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Su obra reducía la enorme variedad de mundos religiosos a uno solo, a través de algunas ideas claves: modelos cosmogónicos del mundo, abolición de la historia por la interpretación de mitos y leyendas primitivas y el uso de la religión como explicación de hierofanías (manifestaciones de lo sagrado en el mundo). También trató estos temas en sus novelas. Las obras más importantes de Eliade, escritas en francés o inglés son: El mito del eterno retorno (1949) , Tratado de historia de las religiones (1949) y los tres volúmenes de Historia de las creencias y las ideas religiosas (1985). Publicó además una autobiografía y varios volúmenes con sus diarios. De MITO Y REALIDAD: "El hombre de las sociedades tradicionales siente la unidad fundamental de todas las especies de obras o de formas, ya sean de orden biológico, psicológico o histórico. Una guerra desafortunada es equiparable a una enfermedad, a un corazón abatido y sombrío, a una mujer estéril, a la ausencia de inspiración en un poeta o a cualquier otra situación existencial crítica en la que el hombre se ve impulsado a la desesperación. En todas estas situaciones negativas y desesperadas, aparentemente sin salida, puede cambiarse la situación por la recitación del mito cosmogónico, especialmente por la recitación de las palabras gracias a las cuales Io engendró el Universo e hizo brillar la luz en las tinieblas. Dicho de otro modo: la Cosmogonía constituye el modelo ejemplar de toda situación creadora; todo lo que hace el hombre repite en cierta manera el hecho por excelencia, el gesto arquetípico del Dios creador: la Creación del Mundo. La Cosmogonía es el modelo ejemplar de toda especie de hacer, no sólo porque el Cosmos es el arquetipo ideal a la vez de toda situación creadora y de toda creación, sino también porque el Cosmos es una obra divina; está, pues, santificado en su propia estructura. Por extensión, todo lo que es perfecto, pleno, armonioso, fértil; en una palabra: todo lo que está cosmificado, todo lo que se parece a un Cosmos, es sagrado. Hacer bien algo, obrar, construir, crear, estructurar, dar forma, informar, formar, todo esto viene a decir que se lleva algo a la existencia, que se le da vida; en última instancia, que se le confiere un parecido al organismo armonioso por excelencia: el Cosmos. Pues el Cosmos, volveremos a decir, es la obra ejemplar de los dioses, es su obra maestra. Los Osage (tribu norteamericana), cuando nace un nińo, llaman a un hombre que ha hablado con los dioses. Al llegar a la casa de la parturienta recita ente el recién nacido la historia de la Creación del Universo y de los animales terrestres. A partir de este momento el recién nacido puede ser amamantado. Más tarde, cuando el nińo desea beber agua, se llama de nuevo al mismo hombre o a otro. Este recita a su vez la Creación completándola con la historia del origen del Agua. Cuando el nińo alcanza la edad de tomar alimentos sólidos, el hombre que ha hablado con los dioses vuelve a recitar de nuevo la Creación, esta vez relatando también el origen de los cereales y de otros alimentos". EL FIN DEL MUNDO EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO: "Desde principios de siglo, las artes plásticas, así como la literatura y la música, han conocido transformaciones tan radicales que se ha podido hablar incluso de una destrucción del lenguaje artístico. Comenzada en la pintura, esta destrucción del lenguaje se ha extendido a la poesía, a la novela y, recientemente, con Ionesco, al teatro. En ciertos casos se trata de una verdadera destrucción del Universo artístico establecido. Al contemplar algunas obras recientes, se tiene la impresión de que el artista ha querido hacer tabula rasa de toda la historia de la pintura. Más que una destrucción, es una regresión al Kaos, a una especie de massa confusa primordial. Y, sin embargo, ante tales obras, se adivina que el artista está a la búsqueda de algo que no se ha expresado aún. Le era preciso reducir a la Nada las ruinas y los escombros acumulados por las revoluciones plásticas precedentes; le era preciso llegar a una modalidad germinal de la materia para poder recomenzar de cero la historia del arte. En muchos artistas modernos se nota que la destrucción del lenguaje plástico no es sino la primera fase de un proceso más complejo y que la recreación de un Nuevo Universo debe seguir necesariamente". En el arte moderno, el nihilismo y el pesimismo de los primeros revolucionarios y demoledores representan actitudes ya pasadas. En nuestros días, ningún artista cree en la degeneración y desaparición inminente de su arte. Desde este punto de vista, su actitud se parece a la de los primitivos: han contribuido a la destrucción del Mundo, es decir, a la destrucción de su mundo, de su Universo artístico, con el fin de crear otro. Ahora bien: este fenómeno cultural es sumamente importante, pues son principalmente los artistas los representantes de las verdaderas fuerzas creadoras de una civilización o de una sociedad. Por su creación, los artistas anticipan lo que sucederá, a veces una o dos generaciones más tarde, en los demás sectores de la vida social y cultural. DE MITO y SUEŃO: El mito se define por su modo de ser: no se deja atrapar como mito sino en la medida en que revela que algo se ha manifestado plenamente, y esta manifestación es a la vez creadora y ejemplar, puesto que funda tanto una estructura de lo real como un comportamiento humano. Un mito refiere siempre que algo ha pasado realmente, que un acontecimiento ha tenido lugar en el sentido más neto del término, ya se trate de la creación del Mundo, o de la más insignificante especie animal o vegetal, o de una institución. El propio hecho de decir lo que ha ocurrido reveía cómo la existencia en cuestión se ha realizado (y ese cómo ocupa igualmente el lugar del porqué). Ahora bien, el acto de llegar al ser constituye a la vez la emergencia de una realidad y el descubrimiento de sus estructuras fundamentales. Cuando el mito cosmogónico refiere cómo ha sido creado el Mundo, revela a la vez la emergencia de esa realidad total que es el Cosmos, y su régimen ontológico: dice en qué sentido el Mundo es. La cosmografía es también una ontofanía, la manifestación plenaria del Ser. Y puesto que todos los mitos participan en cierto modo del tipo de mito cosmológico - por cuanto toda la historia de lo que ha ocurrido in illo tempore no es sino una variante de la historia ejemplar: cómo el Mundo vino al ser -, resulta que toda mitología es una ontofanía. Los mitos revelan las estructuras de lo real y los diferentes modos de ser en el mundo. Por ello constituyen el modelo ejemplar de los comportamientos humanos: revelan historias verdaderas, referentes a realidades. Pero ontofanía implica siempre teofanía o hierofanía. Son los Dioses o los Seres semidivinos quienes crearon el Mundo y fundaron los innumerables modos de ser en el Mundo, desde el que resulta particular para el hombre hasta el modo de ser del insecto. Revelando la historia de cuanto ha ocurrido in illo tempore, revelamos al propio tiempo una irrupción de lo sagrado en el Mundo. Cuando un Dios o un Héroe Civilizador ha instituido un comportamiento - un modo particular de alimentarse, por ejemplo -, no ha asegurado solamente la realidad de ese comportamiento (por cuanto hasta entonces ese gesto no existía, no se practicaba, era pues irreal), sino que, por el hecho mismo de que ese comportamiento haya sido su invención, constituye igualmente una teofanía, una creación divina. Alimentándose a la manera de los Dioses o de los Héroes Civilizadores, el hombre repite sus gestos y participa en cierto modo de sus presencias. Las páginas que siguen insisten suficientemente sobre la estructura y la función de los mitos como para que podamos contentarnos aquí con estas observaciones generales. Pero cuanto acabamos de expresar bastará para deslindar la diferencia radical de régimen ontológico entre los mitos y los sueńos. No hay mito si no hay descubrimiento de un “misterio”, revelación de un hecho fundamental que haya fundado ya sea una estructura de lo real, ya un comportamiento humano. De donde resulta que por su propia manera de ser, el mito no puede ser particular, privativo, personal. Sólo puede constituirse en mito en la medida en que revela la existencia y la actividad de los Seres sobrehumanos, comportándose de una manera ejemplar; lo cual - sobre el plano de la espiritualidad primitiva- es como decir: comportándose de una manera universal, por cuanto un mito vuélvese un modelo para el mundo entero (tal es nuestra manera de considerar la sociedad a la cual pertenecemos) y un modelo para la eternidad (por cuanto a ocurrido in illo tempore y no participa de la temporalidad). Finalmente, hay también una nota específica, que tiene su importancia: el mito es asumido por el hombre en calidad de ser total, no se dirige solamente a su inteligencia o a su imaginación. Y cuando no es asumido como una revelación de los “misterios”, el mito se “degrada”, se oscurece, vuélvese cuento o leyenda. No es preciso un largo análisis para demostrar que un sueńo no puede alcanzar a un régimen ontológico semejante. No es vivido por el hombre total y, por lo tanto, no logra transformar una situación particular en situación ejemplar, universalmente valedera. Un sueńo puede ser ciertamente descifrado, interpretado y puede entonces transmitir su mensaje de una manera más explícita. Pero como sueńo, considerado únicamente en su propio universo, le faltan esas dimensiones constitutivas de los mitos: la Ejemplaridad y la Universalidad. No es alcanzado como descubrimiento de las estructuras de lo real, ni de un comportamiento que, fundado por los dioses o los Héroes Civilizadores, se impone como ejemplar. °4 nH a@˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙R˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙