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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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¿Dónde estabais cuando os necesité?
Madrid, algún día de hace unos años. Tres de la mañana. En el sitio de moda, como en la mayoría de sitios de moda, es fácil reconocer, actualizados a principios del siglo XXI, a muchos de los arquetipos que en su día enumeró Sabina en su canción “todos menos tú”.


Nietos de toreros disfrazados de ciclistas, ediles socialistas, putones verbeneros.
Peluqueros de esos que se llaman estilistas, musculitos, posturitas, cronistas carroñeros, divorciadas calentonas con pelo a lo Madonna, trotamundos fantasmas, soplones de la pasma, pintorcillos vanguardistas, genios del diseño, camellos que te pasan papelinas contra el sueño, Marcadores de paquete en la cola del retrete, escritores que no escriben, vividores que no viven, jet de pacotilla, directores que no ruedan, más chorizos que en Revilla con corbatas de seda, muera la locura, viva el trapicheo, tontopollas sin cura, estrategas del magreo.


Aquel día conocí a una chica que bien podría catalogarse en varios de los más típicos tópicos. Aún recuerdo la sensación tan extraña que me suponía el hecho de que un conocido, mayor que yo por cierto, me presentara a “sus amigas”. Un grupo de chicas que compartían, además de cuerpos espectaculares, el hecho de que es muy probable que no hubiesen nacido cuando Tejero entró en el congreso.

Me sentía un poco gilipollas. Creo que ya he dicho alguna vez que no soy mucho de jovencitas (aunque ahora que soy un maduro interesante la cosa está cambiando claro). Las risitas y los grititos nunca han sido muy de mi agrado ni aunque los profiriesen preciosidades de escotes prominentes. Cuando ya creía que sería difícil superar el tópico apareció Cintia.

No era precisamente una chica que pasara inadvertida. A juego con sus casi ciento ochenta centímetros (calculo yo), sus ojos claros y su melena rubia larga y muy lacia la chica lucía un cuerpo de escándalo. Lucía porque lo tenía, y lucía porque ella se encargaba de que se notara. Cuando saludó a sus amigas, los saltitos y las risas nerviosas juntos a algún “tía” que se le escapó no hicieron sino incrementar mi sensación de que me encontraba ante un espécimen de libro de lo que vulgarmente se conoce como “espectacular rubia tonta”. Al poco, por si el tópico no estaba suficientemente alimentado, ella misma se presentó como modelo, actriz y bailarina. Lo dicho, de libro.

Ni recuerdo cómo ni porqué, durante esa noche tuve la ocasión de entablar alguna conversación con ella y me di cuenta de que pudiera que no fuese tan tonta como yo había supuesto. O tal vez es que me la esperaba tan tonta que era fácil defraudar mis expectativas al respecto. Durante las semanas siguientes me di cuenta de que mi primera impresión era injusta. De hecho, todas las impresiones que he tenido (incluso mucho después) con esa chica han sido injustas.

En las semanas en las que coincidimos jamás quedamos para vernos pero parecía (estas cosas nunca sabes si son verdad o es que te gustarían que lo fuesen) que nos buscábamos y en más de una ocasión nos separábamos del grupo. En realidad no sucedió nada más que algunas conversaciones en las que, entre otras cosas, ella me hablaba de su novio (actor y bailarín como no) y yo de mi pareja del momento (ejecutiva como no). Los dos con relaciones a distancia. Más de una vez me hubiese gustado proponerle que lleváramos a cabo la famosa frase de “si no está contigo quien amas ama a quien esté contigo” pero no se dió el caso. Al poco tiempo deje de ver al grupito de marras y ahí quedo todo. Una historia cotidiana más.

Un día de mes de Febrero del presente año. Por fin voy a ver ese musical del que tanto me han hablado. Voy con una amiga. Se apagan las luces y suenan los primeros acordes. De pronto aparecen unas cuantas bailarinas y bailarines. Aunque tanto ellas como ellos lucen impresionantes (ellos con esos ocho abdominales marcaditos que ya no se llevan para nada), me fijo en una de las bailarinas que sinceramente de espalda está “como buena pero sin como”. Cuando se da la vuelta, desde la fila dos del teatro, y a pesar de que yo suelo ser un desastre para las caras (es legendaria mi nula capacidad fisonomista), tardo dos segundos en reconocerla. Se trata de “mi amiga” Cintia. Continúa el musical y en uno de los números las bailarinas caen en el frente de escenario. Cintia está a tres metros y ante mi sorpresa, levanta un poco la cara, me mira, sonríe y guiña un ojo.

Mi amiga de pronto dice.

- Oye, juraría que la rubia cañón te ha guiñado el ojo
- A mi?, no creo. Será a otro detrás.

El tío de al lado me mira un tanto extrañado y a pesar de que agarra con fuerza la mano de su pareja noto como sus ojos brillan con cierta envidia. De pronto me da por pensar lo bien que hubiese quedado si en vez de con mi amiga voy con algún amigo. Sonrío pensando en las barbaridades que me hubiese dicho Chimo, o Andrés o Ricardo y el “pegote” que me habría tirado.

Entonces me da por pensar: Joder, ¿donde se meten tus amigos cuando de verdad los necesitas?
 
Comentario:
Repito el mismo comentario de la primera comentadora. Te leo hace más de un año, no paso muy seguido, pero cada vez que lo hago, me río, me emociono y me quedo encantada.
 
Comentario:
Me gusta Sabina. Lo que no me gusta tanto son los tópicos. Madurito y jovencitas. Vaya...¿Querrá decir eso que al pasar de los treinta las chicas debemos acomplejarnos por la edad?
 
Comentario:
madurito..madurito...de los que ya buscan jovencitas de lo maduritos que son?

besos,

 
Comentario:
madurito..madurito...de los que ya buscan jovencitas de lo maduritos que son?

besos,

 
Comentario:
madurito..madurito...de los que ya buscan jovencitas de lo maduritos que son?

besos,

 
Comentario:
Al final era actriz, bailarina y de todo.
Me ha gustado mucho tu post y dicho sea de paso, me encanta Sabina.
 
Comentario:
Cachis!!!! estos joios amigos desaparecen justo en el peor de los momentos

jajajjaja, muy bueno el post, me ha encantado, al igual que la frase “si no está contigo quien amas ama a quien esté contigo”, no la había leido en la vida, la copio, muy buena

Un beso
 
Comentario:
Bueno, bueno, esque si en vez de ir con una fémina hubieras ido con un amigo, cuando la historia hubiera pasado a un tercer amigo ya hubieraís cambiado el "cómplice" giño de ojos, por un "fue una proposición indecente en toda regla!!!" jajaja.

Besotes.
 
Comentario:
Hombre, si es por testigos, grábate en el próximo casquete, y nos lo envías.. ya si eso, te daremos puntuación..

A ver.. si es que te hace ilu.. tó sea por una buena causa..

Que no se dga..

Besos, anda.. anda.. (peligrosa ni p... piiiiiii)
 
Comentario:
Me recuerda el chiste de uno que naufraga en una isla desierta con Claudia Schiffer.
 
Comentario:
eso mismo me pregunto yo?
donde estan...
saludos
 
Comentario:
Pues a mi también me guiñó el ojo uno de los bailarines de un musical que fui a ver estas navidades, pero no era rubio y no lo conocía y tampoco iba con amigas.

¿Esto de necesitar a tus amigos es por aquello de los testigos no???? ;).
 
Comentario:
Si es el musical de "Hoy no me puedo levantar" ya sé quién es la rubia cañón... fui con un grupo de amigos y anda que no estuvieron pesaditos... jajajaja.
 
Comentario:
Tienes razón, y luego esas cosas contadas pierden la gracia.

Excepto si lo cuentas tú... ;)
 
Comentario:
La de veces que he pensado... "lo que hubiera dado de sí esta tontería si estuvieran aquí mis amigas"...


 
Comentario:
Me encantas.
No