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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Superfuerte
Ayer fui a un centro comercial bastante pijo (de nombre igual a una urbanización bastante pija) a comprar algún trajecito. Al poco de dejar mi coche y mientras caminaba por el parking escuché un ruido terriblemente desagradable. Se trataba del inconfundible sonido que produce la puerta de un coche cuando golpea con otro aparcado al lado y encima, el coche golpeado es el tuyo.

Me quedé mirando y debo reconocer que pensé inmediatamente “una mujer seguro”. Sin querer entrar en discusiones sexistas de la categoría “yo de Venus, tú de Marte” alguien alguna vez tendría que hacer un estudio del porqué del hecho comprobado empíricamente de que las mujeres sean incapaces de abrir la puerta sólo un poco y lentamente. Puede que tenga que ver algo con la fisonomía femenina que disponga de un codo que solo tiene dos posiciones (cerrado o abierto a tope). Tal vez sea simplemente la misma razón por la que las madres cuando llevan a los niños “aparcan” apagando el motor (dejando el coche en medio de la calle): simplemente les importa una mierda los demás.

Después de este paréntesis que seguro me granjeará grandes cariños por parte de la audiencia femenina continuo.

El coche en cuestión era un Porsche (lease Porssssssssschhhhhh) y de él salió una mujer realmente espectacular. Creo que es el calificativo adecuado. Era una mujer de edad indefinida que parecía retocada por el photoshop. Una rubia con pinta de hiperpija con morenazo de yate (a lo mejor era de rayos UVA pero le pegaba lo del yate), pintada como un cuadro, con labios sospechosamente carnosos, con una camiseta ajustada que dejaba bien claro que alguien se había dejado un buen dinero en silicona y una falda corta que mostraba unas piernas increíbles. Para nada desentonaría como compi de compras o de café de Ana Obregón.

Yo, que aún estaba absorto (primero por el golpecito de los cojones y segundo por el espectáculo de la rubia mientras se acercaba) reaccione justo a tiempo para decirle lo más educadamente que soy posible (y soy mucho):

- Disculpa, ¿Acaso no te has dado cuenta de que había un coche al lado?. No creo que sea tan difícil abrir con un poco de cuidado ¿no?.

Es cierto que, aunque lo dije de forma muy educada en mi mente me imaginaba acompañando cada una de las sílabas de la frase con un golpe en la chapa de su coche (con-un-po-co-de-cui-da-do). También es cierto que gracias a esa calenturienta imaginación que tenemos algunos hombres (sólo los que respiramos) al principio imaginaba que los golpes se los daba yo con su cabeza en mi mano y al final más bien me imaginaba a ella dándolos sobre el capó del coche debido a mis embestidas.

En cualquier caso, que yo sea un sádico lujurioso jamás me ha impedido mostrar una exquisita compostura así que mi tono, aunque serio y reprochador, nunca fue ofensivo.

Sin embargo, y ante mi sorpresa, la rubia cambio la cara como si le hubiese amenazado de muerte y salió corriendo (más bien andando todo lo deprisa que le permitían los tacones de veinte centímetros). Si alguien hubiese visto la escena desde la lejanía, y vista la reacción de la rubia, tal vez pensaría que yo estaba amenazándola.

Tan rara fue su reacción que incluso preferí esperar a que ella cogiera el ascensor primero. Me quede pensando en su reacción. La única explicación que se me ocurre es que esta mujer no esté acostumbrada a que ningún hombre le hable sin la sonrisita de gilipollas que se nos suele poner a todos (a mi no pero sé que nadie me creería) delante de una mujer de bandera como esa. Imagino que el hecho de que yo no le hubiese invitado amablemente a machacar la puerta de mi coche cuando la señorita tuviese a bien le descolocó terriblemente. Incluso me dio por pensar como contaría la rubia el sucedido con sus amigas en el club: “Osea tia, superfuerte… estoy viva de milagro…”.

Según subía por el ascensor iba yo pensando en el Porsche (ya sabéis, Porsssssss…) y con esa vena tan asquerosamente machista que a veces tenemos los hombres (sólo los que tenemos nariz) pensaba en que seguro que ese coche se lo había pagado la rubia con el sudor de su frente. Es más, estoy seguro de que sudó bastante mientras lo conseguía.

Ya el centro comercial, pude apreciar una escena que confirmó mis impresiones. Desde la planta de arriba ví como aparecía la rubia, pasaba al lado de un grupo de hombre trajeados y todos sin excepción se volvían y comentaban entre si lo buena que estaba “la tía”. Me quede mirandola mientras caminaba. La verdad es que estaba impresionante. De pronto comencé a pensar. ¿No habría cometido un error fatal?. ¿No hubiese sido mejor invitarla a que machacara sin piedad la puerta de mi coche con la puerta de su porssssschhhh?.

Y es que es lo que nos pasa a veces a los hombres que respiramos y tenemos nariz, que ante determinadas perspectivas perdemos todas las demás y dudamos hasta de nuestras más arraigadas convicciones.
 
Comentario:
llevo un par de días enganchada a tu blog, y la verdad, no puedo dejar de leerte.
pero lo que quería comentarte es que lo que más me sorprende es que de lo que creo que se desprende de tus escritos (ya he llegado al post de 'lo que la gente imagina que soy: decepciones y descubrimientos') no te pega nada que tu reloj vaya atrasado una hora, porque además tus palabras te sitúan en madrid, no en canarias.
 
Comentario:
yo no suelo golpear los coches ajenos, aunque claro, no estoy operada. Bueno, si cuenta una operación de rodilla...

Un saludo
 
Comentario:
Mmh... la tía tenía 87 años, pero no lo notaste por los retoques. No le pidas pericia al volante a esa edad, puede que también tenga los codos retocados, por lo del pellejo sobrante, y por eso no los puede mover muy bien.
Oye, y si era tuyo el coche, ¿por qué no le sacaste allí mismo los papeles para hacer el parte? Espero que por lo menos salieras de tu embobtamiento para quedarte con su matrícula.
Y sí, haces méritos para granjearte el cariño femenino...


 
Comentario:
Pues tal y como la ibas describiendo, a mí me parecía una petarda.
Pero, para gustos los colores, y para golpes, mejor los de los porsche...
 
Comentario:
"Amos a ver" invitado. Todo tiene un límite. Incluso aún en el caso hipotético de que todo fuese ficción, sería mi ficción (y además yo preferiría ser bueno inventando).

Lamentablemente para la puerta de mi coche que tiene la marca del golpe esto se basa en un sucedido.

Así que si lo has leído en otro blog pon aquí la dirección y así podre saludar a quien haya tenido la feliz coincidencia (tampoco tan extraña) de que le haya sucedido algo parecido.

Lo que si tengo clarisimo es que este post no lo encuentras en otro blog (salvo tal vez en el tuyo a partir de mañana).

Que eso de la libertad para comentar está muy bien y puedes llamar a mi blog mediocre si te place pero no te aguanto que me acuses de plagio.

 
Comentario:
pamplinas titobeno esto lo lei en otro blog...dejad la mediocridad tio
 
Comentario:
que divertido te ha quedado este post.

me gusta cuando escribes así.

un beso.
 
Comentario:


Una duda peluda...¿espectacular = operada hasta la campanilla?

Cagüentó, ahora lo entiendo todo...

Salud.
 
Comentario:
Antes, cuando estaba conduciendo, en un momento de estos en los que tu mente vuela sin consentimiento alguno, me he dado cuenta que estaba pensando que hasta ahora te imagino tremendamente atractivo y un hombre al que "hacerle el amor" con tiempo, suavidad, ternura, delicadeza y dedicación. Después de este post, he pensado por un segundo en (follarte)

perdone usted el atrevimiento... son cosas que una no controla al volante.
 
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ufff, la vena machista te salio a tope hoy, eh?
 
Comentario:
  Mi mujer al menos cuando hace alguien alguna pirula es la primera que reconoce que "mujer tenía que ser". Lo siento, voy a salir a la calle a respirar por la nariz.
 
Comentario:
  Mi mujer al menos cuando hace alguien alguna pirula es la primera que reconoce que "mujer tenía que ser". Lo siento, voy a salir a la calle a respirar por la nariz.
 
Comentario:
Jo tío, qué fuerte!

Tienes tu coche marcado por el Porshhhhh de una tía impresionante y aún así te quejas... Algunos hombres habrían dado parte de su virilidad por estar en tu lugar y babearle alguna tontería en el escote a la rubia... y tú preocupado por la puerta de tu coche.

De verdad que no hay quién os entienda.

Como si no supieras que las mujeres nos operamos y nos vestimos como quinceañeras única y exclusivamente para que nos perdonéis las torpezas y poder disfrutar de esa cara de gilipollas con sonrisa de atontado que nos ponéis cuando veis un poco de carne y que, dicho sea de paso, tanto nos gusta.
 
Comentario:
La naturaleza es sabia, pero no tanto, pensó la rubia mientras entraba en el quirófano para retocarse las partes de su cuerpo que desarmarían del mal carácter de los hombres agresivos de su hábitat natural.
 
Comentario:
Probablemente ella no esté acostumbrada a esas entonaciones masculinas, pero ten bien seguro que se acordará más de ti que de los trajeados que se dan la vuelta a su paso.

Hay que marcar estilo.

Buenos días,
No