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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Panegírico
Una de las cosas curiosas (aunque absolutamente esperables) del hecho de que los que escribamos blogs a la vez seamos lectores (y casi vicerversa) es la realimentación que se produce. Hace un par de días he leído un post atrasado de Miroslaw (aquí si pongo el enlace porque no lo tengo en mis accesos directos) que estaba inspirado en uno de Reich ( a esta no le pongo enlace que esta mu vista ;-) ) . Ayer, en una de las “puestas al día” semanales (¿debería ser “puesta a la semana”?), mi madre me contó que se encontró con una de mis antiguas profesoras de instituto, que por supuesto le preguntó por mí y que se alegró mucho de todo lo que le contó.

Una anécdota normal y corriente si no fuese por el simple hecho de que caí en la cuenta que, aunque recordaba perfectamente a aquella profesora de Lengua (en primero de BUP), no recordaba su nombre. En realidad debo decir que aún en este punto es normal y corriente porque yo soy fatal para los nombres. Aparte de eso, mi madre tampoco logró acordarse y ya se sabe que “mal de muchos consuelo de todos”. Lo que sucede es que en ese blog del que hablaba de Miroslaw (véase el enlace anterior) se trataba el hecho de que no recordaba el nombre de una chica con la que mantuvo una relación.

Yo también mantuve una relación con esta profesora pero no fue de la misma naturaleza. Tal vez tuviera que ver el hecho de que yo tendría trece años y ella veinte más (una vieja). Fue una relación de “amor-odio” como la que mantuve con alguna otra profesora (hace poco caí en la cuenta de que en todo BUP apenas tuve algún profesor, todas eran mujeres). La relación estaba marcada por la soberbia. Puntualizo, por mi soberbia. La soberbia es algo que, al revés que ha sucedido con la potencia sexual, me ha ido disminuyendo con la edad (y si cuela, cuela).

He de decir que ese primero de BUP fue una época de mi vida (de la que ya hablé en un post anterior) poco oportuna para ser mi profesora. Yo estaba en pleno inicio de “aborrescencia” y discutía por todo. Digamos que esta en esa fase donde pasas de creer que toda persona mayor que te rodea (padres, profes..) sabe de todo a confirmar que no tienen ni idea de nada. Curiosamente a los veinte suele volver a suceder el paso contrario. En estos casos siempre recuerdo la frase de Mark Twain que dijo “a los dieciséis la ignorancia de mi padre me producía nauseas. A los veinte me dije: joder, lo que ha aprendido el viejo en cuatro años”.

Mi disputa con esta profesora comenzó cuando criticó mi primera redacción. La redacción llevaba por título: “el barrio de Santa Cruz”. Al terminar mi lectura la profe en cuestión me criticó sin demasiada acritud: “No esta mal, pero parece un folleto turístico”. Debo decir que eso me cabreó. Y debo decir también que me cabreó incluso a pesar del hecho de que, como de costumbre, yo no había hecho la redacción y ante la sorpresa de que me pidiera que la leyera pillé un folleto turístico que tenía mi “compi” y poniéndolo sobre mi cuaderno leí el epígrafe dedicado al barrio de Santa Cruz. Tal vez lo que me dolió es que, en el fondo, no había conseguido engañarla.

Aún así, la disputa que recuerdo perfectamente sucedió después de que nos pidiera escribir un “relato corto”. Siempre he pensado que escribir sobre algo importante, o sobre algún suceso significativo es relativamente fácil. La maestría es escribir sobre algo nimio. En este caso, me planteé hacer un relato sobre nada. Y como no se me ocurrió nada que decir sobre la nada me fui al siguiente escalón en la jerarquía de lo insignificante. Escribí un relato de varias páginas sobre un cenicero con colillas que tenía en la mesita de al lado. Lamentablemente nunca conservé ese texto y es una pena porque, modestia aparte, me salió “bordao”. Sólo recuerdo como terminaba: “.. Y acabo ya porque mi madre se acaba de llevar el cenicero”.

Cuando lo leí recibí incluso aplausos. Cuando ya esperaba el halago incondicional de mi profe (ahora no podría decir que parecía un folleto) me sorprendió. Volvió a decirme que “no estaba mal” pero –puntualizó a mi modo de ver maliciosamente- un relato corto debe tener dos características: ser corto y ser un relato, osea ficción. Tu has escrito un montón de folios (de breve nada) y además has hecho una descripción. Muy buena e ingeniosa descripción pero no es un relato. Incluso con los halagos de por medio a mi esto me cabreó bastante.

En lo de la brevedad había poco que discutir. Ya por aquel entonces se dejaba entrever mi problema crónico con la capacidad de síntesis. Pero, ¿de donde coño se sacaba esta tía que un relato tenía que ser ficción?. Es más, para mi, un relato es precisamente relatar un hecho. Aún hoy mantengo mi postura. Esta tontería acabo con la sesión de lectura porque yo no era de los que me callaba ante tamaña injusticia. Semanas me duró la indignación y de vez en cuando renacía la discusión con el consiguiente suspiro de hartazgo de toda la clase que ya estaba harta de mi insistencia.

El epílogo de esta discusión bizantina sucedió cuando, pasados unos meses, volvió a plantear que todos escribiéramos un relato corto. Era algo que tenía preparado hacía tiempo. La venganza se sirve fría. Curiosamente en este caso recuerdo perfectamente mi relato:

“Ayer vi pasar a Maria. Pues eso, que me enrollé con ella y con su hermana”

Cuando lo leí, después de unos segundos de espera y al darse cuenta que ya había terminado me devolvió la mirada desafiante que yo le estaba echando y de forma sutil desarmó el resorte que yo tenía tensado para saltar en cuanto me criticara o me preguntara el porqué de tan escueta y extraña redacción. Al contrario, me miró, sonrió y dijo:

- Correcto. Es corto y es ficción.

Eso si, no pudo por menos que hacer una critica y me dijo que aún así, el hecho de ser breve y de ser un relato no es suficiente como para que un relato corto sea bueno. Y añadió, para mi escarnio, que le había gustado más la descripción del cenicero.

Pasados algunos años, me la encontré por la calle y, ante mi sorpresa, me colocó dos besos como si la conociera de toda la vida. Entonces me dijo algo que me dió mucho que pensar. Algo así como: “Sabes?, siempre me decepcionó que te fueses por ciencias. Cuando me leíste el folleto turístico en clase pensé que eras otro más de los niños inaguantables que se creen graciosos pero la redacción sobre el cenicero me hizo pensar que tenías algo especial”.

¿Osea que se dio cuenta de lo del folleto?. Nuevamente recuerdo la frase de Mark Twain. En ese momento, me quedé sin palabras y además mi vergüenza y el hecho de que fuese acompañado de amigos hizo que no pudiera decirle que, de aquel año tan especial para mi por muchas cosas, recuerdo a mis compañeros, mis juergas, las fiestas de instituto, mi primer “rollo” y muchas otras cosas, pero no tengo sitio en la memoria para nada que tenga que ver con el aspecto académico salvo mis discusiones sobre géneros literarios. Tampoco recuerdo a ninguna profesora excepto a ella. Y es cierto, no recuerdo su nombre, pero recuerdo que me instigó a mejorar. En definitiva, más de veinticinco años después, me acuerdo de ella con respeto, cariño y admiración.

Ya se que no soy breve y que, como siempre, le doy un trato especial al género pero esta es mi versión de un panegírico señorita.
 
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Estoy preocupada, alguien sabe que le pasa a Tito???
 
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Cuántos días....
 
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:`(
 
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Yo sólo espero que todo vaya bien y si acaso estés de viaje.
 
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eeeeeeeeoooooooooooooo
 
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Demasiados días ya.. y si, efectivamente se te echa de menos.

Besos.
 
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te echo de menos.
un beso.
 
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Hola querido,
espero disculpes esta intromisión. Te voy a pedir un favor que te pido que no comentes con tu mujer, que ya se lo diré yo. El caso es que he descubierto que una amiga, o mejor dicho aquella que consideraba amiga, ha dejado de serlo en cuanto se ha dado cuenta que tú ya no tenías nada que hacer, es decir, ella descubrió que yo te conocía, que éramos muy buenos amigos y que, quizá, através de nuestra supuesta amistad 8la de ella y mía) podía sacar algo positivo a través de mí para ella y/o los suyos sólo por la amistad que nos une. LLegado a este punto en el que tú has renunciado a tu cargo y en el que ella ha visto que de mí no puede sacar nada, lo cierto es que no me hace ni puto caso. Es por ello que hoy quiero preguntarte si todavía puedes hacer algo en tu "antigua" empresa, que yo creo que sí. Porque de ser este el caso me encantaría poder pedirte conseguir algo que ella ha intentado por su cuenta y que no puede hacer, pero le encanta pregonar que va a hacer todo lo posible y ahí se ha quedado, en que el todo lo posible es nada. Yo sé que, si tú mueves lo que tienes que mover, yo lo conseguiría, dejando a esta tía en bragas.

En este caso, suponiendo que Titobeno fuera el intefecto, ¿creéis que se lo podría pedir? ¿creéis que es correcto pedírselo? ¿creéis que lo haría por mí?
 
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Me fascinan ese tipo de profesores, son los que se recuerdan siempre.
Seguro que le encantaria conocer tu blog, me gustaria los comentarios que hiciera.
Por cierto, me han entrado ganas de dar una vueltecita por Santa Cruz, mañana mismo que es fiesta me acerco.
 
Comentario:
Me encanta ser profesora, Creo que se llega a querer a los alumnos como si fueran hijos, independientemente de que sean más o menos estudiosos. Cada uno de ellos tiene su encanto y su habilidad. Nunca pensé que llegaría a divertirme tanto intentando enseñar a los demás, aunque a lo mejor es porque llevo poco tiempo. Eso que hacía años me lo habían dicho en un país lejano "tú deberías ser profesora" .
Me ha gustado mucho tu relato, ahora podrías intentar resumirlo en una frase. Besos.
 
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He visto por ahí que te gusta Benedetti. No sé si has leído "La borra del café". Tu post me recuerda, en cierta manera, el segundo capítulo, en el que habla de Antonia Vico, su profesora particular, con la que él también sostuvo cierto pulso. Si no lo has leído, te lo recomiendo vivamente. Como todo lo que escribe, es genial.
 
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¿Es aquí donde toca decir algo como: ¡Es que tú siempre has escrito muy bien!?

¡Ay, que esto no lo puedo preguntar aqui!

Un Beso
 
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Los alumnos (me estoy refiriendo a los alumnos no a las alumnas) suelen establecer unas relaciones con las profesoras muy subjetivas. Yo las padezco y las disfruto cada día, y te aseguro que la mayoría de las veces, la versión del alumno tiene poco que ver con lo que la profesora piensa o quiere conseguir con ese alumno.

Para mi, un alumno cabreado como tu cuentas, es perfecto para realizar mi trabajo. Ya se que el alumno-cabreado tiene otra opinión, jejejjeje pero la enseñanza-aprendizaje es asi.

Estoy segura, por lo que cuentas, que fuiste uno de los alumnos con los que disfruta una profesora en su trabajo.
:-)
 
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Qué pena lo del cenicero, me hubiera encantado leerlo.
Yo solo recuerdo a mis profesores por sus apodos... y creo que es peor.

Besotes.
 
Comentario:
De venganza nada, consiguió que te esforzaras en su asignatura, de hecho es a la única profesora que recuerdas de ese año, tú lo has dicho, y no precisamente por su escote o sus largas piernas.

1beso
 
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SERÁ!!!
 
Comentario:
Chapeau!!!

Toda una alabanza a la profesora, si sr, me ha gustado mucho la historia.

Si realmente sucedio me felicito, no tanto por haber encontrado tu blog(eso fue azar) como por haberme mantenido en el como lector(eso fue un acierto).

Leyendote suelo pasar buenos momentos, e incluso a veces me invitas a reflexionar.

Un saludo y animo con el blog.

P.D. Por respeto había pensado complementar el texto con los acentos correspondientes, pero sera en otra ocasión, en esta añadí mayúsculas.
 
Comentario:
Yo tambien pienso CIENCIAS?? que perdida de tiempo...solo si hubiera tenido un sentido arreglarle el ordenador a la vecina...evidentemente las letras es un amor que nunca abandonaste y por la cual nos tenes aca ensimismados leyendote y admirando tus relatos...cortos...largos..de ficcion o reales...
 
Comentario:
No sé por qué cuando somos niños o adolescentes pensamos que podemos mentir y hacer verosímil aquello que inventamos, subestimamos no sólo la inteligencia de los demás sino el hecho de que si llegaste a adulto es porque una vez estuvo desde donde le mientes, y por eso las mentiras no tienen secretos para ellos.
 
Comentario:
Mira! una profesora inteligente y capaz de controlar al "repelente niño vicente de turno" (dicho con cariño of course)
 
Comentario:
Ale ya estamos como siempre, como tenías algo especial es un desperdicio que malgaste tu cerebro con las ciencias. Si es que de tópicos está lleno el mundo
 
Comentario:
sólo recordamos lo que nunca sucedió... (Carlos Ruiz Zafón)
 
Comentario:
soberbia??? mmmm
no coments..
todo lo que diga puede ser usado en mi contra :O

las criticas a veces las digerimos mal.. vengan de quien vengan..
un beso
 
Comentario:
A mi se me habría escapado la risa al oírte el segundo relato. Solo falto que la profesora en lugar de contestarte lo que te contestó te hubiera dicho: “correcto es corto, y sin lugar a duda es ficción”
Las pataletas adolescentes… aún me duran a veces.
kme
 
Comentario:
Estoy segura, que de ésta, no te saca críticas.

Un saludo
 
Comentario:
Una pena, apuesto a que a la señorita le encantaría leer su panegírico...

Un beso.

PD. Estoy segura de que para una profesora de BUP un tío petardo como tú también es un aliciente importante para seguir mejorando.
No