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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Elegía
Santiago era un genio. Lo he dicho muchas veces e incluso lo dije alguna vez en este blog pero los más sagaces y perspicaces habrán observado el matiz de que, en este caso, lo digo en pasado. Santiago era, en efecto, considerado un genio por muchos pero para mi lo era por razones distintas a la de la mayoría de la gente que lo conoció.

Imagino que ya habrá alguien que glose su vida y sus logros científicos. Para mi Santiago era un genio por su postura ante la vida. De hecho, creo que era esto lo que nos unía. A mi me intrigaba y me atraía a partes iguales su forma de ser y de vivir. A él le llamaba la atención que yo fuese el único que realmente valoraba eso en vez de sus “honoris causas” o su prestigio. Creo que en el fondo él estaba mucho más orgulloso de haber llegado a un punto donde podía permitirse hacer lo que quería que de cualquier otra cosa en su vida.

Poco a poco, consiguió liberarse de la mayoría de los condicionantes que nos hacen no ser libre. En cierta forma, se convirtió en un modelo para mí. Trabajó como un burro pero con un objetivo claro: llegar a hacer lo que le gustaba. Consiguió suficiente dinero como para poder permitirse el no darle importancia alguna. Y, en parte gracias a su prestigio, llegó al punto de pasar olímpicamente de todo lo que supusiera pompa y ornato.

No se regía por ningún tipo de convencionalismo salvo tal vez el del vestir (siempre impecable con traje, chaleco y sobrero o gorra cuando de conducir se trataba). Un día, en una de esas especies de sentencias en las que solías pasar de reírte a quedarte pensativo dijo que había decidido castrar a su gato porque quería que alguien de su entorno fuese absolutamente libre. Siguió explicándose: “la libido es una especie de carga que todos llevamos encima y nos hace cometer estupideces. Es gracioso que en los estudios históricos se dedica muy poco espacio a este tema. Estoy seguro que un altísimo porcentaje de las decisiones trascendentes en la historia se deben a un calenton”. Recordé como un amigo mío, especialista en historia de América me dijo una vez que el auténtico motor de la gran mayoría de los primeros conquistadores de América no fue tanto el oro como las indias que tenían fama de hacer maravillas.

Tal vez por eso en los últimos años de su vida, que fue precisamente cuando yo lo conocí, la gente lo tomaba como una especie de genio excéntrico. Una especie de Dalí o de Einstein (con los que, por cierto, mantuvo relación) pero eso si, a diferencia de estos siempre impecable en su apariencia.

Excepto tal vez su mujer, todos los que yo conocí más cercanos a él pensaban que estaba un poco loco. Esto me explicó tanta desilusión al hablar de sus hijos. Es penoso que un hijo no llegue a darse cuenta de que, precisamente por ese poco respeto a los convencionalismos, su padre fue capaz de ver lo que nadie vio. En mi proyecto de fin de carrera puse una frase que, a día de hoy, ya no sé si es de alguien o me la inventé yo “innovar es mirar lo que todo el mundo mira y ver lo que nadie vio antes”. Siempre me gustó esa frase y Santiago era, básicamente, el espíritu de esa frase.

Era una persona difícil de tratar y extremadamente ácida. Un día me dijo que en una discusión de trabajo, alguien le echó en cara que apoyase su criterio en sus meritos pasados. “Alla ellos, pero, -se quejaba- yo jamás aporto mi pasado como argumento, son ellos mismos lo que lo hacen de forma inconsciente. Era cierto. Aún hoy, después de unos diez años que lo conocí, yo no conozco demasiado de su pasado y lo poco que se es más por referencias que por él mismo. Nunca hablaba de sus logros. Simplemente se limitaba a avasallarte con su inteligencia y sus conocimientos.

Por otra parte no gastaba un segundo en alguien que no le interesara y no le interesaba casi nadie. En definitiva, no era precisamente un relaciones públicas. Sólo le importaba los que le importaban pero eso sí, para esos no había dobleces ni medias tintas. Aunque no quería reconocerlo, se le notaba mucho la importancia que daba a sus pocos seres queridos. Un día me confesó que se llevó los primeros veinte años de su matrimonio intentando convencer a su mujer de que no la quería tanto como en realidad la quería. “Pero al final me descubrió y desde entonces me da pánico pensar en que ella sabe el daño que es capaz de hacerme”.

Lo cierto es que cuando me dieron la noticia (por otra parte esperada) sentí rabia y recordé la elegía de Miguel Hernandez. Podría intentar glosar una elegía y devanarme los sesos para encontrar las palabras justas pero prefiero hacer un plagio descarado. Creo que ya nadie podrá expresar mejor que ese poema la desesperación de alguien que pierde a un ser querido. Seguramente, si el estuviera aquí me diría “bueno, tampoco exageremos…”.



Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

 
Comentario:
Buenas,
Llevaba tiempo sin leerte, ya q me he traslado de ciudad, bla bla...
A lo que iba, lo siento mucho. Quédate con lo bueno de Santiago y sigue deleitándonos con tus post.
Un abrazo y espero volver a leerte pronto.
 
Comentario:
Vuelve.. plis..

Besicos
 
Comentario:
.......No lo has querido hacer dices al final, pero sin quererlo tu escrito se ha convertido en una elegía preciosa. Olé por Santiago!!!, por vivir acorde a sus principios y a sus sentimientos...Es una pena que la vida siempre se lleve pronto a las personas excepcionales.
Un fuerte abrazo sincero.
Rous.
 
Comentario:
La admiración es la mas poderosa de los sentimientos.
Un beso.
 
Comentario:
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------un beso.
 
Comentario:
siempre es duro perder a alguien al que quieres y admiras.
Un beso
 
Comentario:
Un abrazo
 
Comentario:
Un abrazo y un beso.
 
Comentario:
Lo único que se puede hacer en estos momentos es dar un abrazo de apoyo y ánimo y es lo que yo te ofrezco. Hace mucho que te sigo y nunca te comenté pero con este post no me he podido resistir. Yo también he perdido a una persona muy muy importante para mí y sé cómo te puedes sentir.
Lo único que no nos pueden quitar son los recuerdos, así que no te olvides nunca de ellos. Un abrazo sentido.
 
Comentario:
Lo siento.
Besos
 
Comentario:
Maravillosa elección, ese poema de Miguel Hernández.
Ya sabes que te acompaño en todos los sentimientos (rabia, dolor, tristeza, aceptación) que la pérdida de tu amigo te produce. Un sentido "lo siento."
Y un beso de ánimo.
 
Comentario:
Estoy segura que incluso a partir de ahora seguirás aprendiendo muchas cosas de esa gran persona que es.
 
Comentario:
pues tu recuerdo de él, tan vivo y tan sentido, es lo mejor.
no ha pasado inadvertido por esta vida, y sobre todo te ha dejado huella, quedate con eso.
un abrazo
 
Comentario:
Un abrazo para ti.
 
Comentario:
Lo siento.
El recuerdo sigue ahí.

Besotes.
 
Comentario:
La rabia de pensar que los "buenos" siempre nos abandonan antes de tiempo.

1beso
 
Comentario:
Lo siento, como siempre cuando amas y escribes sobre esas personas que has amado te creces con las palabras, aunque las plagies.
 
Comentario:
Lo siento mucho
No