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El porque
Porque mi vida no es más que eso: una eterna lucha por sobrevivir a la incertidumbre, la de mi futuro, la de mis propias contradicciones que me impiden alcanzarlo...
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Sindicacion
 
b>[6]
Allí los descubrió. Ahora se reafirmaba en sus suposiciones sobre lo ocurrido. Había sido mucho peor que en su casa. Halló al matrimonio asesinado con una espada identica a la que le había arrebatado la vida a su padre. Ambos contra la pared, el hombre se encontraba sobre la mujer, quizá había sido un intento de protegerla, inútil porque los dos estaban atravesados por aquella afilada hoja que los clavaba a la pared de su vivienda condenandolos a derramar cada gota de su sangre hasta la inevitable muerte mientras ante sus ojos sus hijos desaparecían quien sabe de que modo.
Se acercó sigilosa al advertir que los quejidos provenían de la pareja. Caminaba despacio, su corazón se aceleraba ante la idea de tener que acercarse a la realidad que obsevaba pero que ella no llegaba a asimilar como auténtica. Se colocó detrás del hombre, junto a aquella misteriosa espada que ahora podía observar mejor. La empuñadura era negra, la hoja brillante hasta deslumbrar, se encontraba de nuevo ante aquel macabro espejo donde esta vez podía leer sobre su imagen "shi wa isshun deshou" (La muerte será rápida).
Temblando, resistiendo la rabia contenida, el miedo y el dolor, colocó su mano derecha sobre la espalda de aquel hombre tratando de averiguar si todavía peranecía vivo sin tener que acercarse más. Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir la muerte tan de cerca, estaba frío e inmóvil. Se acercó un poco más colocándose al lado de la pareja junto a la pared para descubrir a la mujer protegida inútilmente por el cuerpo de su marido, luchando por una respiración más y viendo escapar su vida a borbotones en cada una de ellas, sus ojos ya no veían, se perdían en la imagen que ella podía ya percibir del otro mundo.
Se estremeció. La veia aún con vida pero la sabía condenada, era inútil intentar salvarla porque era imposible. La mujer gimió al darse cuenta de su presencia pero no lograba verla nimucho menos reconocerla.
-Tranquila- Acertó a decir. -Ya falta poco- Se sentía estúpida por aquellas palabras, pero era lo único que podía decirle, estaba siendo cruelmente sincera.
La mujer trataba de hablar, de hacer de sus últimos segundos de vida algo útil para ella, pero no lograba articular las palabras. Su consciencia era inestable y no conseguía decir nada con sentido, solo sollozos y quejidos incomprensibles. De pronto, abrió los ojos, aquellos ojos perdidos y los fijósobre ella, como si pudiera verla, como si hubiera reunido sus últimas fuerzas para hacerlo. Ella se sorprendió, se asustó, algo le decía que aquella mujer tenía un mensaje para ella. Entonces, consiguió decir:
-Aquellos angeles lo sabían, lo sabían todo.
Antes de desplomar su cabeza sobre el frio pecho de su marido.


[Continuará...]
 
[5]
Se agachó para pasar por debajo de la ventana sin ser vista y se colocó junto a la puerta trasera de la vivienda. Permaneció allí un instante. Escuchaba ruidos de gente. Se dispuso a entrar. Fue sigilosa, esta vez la puerta no chirrió, estaba engrasada y se dejó abrir, entró con cuidado. Sus botas llenas de barro resbalaban al contacto con el suelo de la cocina, desordenada y sucia. Bordeó la mesa caminando despacio para no hacer ruido. Los sonidos se escuchaban cada vez más cercanos, advertía que se trataba de un aparato de televisión o radio todavía conectaado. Se asomó a través del arco que conectaba con el salón para encontrarse con el desastre.
Allí había sido mucho peor que en su casa, era obvio que a los vecinos si les había dado tiempo de reaccionar ante la intrusión nocturna. Había signos de lucha. Los muebles destrozados, las cortinas rasgadas, manchas de sangre. Se acercó a la televisión cuyo volumen casi la ensordecía y pulsó el botón de apagado. Agudizó su oido tratando de escuchar algo. El silencio devoraba cada paso que daba en el interior de aquel caos. Todo estaba sucio y desordenado. Quizá habían sorprendido a la pareja despierta y ésta se había defendido tratando de proteger a sus hijos que hacía horas dormían placidamente en el piso de arriba. Los niños vecinos tenian unos cuatro y seis años, de manera que al igual que a su hermano les habría resultado imposible huir o defenderse.
Si quedaba alguien allí debían estar en el piso de arriba. Se descubrió a si misma frente a las escaleras, queria subir pero algo se loimpedía. Quizá había empezado a recapacitar sobre todo lo ocurrido y comenzaba a debilitarse. No podía dejar que eso ocurriera. Hizo un esfuerzo por no derrumbarse y comenzó a subir las escaleras. Al colocar su pie izquierdo sobre el primer peldaño, éste dejó escapar un crujido. Como reacción a esto se escuchó un ligero quejido en el piso de arriba. Desconocía que podía ser pero pensó que quizá alguno de los hijos de los vecinos permanecía allí oculto o necesitaba ayuda. Comenzó a escalar un escalón tras otro con premura hasta que se encontró en el primer piso. Continuaba oyendo ese lamento pero no acertaba a descubrir de que habitación provenía. Se apresuró a irrumpir en todas ellas una por una comenzando por el principio del pasillo. Las registraba con prisa tratando de encontrar al pequeño escondido bajo alguna cama o en el interior de un armario. Entonces abrió la que debía ser la habitación de los niños para encontrar el origen de aquellos quejidos...

[Continuará...]
 
[4]
Decidió que lo mejor sería salir por la puerta de atrás, le parecía quizá más segura, anque en vista de los acontecimientos era bastante obvio que no había ningun lugar donde estar realmente a salvo. Se apoyó de espaldas a la pared donde ésta se encontraba y se asomó ligeramente tratando de controlar la situación, repasando el lugar al que tenía que salir. La lluvia habia convertido el patio en practicamente un barrizal, algunos juguetes rotos nadaban en el barro mientras parte de la valla que lo cercaba casi se hundía en él, dejando libre un paso hacia el jardín de la casa de al lado. Visto lo acontecido en la suya, no quería saber lo que había ocurrido allí, pero el rastro de pisadas se dirigía directamente de su patio al interior de la casa vecina, de modo que si tenían a su hermano debía seguirlo.
Se armó de valor y abrió la puerta con mucho sigilo, ésta se quejó en un sonido agudo que desencadenó otro en los matorrales cercanos. Se paró en seco sin soltar la puerta entreabierta para no delatar su posición. Se quedó muy quieta, con la mirada fija en el seto que acababa de moverse. Nada. Pensó que serían imaginaciones suyas y continuó empujando la puerta, de nuevo el chirriante sonido de las bisagras. Y de nuevo ese ruido de hojarasca proveniente del matorral. Frenó otra vez. Ahora estaba convencida. Había algo allí. Permaneció inmóvil, casi al acecho. No hizo falta esperar mucho. Una pequeña bola de pelo negro salió rodando de debajo del seto. Un cachorro de gato. No medía más de quince centimetros de largo y apenas sabía sostenerse en pie. Quizá había nacido hacía poco tiempo ajeno a todo lo sucedido. No era momento de ablandar su corazón dadas las circunstancias, de manera que salio de la casa y se dispuso a entrar en la de al lado. Con pasos cortos y torpes el animalito trazó un camino en zigzag que la seguía. Ella se giró. No podía creerlo.
-Dejame- Le susurró haciendo un gesto de falso desprecio.
-¡Miau!- Dijo timidamente su nuevo amigo
Aunque parecía imposible despues de lo que había visto, le resultaba imposible dejarlo allí. Se agachó. El gato la miraba espectante con sus enormes y preciosos ojos azules.
-Me vas a traer problemas- Le dijo muy bajito mientras acariciaba su frente con el dedo índice.
El animal se sentó sobre los cuartos traseros torciendo ligeramente la cabeza y mirandola con un gesto de incomprensión. Ella no lo pensó más.
-Te llamaré Sei to shi- Le dijo cogiendolo con suavidad, lo introdujo en su mochila y siguió la senda de pisadas hasta la casa vecina.

[Continuará...]
 
[3]
Se quedó paralizada. No podía creer lo que tenía frente a sí. Su cuerpo se estremeció. Sus rodillas flaqueaban. Su respiración se aceleraba. Sentía agarrotarse sus manos debido a la ansiedad. Sus mandibulas se apretaban haciendo sus dientes rechinar. Quería gritar y llorar, pero no podía. Y allí estaba él. Su padre, la persona que durante toda su vida había representado la protección, la seguridad. Ya no quedaba nada de eso. Recostado sobre la cama, sorprendido por la muerte a medianoche, sus ojos sin vida la miraban fijamente mientras una afilada espada atravesaba su pecho. Era una estampa aterradora, podía verse a si misma reflejada en la hoja de aquella espada mientras el cuerpo inerte de su padre todavía derramaba la sangre que teñía de rojo las sábanas. En ese instante una viva sensación la invadió desde lo más profundo. Una mezcla de varios recuerdos de su infancia, de cuando aún vivía su madre, de fiestas con sus padres, el nacimiento de su hermano, y algunos momentos insignificantes en la vida de una persona pero que para ella componían un puzzle de las cosas que ya nunca recuperaría. Se desplomó sobre sus rodillas, todo su cuerpo debilitado permanecía en el marco de la puerta ante el cadaver de su padre, era incapaz de dejar de temblar. Hasta que una fugaz y fria lucidez iluminó su pensamiento. Su hermano. Ya era tarde para su padre, pero quizá no para él.
Sacando fuerzas de flaqueza levantó la cabeza, y mirando su propia imagen reflejada en aquel macabro espejo, se levantó y abandonando el lecho de muerte de su padre atravesó corriendo el pasillo buscando al final de éste la esperanza de encontrar a su hermano pequeño quizá escondido como había hecho ella. Entró en la habitación, todo estaba desordenado, los juguetes pisoteados y destrozados iluminados por la lamparita que todavía coronaba la mesilla junto a la cama coponían un paisaje desolador. El armario abierto y la ropa esparcida por todas partes. La ventana rota. En el suelo aquellas pequeñas zapatillas con cabeza de elefante permanecían impasibles ante aquel horror. No estaba allí. Desconocía si eso era una buena o mala señal, pero se sintió más tranquila al no encontrarle.
Se dirigió entonces a la ventana, continuaba escuchando el bullicio a lo lejos, esos sonidos que no identificaba. Desde allí apenas podía ver nada. La calle devastada, algunas hogueras y poco más. No comprendía nada, pero algo le decía que en algun lugar de aquella yerma ciudad ahora invadida por un repentino caos, se encontraba su hermano, un pequeño niño de seis años atemorizado, quizá en manos de los causantes de todo aquello, y se sentía en la obligación de salir a buscarle...

[Continuará...]
 
[2]
Abrió ligeramente los ojos aún aturdida y desconcertada, veía borroso, hizo un esfuerzo por tratar de enfocar, pero fué inútil, estaba demasiado oscuro, ¿que ocurría? De pronto, logró ubicarse, una serie de imagenes rápidas y borrosas atravesaron su mente en tan solo un segundo. Todo había sido real.
Y allí estaba ella, dentro del armario de su habitación sin idea alguna de que era lo que había perturbado su tranquilidad en medio de la noche. Intentó agudizar su oido para tratar de reconocer los sonidos del exterior y asegurarse de que podía salir por fin de su escondite. No lograba escuchar nada, tan solo los mismos ruidos de la noche anterior que todavía no acertaba a reconocer, los sentía muy a lo lejos, de modo que se dijo a si misma que tenía que salir, necesitaba descubrir que estaba pasando.
Se movió despacio, deslizandose entre las sábanas que tan precipitadamente había arrancado de su cama y que todavía la envolvían. Acercó su cara a la puerta del armario y su ojo derecho a la rendija a través de la que ésta dejaba entrar una tenue luz azulada. Solo acertaba a ver su colchón vacío, pero todo parecía en calma. Se dispuso a salir, con mucho cuidado apoyó su mano en la puerta del armario empujandola ligeramente hacia fuera, sin oponer resistencia, ésta se abrió dejando ante sus ojos, su habitación, idéntica a como ella la había dejado, cada cosa en su exacto lugar, sin el más mínimo signo deque nadie hubiera pasado por allí. O quizá sí. No habían tocado nada, pero era obvio que habían estado allí, en el suelo se distinguian perfectamente las huellas de alguien, un hombre quizá por su gran tamaño, que provenían y se dirigian de nuevo hacia la puerta del cuarto que estaba entreabierta. Su cuerpo se estremeció, un duro escalofrío la recorrió al pensar en lo que podría encontrarse al otro lado de las paredes de su habitación. Aún era noche cerrada, de un modo extraño esto la tranquilizaba, sentía que le sería más facil esconderse. Pensaba en su familia, en su padre y su hermano pequeño. Su madre había muerto hacía años. De alguna manera sabía que ellos no lo habían conseguido, lo había asumido desde que despertó a aquella pesadilla horas antes.
Salió de su escondite, puso su descalzo pie izquierdo sobre el frio suelo, despues, el derecho. Intentaba ser tan sigilosa que se movía con torpeza. Con pasos cortos se dirigió a aquella fatidica puerta a través de la que el caos había irrumpido en su vida hacía apenas unos instantes. Estaba temblando, se acercaba despacio a descubrir el origen de todo aquello. Se apoyó en el marco. Deslizó su cabeza entre éste y la puerta y por fin lo vió. Nada. Allí estaba el pasillo de su casa, su habitación se encontraba al final de modo que desde allí solo veía las puertas de las otras habitaciones, y aquellas huellas de barro que eran signo de que alguien había recorrido su casa buscando algo, aún no sabía que.
Comenzó a recorrer el pasillo, que ahora parecía más largo que nunca, caminaba de puntillas con un claro objetivo, la habitación de su padre y la de su hermano. De prontó se paró. Allí estaba. La puerta del cuarto de su padre. Estaba cerrada. Le podían más los deseos de por fin descubrir que había al otro lado que el miedo y sin pensarlo demasiado, la abrió. La imagen que encontró al otro lado la marcaría para siempre...

[Continuará...]
 
[Paréntesis]
[1]
Se despertó sobresaltada, aturdida, confundida, nerviosa, se preguntaba que ocurría, oía golpes y gritos, a duras penas distinguía la realidad de lo que aún era su sueño, sonidos sordos cortaban el silencio de la noche, ruidos desconocidos para ella se batían en su cabeza creando una mezcla que aceleraba su pulso y hacía su cuerpo temblar.
¿Que estaba pasando? Ocurria tanto fuera como dentro de su casa, pero incomprensiblemente dentro de su habitación todo permanecía en calma. Se incorporó en la cama tratando de situarse, de aclarar sus ideas, fuera continuaba el bullicio, comenzó a aumentar su ansiedad a medida que iba siendo consciente de lo real de la situación, hasta que en un fugaz momento de lucidez, saltó de la cama, algo le decía que si salía del cuarto sería peor, que quizá ya era tarde para su familia y su instinto de supervivencia hizo el resto.
De un solo tirón arrancó las sábanas que cubrían su cama y casi envuelta en ellas se metió en el armario amparada por la oscuridad que bañaba toda la habitación. Pensó que era un escondite absurdo, pero no había nada mejor, de modo que se encomendó a su suerte y permaneció allí muy quieta y en silencio mientras sentía que la calma que todavía reinaba a ese lado de la puerta desaparecería pronto.
Pasos apresurados, un golpe sordo, la puerta cayendo al suelo, silencio.
Ella, desde el armario, cubría su boca para no dejar escapar el aire que aún la mantenía viva. Podía sentirlos acechando, como depredadores hambrientos. Escuchaba sus voces, sin distinguir su conversación. Más pasos, esta vez de una sola persona, casi podía sentir su repugnante y caliente aliento en la nuca. Los pasos se escuchaban cada vez más lentos, y más cercanos. En el interior del armario, su corazón bombeaba con tal fuerza que amenazaba con delatarla.
De pronto, el silencio. Era el momento decisivo, estaba segura de que un solo e insignificante movimiento tendría repercusión para el resto de su vida. Sentía ahora los latidos en las sienes, la cabeza pesada, sostenía la respiración. Se sentía mareada. Y entonces, escuchó alejarse los pasos que la acechaban, junto con las voces y parte del bullicio.
Aún permaneció quieta unos instantes, quizá por miedo a ser descubierta o quizá porque la tensión le impedía moverse. Entonces, dejó salir por su boca el aire que retenía para que no la delatase. Continuaba esa sensación, le dolían las manos de agarrarse a las sábanas como si quizá eso pudiera protegerla, tenía las piernas agrrotadas por la tensión, la cabeza le pesaba, la presión en las sienes era casi insoportable, su corazón bajaba poco a poco el ritmo a medida que su cuerpo le permitia relajarse paulatinamente. No podía aún analizar nada de lo que acababa de suceder, continuaba mareada, apenas podía sostener su cuerpo. Dejó caer suavemente los párpados tratando de aclarar su mente, y entonces se desvaneció. Se quedó allí quieta, dormida dentro del armario sin idea alguna de lo que acababa de ocurrir, ni por supuesto de lo que estaba por venir...

[Continuará...]
 
[El disfraz]
He vuelto a hacerlo. Me he tragado lo que sentía y he aguantado.He fingido que mi vida era como antes y nadie se ha dado cuenta. No estoy segura de que haya valido la pena. O quizá si. Estoy segura de que no la ha valido. En contra de lo que pueda parecer no me he sentido mal, en realidad no he sentido nada. Ha comenzado como una sensación de ansiedad, solo quería salir corriendo, pero al no hacerlo esta sensación ha desaparecido para ser sustituída por una de vacío que crecía a medida que engullía lo que quedaba de mi. Al final del día no tenía fuerzas ni para celebrar los frutos del esfuerzo realizado. No podía sentir nada porque no era yo. Era un sucedaneo de mi disfrazado de otra cosa. Estoy harta. Cada vez veo más factible que esta rutina termine por ahogarme. Me absorberá como una gran esponja sucia y no seré más que otra de las gotas mugrientas que de vez en cuando deja caer en su rezumante respirar.
Y ¿Qué hacer? Esto es la vida. Sobrevivir día a día a la incertidumbre que nos empuja a la monotonía. Da miedo. Darse cuenta que lo único que se puede hacer al despertar es seguir adelante, matar los sueños, limpiar la sangre e ir a trabajar. Es tan triste que ya no puedo ni llorar. Esta es mi realidad. Encerrar mis deseos, convertir mi corazón en una carcel para no sacrificarlos en este ritual de autodestrucción que es la vida diaria.
Algún día, mientras pase desapercibida entre la muchedumbre, explotaré, habrá un antes y un después de ese momento, nada volverá a ser lo mismo. Yo podré ser yo misma. Pero temo que ese día sea solo un sueño tras el que despertar a la fría y cruda realidad, levantarse de la cama y comenzar un nuevo día encerrada en este bucle sin sentido que se repite hasta enloquecerme...
 
[Mi reino,mis reglas]
Me gusta como soy y me gusta lo que escribo. Lo escribo porque lo pienso, lo siento y lo vivo. No me escondo. Todo esto es lo que soy. Este trocito del ciberespacio es mi reino y como princesa, no me siento en la obligación de justificar mis sentimientos. De modo que continuaré escribiendo sobre todo lo que a mi corazón se le antoje, sobre todas las cosas que atormenten mi vida, sobre las sombras que se esconden en la oscuridad y me atrapan si me distraigo.
Todo el mundo es bienvenido y libre de opinar, quedarse, o marcharse... pero siempre sin ofender, ni a mi ni al resto de personas que escriben aquí.
 
[Abandonar]
Efectivamente, Londres aún queda muy lejos. No me importa demasiado porque no me había hecho a la idea de ir. De modo que ha sido tan solo una pequeña desilusión. Quizá tampoco me importa por la perspectiva que tengo ahora de las cosas, del mundo, de mi vida y de mi. Estoy triste y ya no puedo ocultarlo. Hoy ha salido todo. No podía retenerlo más y las palabras han salido de mi boca encadenadas entre ellas de tal manera que resultaba imposible separarlas para frenarlas. Lo he dicho tranquila, como si fuera una verdad tan innegable que ni yo ni nadie pudiera hacer nada por ocultarla. Se lo he dicho a él. No quería hacerlo para que no se preocupase. Pero este sentimiento ya no puede esconderse más. Estoy exhausta de reprimir esto aqui dentro, me ha ido consumiendo hasta convertirme en una sombra de la persona que soy en realidad. Conozco todas estas sensaciones. Ya he estado en este punto, por eso tengo miedo. Porque lo único que deseo es abandonar. Porque lo que deseaba con tanta fuerza hace un año se ha convertido en una pesadilla. Y quiero dejarlo. Quiero abandonar. Pero...¿Que será de mi?
 
[Londres]
Un precioso sueño que no veo alcanzable por ahora.
 
[Mi vida]
Cada vez encajo menos en este mundo. Es sucio, oscuro y demasiado rápido. La gente corre por las calles, se empujan y odian en una lucha encarnizada por conseguir algo que yo ni siquiera alcanzo a comprender. Se persiguen en un crisol formado por luces de farolas, tráfico, semáforos, tiendas,... Sonidos que ensordecen. Ahogan el silencio.
Y así para siempre. Esto es la vida. Nunca dejar de competir, de arrancarse la piel por llegar más arriba. Estoy cansada, no lo entiendo y solo quiero gritar, solo puedo llorar mientras siento que estoy atrapada en el centro de todo eso y que nadie me ve. Estoy agotada, me siento debilitada, perdí las fuerzas en alguna parte del camino que me trajo hasta aquí. Y ya no tengo ganas de seguir.
Yo solo quiero despertar, sentarme en la cama, respirar y poder decidir que voy a hacer ese dia, estar tranquila, sentir que podría hacer cualquier cosa, no temer las consecuencias.
Ya no quiero pasar mi existencia evitando sobretodo las cosas que realmente deseo hacer. Luchando por conseguir las que en realidad ya son mías. Ya le tengo. Yo le escogí y él me escogió. Estamos juntos en "esto". Y lo único que no hacemos es fugarnos juntos. No me escapo por las noches a su cama. No duerme junto a mi. No pasamos el dia viendo el mar o jugando entre las sábanas. No vivimos en una preciosa casita alejada del mundo. No disfrutamos de nuestro microuniverso.
Estoy cansada. Cansada de madrugar, de pasar frio por lasmañanas, de verle para dejarle, de matarme a estudiar para terminar seguramente trabajando en un puesto donde mis estudios no sirvan para nada, de verle trabajar dia a dia sin que obtenga recompensa, de que mis dias sean grises, fríos y vacíos, de que el único momento que podemos pasar juntos esté sometido al capricho del reloj, de que la intimidad sea solo una palabra sin significado. De ver pasar mijuventud como un tren de alta velocidad que se escapa ante mis ojos y que jamás podré alcanzar. De sacrificar todo por nada. De que todos los dias sean asi. Y de que el futuro no pinte mejor. De asomarme a su ventana y ver que cambiarán los escenarios pero la esencia de mi vida será la misma. Ya no quiero sacrificar más, ya no quiero esperar más. Ya no puedo aguantar más. Mi vida ma atrapa, me somete y me domina. Quiero abandonarla y empezar a vivir...
 
[Cambio de hora]
Para mi representa la incursión en el rutinario mundo que me domina durante los meses de invierno. Nuevo mes. Noviembre. Huele a invierno. Como las tardes oscuras. Noche alas seis de la tarde. Lluvia. Las farolas encendidas. Las compras para navidad. La castañera en la esquina. Todo en contraposición a la vida que me atrapa. Esclava de mi rutina en la oscuridad de los grises dias del invierno.