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El porque
Porque mi vida no es más que eso: una eterna lucha por sobrevivir a la incertidumbre, la de mi futuro, la de mis propias contradicciones que me impiden alcanzarlo...
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[5]
Se agachó para pasar por debajo de la ventana sin ser vista y se colocó junto a la puerta trasera de la vivienda. Permaneció allí un instante. Escuchaba ruidos de gente. Se dispuso a entrar. Fue sigilosa, esta vez la puerta no chirrió, estaba engrasada y se dejó abrir, entró con cuidado. Sus botas llenas de barro resbalaban al contacto con el suelo de la cocina, desordenada y sucia. Bordeó la mesa caminando despacio para no hacer ruido. Los sonidos se escuchaban cada vez más cercanos, advertía que se trataba de un aparato de televisión o radio todavía conectaado. Se asomó a través del arco que conectaba con el salón para encontrarse con el desastre.
Allí había sido mucho peor que en su casa, era obvio que a los vecinos si les había dado tiempo de reaccionar ante la intrusión nocturna. Había signos de lucha. Los muebles destrozados, las cortinas rasgadas, manchas de sangre. Se acercó a la televisión cuyo volumen casi la ensordecía y pulsó el botón de apagado. Agudizó su oido tratando de escuchar algo. El silencio devoraba cada paso que daba en el interior de aquel caos. Todo estaba sucio y desordenado. Quizá habían sorprendido a la pareja despierta y ésta se había defendido tratando de proteger a sus hijos que hacía horas dormían placidamente en el piso de arriba. Los niños vecinos tenian unos cuatro y seis años, de manera que al igual que a su hermano les habría resultado imposible huir o defenderse.
Si quedaba alguien allí debían estar en el piso de arriba. Se descubrió a si misma frente a las escaleras, queria subir pero algo se loimpedía. Quizá había empezado a recapacitar sobre todo lo ocurrido y comenzaba a debilitarse. No podía dejar que eso ocurriera. Hizo un esfuerzo por no derrumbarse y comenzó a subir las escaleras. Al colocar su pie izquierdo sobre el primer peldaño, éste dejó escapar un crujido. Como reacción a esto se escuchó un ligero quejido en el piso de arriba. Desconocía que podía ser pero pensó que quizá alguno de los hijos de los vecinos permanecía allí oculto o necesitaba ayuda. Comenzó a escalar un escalón tras otro con premura hasta que se encontró en el primer piso. Continuaba oyendo ese lamento pero no acertaba a descubrir de que habitación provenía. Se apresuró a irrumpir en todas ellas una por una comenzando por el principio del pasillo. Las registraba con prisa tratando de encontrar al pequeño escondido bajo alguna cama o en el interior de un armario. Entonces abrió la que debía ser la habitación de los niños para encontrar el origen de aquellos quejidos...

[Continuará...]
 
Comentario:
¡Uuuuf!
Pasaba por este blog...Y me lo he leido de un tiron.
¿Mañana, más? :-)
(lo del principio, prefiero considerarlo parte de otro blog. Aunque, por si te interesa... te puedo decir que esa sensacion se adormece con lo años. Y deja de doler) :-)
 
Comentario:
Sigo pasando por aquí... y me tienes esperando el desenlace.
No