Se despertó sobresaltada, aturdida, confundida, nerviosa, se preguntaba que ocurría, oía golpes y gritos, a duras penas distinguía la realidad de lo que aún era su sueño, sonidos sordos cortaban el silencio de la noche, ruidos desconocidos para ella se batían en su cabeza creando una mezcla que aceleraba su pulso y hacía su cuerpo temblar.
¿Que estaba pasando? Ocurria tanto fuera como dentro de su casa, pero incomprensiblemente dentro de su habitación todo permanecía en calma. Se incorporó en la cama tratando de situarse, de aclarar sus ideas, fuera continuaba el bullicio, comenzó a aumentar su ansiedad a medida que iba siendo consciente de lo real de la situación, hasta que en un fugaz momento de lucidez, saltó de la cama, algo le decía que si salía del cuarto sería peor, que quizá ya era tarde para su familia y su instinto de supervivencia hizo el resto.
De un solo tirón arrancó las sábanas que cubrían su cama y casi envuelta en ellas se metió en el armario amparada por la oscuridad que bañaba toda la habitación. Pensó que era un escondite absurdo, pero no había nada mejor, de modo que se encomendó a su suerte y permaneció allí muy quieta y en silencio mientras sentía que la calma que todavía reinaba a ese lado de la puerta desaparecería pronto.
Pasos apresurados, un golpe sordo, la puerta cayendo al suelo, silencio.
Ella, desde el armario, cubría su boca para no dejar escapar el aire que aún la mantenía viva. Podía sentirlos acechando, como depredadores hambrientos. Escuchaba sus voces, sin distinguir su conversación. Más pasos, esta vez de una sola persona, casi podía sentir su repugnante y caliente aliento en la nuca. Los pasos se escuchaban cada vez más lentos, y más cercanos. En el interior del armario, su corazón bombeaba con tal fuerza que amenazaba con delatarla.
De pronto, el silencio. Era el momento decisivo, estaba segura de que un solo e insignificante movimiento tendría repercusión para el resto de su vida. Sentía ahora los latidos en las sienes, la cabeza pesada, sostenía la respiración. Se sentía mareada. Y entonces, escuchó alejarse los pasos que la acechaban, junto con las voces y parte del bullicio.
Aún permaneció quieta unos instantes, quizá por miedo a ser descubierta o quizá porque la tensión le impedía moverse. Entonces, dejó salir por su boca el aire que retenía para que no la delatase. Continuaba esa sensación, le dolían las manos de agarrarse a las sábanas como si quizá eso pudiera protegerla, tenía las piernas agrrotadas por la tensión, la cabeza le pesaba, la presión en las sienes era casi insoportable, su corazón bajaba poco a poco el ritmo a medida que su cuerpo le permitia relajarse paulatinamente. No podía aún analizar nada de lo que acababa de suceder, continuaba mareada, apenas podía sostener su cuerpo. Dejó caer suavemente los párpados tratando de aclarar su mente, y entonces se desvaneció. Se quedó allí quieta, dormida dentro del armario sin idea alguna de lo que acababa de ocurrir, ni por supuesto de lo que estaba por venir...
[Continuará...]
¿Que estaba pasando? Ocurria tanto fuera como dentro de su casa, pero incomprensiblemente dentro de su habitación todo permanecía en calma. Se incorporó en la cama tratando de situarse, de aclarar sus ideas, fuera continuaba el bullicio, comenzó a aumentar su ansiedad a medida que iba siendo consciente de lo real de la situación, hasta que en un fugaz momento de lucidez, saltó de la cama, algo le decía que si salía del cuarto sería peor, que quizá ya era tarde para su familia y su instinto de supervivencia hizo el resto.
De un solo tirón arrancó las sábanas que cubrían su cama y casi envuelta en ellas se metió en el armario amparada por la oscuridad que bañaba toda la habitación. Pensó que era un escondite absurdo, pero no había nada mejor, de modo que se encomendó a su suerte y permaneció allí muy quieta y en silencio mientras sentía que la calma que todavía reinaba a ese lado de la puerta desaparecería pronto.
Pasos apresurados, un golpe sordo, la puerta cayendo al suelo, silencio.
Ella, desde el armario, cubría su boca para no dejar escapar el aire que aún la mantenía viva. Podía sentirlos acechando, como depredadores hambrientos. Escuchaba sus voces, sin distinguir su conversación. Más pasos, esta vez de una sola persona, casi podía sentir su repugnante y caliente aliento en la nuca. Los pasos se escuchaban cada vez más lentos, y más cercanos. En el interior del armario, su corazón bombeaba con tal fuerza que amenazaba con delatarla.
De pronto, el silencio. Era el momento decisivo, estaba segura de que un solo e insignificante movimiento tendría repercusión para el resto de su vida. Sentía ahora los latidos en las sienes, la cabeza pesada, sostenía la respiración. Se sentía mareada. Y entonces, escuchó alejarse los pasos que la acechaban, junto con las voces y parte del bullicio.
Aún permaneció quieta unos instantes, quizá por miedo a ser descubierta o quizá porque la tensión le impedía moverse. Entonces, dejó salir por su boca el aire que retenía para que no la delatase. Continuaba esa sensación, le dolían las manos de agarrarse a las sábanas como si quizá eso pudiera protegerla, tenía las piernas agrrotadas por la tensión, la cabeza le pesaba, la presión en las sienes era casi insoportable, su corazón bajaba poco a poco el ritmo a medida que su cuerpo le permitia relajarse paulatinamente. No podía aún analizar nada de lo que acababa de suceder, continuaba mareada, apenas podía sostener su cuerpo. Dejó caer suavemente los párpados tratando de aclarar su mente, y entonces se desvaneció. Se quedó allí quieta, dormida dentro del armario sin idea alguna de lo que acababa de ocurrir, ni por supuesto de lo que estaba por venir...
Comentario:
q bien escrito...
Felicidades
Felicidades
Comentario:
Ahora me gusta otro poquito menos el mundo





