Ubicuidad
Lunes de invierno, tres de la mañana.. pasamos dentro del local.. Desde fuera apenas se nota movimiento pero cuando entramos está atestado. Solo apto para entendidos. Para los iniciados que sabemos que a esa hora, en esas fechas, en días como esos, hay muy pocos garitos abiertos en la ciudad.
Es un local tipo pasillo, primero abres una puerta.. no se oye nada, luego abres otra y de pronto te sumerges en una mezcla de la música del momento (“el pistolero” de Pistones) sonando atronadora y las decenas de clientes hablando y riendo, tratando de imponerse a la música. Barra larga de madera y ladrillos, paredes color granate. La gente se organiza en dos grupos, los que se apoyan en la barra y los que, taburete mediante, se apoyan en la pared de enfrente. El perfil de la clientela bastante heterogéneo pero con un denominador común: son los pocos que quieren divertirse cuando la inmensa mayoría duerme. Enfermeras, periodistas, camareros de otros bares de copas, informaticos de soporte de guardia y demás gente de mal vivir. Algún estudiante perdido.
De pronto se apaga la música y una serie de siseos recorre el bar desde una punta hasta otra… nadie sabe muy bien que pasa pero la masa obedece a la masa. Todos quietos. Cuando el silencio se hace sepulcral se escucha al final de la barra el sonido de los tonos de marcado desde el telefono público de sobremesa. Al auricular, un chaval de unos veinte, con pelo rizado y una copa en la mano. Termina de marcar, se espera unos segundos y, a pesar de que la conversación es casi un susurro, se escucha perfectamente en todo el bar…
- Hola mama... Si.. si.. es que me he quedado a estudiar con Juanjo en su casa. Hablo bajito porque sus padres están durmiendo.. solo te llamaba para decirte que no me esperes.. que mejor me quedo aquí a dormir porque todavía nos queda bastante.
Cinco segundos de asentimiento con la cabeza
- Vale mama, un beso.
Cuelga e inmediatamente la música vuelve a atronar y se confunde con la risa a carcajadas de los cómplices del engaño.
Desde aquel día, a veces, me da por pensar que estará haciendo realmente la persona que está al otro lado del teléfono. En realidad una de las ventajas del teléfono es que, puedes estar como quieras, haciendo lo que te apetezca siempre y cuando puedas hablar y, a ser posible, no se te note demasiado sofocado (de eso tengo una anécdota buenísima pero lo dejare para otro post). Es una de las claves que hace que la video conferencia no se haya popularizado.
Pero las ciencias adelantan que es una barbaridad y hoy en día hemos mejorado no solo las formas de comunicación, sino nuestra capacidad de engaño. Hemos llegado prácticamente obtener el preciado don de la ubicuidad.
Hace no mucho me contaron otra anécdota. Diez de la noche, en una casa cualquiera, alguien tiene el msn abierto.
- Si supieras lo que estoy haciendo mientras hablo contigo.
- Qué?
- Pues, entre mensaje y mensaje me ha dado tiempo de ir a mear, pillarme una cocacola, hacerme un bocata y ahora me lo estoy zapando.
- Ah. Bueno, yo me estoy haciendo un dedito..
- Joder.. pues si que te pongo cachonda
- No cariño, contigo no, con el maromo que tengo ahora mismo en cam
Es un local tipo pasillo, primero abres una puerta.. no se oye nada, luego abres otra y de pronto te sumerges en una mezcla de la música del momento (“el pistolero” de Pistones) sonando atronadora y las decenas de clientes hablando y riendo, tratando de imponerse a la música. Barra larga de madera y ladrillos, paredes color granate. La gente se organiza en dos grupos, los que se apoyan en la barra y los que, taburete mediante, se apoyan en la pared de enfrente. El perfil de la clientela bastante heterogéneo pero con un denominador común: son los pocos que quieren divertirse cuando la inmensa mayoría duerme. Enfermeras, periodistas, camareros de otros bares de copas, informaticos de soporte de guardia y demás gente de mal vivir. Algún estudiante perdido.
De pronto se apaga la música y una serie de siseos recorre el bar desde una punta hasta otra… nadie sabe muy bien que pasa pero la masa obedece a la masa. Todos quietos. Cuando el silencio se hace sepulcral se escucha al final de la barra el sonido de los tonos de marcado desde el telefono público de sobremesa. Al auricular, un chaval de unos veinte, con pelo rizado y una copa en la mano. Termina de marcar, se espera unos segundos y, a pesar de que la conversación es casi un susurro, se escucha perfectamente en todo el bar…
- Hola mama... Si.. si.. es que me he quedado a estudiar con Juanjo en su casa. Hablo bajito porque sus padres están durmiendo.. solo te llamaba para decirte que no me esperes.. que mejor me quedo aquí a dormir porque todavía nos queda bastante.
Cinco segundos de asentimiento con la cabeza
- Vale mama, un beso.
Cuelga e inmediatamente la música vuelve a atronar y se confunde con la risa a carcajadas de los cómplices del engaño.
Desde aquel día, a veces, me da por pensar que estará haciendo realmente la persona que está al otro lado del teléfono. En realidad una de las ventajas del teléfono es que, puedes estar como quieras, haciendo lo que te apetezca siempre y cuando puedas hablar y, a ser posible, no se te note demasiado sofocado (de eso tengo una anécdota buenísima pero lo dejare para otro post). Es una de las claves que hace que la video conferencia no se haya popularizado.
Pero las ciencias adelantan que es una barbaridad y hoy en día hemos mejorado no solo las formas de comunicación, sino nuestra capacidad de engaño. Hemos llegado prácticamente obtener el preciado don de la ubicuidad.
Hace no mucho me contaron otra anécdota. Diez de la noche, en una casa cualquiera, alguien tiene el msn abierto.
- Si supieras lo que estoy haciendo mientras hablo contigo.
- Qué?
- Pues, entre mensaje y mensaje me ha dado tiempo de ir a mear, pillarme una cocacola, hacerme un bocata y ahora me lo estoy zapando.
- Ah. Bueno, yo me estoy haciendo un dedito..
- Joder.. pues si que te pongo cachonda
- No cariño, contigo no, con el maromo que tengo ahora mismo en cam
Comentario:
buen local, sí señor!
eso es solidaridad.
eso es solidaridad.
Comentario:
Muy buenas las dos anécdotas. ¿Eso quiere decir que somos mentirosos por naturaleza?
Besos de una maia.
Besos de una maia.
Comentario:
Últimamente me hago muchas veces esa pregunta: qué estará haciendo mientras habla conmigo? Será porque más de una vez no hacía lo que decía o no estaba donde decía que estaba...mierda de moviles! ;)
Besos
Besos
Comentario:
Y... ¿qué más da? Mientras el que esté al teléfono satisfaga nuestros deseos, no importa si, además, es tan hábil como para satisfacer los deseos de algún otro/a... ¿verdad?
Comentario:
¡Qué razón tienes!¡Cuántas cosas se pueden hacer mientras se habla por teléfono...!
Besitos varios.
Besitos varios.
Comentario:
Genial tu post de hoy. Sinceramente creo que tendrías futuro como escritor. Quien no haya mentido nunca a sus padres es que nunca ha sido joven, lo que no quiere decir que esté bien hecho. Supongo que en su época nos daba apuro, ahora, en cierta medida, cuando ya eres mayor, echas de menos esa preocupación excesiva de tus progenitores por asegurar tu protección.





