Decidió que lo mejor sería salir por la puerta de atrás, le parecía quizá más segura, anque en vista de los acontecimientos era bastante obvio que no había ningun lugar donde estar realmente a salvo. Se apoyó de espaldas a la pared donde ésta se encontraba y se asomó ligeramente tratando de controlar la situación, repasando el lugar al que tenía que salir. La lluvia habia convertido el patio en practicamente un barrizal, algunos juguetes rotos nadaban en el barro mientras parte de la valla que lo cercaba casi se hundía en él, dejando libre un paso hacia el jardín de la casa de al lado. Visto lo acontecido en la suya, no quería saber lo que había ocurrido allí, pero el rastro de pisadas se dirigía directamente de su patio al interior de la casa vecina, de modo que si tenían a su hermano debía seguirlo.
Se armó de valor y abrió la puerta con mucho sigilo, ésta se quejó en un sonido agudo que desencadenó otro en los matorrales cercanos. Se paró en seco sin soltar la puerta entreabierta para no delatar su posición. Se quedó muy quieta, con la mirada fija en el seto que acababa de moverse. Nada. Pensó que serían imaginaciones suyas y continuó empujando la puerta, de nuevo el chirriante sonido de las bisagras. Y de nuevo ese ruido de hojarasca proveniente del matorral. Frenó otra vez. Ahora estaba convencida. Había algo allí. Permaneció inmóvil, casi al acecho. No hizo falta esperar mucho. Una pequeña bola de pelo negro salió rodando de debajo del seto. Un cachorro de gato. No medía más de quince centimetros de largo y apenas sabía sostenerse en pie. Quizá había nacido hacía poco tiempo ajeno a todo lo sucedido. No era momento de ablandar su corazón dadas las circunstancias, de manera que salio de la casa y se dispuso a entrar en la de al lado. Con pasos cortos y torpes el animalito trazó un camino en zigzag que la seguía. Ella se giró. No podía creerlo.
-Dejame- Le susurró haciendo un gesto de falso desprecio.
-¡Miau!- Dijo timidamente su nuevo amigo
Aunque parecía imposible despues de lo que había visto, le resultaba imposible dejarlo allí. Se agachó. El gato la miraba espectante con sus enormes y preciosos ojos azules.
-Me vas a traer problemas- Le dijo muy bajito mientras acariciaba su frente con el dedo índice.
El animal se sentó sobre los cuartos traseros torciendo ligeramente la cabeza y mirandola con un gesto de incomprensión. Ella no lo pensó más.
-Te llamaré Sei to shi- Le dijo cogiendolo con suavidad, lo introdujo en su mochila y siguió la senda de pisadas hasta la casa vecina.
[Continuará...]
Se armó de valor y abrió la puerta con mucho sigilo, ésta se quejó en un sonido agudo que desencadenó otro en los matorrales cercanos. Se paró en seco sin soltar la puerta entreabierta para no delatar su posición. Se quedó muy quieta, con la mirada fija en el seto que acababa de moverse. Nada. Pensó que serían imaginaciones suyas y continuó empujando la puerta, de nuevo el chirriante sonido de las bisagras. Y de nuevo ese ruido de hojarasca proveniente del matorral. Frenó otra vez. Ahora estaba convencida. Había algo allí. Permaneció inmóvil, casi al acecho. No hizo falta esperar mucho. Una pequeña bola de pelo negro salió rodando de debajo del seto. Un cachorro de gato. No medía más de quince centimetros de largo y apenas sabía sostenerse en pie. Quizá había nacido hacía poco tiempo ajeno a todo lo sucedido. No era momento de ablandar su corazón dadas las circunstancias, de manera que salio de la casa y se dispuso a entrar en la de al lado. Con pasos cortos y torpes el animalito trazó un camino en zigzag que la seguía. Ella se giró. No podía creerlo.
-Dejame- Le susurró haciendo un gesto de falso desprecio.
-¡Miau!- Dijo timidamente su nuevo amigo
Aunque parecía imposible despues de lo que había visto, le resultaba imposible dejarlo allí. Se agachó. El gato la miraba espectante con sus enormes y preciosos ojos azules.
-Me vas a traer problemas- Le dijo muy bajito mientras acariciaba su frente con el dedo índice.
El animal se sentó sobre los cuartos traseros torciendo ligeramente la cabeza y mirandola con un gesto de incomprensión. Ella no lo pensó más.
-Te llamaré Sei to shi- Le dijo cogiendolo con suavidad, lo introdujo en su mochila y siguió la senda de pisadas hasta la casa vecina.
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tu relato engancha un monton





