La metamorfosis (con permiso de Kafka)
Ya era tarde. Cerca de las diez. La fiesta ya llevaba desde la seis y media. Por fin una fiesta. Era la primera desde el año anterior cuando un grupo de fachas se bajó de un autobús fletado por “Fuerza Nueva” y destrozó el ambigú, algunas cabezas y, de paso, la indescriptible sensación de sentirse mayor de cientos de chavales de un instituto. Por eso, al año siguiente, en mi primer curso de instituto, no fue sino hasta después de Navidad que los de tercero de BUP convencieron al jefe de estudios para que les diera permiso para organizar fiestas.
Por entonces, ese año (uno de los más intensos de mi vida) y en los pocos meses de curso que llevaba, ya casi se había completado mi metamorfosis.
A esa edad lo cierto es que los meses parecen años. Seis meses atrás yo era un chaval tímido y seguramente retraído, un chaval con nota media de diez, adelantado por edad dos cursos. Un chaval que, como todos los de mi edad (por aquel entonces) se divertía jugando al fútbol y cuyo gusto musical era prácticamente inexistente. Un chaval que, aunque comenzaba a sentir “cosas extrañas” a la vista de las fotos de las mujeres de los recortes de revistas, seguía viendo a las chicas de mi edad más que nada como un fastidio. Aun recuerdo la sensación de vergüenza (propia y ajena) que sentí en la fiesta de despedida del colegio cuando algún “valiente” decidió salir a bailar en la pista.
Sin embargo, en el medio año que trascurrió desde esa fiesta donde me sentí tan extraño hasta mi primera fiesta del instituto sucedieron tantas cosas que ese chaval de antaño se me hacía irreconocible.
En primer lugar se produjeron una serie de cambios físicos. Sin tener el dato exacto podría decir que en esos meses pasé de medir poco más de 1,70 a superar holgadamente el 1,80. Baste como anécdota el hecho de que algún familiar no me reconoció por la calle. Otra curiosa transformación fue que, de pronto y sin previo aviso, se me rizó el pelo. Tan es así que hubo amigos que tardaron años en creerse que, efectivamente, no me había hecho la permanente.
Pero, siendo espectacular el cambio físico, el verdadero cambio fue de mentalidad y actitud. De pronto, me convertí en un “chico popular” y en una especie de “rebelde sin causa”. Este cambio tuvo consecuencias positivas y negativas. Uno de los efectos secundarios negativos de esta fase fue la costumbre (que nunca más pude evitar) de faltar a clase lo que, unido a un pasotismo considerable, hizo que pasara del sobresaliente perenne en mis notas a suspender ocho de nueve asignaturas en mi primer año de instituto (que afortunadamente recuperé en septiembre). Tal vez el mayor efecto para mi fue la extraña transición de la sensación de ser considerado un empollón o un superdotado a ser tratado como si fuese “cortito”. Fue la época de la tan poco original como, a mi modo de ver, dañina excusa de “inteligente pero vago”.
Quitando estos pequeños estragos, lo cierto es que ese año me lo pase como dios. Es cierto que no iba a clase, pero también es cierto que nunca faltaba al instituto. Simplemente me quedaba en el patio, o en el “ambigú”. Comencé a “juntarme” con chavales casi todos mayores (una constante en mi vida). De pronto, la cassettes de los payasos de la tele dejaban paso a Deep Purple, Pink Floyd, Supertramp, Electric Lighth Orchrestra, Alan Parsons, Triana, Tequila, Burning, Silvio Rodriguez, etc.. Fue el inicio de mis tremendamente eclécticos gustos musicales.
También hubo un cambio radical en la vestimenta. De mi pantaloncito y mi jersey de niño bueno pasé sin solución de continuidad al pantalón de cuero, guardapolvo kaki o gris, cazadora de cuero o azulina con hombreras, camiseta negra o camisa tipo séptimo de caballería con botones a un lado, botas y pañuelo anudado en el tobillo. Eso del pañuelo anudado en el tobillo fue algo que hice por casualidad una vez y me sirvió para descubrir lo fácil que era comenzar una moda. Otra fue colgarme en la solapa un pendiente de mi hermana. Con esto, conseguí adelantarme algunos años a la moda de los “pins”. En definitiva mi aspecto era curiosa mezcla de “mod”, “Rockabilly” y “tecno” que reflejaba en mi vestimenta mis diversos gustos musicales. Afortunadamente (y lo digo por razones obvias) no conservo ninguna foto de entonces.
Ahora los “colegas” habían sustituido a los amigos y rebasaba con cierta frecuencia la frontera del puente de mi barrio para salir “de marcha”. Mis primeros escarceos con el alcohol (curiosamente me resistí bastante al tabaco) y, por fin, mis primeras relaciones con mujeres. Aún no eran relaciones “tete a tete” sino más bien en pandilla. No obstante, ya comenzaba a mirar a las chicas de forma distinta. Y no sólo a las jovencitas. En mis fantasías se colaban a menudo las “mamas” que paseaban a sus críos por el jardín de mi barrio e incluso alguna que otra profe de muy buen ver.
He de decir que yo ya había tenido una pareja. Aunque parezca raro lo cierto es que, antes del cambio, en mi último año de colegio yo me enamoré locamente de una chiquilla. Cosas del destino, esa misma chiquilla y yo tuvimos un par de años más tarde otra oportunidad. En realidad, a esa edad, lo de “pareja” se sustanciaba en poco más que salir del colegio juntos y vernos de vez en cuando. Y, eso sí, en el colmo del frenesí, un único beso en la boca. Dos años más tarde nos desquitamos y nos cobramos intereses de demora.
Ahora, ya pasada esa época, yo buscaba mi primera relación “adulta”. Nada de piquitos. Yo buscaba “enrollarme” con una chica y, por supuesto, besar con lengua (“comerse la boca”). Me intrigaba y me obsesionaba a partes iguales que habría que hacer con la lengua. Es curioso como estas cosas se aprenden sobre la marcha.
Era lo que de verdad me faltaba para cerrar el proceso de metamorfosis.
Entre las chicas que había en la pandilla y que estaba formada en su mayoría por gente del instituto había una chica que se llamaba Marina. Yo ni siquiera soñaba con Marina. Para mi era una chica destinada a uno de “los mayores”. Aunque estaba en mi clase Marina, como suele pasar en esa edad, parecía mayor que casi todos nosotros salvo tal vez Dani que había repetido tres veces. Había dos rasgos que hacían de Marina una mujer de bandera: sus grandes ojos azules y su par de tetas de considerables dimensiones. El resto estaba muy bien pero definitivamente eso sobresalía (en algún caso literalmente) sobre lo demás.
Como decía, a pesar de lo que me excitaba, jamás me planteé nada con Marina. Es cierto que se reía mucho conmigo pero yo estaba convencido de que era una más de las que se reía conmigo pero se enrollaba con otro.
La fiesta estaba terminando. Recuerdo pasármelo tan bien como solo con esa edad te lo puedes pasar. Sin parar de bailar. Afortunadamente, el gimnasio comenzaba a vaciarse un poco y el calor agobiante se iba pasando. Ya al final, casi por casualidad me encontré con Marina. Nos saludamos como si no nos hubiésemos visto en meses y nos sentamos en el suelo contra las espalderas. Llevaba una camisa negra y desde mi posición elevada podía observar su sujetador. No recuerdo que sucedió exactamente, pero antes de que yo mismo me diese cuenta, estábamos sentados en el suelo, rodeados de gente bailando mientras nos besábamos (Y con lengua!!). Ella se levantó sonriendo y me cogió de la mano. Me llevo detrás de la barra donde había una especie de reservado en una sala oscura. Y allí, por primera vez en mi vida saboreé los pechos de una mujer.
Al poco rato me dijo que se tenía que ir. Su hermana que estaba un par de cursos por delante, le esperaba en la puerta. Yo me quedé como flotando en una nube. Por fin era mayor!. La fiesta ya había terminado prácticamente. Me quedé ayudando a la gente que ponía la música que eran amigos nuestros. Mientras empaquetábamos y de paso nos bebíamos todo lo que había quedado en botellas abiertas alguien puso una canción de Burning. (Seducción, del LP “el final de una década). Dios, me sentía un auténtico hombre.
Con Marina sucedió algo muy similar en dos o tres fiestas y en una tarde donde escandalizamos a bastantes madres y padres en el césped del parque de los príncipes. Pero, sin ningún drama, y casi de forma natural, dejamos de vernos. Seguía en mi clase y en la pandilla pero no éramos (nunca lo fuimos como tal) pareja. Lo cierto es que ahora, con cierta perspectiva (muchísima perspectiva diría yo) me doy cuenta de que jamás me enamoré. Fue pura excitación.
Hoy me han dado una tarjeta y en ella un apellido. El apellido de Marina. De pronto, de forma instantánea, he recordado sus dos apellidos. Hay amigos íntimos de los que no conozco sus dos apellidos pero ella estaba en mi clase y hay cosas que no se olvidan. O mejor dicho, hay cosas que se recuerdan.
Me ha dado por buscar sus dos apellidos en Google por pura curiosidad y sin pretensión alguna de encontrarla. He obtenido unas decenas de resultados pero entre los primeros, de pronto he encontrado sus apellidos, su nombre y su dirección en mi ciudad y en mi barrio (muy cerca del instituto curiosamente) en dos páginas. Los dos eran boletines oficiales de mi región. Dos notificaciones de embargo.
Que asco crecer y tener problemas de mayores.
Por entonces, ese año (uno de los más intensos de mi vida) y en los pocos meses de curso que llevaba, ya casi se había completado mi metamorfosis.
A esa edad lo cierto es que los meses parecen años. Seis meses atrás yo era un chaval tímido y seguramente retraído, un chaval con nota media de diez, adelantado por edad dos cursos. Un chaval que, como todos los de mi edad (por aquel entonces) se divertía jugando al fútbol y cuyo gusto musical era prácticamente inexistente. Un chaval que, aunque comenzaba a sentir “cosas extrañas” a la vista de las fotos de las mujeres de los recortes de revistas, seguía viendo a las chicas de mi edad más que nada como un fastidio. Aun recuerdo la sensación de vergüenza (propia y ajena) que sentí en la fiesta de despedida del colegio cuando algún “valiente” decidió salir a bailar en la pista.
Sin embargo, en el medio año que trascurrió desde esa fiesta donde me sentí tan extraño hasta mi primera fiesta del instituto sucedieron tantas cosas que ese chaval de antaño se me hacía irreconocible.
En primer lugar se produjeron una serie de cambios físicos. Sin tener el dato exacto podría decir que en esos meses pasé de medir poco más de 1,70 a superar holgadamente el 1,80. Baste como anécdota el hecho de que algún familiar no me reconoció por la calle. Otra curiosa transformación fue que, de pronto y sin previo aviso, se me rizó el pelo. Tan es así que hubo amigos que tardaron años en creerse que, efectivamente, no me había hecho la permanente.
Pero, siendo espectacular el cambio físico, el verdadero cambio fue de mentalidad y actitud. De pronto, me convertí en un “chico popular” y en una especie de “rebelde sin causa”. Este cambio tuvo consecuencias positivas y negativas. Uno de los efectos secundarios negativos de esta fase fue la costumbre (que nunca más pude evitar) de faltar a clase lo que, unido a un pasotismo considerable, hizo que pasara del sobresaliente perenne en mis notas a suspender ocho de nueve asignaturas en mi primer año de instituto (que afortunadamente recuperé en septiembre). Tal vez el mayor efecto para mi fue la extraña transición de la sensación de ser considerado un empollón o un superdotado a ser tratado como si fuese “cortito”. Fue la época de la tan poco original como, a mi modo de ver, dañina excusa de “inteligente pero vago”.
Quitando estos pequeños estragos, lo cierto es que ese año me lo pase como dios. Es cierto que no iba a clase, pero también es cierto que nunca faltaba al instituto. Simplemente me quedaba en el patio, o en el “ambigú”. Comencé a “juntarme” con chavales casi todos mayores (una constante en mi vida). De pronto, la cassettes de los payasos de la tele dejaban paso a Deep Purple, Pink Floyd, Supertramp, Electric Lighth Orchrestra, Alan Parsons, Triana, Tequila, Burning, Silvio Rodriguez, etc.. Fue el inicio de mis tremendamente eclécticos gustos musicales.
También hubo un cambio radical en la vestimenta. De mi pantaloncito y mi jersey de niño bueno pasé sin solución de continuidad al pantalón de cuero, guardapolvo kaki o gris, cazadora de cuero o azulina con hombreras, camiseta negra o camisa tipo séptimo de caballería con botones a un lado, botas y pañuelo anudado en el tobillo. Eso del pañuelo anudado en el tobillo fue algo que hice por casualidad una vez y me sirvió para descubrir lo fácil que era comenzar una moda. Otra fue colgarme en la solapa un pendiente de mi hermana. Con esto, conseguí adelantarme algunos años a la moda de los “pins”. En definitiva mi aspecto era curiosa mezcla de “mod”, “Rockabilly” y “tecno” que reflejaba en mi vestimenta mis diversos gustos musicales. Afortunadamente (y lo digo por razones obvias) no conservo ninguna foto de entonces.
Ahora los “colegas” habían sustituido a los amigos y rebasaba con cierta frecuencia la frontera del puente de mi barrio para salir “de marcha”. Mis primeros escarceos con el alcohol (curiosamente me resistí bastante al tabaco) y, por fin, mis primeras relaciones con mujeres. Aún no eran relaciones “tete a tete” sino más bien en pandilla. No obstante, ya comenzaba a mirar a las chicas de forma distinta. Y no sólo a las jovencitas. En mis fantasías se colaban a menudo las “mamas” que paseaban a sus críos por el jardín de mi barrio e incluso alguna que otra profe de muy buen ver.
He de decir que yo ya había tenido una pareja. Aunque parezca raro lo cierto es que, antes del cambio, en mi último año de colegio yo me enamoré locamente de una chiquilla. Cosas del destino, esa misma chiquilla y yo tuvimos un par de años más tarde otra oportunidad. En realidad, a esa edad, lo de “pareja” se sustanciaba en poco más que salir del colegio juntos y vernos de vez en cuando. Y, eso sí, en el colmo del frenesí, un único beso en la boca. Dos años más tarde nos desquitamos y nos cobramos intereses de demora.
Ahora, ya pasada esa época, yo buscaba mi primera relación “adulta”. Nada de piquitos. Yo buscaba “enrollarme” con una chica y, por supuesto, besar con lengua (“comerse la boca”). Me intrigaba y me obsesionaba a partes iguales que habría que hacer con la lengua. Es curioso como estas cosas se aprenden sobre la marcha.
Era lo que de verdad me faltaba para cerrar el proceso de metamorfosis.
Entre las chicas que había en la pandilla y que estaba formada en su mayoría por gente del instituto había una chica que se llamaba Marina. Yo ni siquiera soñaba con Marina. Para mi era una chica destinada a uno de “los mayores”. Aunque estaba en mi clase Marina, como suele pasar en esa edad, parecía mayor que casi todos nosotros salvo tal vez Dani que había repetido tres veces. Había dos rasgos que hacían de Marina una mujer de bandera: sus grandes ojos azules y su par de tetas de considerables dimensiones. El resto estaba muy bien pero definitivamente eso sobresalía (en algún caso literalmente) sobre lo demás.
Como decía, a pesar de lo que me excitaba, jamás me planteé nada con Marina. Es cierto que se reía mucho conmigo pero yo estaba convencido de que era una más de las que se reía conmigo pero se enrollaba con otro.
La fiesta estaba terminando. Recuerdo pasármelo tan bien como solo con esa edad te lo puedes pasar. Sin parar de bailar. Afortunadamente, el gimnasio comenzaba a vaciarse un poco y el calor agobiante se iba pasando. Ya al final, casi por casualidad me encontré con Marina. Nos saludamos como si no nos hubiésemos visto en meses y nos sentamos en el suelo contra las espalderas. Llevaba una camisa negra y desde mi posición elevada podía observar su sujetador. No recuerdo que sucedió exactamente, pero antes de que yo mismo me diese cuenta, estábamos sentados en el suelo, rodeados de gente bailando mientras nos besábamos (Y con lengua!!). Ella se levantó sonriendo y me cogió de la mano. Me llevo detrás de la barra donde había una especie de reservado en una sala oscura. Y allí, por primera vez en mi vida saboreé los pechos de una mujer.
Al poco rato me dijo que se tenía que ir. Su hermana que estaba un par de cursos por delante, le esperaba en la puerta. Yo me quedé como flotando en una nube. Por fin era mayor!. La fiesta ya había terminado prácticamente. Me quedé ayudando a la gente que ponía la música que eran amigos nuestros. Mientras empaquetábamos y de paso nos bebíamos todo lo que había quedado en botellas abiertas alguien puso una canción de Burning. (Seducción, del LP “el final de una década). Dios, me sentía un auténtico hombre.
Con Marina sucedió algo muy similar en dos o tres fiestas y en una tarde donde escandalizamos a bastantes madres y padres en el césped del parque de los príncipes. Pero, sin ningún drama, y casi de forma natural, dejamos de vernos. Seguía en mi clase y en la pandilla pero no éramos (nunca lo fuimos como tal) pareja. Lo cierto es que ahora, con cierta perspectiva (muchísima perspectiva diría yo) me doy cuenta de que jamás me enamoré. Fue pura excitación.
Hoy me han dado una tarjeta y en ella un apellido. El apellido de Marina. De pronto, de forma instantánea, he recordado sus dos apellidos. Hay amigos íntimos de los que no conozco sus dos apellidos pero ella estaba en mi clase y hay cosas que no se olvidan. O mejor dicho, hay cosas que se recuerdan.
Me ha dado por buscar sus dos apellidos en Google por pura curiosidad y sin pretensión alguna de encontrarla. He obtenido unas decenas de resultados pero entre los primeros, de pronto he encontrado sus apellidos, su nombre y su dirección en mi ciudad y en mi barrio (muy cerca del instituto curiosamente) en dos páginas. Los dos eran boletines oficiales de mi región. Dos notificaciones de embargo.
Que asco crecer y tener problemas de mayores.
Comentario:
A mi me ha pasado algo parecido: Todavia recuerdo el sabor de aquellas tetas y algunos buenos amigos llevan una vida muy diferente a la mia.
Siempre acabo preguntandome lo mismo ¿donde estaba ese cruce?
Un saludo
Siempre acabo preguntandome lo mismo ¿donde estaba ese cruce?
Un saludo
Comentario:
Acabo de descubrir tu blog y tenía que comentar tu último párrafo: a mí me dio ayer por buscar el nombre de mi mejor amiga de la EGB en Google... aparece en un edicto de mi gobierno autonómico. Debe 3.000€ en multas.
Qué asco hacerse mayor, ains...
Te iré leyendo :)
Qué asco hacerse mayor, ains...
Te iré leyendo :)
Comentario:
Qué precoz! Si ibas adelantado dos cursos y fue en primero de instituto...
Luego hablan de los pre-adolescentes de hoy...
Comentario:
jo, pense al leerlo, que ibas a hablar de la metamorfosis de los 40 :O
un beso
pd: hoy me he levantado con mala leche
un beso
pd: hoy me he levantado con mala leche
Comentario:
Es mejor no mirar atras jejejeje
Recuerdo que me pase parte de mi adolescencia colgadita por uno... una noche... muchos años despues, me lo encontré y... fue... aún siento como se deshizo el ídolo...
Desde entonces... nunca miro atrás...
Siempre hacía adelante... yo no creo que cualquier tiempo pasado fue mejor... no.
Recuerdo que me pase parte de mi adolescencia colgadita por uno... una noche... muchos años despues, me lo encontré y... fue... aún siento como se deshizo el ídolo...
Desde entonces... nunca miro atrás...
Siempre hacía adelante... yo no creo que cualquier tiempo pasado fue mejor... no.
Comentario:
Mira que me hacía falta reirme hoy y ya es la segunda vez que me parto de risa !!!
Querido Tito, tus post siguen siendo interesantes pero ...ays ...los comentarios también tienen su miga.
Fdo: Las Camelias megacotillas de Marguerite
(pd: Marguerite sigue con sus poemas horteras y sus alteraciones hormonales)
Querido Tito, tus post siguen siendo interesantes pero ...ays ...los comentarios también tienen su miga.
Fdo: Las Camelias megacotillas de Marguerite
(pd: Marguerite sigue con sus poemas horteras y sus alteraciones hormonales)
Comentario:
Como me gusta tu nevera, con todas esas notas que te dejamos colgadas.
Que divertido es montar un cuadro de pensamientos. km
;)
Que divertido es montar un cuadro de pensamientos. km
;)
Comentario:
TitoBeno,
Me ha gustado mucho tu post, has conseguido que te imaginara perfectamente y además has conseguido que me acordara de mi primera fiesta en el instituto y de los nombres y apellidos de la mayoría de mi clase.
Ya estoy esperando tu próximo post...
Ains!! Hay que explicártelo todo??
PD: Fdo. el dragón tocapelotas.
Me ha gustado mucho tu post, has conseguido que te imaginara perfectamente y además has conseguido que me acordara de mi primera fiesta en el instituto y de los nombres y apellidos de la mayoría de mi clase.
Ya estoy esperando tu próximo post...
Ains!! Hay que explicártelo todo??
PD: Fdo. el dragón tocapelotas.
Comentario:
Pues me has dejado pensativa sobre las mujeres de tu vida....;)
Comentario:
Pues me ha encantado el post!
Después de lo que has contado te he perdido un poco el respeto y todo ;P
Besotes.
Después de lo que has contado te he perdido un poco el respeto y todo ;P
Besotes.
Comentario:
Reich,
Si escribo poco que escribo poco, si escribo mucho que escribo mucho.
Es lo que le pasa a las princesas azules, que no saben lo que quieren.
Si escribo poco que escribo poco, si escribo mucho que escribo mucho.
Es lo que le pasa a las princesas azules, que no saben lo que quieren.
Comentario:
Mejor los problemas de mayores y no los de "más mayores"...
...que si la hipertensión, la artrosis, la artritis, la cadera descompuesta, disfunción erectil crónica...
Cada época tiene sus problemas y a lo mejor un embargo a los 40 es muy comparable a que Fulano te deje en 2º de BUP o a que te diagnostiquen una enfermedad más a los 80.
Y esto leyendo sólo la última frase del post, porque mira que te ha salido largo...
¿No me podrías hacer un resumen? :P
Besos.
...que si la hipertensión, la artrosis, la artritis, la cadera descompuesta, disfunción erectil crónica...
Cada época tiene sus problemas y a lo mejor un embargo a los 40 es muy comparable a que Fulano te deje en 2º de BUP o a que te diagnostiquen una enfermedad más a los 80.
Y esto leyendo sólo la última frase del post, porque mira que te ha salido largo...
¿No me podrías hacer un resumen? :P
Besos.
Comentario:
Una pena que no guardes esas fotos, las de antes y las de despues,siempre me gustaron los eclecticismos.
En cuanto a lo del google, que miedo da. Ahora es fácil saber más de lo que necesitamos.
Me pregunto, ¿si yo que soy prácticamente una analfabeta de la informática, que no podrá saber de mi, hurgar y espiar un profesional?
Da mucho miedo.
kme
En cuanto a lo del google, que miedo da. Ahora es fácil saber más de lo que necesitamos.
Me pregunto, ¿si yo que soy prácticamente una analfabeta de la informática, que no podrá saber de mi, hurgar y espiar un profesional?
Da mucho miedo.
kme





