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El porque
Porque mi vida no es más que eso: una eterna lucha por sobrevivir a la incertidumbre, la de mi futuro, la de mis propias contradicciones que me impiden alcanzarlo...
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[2]
Abrió ligeramente los ojos aún aturdida y desconcertada, veía borroso, hizo un esfuerzo por tratar de enfocar, pero fué inútil, estaba demasiado oscuro, ¿que ocurría? De pronto, logró ubicarse, una serie de imagenes rápidas y borrosas atravesaron su mente en tan solo un segundo. Todo había sido real.
Y allí estaba ella, dentro del armario de su habitación sin idea alguna de que era lo que había perturbado su tranquilidad en medio de la noche. Intentó agudizar su oido para tratar de reconocer los sonidos del exterior y asegurarse de que podía salir por fin de su escondite. No lograba escuchar nada, tan solo los mismos ruidos de la noche anterior que todavía no acertaba a reconocer, los sentía muy a lo lejos, de modo que se dijo a si misma que tenía que salir, necesitaba descubrir que estaba pasando.
Se movió despacio, deslizandose entre las sábanas que tan precipitadamente había arrancado de su cama y que todavía la envolvían. Acercó su cara a la puerta del armario y su ojo derecho a la rendija a través de la que ésta dejaba entrar una tenue luz azulada. Solo acertaba a ver su colchón vacío, pero todo parecía en calma. Se dispuso a salir, con mucho cuidado apoyó su mano en la puerta del armario empujandola ligeramente hacia fuera, sin oponer resistencia, ésta se abrió dejando ante sus ojos, su habitación, idéntica a como ella la había dejado, cada cosa en su exacto lugar, sin el más mínimo signo deque nadie hubiera pasado por allí. O quizá sí. No habían tocado nada, pero era obvio que habían estado allí, en el suelo se distinguian perfectamente las huellas de alguien, un hombre quizá por su gran tamaño, que provenían y se dirigian de nuevo hacia la puerta del cuarto que estaba entreabierta. Su cuerpo se estremeció, un duro escalofrío la recorrió al pensar en lo que podría encontrarse al otro lado de las paredes de su habitación. Aún era noche cerrada, de un modo extraño esto la tranquilizaba, sentía que le sería más facil esconderse. Pensaba en su familia, en su padre y su hermano pequeño. Su madre había muerto hacía años. De alguna manera sabía que ellos no lo habían conseguido, lo había asumido desde que despertó a aquella pesadilla horas antes.
Salió de su escondite, puso su descalzo pie izquierdo sobre el frio suelo, despues, el derecho. Intentaba ser tan sigilosa que se movía con torpeza. Con pasos cortos se dirigió a aquella fatidica puerta a través de la que el caos había irrumpido en su vida hacía apenas unos instantes. Estaba temblando, se acercaba despacio a descubrir el origen de todo aquello. Se apoyó en el marco. Deslizó su cabeza entre éste y la puerta y por fin lo vió. Nada. Allí estaba el pasillo de su casa, su habitación se encontraba al final de modo que desde allí solo veía las puertas de las otras habitaciones, y aquellas huellas de barro que eran signo de que alguien había recorrido su casa buscando algo, aún no sabía que.
Comenzó a recorrer el pasillo, que ahora parecía más largo que nunca, caminaba de puntillas con un claro objetivo, la habitación de su padre y la de su hermano. De prontó se paró. Allí estaba. La puerta del cuarto de su padre. Estaba cerrada. Le podían más los deseos de por fin descubrir que había al otro lado que el miedo y sin pensarlo demasiado, la abrió. La imagen que encontró al otro lado la marcaría para siempre...

[Continuará...]
No