Ampliación de capital
Ayer tuve una conversación con un antiguo compañero de trabajo con el que coincido, además, por un proyecto que llevamos mi empresa y la suya. Fue por casualidad pero creo que él necesitaba hablar porque tardó dos segundos desde que nos encontramos en invitarme a un café para “contarme algo”. Tal vez por el hecho de que le habían dado la noticia hacía poco, tal vez porque yo también soy socio de una empresa me explicó que estaba bastante mal.
La historia no es muy compleja y bastante habitual: hace unos años este tipo se asoció con otros para formar una empresa. En realidad, lo que hicieron fue que sus socios le ofrecieron un porcentaje de la empresa para que él aportara su conocimientos y, sobre todo, sus contactos. Ahora, cuando la empresa parece que comienza a funcionar le plantean que van a hacer una ampliación de capital. Puesto que dispone de unos recursos limitados y mucho más en comparación con sus socios, es una forma legal de quitárselo de en medio. Quien tiene un diez por ciento en una empresa con capital de un millón de pesetas (por decir un ejemplo) se quedará con un cero coma uno por ciento si la empresa amplia capital hasta los cien millones y el no puede aportar los diez millones de su parte.
Me dio que pensar porque no hace demasiado esto mismo le sucedió a un familiar y porque, aunque no quiero pensarlo, es posible que me pase a mí en cualquier momento. Tanto en el caso de mi familiar como en el que me contaron ayer me llamó la atención que más que un tema de negocio, parecía una cuestión sentimental. Mi familiar incluso pasó una depresión mucho más por el hecho de sentirse traicionado por quien el creía sus amigos que por el dinero en sí. De hecho el disponía y dispone de otras empresas y recursos pero esto le dejo huella.
Me dio por pensar que si alguien de la mesa de al lado hubiese escuchado nuestra conversación, seguro que pensaría que se trataba de una infidelidad o algo parecido. Frases como “después de lo que yo he hecho por ellos y me lo pagan así”.
En el tiempo que llevo metido en el mundo empresarial (en la pequeña empresa) he reconocido siempre a la gente que tiene pasión por su trabajo, y la gente que tiene pasión por el dinero. En ambos casos se trata de gente muy trabajadora y cuya vida suele girar en torno a su empresa (algo muy mal visto que para mi tiene más sentido que hacer girar tu vida sobre la ultima conquista del torero de moda o sobre el ultimo gol del Madrid). La diferencia entre ellos se nota cuando se trata de tomar decisiones estratégicas. En estos casos los primeros son casi siempre más sentimentales y los segundos más pragmáticos y efectivos. En muchas empresas (por ejemplo en la mía) conviven socios de los dos tipos. Pondré un ejemplo. Si mañana viene un cliente y nos dice que nos paga un pastón si de pronto nos dedicamos a hacer pan estoy seguro que la postura de mis socios sería “vamos a comprar un horno” mientras que la mía sería “yo no quiero montar una panadería”.
En realidad la otra postura no es mala. Cada uno optamos por lo que más nos gusta. Yo por hacer y crear cosas en mi ámbito, ellos por crear empresa y ganar dinero. El único problema surge cuando para ti una empresa es un proyecto de vida y para otro es una sociedad anónima o limitada (que aparte de ser formas jurídicas no dejan de ser calificativos horrorosos si de verdad te identificas con ella).
Después de que me contó la historia esperó mi consejo o consuelo pero lo cierto es que no tengo ninguno. Ya me iba a casa y en el coche me dio por llamar a mi familiar ya que hacia mucho que no hablaba con él y de paso le conté la historia. Me sorprendió su respuesta:
- Que putada. Si no sabe que hacer dile que me llame a ver si hay algo en mi empresa.
- Se lo diré. De todas formas dice que a lo mejor pilla sus ahorros y monta él una empresa.
- Ok, pues dile que se pase por aquí y si hace algo que yo necesite ya tiene un cliente. Y sino, que le hago un precio especial en lo que yo hago.
Después de la conversación mi primera reacción fue divertida por esa muestra de solidaridad espontánea. Al final creo que cual organización de mujeres maltratadas o de padres divorciados separados de sus hijos, se creará la asociación de victimas de ampliación de capital. Más adelante profundice y me di cuenta que, confirmando mi teoría, hay quien hasta en algo tan aparentemente tan poco dado a sentimentalismos como el mundo de la empresa, demuestra sentimientos.
Como colofón, me acordé de otra de las frases que solía decir mi padre y a las que poco a poco les voy sacando todo su sentido: Hay gente tan pobre que no tiene más que dinero.
La historia no es muy compleja y bastante habitual: hace unos años este tipo se asoció con otros para formar una empresa. En realidad, lo que hicieron fue que sus socios le ofrecieron un porcentaje de la empresa para que él aportara su conocimientos y, sobre todo, sus contactos. Ahora, cuando la empresa parece que comienza a funcionar le plantean que van a hacer una ampliación de capital. Puesto que dispone de unos recursos limitados y mucho más en comparación con sus socios, es una forma legal de quitárselo de en medio. Quien tiene un diez por ciento en una empresa con capital de un millón de pesetas (por decir un ejemplo) se quedará con un cero coma uno por ciento si la empresa amplia capital hasta los cien millones y el no puede aportar los diez millones de su parte.
Me dio que pensar porque no hace demasiado esto mismo le sucedió a un familiar y porque, aunque no quiero pensarlo, es posible que me pase a mí en cualquier momento. Tanto en el caso de mi familiar como en el que me contaron ayer me llamó la atención que más que un tema de negocio, parecía una cuestión sentimental. Mi familiar incluso pasó una depresión mucho más por el hecho de sentirse traicionado por quien el creía sus amigos que por el dinero en sí. De hecho el disponía y dispone de otras empresas y recursos pero esto le dejo huella.
Me dio por pensar que si alguien de la mesa de al lado hubiese escuchado nuestra conversación, seguro que pensaría que se trataba de una infidelidad o algo parecido. Frases como “después de lo que yo he hecho por ellos y me lo pagan así”.
En el tiempo que llevo metido en el mundo empresarial (en la pequeña empresa) he reconocido siempre a la gente que tiene pasión por su trabajo, y la gente que tiene pasión por el dinero. En ambos casos se trata de gente muy trabajadora y cuya vida suele girar en torno a su empresa (algo muy mal visto que para mi tiene más sentido que hacer girar tu vida sobre la ultima conquista del torero de moda o sobre el ultimo gol del Madrid). La diferencia entre ellos se nota cuando se trata de tomar decisiones estratégicas. En estos casos los primeros son casi siempre más sentimentales y los segundos más pragmáticos y efectivos. En muchas empresas (por ejemplo en la mía) conviven socios de los dos tipos. Pondré un ejemplo. Si mañana viene un cliente y nos dice que nos paga un pastón si de pronto nos dedicamos a hacer pan estoy seguro que la postura de mis socios sería “vamos a comprar un horno” mientras que la mía sería “yo no quiero montar una panadería”.
En realidad la otra postura no es mala. Cada uno optamos por lo que más nos gusta. Yo por hacer y crear cosas en mi ámbito, ellos por crear empresa y ganar dinero. El único problema surge cuando para ti una empresa es un proyecto de vida y para otro es una sociedad anónima o limitada (que aparte de ser formas jurídicas no dejan de ser calificativos horrorosos si de verdad te identificas con ella).
Después de que me contó la historia esperó mi consejo o consuelo pero lo cierto es que no tengo ninguno. Ya me iba a casa y en el coche me dio por llamar a mi familiar ya que hacia mucho que no hablaba con él y de paso le conté la historia. Me sorprendió su respuesta:
- Que putada. Si no sabe que hacer dile que me llame a ver si hay algo en mi empresa.
- Se lo diré. De todas formas dice que a lo mejor pilla sus ahorros y monta él una empresa.
- Ok, pues dile que se pase por aquí y si hace algo que yo necesite ya tiene un cliente. Y sino, que le hago un precio especial en lo que yo hago.
Después de la conversación mi primera reacción fue divertida por esa muestra de solidaridad espontánea. Al final creo que cual organización de mujeres maltratadas o de padres divorciados separados de sus hijos, se creará la asociación de victimas de ampliación de capital. Más adelante profundice y me di cuenta que, confirmando mi teoría, hay quien hasta en algo tan aparentemente tan poco dado a sentimentalismos como el mundo de la empresa, demuestra sentimientos.
Como colofón, me acordé de otra de las frases que solía decir mi padre y a las que poco a poco les voy sacando todo su sentido: Hay gente tan pobre que no tiene más que dinero.
Comentario:
Estoy de acuerdo con la frase: El tiempo pone todo en su sitio, y también con la de "era tan pobre que no tenía más que dinero",creo lo ideal, es hacer lo que te gusta y disfratar del dinero que te proporciona, pero para mí, el motor no puede ser sólo el beneficio material,el motor ha de ser el amor que sientes hacia lo que haces,todo lo demás,viene solo.
Comentario:
Un proveedor mío (escocés para más señas) me dijo que un buen empresario ha de tener: un poco de corazón (se llevaba la mano al corazón), ha de tener un poco de cabeza (se llevaba la mano a la sien) y poco de pajaritos ( y movía graciosamente la mano encima de su cabeza a modo de pio,pio).
Me hizo gracia y recapacitando he llegado a la conclusión que si fallas en algo de las tres cosas, no llegas lejos. El tiempo pone a todos en su sitio.
Me hizo gracia y recapacitando he llegado a la conclusión que si fallas en algo de las tres cosas, no llegas lejos. El tiempo pone a todos en su sitio.
Comentario:
siempre queda la alternativa de ser un mercenario, pero claro, para eso hay que ser un sentimental y de esos quedamos pocos,
salud,
salud,
Comentario:
LA FRASE de tu padre, es la frase, si me dejas la adoptare... pero hay otra que dice..
somos pobres con alma de ricos....
en fin. lo lamento por tu amigo, menudo marron..
buen finde...
somos pobres con alma de ricos....
en fin. lo lamento por tu amigo, menudo marron..
buen finde...
Comentario:
¡Pero cómo no va a haber sentimientos en el mundo de la empresa si crear una debe ser tanto o más satisfactorio que escribir un libro o tener hijos!
Me encantó lo de la solidaridad entre empresarios apasionados y, por supuesto, lo bien escritas que siempre están tus historias.
Me encantó lo de la solidaridad entre empresarios apasionados y, por supuesto, lo bien escritas que siempre están tus historias.
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..."mejor dejar de invertir"...perdón me comí la sílaba.
Comentario:
Para ser prácticos si lo que le decepciona es la relación personal establecida con sus socios, le acaban de facilitar el trabajo. Acaba de descubrir que ha invertido capital en personas que no han rendido los intereses esperado. Y encima esa gente le ha puesto la solución en bandeja, cuando los intereses no son los esperados mejor de invertir porque más vale una decepción que quebrar porque hayan agotado hasta el capital invertido. En fin que no hay mal que por bien no venga, la libertad es un tesoro que no tiene precio.
Comentario:
A mi una de las frases "empresa" que mas me ha dolido fue: "Una empresa no tiene alma". Aunquer a dia de hoy he tenido la suerte de haber salido de las empresas por mi propio pie y no con un pie en la espalda, es una frase que me duele. Soy tan pueril que me gusta creer que una empres SI tiene alma, la de todas aquellas personas que trabajan en ella, que la hacen crecer, que creen ella. Si se forma la asociacion me apunto.
PS: "La empresa esta por encima de todo" es otra que tampoco me gusta un pelo.
PS: "La empresa esta por encima de todo" es otra que tampoco me gusta un pelo.
Comentario:
Supongo que para los negocios hacen falta las dos vertientes, la que disfruta con el trabajo y la que disfruta con el dinero.
Pero que sepas que me parece una pena... con lo bien que te tenía que quedar a ti el gorrito de panadero y el mandil blanco... y eso sin hablar del morbo que tiene pensar en que te pasarías el día con las manos en la masa.
Pero que sepas que me parece una pena... con lo bien que te tenía que quedar a ti el gorrito de panadero y el mandil blanco... y eso sin hablar del morbo que tiene pensar en que te pasarías el día con las manos en la masa.





