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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Cuentamé como pasó
Para mi el final de una decada significó el principio de muchas cosas. Fue entonces, en la primavera de 1979 para ser algo más precisos, cuando descubrí una lección que me ha servido varias veces en mi vida. Tengo la manía de sacar pequeñas notas mentales, a modo de moraleja, de muchas situaciones vividas. De aquellos tiempos guardé la idea de que a veces, las cosas dejan de hacerse solo porque no nos atrevemos a intentarlo.

Fueron unos días intensos aquellos. Primero, y después de convencerla durante bastante tiempo, aquella chiquilla preciosa me dijo que sí, que saldría conmigo. Qué temblores cuando, con mucho cuidado, le puse el brazo por encima del hombro… y que sensación de hombría cuando apoyó su cabeza en mi pecho. A veces pienso que los demás son solo versiones bastardas del primer amor.

Por aquel entonces, mis dos grandes preocupaciones eran el porqué temblaba al ver a esa cría rubia cuando un año antes seguramente ni la hubiese mirado (al fin y al cabo era una niña que no servía ni para jugar al fútbol ni a los trompos) y como haría para salir de viaje el fin de curso.

Llegado este punto debería decir que no recuerdo el porqué pero me había hecho cargo de la organización de un viaje de fin de curso. El más chiquitín (iba adelantado), el que no sabe hablar (ya al menos se me entendía algo) se hará cargo?.. un desastre seguro. El viaje de fin de curso que pagaba el colegio era una "magnífica" excursión de un día a una ciudad cercana. Yo pensé en hacer algo más. Con la ingenuidad propia de la edad, se me ocurrió hacer una fiesta o un concierto.

Un compañero de clase, repetidor pertinaz y muy mayor para nosotros (tenía 15) trabajaba por las tardes y fines de semana en un bar (por aquel entonces se podía trabajar con esa edad) donde iba un tío que tenía un grupo. Fui a verle al bar (un kiosco más bien) y me encontré con un tío que, entre asombrado y sonriente me miraba (imagino que alucinando) mientras yo, un mocoso muy serio, le explicaba mi plan: "Hacemos un concierto, y la mitad del dinero que saquemos para vosotros". Yo no había oído ese grupo en mi vida aunque mi amigo decía que eran muy buenos. Para mi era un grupo de barrio. Y lo era.

El tio me dijo algo como:

- Vale chaval. Tienes huevos.. si consigues un sitio donde tocar nosotros te ponemos el equipo y lo hacemos.

Recuerdo que mientras volvía a casa iba pensando, por una parte, como convencer al director para que nos dejara algún sitio y por otra que sería eso que vi que el tío se hacia mientras hablaba conmigo. Esa especie de piedra que había quemado y mezclado con el tabaco antes de liarlo en un papel. La verdad es que olía bien. Ese tío, con lo raro que parecía, y con su forma de hablar pausada, me había resultado extrañamente agradable. Pensé en su nombre… Jesús y se me ocurrió una idea.

Como me temía en el colegio no me dejaron hacer un concierto (ahora lo entiendo pero entonces yo estaba convencido que don Francisco se había fijado el objetivo de jodernos la vida). Mi hermana iba a un colegio de monjas cercano al mío. Tenían una capilla. Se me ocurrió comentárselo al párroco (un cura moderno, muy al estilo del cura de cuéntame como pasó) y, ante mi sorpresa, cuando le comenté quien era el grupo inmediatamente nos dejó la capilla. La organización fue impresionante… toda la clase haciendo carteles a mano. No había entradas, se cobraría en la puerta. Al llegar Jesús, su grupo y algunos otros que venían a ayudar en el montaje me quede impresionado al ver lo que traían.. el batería parecía que estaba poniendo un terendete de mercadillo con tantas campanitas y gons colgados pero con lo que flipé es que lo que yo creía un organo y ellos llamaban “sintetizador” y como tocaban una tecla y sonaba como si fuese una ola de mar. Alucinante. No sabría si sonarian bien pero parecian profesionales.

El párroco había tapado con trapos y sabanas todos los objetos susceptibles de ser estropeados y habíamos apartado los bancos largos.. era una capilla pequeña pero no esperábamos mucha gente. Solo los del colegio aunque nadie conocía a ese grupo. Cuando se acercaba la hora del concierto vimos, con asombro, como se llenaba la calle de gente con cazadoras vaqueras y pelos largos. Afortunadamente, la gente era muy tranquila y aguantó las estrecheces. Algunos eran viejísimos, más de veinte calculaba yo. Uno de los del grupo (el del bigote que me caía gordo porque se reia de mi) pilló todos los cirios que había y comenzó a encenderlos (yo solo pensaba en la bronca del cura). Cuando terminó el concierto, me acerqué a darle la mitad de lo recaudado a Jesús y este se lo enseñó al del bigote. Se rieron y revolviéndome el pelo con la mano me dijo: “vale chaval”,. Pero bueno, ¿Quién se creía ese tío para tratarme como a un niño?. Recuerdo que me fui cabreado. Yo ya era mayor joder!.

El cura, que había estado en el concierto, me hizo pagar los cirios pero la verdad es que no protestó porque era uno de sus grupos favoritos. Yo no entendía nada, porque jamás había oído hablar de ellos a pesar de que el nombre, obviamente, me era muy familiar.

El caso es que, con el dinero (más el del colegio y una ayudita de los papas), nos pudimos ir dos días a Granada toda la clase. Años después me di cuenta de todo lo que podía haber salido mal pero también recapacité sobre el hecho de que lo habíamos hecho porque no sabíamos que era imposible. Y a veces es lo único que se interpone entre nosostros y lo que queremos hacer es el miedo al fracaso.

PD: El concierto comenzó con una charla del cura diciendo que, por favor, fuésemos todos buenos y no estropeáramos nada. Todo el mundo se sentó en el suelo, se apagó la luz, se encendieron de forma simultánea decenas de esos cigarros raros que olian de forma peculiar y en un altar lleno de sábanas blancas y a la luz de unas velas uno de los tíos del grupo comenzó a tocar ese sintetizador. Recuerdo perfectamente la primera canción que tocaron, Hablaba de libertad, otra novedad para mi y para casi todos entonces. Y me puse a temblar como cuando veía a la niña de mis sueños.


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Comentario:
Todo es posible mientras no sospechemos que puede no serlo.

Preciosa anécdota.

Besos de una maia.
 
Comentario:
...Simplemente me ha encantado..tu recuerdo infantil y tu lección del trasfondo..por ser yo muchas veces de esas que dejan de hacer las cosas por miedo al fracaso...Un beso, Rocío.
PD-Y cuánto se ha superado aquel chico "temblón"...enhorabuena Tito!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.
 
Comentario:
A mí lo que me gustaría saber es cómo lo pasaron todos en Granada gracias a tu ilusión.
 
Comentario:
no te hagas de rogar y contesta, que nos tienes en ascuas mecagontó.
 
Comentario:
entonces eran triana??
porque tú lo vales!!
 
Comentario:
mecagüento, dime que estás hablando de triana y del desaparecido jesus de la rosa y me da algo. porque además en el 79 eran ya muy muy conocidos.
 
Comentario:
¡increible!
y sí que es cierto eso de que el miedo al fracaso es lo que casi siempre nos lleva a él.Yo tambien recuerdo que, con 14 años no habia nada imposible; ahora no sé si por la edad, o por haber dado muchos traspies, o, simplemente por acabar convenciendome a mi misma, todo parece mas complicado. Por eso es bueno que , de vez en cuando, alguien nos recuerde lo que sentíamos entonces y que, en realidad los complicados somos nosotros.
No