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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Historias de un retrete. El secreto está en el corcho (epílogo)
(Post en tres partes y un epílogo a modo de conclusión)

Hace años (veinte fácilmente) un amigo que tenía un bar de copas me planteó un problema un tanto curioso. Un problema pelín escatológico pero real como la vida misma. Resulta que ese hombre es un maniático de la limpieza y le jodía bastante el hecho de que el servicio de su bar estuviese sucio. Para ello hacia que limpiaran el servicio todos los días un par de veces. Parece ser que excepto en los fines de semana conseguía que su servicio estuviese aceptablemente limpio. Al menos el de las chicas. Porque el servicio de caballeros, según sus propias palabras, el único caballero que lo visitaba es el que tenía pintado en la puerta.

Su problema se resumía en como hacer que los “caballeros” no se mearan fuera del tiesto. Pero en este caso hablaba de forma literal.

Como me pasa a veces, y no se porqué, el tío me preguntó si conocía alguna solución. Lo curioso es que yo creo que me preguntan por aquello que desde siempre he sido un tecnólogo. Imagino que esperaría algo así como un sistema que emitiera un campo magnético que impidiera que la gente se meara fuera. Bueno, en realidad nos los pregunto a toda la pandilla de amigos pero yo me lo tomé como una consulta directa.

Aunque así a bote-pronto pueda resultar una estupidez, durante un tiempo pensé en alguna solución. Pensaba en una forma de rediseñar un inodoro pero me di cuenta de que, en cuestión de diseño, es un artefacto difícil de superar.

Un día, poco después, me sucedió una cosa aparentemente intrascendente. Estábamos hablando un grupo de amigos. No recuerdo la conversación pero si recuerdo que estábamos enfrascados en una discusión apasionante hasta que de pronto pasó un niño con una pelota que hacía ruido. Creo que era de esas que llevan cascabeles dentro. De pronto, todos nos quedamos mirando la pelota y dejamos de hablar.

En ese momento me di cuenta de que, en realidad, todos somos como críos y nos entretenemos y despistamos con las mismas cosas. Inmediatamente se me ocurrió una idea para el problema de mi amigo del bar.

La siguiente vez que fui a verlo le comenté que tenía una solución pero quería probarla a ver si funcionaba. Pasé al servicio y le dije que no mirara y que al final de la noche me pasaría y veríamos si había funcionado. Cuando llegué a última hora con unos amigos el tío me esperaba riendo. “No se como lo has hecho pero acabo de ir al servicio y está limpio o al menos, menos sucio de lo normal. Parece que la gente no se mea fuera”. Ni siquiera se había dado cuenta de nada. Por fin se lo dije:

- ¿No has visto un corcho flotando?.
- Pues no recuerdo.
- Pues esa es la solución. La gente se entretiene meándole al corcho y así no se mean fuera.

Hicimos bromas de todo tipo y hubo alguien que me aconsejó montar una empresa. Desarrollando aún más la idea llegamos a la conclusión de que podríamos poner la foto impresa de un político, o de alguien conocido en el corcho o en el inodoro para que la gente se entretuviera apuntándole a los ojos o a la boca. Ahora se me ocurre que a lo mejor sería complicado conseguir los derechos de imagen de esa persona. Animado por las copas que llevábamos encima, aquello se convirtió en una autentica tormenta de ideas. De pronto nos surgieron como veinte ideas de dispositivos con el fin de que los cafres (entre los que sin duda nos encontrábamos) se mearan dentro.

Alguna vez me he acordado de esta anécdota del corcho y lo que más me gusta de ella es que con el tiempo me di cuenta que era un buen ejemplo de una solución extremadamente simple obtenida mediante pensamiento paralelo.

Hace unos días entré en un retrete en un bar de copas y observé que en el inodoro había algo que parecía un muñeco de plástico azul. Parecía algo así como una mosca. Inmediatamente me surgió una duda. Para confirmar miré en los otros inodoros del servicio y voila!. Allá estaba. Un muñequito en cada inodoro.

Cuando salía un amigo me dijo: “Te lo has pasado bien no? Porque sales del servicio riéndote”. En realidad iba pensando en que, una vez más, alguien había aprovechado mi idea. Pensé en que lo mismo había sido cualquiera de los que estábamos aquella noche de hace veinte años en aquel bar de copas.

Una vez más, simplemente, alguien no sólo había pensado lo mismo, sino que además se había atrevido a hacerlo. De hecho, me quede con las ganas de preguntarle al dueño si realmente eso se vendía o simplemente había tenido él mismo la idea y había utilizado cualquier muñequito para la función.

Podría haber contado la anécdota tal cual pero creo que los antecedentes son importantes para entender porqué me llamó tanto la atención el dichoso muñequito. Mis acompañantes de aquella noche le echaron la culpa a los whiskys.

 
Comentario:
Genial!

Me acabo de acordar de una tontería que con lo único que tiene que ver con el post la falta de simplicidad en los retretes.
Cita con un tío que me encantaba. Me lleva a tomar algo a un sitio hipermegaguay. Me voy al baño y descubro que el retrete parece una nave espacial llena de botones y yo, que tengo que tocarlo todo, antes de nada apreté uno de los botoncitos. Un chorro de agua a presión sale disparado y convierte aquel lugar en una improvisada ducha...
Salí del baño empapada.

En fin, una pena de cita.

Un beso.
 
Comentario:
No sé a quién se le ocurrió pintar una mosca en la porcelana de un inodoro de pie, pero la primera vez que yo lo vi fue en el año 95, en Alemania (como dice Aguardentero, limpiando). Su uso no lo descubrí hasta más tarde, comentándolo con amigos (en masculino) que por supuesto usan este tipo de retretes.
Por cierto, permitidme una curiosidad relacionada con el tema: hay bastantes hombres alemanes que mean sentados :-)

Saludines
 
Comentario:
Vaya! He visto en varios WC y urinarios públicos pegatinas de moscas, arañas y demás insectos adheridas en posiciones centrales. También he meado apuntando el chorro hacia el bichito en cuestión. Y sin embargo, hasta leer este post tuyo no me había parado a sumar dos más dos. Aunque cuatro también es tres más uno, o dos al cuadrado, o ... Pero, ciertamente, excluyendo quienes imitan sin saber el porqué, me convence bastante que la intencionalidad de la pegatina es aprovechar el afán lúdico que nos invade mientras meamos con objetivos higiénicos.

Dices que en realidad todos somos como críos, y es verdad. Y en algunas situaciones más que en otras. ¿Por qué orinar es una de ellas? Daría para varias hipótesis. Buen post y buenos antecedentes, aunque hay un par de cosillas que no terminan de cuadrarme, pero carecen de importancia. Saludos
 
Comentario:
Cada vez entiendo más a tu amiga,a aquella que te dijo que te parecías al doctor House.
 
Comentario:
Una vez, mientras mirábamos la final del mundial de futbol 94, en casa de una amiga, ésta le dijo a su hermano (a viva voz): "¡¡¡Coño, con lo grande que es el hueco del WC, y tu no puedes mear dentro!...pero el hueco de una vagina es pequeñito y ahi si puedes meterla no?...voy a tener que poner una foto de un coño dentro del wc, a ver si dejar de regar el suelo!!!"

Seguramente, muchos habían tenido la idea, pero como has dicho, no todos la desarrollan.

Besos

PD.Seguramente la mosquita es mejor que el cartelito. "Orina feliz, orina contento, pero por favor (hijo de puta), orina dentro"
 
Comentario:
Magnífica trilogia y epílogo. Enhorabuena por escribir así.
 
Comentario:
se vende, la mosquita se vende vecino, te lo digo yo que me paso el día limpiando retretes,
 
Comentario:
Siempre hay alguien más atrevido que va más allá de la idea, la evolución de la especie?

1beso
No