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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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La insoportable levedad del ser (y del estar).
Cuando estuve en Francia conocí a un tipo que era lo más parecido a un dandy que he visto en mi vida. El me dijo una vez que si regalaba flores debían ser siempre un número impar. ¿y si regalo una docena? –pregunte-. Por favor, esas son demasiadas, “yo me refiero a un regalo con clase”, una, tres o cinco máximo.

Desde entonces le tengo cierta simpatía al número impar y en las reuniones procuro que siempre haya un número impar de miembros y, a poder ser, no más de cinco. De hecho, si analizamos con detenimiento, hay pocas cosas dignas y con clase que se puedan hacer con más de cinco personas.

Solo hay una excepción donde el número mágico es el dos. Si, efectivamente, lo que todos estáis pensando: el ajedrez.

Ayer, por ejemplo, yo viajaba en un tren con otras cuatro personas. Éramos cinco (con su premio correspondiente) y descubrí que es un buen número para viajar. Tal vez sólo superado por el tres y definitivamente por el número mágico: uno.

La cuestión es que cuando viajan cinco puede darse la feliz circunstancia como la que se produjo ayer de que se establezcan dos conversaciones-discusiones paralelas y, además, tú puedas obviarlas.

Las conversaciones fueron sobre, sin duda, los dos asuntos (temas suelen decir este tipo de interlocutores) más importantes de la actualidad. A saber: el final de la liga y el final de la tregua de ETA.

En el primer caso la discusión se establecía entre un madridista y un atlético y tenía como hilo argumental la increíble suerte (creo que se utilizó el sinónimo de alto nivel “chorra”) del Real Madrid que, para el merengue se convirtió en justicia divina ya que hubiese sido de todo punto injusto que el Barca se hubiese hecho con la liga gracias a un gol con la mano.

La segunda conversación, de más nivel aún si cabe, se basaba en un acuerdo. Los dos contertulios estaban de acuerdo en que a Eta lo que había que hacer era derrotarla. El problema es que uno estaba mucho más de acuerdo que el otro. Y cuanto más de acuerdo estaban, más gritaban para demostrar a todo el vagón que, sin duda, ellos estaban mucho más de acuerdo. En el fondo, lo que subyacía en esta discusión estúpida aparentemente (y en el fondo también) era ni más ni menos que lo que está pasando entre media España y la otra media. Antes uno pensaba que lo mejor era negociar y otros que no había que hacerlo (a pesar de que lo hicieron cuando tuvieron oportunidad) y ahora que no hay más remedio los primeros deciden unirse a la opinión de los segundos con el consiguiente cabreo de estos. Porque sólo hay una cosa más irritante que la opinión contraria del adversario y es que a este le de por opinar lo mismo que tu.

Mientras tanto yo rememoraba mis tiempos de hace ya muchos años (últimamente de todo hace mucho) cuando montaba en el autobús después de una tarde-noche de frenesí adolescente y apoyaba mi cabeza en el cristal titineante. Lamentablemente en los AVE el tintineo no es ni parecido y no se te mete en la cabeza ni te produce esa extraña sensación de rechinar de dientes que comenzaba siendo molesta y terminaba siendo adictiva.

Me dio entonces por mirar por la ventana. Comencé mirando a través de la ventana pero terminé mirando a la ventana. Poco a poco, como si estuviera alcanzando algún tipo de relajación zen los sonidos provenientes de las conversaciones trascendentales sobre Messi, Raul, casillas, Zapatero, De Juana y Rajoy se fueron diluyendo y me dediqué a pensar en mis cosas.

Cuando ya estábamos llegando alguien me despertó del trance a base de un codazo (inoportuno como sólo puede ser un codazo) que me hizo suspirar por el número mágico de viajeros: uno.

- Que pasa tío, no has dicho nada?
- Y que quieres que diga?
- No sé, estamos aquí arreglando el mundo. No opinas?
- Siempre opino, ya lo sabes, pero es que hoy me aburren esos asuntos
- Vaya hombre, el señoriíto no considera bastante importante estos temas?
- No se si son importantes o no, pero desde luego no me resultan interesantes.
- Supongo que una ventana será mucho más interesante no?

De pronto recordé algo que leí hace mucho.

- ¿Sabias que las ventanas de vidrio están en realidad en estado líquido?. Se trata de un líquido muy viscoso pero líquido al fin y al cabo. Por eso, los cristales antiguos como por ejemplo las vidrieras de las catedrales suelen ser más anchos en su base que en la parte de arriba. El vidrio va escurriendo.
- Joder, pues no lo sabía.
- Pues a mi eso me parece más interesante que el gol de Messi o la reunión de Zapatero y Rajoy.
- Te voy a decir una cosa, no sé si te molestará o alguien te lo habrá dicho antes pero eres bastante raro eh?.
 
Comentario:
jajaja, me ha encantado. Viva la variedad y las rarezas.

(lo del vidrio me ha dejado boquiabierto)
 
Comentario:
Hola, como siempre un placer leerte.
La verdad que no tengo muchas ganas de hablar pero os sigo leyendo, aunque ultimamente te tomas tus tiempos.
 
Comentario:
  Un dia tendrás que explicarnos eso de que el vidrio en realidad es liquido.
  Entonces... ¿que hacemos? ¿en vez de regalar una docena de rosas, mejor regalamos 13? Seguro que alguno salta con la rimita y su pareado
 
Comentario:
Al fin y al cabo ¿no son los bichos raros los que terminan cambiando el mundo?

Besos de una maia.
 
Comentario:
Siempre he pensando que tres es multitud.. cinco ni te cuento, y después de la rimita de turno... pufff, aunque siempre me gustaron los números impares, sobre todo el 11, muchos años roté en la lista de clase entre el 11 y el 9.

1beso (aunque a veces sean mejor 2 que 1)
 
Comentario:
Yo te voy a decir otra: los que no son o vivan (como mi caso) en Sevilla, no entenderan lo del premio.
Un saludito.
 
Comentario:
el vidrio es líquido????...
explique eso, plis, profe...
 
Comentario:
Pues a mi a parte de decirme que a las chicas siempre se les regalan un número impar de rosas me dijeron el porqué. Resulta que el número debe ser siempre impar porque la obsequiada es la rosa que completa el número par del ramo.
 
Comentario:
Que sepas que no se dice "mudismo" (como he escrito yo) se dice mutismo.
Que quede constancia, que luego viene a corregirme la gente y me pongo colorada.
 
Comentario:
don tito usted raro?? que sabra ese hombre, usted es, en mi humilde entender, una persona fuera de la norma mediocre general, por eso lo ven raro.
A lo que iba.
Lo mejor de su reflexion de hoy, lo de las flores impares. Es verdad, es más glamuroso tres o 5 que una docena.
Una docena son muchas. Interesante.
Y esta frase
"Porque sólo hay una cosa más irritante que la opinión contraria del adversario y es que a este le de por opinar lo mismo que tu"
QUe esconde tanta verdad que me ha robado una sonrisa matinal.
DOn tito que tenga usted un hermoso día..
Saludos cariñosos
 
Comentario:
Claro que eres raro... pero chico, yo no te cambiaba por uno más normalito.

Yo para viajar creo que es mejor cinco que tres.
Si siendo cinco se dan cuenta de que no hablas, cuando sois sólo tres la cosa canta mucho más y la conversación puede de repente centrarse en ti y tu mudismo. (te lo digo yo... que de esto sé un mundo).

Un beso.
No