logotipo

img_google
Emociones web recalcitrantes
Lo mejor del pensamiento de Lao-tsé y la resistencia hepática de Keith Richards
Enlaces
The Urban Prisoner recomienda usar protección solar, calgón para su lavadora y leer los siguientes blogs:
Sindicación
 
Todos somos modosos
El hombre necesita referencias espacio-temporales para subsistir, una especie de “The Matrix” en el que situarnos y a partir de ahí maniobrar en las distintas facetas que conforman el tejido de nuestra existencia. (Nota: fragmento perfectamente extraíble de un libro de psicología argentino)

En una palabra: necesitamos modas o nos ponemos más nerviosos que Pocholo Martínez-Bordiú en un laboratorio anti-dopaje.

Además la cosa no es como empieza sino como acaba, porque las modas son animales vivos que nacen, evolucionan y (afortunadamente) mueren.

Dentro de nada podremos escuchar esto en las discotecas:

“Me llamo Pepe y bailo el requesón”.

Algo gracioso fue la actuación en la que Robbie Williams bailó toda la canción con los pantalones bajados. Creo que ese tío se está auto-saboteando para dejar por fin el mundo de la farándula y retirarse al monasterio budista de las Alpujarras. Pero cuando más sandeces hace más triunfa, porque ESTÁ DE MODA así que el pobre hombre está atrapado y no le dejan refugiarse en sus libros.

Cuando el niño decía:
- ¡“Mamá! ¿Me compras una rebeca de lana verde?
- “¿Por qué?”
- Porque Arturo la trajo y ahora todos en clase tienen una.
- ¿Y si Arturo se pone una mierda en el hombro tú también te la pones?

Recordad esto y arrepentíos:

“¡¡¡LOS TIEMPOS DE LA MIERDA EN EL HOMBRO CADA VEZ ESTÁN MÁS CERCA!!!”
 
Insultos en red
Internet está llevando la globalización a nuestros hogares y con ello se producirán un sinfín de situaciones no planteadas hasta ahora.

Por ejemplo, ante la más que previsible aparición de conflictos, ¿os habéis dado cuenta de lo difícil que es insultarse con un sudamericano?

Eres un Pinche, culero, pendejo, boludo (todo directo al bajo tronco, o patada en el bañador como decían en Pressing Catch)

Todo español que vio “Amores perros” salió del cine diciendo: ¿Qué será eso de “no mames güey”?
¿Me estará llamando buey? ¿me estará llamando mamón? ¿me estará llamando?

No sin cierto estupor leí una vez:
¡son ustedes la mayor bola de ojetes de la montaña! : (|

Puede que yo y mis amigos seamos una bola (¿?), puede que hasta seamos ojetes si eso fuera anatómicamente posible, ¡pero lo que no soportaría es que me llamara montañés! Y eso sí, todo con educación, porque vale que a un tío le puedas llamar ojete pero eso no quita que no puedas seguir llamándole de usted, como hacen ellos.

Mis confidentes me comentan que lo re-plús es decirle a alguien: “tú eres un gonorrea ajoputa”. Donde (a) gonorrea crea una connotación negativa del sujeto por asociarle con enfermedades venéreas, en especial la gonorrea causada por la bacteria cócica gram negativa Neisseria gonorreae, y (b) ajoputa hace referencia de un modo vagamente castellano-mórfico a un hijo de mujer del comercio carnal, de lo que tampoco hay que avergonzarse, cada uno es como es.

Seguiremos informando
 
Crítica musical volumen I
Acabo de ver el último video de Madonna,

De los 4 grandes del pop-rock americano: Bruce Springsteen, Prince, Madonna y Michael Jackson, sólo ella se ha mantenido en la cumbre porque es la más inteligente. The Boss saca la cabeza de vez en cuando, Prince sigue en los mundos de Yupi, y Michael Jackson follándose a Yupi (asumiendo que éste aparenta menos de 13 años).

En el video puedes ver como se tiene que mover una tía para provocar la acometida del macho y no la Britney Spears esa que encima ha parido sin dolor contradiciendo a la Biblia.

No hay duda de que Prince tiene un talento musical casi sobrenatural pero a diferencia del hombrecillo, en el que un fallo en una nota de alguno de sus músicos supone la eliminación automática, Madonna ha sabido siempre rodearse de los mejores como mi adorado William Orbit, y haciendo cosas tan maravillosas como Ray of Light. Totalmente camaleónica. Con dicho disco, todo el mundo se apuntó a clases de yoga y meditación, ahora todo el mundo se lanzará a la pista de baile.

En una palabra, todos los que dijimos a mediados de los 80 “a donde irá esta guarrilla!” ahora no tenemos más remedio que quitarnos el sombrero ante el paso de esta maravillosa mujer.
 
Sobre gatos no hay nada escrito
Que dura es la adolescencia. En un periodo tan corto hay que conocer la leyes que rigen el mundo para luego aplicar a la vida adultera, digo adulta. Y todo bajo un trasfondo hormonal casi incompatible con el pensamiento abstracto. No solamente están las ingentes cantidades de notas, apuntes y libros. También hablo de fuentes contrastadas del conocimiento alternativo como son el refranero popular español y las leyes de Murphy.

Cómo aún no teníamos ex-esposas a las que tuviéramos que pasar la pensión, mis compañeros de BUP y yo disfrutábamos de insondables tardes de asueto llenas inquietudes pseudo-científicas que analizar concienzudamente. Después de mucho estudio leímos que las leyes que tenían que dirigir nuestros pasos: podían llegar a contradecirse!! Se había planteado la llamada:

“Paradoja del gato y la tostada”

A saber:

(a) Ora por saber popular ora por fisiología animal sabíamos que todos los gatos caen de pie.
(b) Aplicando la regla maestra de Murphy: la tostada siempre cae en la alfombra por el lado de la mantequilla.

¿Serían unas leyes más fuertes que otras, y como tal la rueda a seguir?

Esto se había planteado pero nadie se había atrevido a comprobarlo. Ni cortos ni perezosos, dos de mis secuaces del instituto (no confundir con estatuto) y yo mismo adquirimos los materiales oportunos para el siguiente experimento:

Cogimos un gato y le atamos en el lomo una tostada en la que previamente habíamos extendido mantequilla, con la zona de la mantequilla hacia arriba. Desenvolvimos la alfombra del salón de uno de mis amigos y, aguantando la respiración, lanzamos el binomio gato-tostada al aire justo encima de la alfombra. Lo que ocurrió en ese momento tiene difícil explicación. Ante nuestros ojos se abrió una ventana que rezaba lo siguiente:

“Windows no puede realizar esta operación. Aceptar”

Pinchamos en aceptar y nos volvimos a casa cabizbajos entre la extrañeza y la decepción. Para colmo cuando iba por la calle se me cruzó un gato negro. Sin embargo tuve suerte porque era de noche y, como todo el mundo sabe, de noche todos los gatos son pardos.

Para telemadrid:

The Urban Prisoner