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El porque
Porque mi vida no es más que eso: una eterna lucha por sobrevivir a la incertidumbre, la de mi futuro, la de mis propias contradicciones que me impiden alcanzarlo...
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Sindicacion
 
[Vacaciones Santillana]
El primer recuerdo que tengo de ser consciente de las vacaciones, debía tener unos 3 años,ni siquiera iba al colegio y debía ser el primer verano que pasabamos aquí. Como siempre hacía un calor de muerte, mis padres tenían que ir a votar y me llevaron al colegio electoral con un bikini de esos que se anudan a los lados de la cadera, estampado de cuadritos de muchos colores. Lo recuerdo como si fuera ahora mismo.

Durante mucho tiempo las vacaciones fueron para mi levantarse tarde, ir a la playa y largas sesiones de jugar con las barbies con mis hermanas en la terraza. Fiestas en la piscina,modelitos varios y ligoteos con Ken.

Ahora que ya soy mayorcita, mi perspectiva de las vacaciones ha cambiado un poco, se reducen a una semana y las espero desesperada buscando por todos los rincones de internet lo más parecido a esto por menos de 60€ la noche. Quizá pueda parecer una locura, pero si hasta Barbie puede permitirse unas vacaciones...
 
["Be a hero, be a star, anything but what you are..."]
Me gustaria saber porque los humanos hemos inventado la palabra mediocridad. Porque le dimos connotaciones negativas en lugar de neutras. Y porque la odiamos con toda la fuerza de nuestras almas.

Todos queremos destacar sobre los demas, pasar por encima de ellos, superarles. Y hacerlo en las cosas menos importantes, en las que menos nos definen y las que no nos aportan ninguna ventaja sobre ellos. No lo entiendo. Con la evolución hemos adquirido cualidades que nos convierten en seres deleznables y es algo que vamos a pagar con creces. Porque cada vez estamos más solos. Ya no es que nos sintamos así. Es que es la realidad. Estamos solos. Y es solo nuestra culpa. De cada uno de nosotros. Que nos empeñamos en apartarnos. En complicar nuestras vidas. En alejarnos incluso de nuestras familias. Todo para conseguir ascender, trepar, "progresar".

Progreso.
(Del lat. progressus).

1. m. Acción de ir hacia adelante.
2. m. Avance, adelanto, perfeccionamiento.


No creo que hayamos perfeccionado nuestra forma de vida. Hemos creado distracciones, comodidades que nos abstraen del mundo real, al cual odiamos porque no se en que momento de la historia nos convencimos de que existen unos "valores perfectos" en todos los campos de la vida humana que necesitamos alcanzar. Pero nunca lo conseguimos.
Por más que sacrificamos nuestros verdaderos deseos, por mas q sufrimos, lloramos, gritamos, tragamos, seguimos y escalamos, no conseguimos alcanzar la cúspide. Y no lo haremos nunca. Porque no existe. En nuestra mente está clarísima, pero a pesar de que subimos alto, allí nos damos cuenta de que hay otra cumbre un poco más alta, que aunque hasta ese momento no habíamos siquiera visto, deseamos llegar a tocar a cualquier precio. De modo que olvidamos nuestro logro, el que tantas lagrimas nos había costado, para continuar sufriendo por otra meta que quizá no alcancemos nunca o que, peor, alcancemos y tampoco sea de nuestra satisfacción. Nos encerramos en este absurdo bucle de "autosatisfacción" que no se sacia nunca y olvidamos lo verdaderamente importante.

Esto sirve para casi todo; estudios, puestos de trabajo, cargos, posesiones... sobretodo posesiones. Para casi todo.
Se escuchan discusiones entre jovenes acerca de cual tiene un coche mejor, pero nunca se les oye pelear por quien tiene los mejores amigos. Los padres de familia se preocupan porque no saben si podrán pagar un nuevo monovolumen, pero no lo hacen por que sus hijos no les tengan en cuenta en ningun aspecto de su vida porque han aprendido a vivir sin ellos. La gente mayor no escapa a la plaga. Las señoras alardean de sus hijos médicos o abogados. Sin embargo no discuten acerca de cual es más querida por sus vástagos. Si hoy comentase con alguien el fabuloso hotel en el que estuve con mi pareja el fin de semana pasado, seria tema de interés para mi interlocutor. En cambio si le dijese que esta tarde mientras veia una película con mi novio en el sofá de casa me encontré completamente plena, me miraría con gesto de extrañeza y cambiaría de tema para evitar la incomodidad del momento.

Damos por hechas tantas cosas que pierden para nosotros todo su valor. Hemos aprendido a dar a nuestas emociones un sentido práctico. Sentimos que desperdiciamos el tiempo que no empleamos en trabajar o en perseguir las estúpidas metas que nos marcamos para no sentirnos fracasados ante la sociedad, aunque si lo sintamos en nuestro interior.

Y yo pregunto ¿Por que? ¿Por que tenemos que ser cualquier cosa excepto nosotros? ¿Por que no podemos dar un sentido positivo a la mediocridad? ¿Por que no podemos disfrutar de ella? ¿Por que no somos capaces de poner color en nuestras vidas? ¿Por que nos encerramos en nosotros mismos en lugar de abrir los brazos a los demas? ¿Por que ya no decimos "te quiero" como un regalo? ¿Por que todo lo hacemos con temor? ¿Por que no podemos ser valientes y vivir? ¿Por que no podemos vivir? Con errores, con lo que nos toque, luchando solo por lo que necesitemos de verdad, disfrutando nuestra juventud, disfrutando de nuestros hijos, disfrutando la suerte de abrazar la madurez, disfrutando los ultimos dias como las gotas mas dulces del zumo de la fruta madura, y largarnos de la vida con una sonrisa y diciendo: "¡Buena suerte! a los que se quedan, yo me voy habiendo hecho todo lo que quería y como estoy plenamente satisfecho y no deseo nada mas, os dejo espacio y esta lección"
Y que todos, en vez de llorarnos, se alegren por que hemos conseguido la felicidad y les inste la lograrla, cada cual la suya y a su manera.

Quizá mi problema sea el idealismo...
 
[Rabia]
Es ese sentimiento que me quema por dentro y me hace sacar lo peor de mi. Son esos momentos que me van minando hasta que algo en mi interior decide que ya no puedo aguantar más. Intento ser pacífica pero este sentimiento me puede. Lo siento brotar de lo mas hondo de mí en ciertos momentos como hace unos minutos. Me digo a mi misma que debo ser paciente que me voy a arrepentir de toda la ira que quiero vomitar en forma de palabras.

Y entonces me callo. Lo hago por no herir a la otra persona, que es alguien que, no se porqué, me importa, y quien, obviamente, me lo está haciendo a mi.

Y entonces mi cólera me odia por rechazarla. Y se enciende aún más quemando hasta mis buenos sentimientos. Pero ya es tarde, porque he puesto fin a la discusión para evitar más problemas.

Y me quedo sola con mi ira, con mi rabia encendida consumiendome. Y lloro. (Yo siempre lloro). No lloro de pena, sino de la misma rabia. Y me siento estúpida y absurda, ridicula y penosa. Pago la discusión, me lamo las heridas de las que no he sabido defenderme y además intento aplacar la furia que se vuelve contra mi ya que no puede hacerlo contra nadie más.

Así ha empezado este dia.
 
[Lo que nadie quiso]
[abandonar]
(Del fr. abandonner, y este del germ. *banna, orden).
1. tr. Dejar, desamparar a alguien o algo.
2. tr. Dejar una ocupación, un intento, un derecho, etc., emprendido ya. En juegos y deportes, u. m. c. intr. Al tercer asalto, abandonó.
3. tr. Dejar un lugar, apartarse de él.
4. tr. Cesar de frecuentar o habitar un lugar.
5. tr. Apoyar, reclinar con dejadez. U. m. c. prnl.
6. tr. Entregar, confiar algo a una persona o cosa. U. m. c. prnl.
7. prnl. Dejarse dominar por afectos, pasiones o vicios.
8. prnl. Descuidar los intereses o las obligaciones.
9. prnl. Descuidar el aseo y la compostura.
10. prnl. Caer de ánimo, rendirse en las adversidades y contratiempos.


Todo empezó cuando me hablaron de un lugar en un pueblo cerca de mi ciudad, conocido popularmente como "El Preventorio", se trataba nada menos que de un lujoso balneario de principios del siglo XX con fuentes termales naturales que con la guerra civil se convirtió en un hospital para niños enfermos de tuberculosis. La intriga estaba servida, interrogué a todos mis conocidos tratando de hallar el lugar exacto, pero nadie pudo ayudarme. Finalmente, internet fue la herramienta. De manera que allí me dirigí con mi cámara. Despues de entrar de forma ilegal y tener la oportunidad de fotografiar el interior del hospital, las sillitas de los niños, las habitaciones, etc,.. caí presa de un gusanillo del que aún no he podido deshacerme.

Tras meses de una búsqueda poco fructifera de lugares parecidos en esta zona, me decidí a intentar encontrar algo de nuevo en internet. No fue así, pero encontré toda una cultura alrededor de esta afición (es que todo está inventado). Desde algunos que se dedican unicamente a tomar testimonio de sus allanamientos, hasta otros que reflejan los estragos de las acciones del hombre.
Entre éstos, otros que hacen una fotografía mas artística, pudiendo encontrar grandes contrastes, según la zona geográfica, entre unos lugares y otros (genial galería). Los lugares de Centroeuropa son más oscuros y tétricos, fábricas, hospitales, abandonados durante la segunda guerra mundial,etc,... pero Japón no se queda corto, tiene un extraño sabor de prisa que impresiona. Y es que en Asia todo lo hacen a lo grande.

Espero pronto poder tener mi propio álbum de lugares así. Una colección de lo que ya nadie quiso.


 
[La cuenta atrás]
Nunca le tuve miedo. Tengo miedo de otras cosas que quizá parezcan más absurdas. Para mi es lo único que tengo seguro en esta vida. El fin último al que he de llegar tarde o temprano. Ni espero el momento ni trato de eludir que existirá. Pero es lo único que escapa a esta incertidumbre.
Culturalmente la asumimos como algo oscuro y tenebroso, como una fuerza sobrehumana que nos arrebata a nuestros abuelos, a nuestros padres. La imaginamos como la imponente parca, una sombría presencia de ultratumbra, representada como un esqueleto sin cabeza cubierto por una capa negra y cuyo utensilio favorito es una sucia guadaña, una presencia cuya simple descripción, sin las connotaciones culturales, nos produciría algo más que hilaridad.
Inventamos (o no) historias sobre apariciones, misterios, mensajes post mortem, etc,... que alimentan nuestro miedo y nos hacen aferrarnos a una vida que quizá ni siquiera sabemos apreciar. Nos protegemos con supersticiones, ritos, etc,.. que nos resultarían estúpidos si de otra cuestión se tratase. Pero la muerte nos obsesiona de tal forma que no asumimos que no es lo peor que puede pasarnos. No somos conscientes de que uno es la última persona a la que afecta su muerte. Pero nos duele tanto cuando desaparece uno de los nuestros que poco nos importa si nuestros miedos están justificados. De manera que nos vestimos de negro y lloramos, decimos palabras estúpidas a aquellos que han sufrido la mayor pérdida y celebramos un rito absurdo que ni recordaremos en el futuro ni recordará al muerto. Y todo para fingirnos sobrepuestos a un fenómeno que no entendemos, para simular que asumimos natural un proceso que detestamos y tememos con toda la fuerza de nuestra vida, que se nos escapa cada segundo hacia el único desenlace posible.
Nunca quisimos saber tanto de la vida como de la muerte. Somos capaces de dar ambas pero solo es noticia cuando somos padres de la segunda.
 
[El futuro no existe...aún]
Cuando era pequeña ni me lo planteaba. Creo que fue en tercero de la desaparecida E.G.B. cuando me lo preguntaron por primera vez. Entonces decidí que quería ser profesora. No por vocación sino porque me encontraba sometida a un engendro entre Úrsula de "La Sirenita" y La Reina de Corazones de "Alicia en el Pais de las Maravillas" disfrazada de docente que atormentaba mi vida. Pretendía cambiar eso y ser una buena profesora, que enseñase y cuidase de sus alumnos y que tratase a todos con respeto y cariño.

De cualquier forma, lo veía tan lejano que no lo pensaba de verdad, así que como no tenía amigos ni otro lugar donde refugiarme, me dediqué a estudiar.
Era la mejor de la clase, no me gustaba serlo ni el precio que había tenido que pagar para ello, pero al menos a mis padres y profesores si, y de esta forma dejaron de verme rara y antisocial para comprenderlo todo por ser "muy estudiosa e inteligente".
Entonces empecé 6º, había alli una amante profesora de historia que nos encandilaba a todos con sus historias de griegos escultores e ingenieros egipcios. Entoncesdecidí que quería ser arqueóloga. Y viajar por el mundo descubriendo tesoros artísticos como jeroglificos ocultos o pinturas rupestres desconocidas.
Igualmente veía lejísimos el momento de desarrollar mi carrera, así que continuaba con mi propósito estúpido de agradar a los que podía, ya que con mis compañeros era imposible.

(En estos lares, alguna que otra desesperada y no correspondida historia de amor. Me escogieron para Celestina en lugar de para Melibea.)

Pasaron los años y me descubri a mi misma rellenando solicitudes para el instituto. "El Instituto". Todo un mundo. Me resultaba tan dificil adaptarme que ni pensaba en lo que iba a hacer cuando terminase. Mientras superaba la depresión a los 14 años solo pensaba en que acabase, lo que viniese despues no parecía poder ser peor.

La cuestión es que lo conseguí. Sacrificando mi expediente hasta entonces y dejando de lado las notas, por fin me dí cuenta de que ni mis padres, ni los profesores, ni la psicopedagoga, ni los tres psicólogos que me trataron, ni la medicación, podían ayudarme.
Lo soporté todo. Las burlas, los comentarios, las miradas, las notitas, las llamadas al despacho del jefe de estudios,las crisis de ansiedad, las lagrimas, la vergüenza, los gritos de mis padres, las noches en vela, la soledad. Mis amigas del colegio se desentendieron. Mi madre me gritaba y me obligaba a ir a clase. Mis hermanas eran pequeñas y ni se enteraban. Y la típica frase: "No es para tanto". ¿Y que sabrían?. Pero aguanté. Todo porque no sería nada en la vida si abandonaba. Todo por la Universidad. Porque se suponía que iría a la Universidad. No se quien lo supuso, pero se daba por hecho.
Y decidí ser psicóloga, para escuchar a la gente en lugar de encerrarlos en habitaciones con espejos haciendo tests y atiborrandoles de pastillas.

Y entonces llegó la realidad, La dura realidad. Las notas, los accesos, las facultades,.. No se puede estudiar "lo que se quiera".
De modo que tras meses de deliberación, charlas, visitas a la Universidad,consulta de libros, revisar una y otra vez las notas de corte, etc,.. Me decidí por lo que parecía más o menos accesible (estaba en mi ciudad y la nota era alcanzable) y creía que podía gustarme (aunque en realidad no tenía ni idea).
Pero no solo lo que había hecho los últimos cuatro años había definido las carreras a las que podría acceder, sino que además me jugaba la mayor parte de mi nota de acceso en una sesión de examenes para los que mi instituto no me había preparado como debiera. Resultado: una nota más baja de lo que esperaba, que sumada a una subida de la nota de corte de mi carrera, me trajo una de las grandes noticias de los últimos años. No admitida.
Me negaba a matricularme porque sí,asi que renuncié a las otras opciones, quizá porque en realidad el mundo universitario se me hacía demasiado grande y en el fondo rechazaba acceder a él.

Así que decidí repetir selectividad en septiembre. Pero la casualidad quiso que coincidiera con el examen una representación de mi grupo de teatro en el Teatro Principal. No podía negarme. No quería negarme. Era algo que quería experimentar y no lo pensé. Quizá hoy no hubiese tomado la misma decisión. Pero hoy no tengo 17 años y un espiritu soñador incombustible. De modo que renuncié y decidí que aquel año fuera sabático. Para pensar en el futuro y tomar alguna decisión.

Aquellos nueve meses pasaron volando. Aquel año me trajo lo mejor que me ha pasado nunca.La que sería la aventura mas grande de mi vida y que hasta hoy ha sido lo único con lo que he querido seguir adelante. Pero el tiempo corría y debía tomar una decisión. Me dejé aconsejar, me calentaron la cabeza y acabé matriculandome en una carrera que nome gustaba y de la que a lo sumo pise cinco o seis clases. Hasta que dejé de ir. Otro año perdido. Mis padres me daban por perdida. Y yo... yo intentando no naufragar en un mar de dudas que me consumía,cuando por fin me dí cuenta de que lo que escogiese en ese momento supuestamente decidiría mi futuro.

No quería hacerlo. Nunca quise. Pero lo hice. Cuando ya nadie creia en mi y me daban por una bala perdida, me preparé durante cuatro meses unas pruebas de acceso que me trajeron hasta donde estoy ahora. Las superé y todo pareció comenzar a ir bien. Pero poco a poco el sueño se convirtió en pesadilla. No sabria decir donde se produjo el cambio, si es que lo hubo. Mi corazón comenzó a ahogarse no se como ni porqué, hasta que tuve que tomar una decisión. Una decisión de la que no me arrepiendo porque realmente no podía hacer otra cosa. Porque frenar no significa parar, sino aprender a ir más despacio.

Crecer es algo que no decidí y que me encontré de bruces. La lección mas importante que he aprendido de toda esta experiencia es que lo que hago no define lo que soy. Cuando los años me lleven al borde de esta vida, no me llevaré lo que he estudiado, o los trabajos que he desempeñado. Me llevaré los momentos en los que he sido feliz, las buenas sensaciones, las personas a las que he querido, las canciones que me han gustado, los dias de playa, los sabados por la tarde, mi comida favorita, los viajes, los momentos especiales, los besos que he dado y recibido,...
No soy profesora, ni arqueóloga, ni psicologa, ni publicista, ni tampoco diseñadora,... Soy Lucía, y solo trato de sobrevivir. Sobrevivir a la incertidumbre.

* Dedicado a los que en los próximos días decidirán su futuro. Solo la experiencia nos hace crecer. Ni los exámenes ni las notas, ni las carreras nos definen, solo nosotros lo hacemos.
 
[Apatía]
Hoy me he sentado frente al portátil con el deseo de escribir, de expresar miles de sentimientos, pero sin la habilidad de hacerlo. Sin la capacidad de ordenar mis pensamientos para tratar de dar un tema al post de hoy. Estoy confusa y desordenada por dentro. Siento como si mi corazón se hubiera ido a vivir al estómago. No se exactamente porqué. Quizá tenía hambre y pensó que sería el mejor lugar para saciarla, pero no lo fue.
Asi que lo único que tengo son unas extrañas nauseas con regusto de ilusión de las que no se como deshacerme. La barriga llena y el pecho vacío.
Apatía. Creo q es este sentimiento. No lo conozco muy bien pero desemboca en rabia y ésta a su vez en ira. De pronto me siento enfadada con el mundo y ni siquiera se porqué.Supongo que es porque prefiero sentir enfado que no sentir nada.
 
[Junio]
Me gusta esquivar las conversaciones, me gusta evitar dar mi opinión. Me gusta observar a la gente. Me gusta sentarme al fondo en el autobus y mirar por la ventana. Me gusta ir en coche, sin rumbo. Me gustan los atardeceres, especialmente el momento en que se encienden las farolas pero aún no es de noche. Me gusta caminar con música. Me gusta que me miren. Me gusta imaginar historias sobre las personas que veo a mi alrededor. Me gusta de vez en cuendo mirar al cielo. Me gusta descubrir canciones nuevas que me conquisten. Me gusta sentir la brisa templada en la piel. Me gusta quitarme las gafas, cerrar los ojos y sentir esa brisa en los párpados. Me gusta olvidarme del mundo. Me gusta soñar, imaginar lugares a los que ir sin más equipaje que el corazón lleno. Me gusta sentir el corazón lleno, de amor, de sueños, de ilusiones. Me gustan las maletas vacías. Me gustan las cosas que brillan. Me gusta el momento en que apagan las luces en el cine. Me gusta el sonido del viento. Me gusta el silencio. Me gusta trasnochar. Me gusta madrugar, pero me resulta imposible. Me gustan las luces de fiesta. Me gustan los besos robados. Me gusta ese huequito. Me gustan las tardes de domingo desde que estoy contigo. Me gusta apalancarme contigo y ver pelis. Me gustas Me gusta ver a las parejas besarse en la calle. Me gustan las pintadas con mensajes. Me gusta mirar a las ventanas encendidas por la noche. Me gustan los anuncios. Me gusta despertar en otra cama. Me gustan los dias de lluvia. Me gusta mojarme con la lluvia. Me gustan los viejitos arrugados y flaquitos. Me gusta ser irónica y sarcástica.Me gustan los pendientes de aro grandes. Me gustan las chapas. Me gusta la letra "Century Gothic". Me gustan las canciones tristes. Me gusta sufrir por amor. Me gustan los documentales de viajes. Me gusta arreglarme para salir. Me gustan las noches de verano. Me gusta ir al cine. Me gusta mi pelo liso. Me gustan los viernes. Me gusta la gelatina de fresa. Me gusta probar las colonias. Me gusta dormir. Me gusta hacer fotos de todo lo que hay a mi alrededor. Me gusta esa casa abandonada que hay yendo para el McAuto. Me gustan los auriculares grandes que cubren toda la oreja. Me gustan las pelis de frikis. Me gusta la luna llena. Me gustan las camisetas blancas. Me gusta comer fuera. Me gusta el mes de junio.