataba simplemente de tener a un par de personas con mayor experiencia al cargo. El primer detalle fue un mail donde, en la firma, se autonombraba “director de área” y comunicaba al cliente el magno acontecimiento. Al cabo de unos días recibí una visita en el despacho de uno de estos grupos (unas seis personas) al completo. Me pedían que quitara a esta persona o se iban del proyecto. Me enteré entonces de que, aparte de erigirse como jefe absoluto había prohibido que me enviaran cualquier tipo de correo sin pasar por él y que, incluso, había llegado a suspender el tiempo establecido para el desayuno como castigo por algo mal hecho.

Al cabo de un tiempo conseguí zafarme de ese proyecto que nunca me gustó. Me metí en un área mucho más técnica y creativa. Fue el primer paso hacia mi “liberación” de las tareas gerenciales que siempre odié. Los responsables de la empresa decidieron entonces promocionar a este tipo a jefe de proyecto. Al poco alguien me comentó que en tres meses el proyecto pasó de las quince personas a más de cuarenta. Según él eran indispensables para mejorar el servicio al cliente. Al cabo de un año el cliente suspendió el proyecto por baja productividad.

Obviamente, el puesto alcanzado por este tipo no se revirtió de forma que, hoy por hoy, es un gerente de una multinacional de servicios dedicada a la consultoría. El principio de Peter en acción.

Hoy he leído un post de mordandis sobre su jefe y me ha recordado a este tipo.

Dicho lo dicho sobre este tipo de jefes, lo cierto es que la experiencia me dice que, siendo cada persona un mundo y cada situación particular, este tipo de jefes (jefecillos suelo llamarlos yo) creo sinceramente que no son mayoría y cuanto mayor nivel menos hay. Si tuviera que poner en una balanza las cabronadas de los jefes con las de los empleados, estás últimas pesarían mucho más. Sé que no es precisamente una afirmación popular (aquí voy a hacer una excepción :-) ) pero es mi experiencia. Cada cual tendrá la suya. Por eso me jode mucho cuando se generaliza y sobre todo cuando se identifica a los empresarios como jefes. En primer lugar porque normalmente en un altísimo porcentaje de casos no se tratan de jefes o, a lo sumo, de jefes de uno o dos trabajadores y en segundo lugar porque lo habitual es que un empresario no se meta a empresario por el hecho de ser jefe.

Así pues, insisto en que con toda la injusticia que supone cualquier generalización, yo huyo de la gente cuyo objetivo es “ser jefe” y desconfío por norma de los que dicen en genérico que “todos los jefes son unos cabrones”. Sobre todo porque normalmente son esos los que, cuando llegan a jefecillo, joden al personal.
 
Comentario:
¡manda huevos! indisciplinaos eso es lo que sois, unos indisciplinados, hasta la coronilla estoy de jefes y de empleados, al final siempre tengo que ser yo el que limpia el retrete, joder, mecagontó,

y tu vecino, encima echa leña al fuego,

salud,
 
Comentario:
Mi hijo cuando era niño y le preguntaban que quería ser de mayor, decía, -presidente- porque para él eso era el jefe de los jefes. Hoy es un mandao, como casí todos y parece que disfruta mucho siéndolo. Al fin y al cabo eso es lo importante, que seas lo que seas, lo hagas bien y disfrutes siéndolo.
 
Comentario:
joder ahora comprendo cuando en la ultima entrevista dije que quería flexibilidad de horarios, seguro por eso no me llamaron mas.
porque pensaron .. mujer, flexibilidad de horarios, se escaquear seguro.
por dios..
un saludo
 
Comentario:
Fus... sin comentarios... estoy demasiado saturada ya del tema jefe... me he vuelto monotemática... pero siempre es interesante ver el "otro lado", gracias.

1beso
 
Comentario:
Como bien dices, de todo hay que haber en botica. Como empleada que siempre he sido (la única vez que terminé siendo responsable de un grupo, solo aguanté un día). A cada uno nos duele las jugarretas que nos hacen los respectivos (a los empleados, los jefes, porque suele suponer un despido o descuento de sueldo si se te ocurre quejarte y a los jefes, los empleados cabroncetes que también haylos, es más, por simple estadística, hay más empleados que jefes).

Besos de una maia.
 
Comentario:
Yo soy la persona con menos vocación de jefa del mundo. De hecho, he rechazado ser la responsable de mi departamento para seguir siendo un miembro más.
Creo que para ser buen jefe hay que tener ciertas cualidades y yo no las tengo.
He tenido demasiados jefes que no eran buenos jefes y yo no quiero acabar siendo como ellos.
El día que yo considere que estoy preparada para dirigir a un grupo de personas no dudaré en hacerlo, pero mientras yo crea que no lo estoy no tengo ninguna intención de asumir un rol que no me interesa.

Además, ya tengo a mis 2 becarios para que me traigan el café y limen las uñas de los pies... para qué quiero más!!
 
Comentario:
Como en cualquier tipo de relación, en la existente entre jefe y empleado deberán hacerse concesiones para una buena convivencia. Es verdad que con algunas personas es imposible convivir pero lo normal es que se pueda. Desde mi puesto he visto siempre a pocos jefes y a muchos empleados y coincido contigo que los peores son aquellos que aspiran a ser jefecillos, incluso pasando por la cabeza de quien sea. Recuerdo un compañero que intentó pasar por encima de la mia. Ese no sabía con quién se metía. Al final el magistrado de trabajo confirmó que mis decisiones eran sobre todo legales que era de lo único que se trataba, porque mi compañero denunció a la empresa. También recuerdo a otro que quería ser jefecillo a toda costa, a mi costa precisamente, porque no le gustaba que una mujer estuviera por encima de él. Era sobrino del alcalde y aquello era una empresa municipal. Al final de todo su pataleta terminó con un puesto peor del que tenía. Con mis jefes nunca he tenido problemas y puede que sí, distintas formas de ver las cosas, pero cuando tu jefe es el dueño de la empresa, y no un intermediario realmente son ellos los responsables de las decisiones que toman.
No