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El Valle de Gabriela Mistral
Sucesos, reflexiones y literatura sobre Elki y Chile.
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Estudiante universitario chileno, radicado en la ciudad de Vicuña, cuarta región. Escribo poemas, notas para la prensa local, ensayos para publicarlos. Filosofías, ciencias y literaturas que provoquen un cambio espiritual. Películas, sobre todo europeas y asiáticas, especial énfasis en animé.
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TODAS LAS TRAGEDIAS SON ANUNCIADAS.
LaTercera / Nacional
Declaraciones judiciales de los procesados y sobrevivientes sobre la fatídica misión.
Antártica: testimonios de sobrevivientes relatan pormenores de tragedia.
Los suboficiales relatan cómo iniciaron una misión no autorizada para encubrir la pérdida de un trineo cargado de valioso equipo en una grieta de más de 30 metros de profundidad. Escucharon cómo agonizaban sus compañeros atrapados en el hielo. Un peritaje ordenado por el fiscal militar concluyó que el carro tractor en el que murieron los soldados no contaba con una "jaula" de fierro en la cabina, lo que podría haber evitado las muertes.
Jorge Poblete y Macarena Royo Fecha edición: 05-02-2006
FOTO: el ex comandante de la base, Armando Ibáñez (derecha) y el segundo comandante, Mauricio Toro (izquierda), se encuentran en prisión preventiva.
Todo comenzó con una grieta oculta por la nieve. El martes 6 de septiembre, mientras una patrulla de seis hombres de la Base Antártica Bernardo O'Higgins realizaba una misión de exploración hasta el refugio Jorge Boonen Rivera, ocurrió algo imprevisto. "Habíamos avanzado unos 3.000 metros aproximadamente (desde el refugio Abrazo de Maipú), cuando se escuchó un ruido raro en el carro y escuché que mi capitán (Enrique) Encina le dijo al conductor, el suboficial (Fernado) Burboa: acelera, acelera, una grieta".
Luego "mi capitán Encina me ordena que abra la puerta trasera del carro para avisarle a la moto que venía detrás de nosotros (...) y ahí nos percatamos que uno de los trineos", con valioso equipo de telecomunicaciones, vestuario, combustible y herramientas, había caído en el hoyo.
Esta declaración del suboficial Fernando Noriega -contenida en el expediente del caso, a piezas del cual accedió La Tercera- fue el punto de partida de la sucesión de errores y negligencias que terminó con tres soldados muertos y con los dos principales oficiales de la base -los tenientes coroneles Armando Ibáñez y Mauricio Toro-, procesados por el fiscal militar de Punta Arenas, Marcos Ibacache, por incumplimiento de deberes militares y por el cuasidelito de homicidio del capitán Encina y los suboficiales Jorge Basualto y Fernando Burboa.
El oficial a cargo de la misión era el comandante Toro, quien comunicó lo sucedido al teniente coronel Ibacache, entonces comandante de la base, quien, además, está encausado por falsedad.
El ocultamiento
El comandante Ibáñez declaró que "no informé a nadie de mis superiores de la pérdida del trineo, ya que no lo vi necesario, pues según lo informado por el capitán Encina, había posibilidades ciertas de recuperar las especies sin peligro para nadie", ya que él había marcado el lugar de la grieta con el GPS. Versión que, sin embargo, fue rechazada por el fiscal en el encausamiento.
El suboficial Manuel Soto declaró que "era opinión unánime que se informara al escalón superior de la pérdida del trineo y equipo para que se diera de baja, pero el teniente coronel Toro dijo que había que volver a la grieta a recuperar el trineo y el equipo". El oficial mencionado admitió ante el fiscal que prohibió a sus subordinados comentar el tema y recordó que, en una o varias oportunidades, les mencionó "la prohibición de que el personal informara de estos hechos a terceras personas fuera de la base, ya que lo correcto era que cualquier hecho o incidente ocurrido en la base lo debía informar su comandante".
Regreso a la grieta
Así, en secreto, se organizó la misión "de rescate".
A las 9.00 del 28 de septiembre, partieron en busca del trineo perdido. En un sno-cat conducido por el suboficial Burboa iban el capitán Encina, los suboficiales Basualto, Noriega, Raúl Poo, Héctor Cisterna y Sergio Ulloa. En una motonieve, detrás, iban el comandante Toro y el suboficial Soto.
El suboficial Noriega relató: "Llegamos al sector Mackenna, donde estaba todo cerrado. No se veía nada. Mi capitán Encina le hizo presente a mi teniente coronel Toro que no se podía continuar. Recuerdo claramente que le dijo: 'mi comandante, no están las condiciones para continuar'. Mi comandante Toro dijo, 'esperemos', cosa que hicimos y efectivamente unos 30 minutos después aclaró un poco".
Miedo
Tras sobrepasar el refugio de Maipú, sigue el relato de Noriega, "estamos a 500 metros de la grieta. Aquí empezamos a sentir miedo porque estaba todo barrido (cubierto por nieve). Entonces, mi capitán Encina dijo, 'por qué no damos cien mil pesos cada uno y pagamos el trineo, para no estar arriesgando la vida en este momento'. Yo lo apoyé inmediatamente, al igual que Cisterna, pero Basualto y Burboa dijeron que no tenían por qué pagar algo que no les correspondía", lo que tendría una consecuencia fatal.
Luego el suboficial Burboa detuvo el vehículo. Noriega aseguró que Burboa "le dijo a mi capitán que él no seguía, a lo que el oficial le dijo: 'avanza despacito otro par de metros. ¿No viste la cara que tiene mi comandante?'".
El suboficial Soto testificó que al llegar al sector de la grieta se bajó junto al suboficial Poo para rastrear la zona con sondas de avalancha. "Sondeamos el sector, visualmente todo estaba parejo y la grieta tapada, por lo que avanzamos sin encontrarla". Toro declaró que mientras los soldados revisaban el terreno, Encina le dijo que "si ya no se veía era mejor devolverse, a lo que asentí. Viramos y tomamos el mismo sendero marcado en la ida. Todo por seguridad".
La caída
Soto declaró que "me subí a la moto con Toro. Este útimo conducía el vehículo. El carro inició el avance y de repente se perdió del horizonte y le grité (a Toro) '¡grieta!, ¡acelere!'. Me encordé y autoaseguré, grito entonces hacia la grieta y nadie me respondió".
Uno de los soldados dentro del vehículo era el suboficial Poo: "Habríamos avanzado unos 80 metros más o menos, por la misma huella que recién habíamos pasado, cuando el carro de improviso cayó de punta en una grieta (...) Como a 30 metros de profundidad se detuvo el descenso, pero el motor continuaba funcionando".
"Salí como pude de cómo estaba apretado en las latas", agregó. Luego, bajó otros 10 metros, hasta donde estaba un trineo con cuerdas que habían llevado por seguridad. Desde ese punto comenzó a pedir ayuda hacia arriba.
"Polaco, mátame"
Poo dice que Encina le gritaba mientras tanto: "'Polaco, mátame, estoy sufriendo, estoy herido, boto sangre por la boca y la nariz, por favor, mátame' (...) Yo le decía 'ya voy', a pesar de que veía que no se iba a poder, porque estaba muy apretado por los fierros".
El suboficial Cisterna, otro de los sobrevivientes, recordó: "Mientras estaba en el carro, el suboficial Burboa me decía, 'pelaíto, me ahogo'. Yo le daba ánimo, que no lo iba a abandonar (...) Burboa todavía hablaba cuando salí. Oía su voz cada vez más lejana".
Arriba, dice Soto, "grité a Poo que amarrara una cuerda en una cinta que bajé, cosa que hizo. Posteriormente, con la moto, mi tte. coronel Toro tractó al sargento Poo (...) Con este mismo procedimiento subimos a los otros tres (Ulloa, Noriega y Cisterna) (...). Luego el tte. coronel Toro resolvió ir con el sargento Poo a buscar ayuda a la base", por lo que ellos pasaron la noche en el refugio Abrazo de Maipú.
Encubrimiento
"La mañana siguiente llegó (el teniente coronel) Toro con más gente y nos fuimos a la grieta (...) cortando fierro, sacando la puerta, llegamos finalmente donde estaban y constatamos que los tres se encontraban fallecidos".
La historia no termina allí. Tras enviar un equipo de rescate, Ibáñez decide escribir una orden falsa para encubrir el propósito de la misión, agregando en la página trece una hoja firmada por Encina para otro informe. Declaró al fiscal que lo hizo solo y "en un momento de desesperación".
Sobrevivientes sufren secuelas sicológicas
Al igual que algunos de los conscriptos que participaron en la marcha de Antuco, los sobrevivientes de la tragedia en la Antártica han sufrido severas secuelas sicológicas a raíz del accidente.
Es el caso de los suboficiales Fernando Noriega y Raúl Poo, a quienes se les otorgó licencias médicas luego de ocurridos los hechos. Fuentes ligadas a los uniformados afirmaron que ambos permanecieron internados cerca de 10 días en el Hospital Militar producto del síndrome de estrés postraumático, que hace a las víctimas de guerras o eventos catastróficos revivir lo vivido a meses de los hechos.
Peritaje revela deficiencias del carro de nieve.
Un informe reservado que el capitán Glezis Ramírez, especialista en montaña del Ejército, elaboró en terreno para el fiscal militar de Punta Arenas, Marcos Ibacache, reveló serias deficiencias en el tractor para la nieve Tucker Sno-cat matrícula E-502 que el 28 de septiembre cayó en una grieta tapada con nieve en la Antártica.
El informe Nº 1585/02 concluye que "el carro sno-cat de 4.200 kilos, el cual con la carga adicional bordeaba los 5.000 kg, al momento de precipitarse a la grieta, se desplazaba en una zona de inminente peligro, por los antecedentes con que se contaba (trineo caído a tierra el 6 de septiembre de 2005)".
Agrega que el carro "dejó al descubierto dos falencias principales. La primera, no contar con un corte de motor y de tracción automática, al momento de perder desnivel o adherencia de las dos orugas delanteras con la nieve o hielo, ya que de haberlo tenido, éste habría quedado suspendido en el borde de la grieta (...) Lo segundo, contar con una jaula de fierro acerado en el interior de la cabina, la cual habría permitido mantener intacta la cabina, brindando total seguridad a sus ocupantes".
Este último punto es significativo: según el mismo informe, "la cabina en su parte delantera está totalmente aplastada y aprisionada con las paredes de la grieta, la cual presenta un angostamiento que frenó la caída". El informe también concluye que el pronóstico meteorológico emanado por el Centro de la Base Frei advertía de una rapidez del viento de unos 28 kilómetros por hora y menos nueve grados Celcius bajo cero, lo que se traduce en una sensación térmica de entre -21º y -25º.

COMENTARIO:
¿Por qué todas las tragedias siempre son advertidas con anticipación y jamás se escuchan dichas advertencias? La naturaleza nada tiene que ver con ellas, sólo la estupidez e insensibilidad humana. Por eso este mundo, construido sobre una tecnología frágil, se derrumbará en cualquier momento. Únete al calendario de las 13 lunas. Conéctate con 13lunas.cl ó www.foundationforthelawoftime.org
 
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