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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Historias de un retrete. La simplicidad (2 de 3).
(Post en tres partes y un epílogo a modo de conclusión)

Es algo que me apasiona cada vez más. Me encanta la simplicidad de las cosas en todos los órdenes. Para mi, un aparato, un diseño o una solución, cuanto más simple, más bella. Es algo que ha ido de menos a más en mi vida (ya sabéis, como la potencia sexual). “Colecciono” anécdotas sobre ello. Muchas veces, precisamente la simplicidad proviene del pensamiento paralelo (véase post anterior, si se quiere y tiene tiempo).

Por cierto, la solución al problema anterior, como alguien puso en su comentario es simple: se trata de una moneda de cinco pesetas y otra de veinticinco. Cumple las condiciones: son dos monedas, suman treinta y una de ellas es de veinticinco o sea que una de ellas no es un duro. La cuestión es que aunque oímos o leemos que una de ellas no sea un duro solemos pensar que ninguna de ellas puede ser un duro. Se trata de que nos ponemos límites nosotros mismos y que no somos capaces de reconocer una solución simple cuando esperamos que sea compleja.

Por cierto, interesante el comentario de los dos tipos de monedas. Digamos que eso entraría en el grupo de los juegos de significado. Sólo un pero: no había monedas de diez pesetas que yo sepa.

Siguiendo con el tema de la simplicidad debo decir que una de las razones por las que me encanta es porque a veces me cuesta bastante alcanzarla.

Hay un par de ejemplos sobre la simplicidad que nunca he sabido si realmente eran ciertos o no, pero que merecerían serlo. Los dos tienen que ver con la carrera espacial y la forma en que americanos y rusos se plantearon las soluciones a problemas que se le planteaban.

Hay por ahí una estadística que dice que durante la carrera espacial, y como consecuencia de ella, los americanos registraron casi ciento veinte mil patentes. Creo que casi todo el mundo sabe que cosas como el teflón, el velcro, el láser, el GPS, el tubo de pasta dentrífica o los pañales desechables fueron inventados o desarrollados para dicha carrera.

Como siempre se habla de los americanos (la nueva Roma al fin y al cabo) y nos olvidamos de la Unión Soviética (La Cartago.. si seguimos el paralelismo histórico). En esta “Guerra Púnica” en que se convirtió la carrera espacial hubo multitud de anécdotas. Una de ellas se refiere a la solución para el despliegue de las patas de alunizaje de la capsula espacial. Parece ser que durante bastante tiempo hubo un problema común que consistía en como y cuando se deberían desplegar las patas para alunizar. Si se hacía demasiado pronto, la nave podía desequilibrarse. Si se hacía demasiado tarde, la nave podría pegarse una castaña considerable.

La cuestión es que, para rizar el rizo, ni siquiera se sabía como era la superficie lunar. Según cuentan (a mi no me consta) los americanos investigaron durante meses con todo tipo de dispositivos electrónicos de medida tales como rayos láser, ultrasonidos, etc.. hasta que encontraron un modo automático de desplegar las patas cuando la capsula se encontrara a un determinado espacio del suelo lunar. El despliegue se hacía con unos motores servos. Lo cierto es que la solución se demostró que fue eficaz aunque hubo dudas hasta el último momento.

Los rusos por su parte optaron por una solución asombrosa. Dispusieron una especie de artilugio mecánico con una especie de palo, cuando se empujaba el palo las patas se extendían. Este palo sobresalía de la capsula y al alunizar, cuando el palo chocó con la luna, las patas se abrieron de forma mecánica aprovechando la fuerza del peso de la capsula. Igual de eficaz pero mucho más eficiente y sobre todo, increíblemente simple.

La otra anécdota la he oído más veces lo cual tampoco asegura que sea cierta. Se trata de la solución que se tomó para un problema bastante curioso. En uno de los viajes espaciales los americanos se dieron cuenta de que los bolígrafos no funcionaban en ausencia de gravedad. Se pusieron al trabajo y desarrollaron una técnica por la que se hizo famoso “paper mate”: Un sistema de bombeo de tinta (en realidad supongo que tendrá que ver con la capilaridad) que permitía escribir incluso sin gravedad (o boca arriba contra ella). Parece ser que el bolígrafo original americano es una versión mejorada del que se puede encontrar en cualquier papelería.

Según cuentan, bastantes años después, cuando cayó el muro y se levanto un poco el secretismo sobre todos estos temas que mantenía la Unión Soviética, una delegación americana fue a visitar la ciudad de las estrellas que era donde estaba el equivalente a la NASA rusa. Entre muchas otras cosas, alguien preguntó como habían solucionado el tema de la escritura sin gravedad e incluso, con cierta prepotencia, les preguntó si simplemente no habrían comprado los bolígrafos americanos en cualquier papelería. El ruso, sin demasiado interés le dijo: “Ah no, nosotros escribimos con lápices”.

(Siguiente capítulo: la fábrica de ideas)
 
Comentario:
a titulo informativo, la invencion de los boligrafos "gravedad 0" corresponde a la RAF inglesa (Real fuerza aerea) durante la primera guerra mundial, (antes los sistemas de avionica eran; una regla, una brujula, un mapa y la estilografica) y no con objeto de eludir los inconvenientes de la ausencia de gravedad, (ni antes ni ahora se vuela tan alto...) sino para no arruinar su bonito mono de aviador con las plumas estilograficas, ya que a determinada altura y con el consiguiente descenso de la presion atmosferica, aquello era un desparrame... y lo de no usar lapiz, pues supongo que seria para dificultar la manipulacion de un plan de vuelo por parte de un espia ruso "espabilado" armado con una goma de borrar... (si el autor del blog lee esto que no se me indigne con la ausencia de signos de acentuacion ortografica, aqui en Inglaterra desde donde escribo, no se acostumbra a verlas por los teclados...)
 
Comentario:
Con lápices genial :D y qué buen ejemplo para hablarnos de la simplicidad.
 
Comentario:
Los razonamientos paralelos te pueden salvar la vida, un ejemplo práctico es cuando el mar te lleva con una corriente lejos de la orilla; en ese caso no debes nadar contra la corriente para salir, lo más aconsejable es nadar en el mismo sentido de la corriente y salir por otro sitio.

Las soluciones más sencillas son más gratificantes –como la del Lápiz-, Y lo importante es que cada problema puede ser visto desde diferentes perspectivas, muchas veces se encuentran varias soluciones y algunas encajan en otros problemas similares o incluso diferentes.

Malo cuando uno se enfrasca en un problema, lo mejor es darle las vueltas, juguetear y distraerse para luego retomarlo positivamente, con optimismo.

Saludos.
 
Comentario:
recuerdo que en bup, nos pusieron en un examen de física el típico problema de "dos coches salen de distintas ciudades unidas por una carretera en sentido contrario. el primer coche sale a 150 km/h y el segundo a 80 km/h bla bla bla bla ¿en qué punto se encontrarán?"

un compañero, uno de estos que no aprobaban ni una, respondió que si los coches salían en sentidos contrarios no se encontrarían nunca.

lo que pasa es que éste se llevó un rosco como un hulahop, aunque me hice muy fan de este tipo, que siempre fue graciosísimo.

 
Comentario:
Que buenos los rusos... a grandes males grandes remedios...
 
Comentario:
has vuelto... bienvenido. Pensamiento paralelo simplicidad... justo lo que yo necesito. Estoy ansiosa por leer el resto.
 
Comentario:
Anda, olvidaste ya las monedas de diez pesetas? eran peques, pero existían.

Y fíjate, Tito, que tus posts de esta trilogía son un fantástico alegato en favor de la simplicidad y el pragmatismo, y a mí, en cambio, me está resultando de un complicado seguirte el hilo...
 
Comentario:
Jajaja! qué bueno! con lápices! toma castaña! azote a la prepotencia!

1beso.
 
Comentario:
Pues esperaré el próximo capítulo. Un beso.
No