[Angustia]
Es esa sensación. Se ha instalado dentro de mi y no me abandona. Hace días que no duermo. Me acuesto y cierro los ojos, pero no dejan de dar vuelas bajo los parpados como si quisieran saltar de las orbitas y abandonarme para siempre. Tampoco como, ni tengo hambre ni la comida me sacia. Estoy aquí pero en realidad no lo estoy. Me he vuelto tan inestable como uno de esos tente-en-pie, a veces llego a tocar el suelo pero nunca caigo del todo, esta sensación de aqui dentro me hace volver a saltar y seguir dando bandazos una y otra vez, de un lado a otro, desde el autocontrol hasta la perdida de los nervios, desde esas lagrimas inevitables que se escapan a borbotones en los momentos mas inoportunos hasta la risa absurda del que ya no puede hacer nada por mejorar su situación.
La veo en el espejo y siento que me dice algo, a veces no puedo oirla, pero otras veces la escucho claramente. Me dice lo que ya se, lo que sabe todo el mundo, me dice que no pasa nada, que estoy paranoica, que en realidad tengo lo que siempre habia deseado, lo que llevaba buscando mucho tiempo. Lo sé. Lo sé. En mi interior estoy segura de que tiene razón. pero algo no termina de funcionar. Hay algo más. Algo dentro de mi. Esa sensación. La sensación de que aunque todo va como debería ir, como hubiera deseado que fuera, no puedo soportar ni un minuto más. Y quiero llorar, y gritar, y salir corriendo, pero se que no debo hacerlo, que me arrepentiria tarde o temprano, que he trabajado mucho por llegar hasta aquí y tengo mucho que perder. Pero esa sensación no atiende a razones. Lo se porque llevo más de tres meses intentando hacerla callar, ignorandola, subiendo el volumen de mi vida lo suficiente como para escucharla solo como un murmullo. Pero ahora se hace cada vez más y más dificil. Los momentos en los que no la oigo todo parece ir bien, pero de pronto surge, se apodera de mí. Comienza por ese nudo en la garganta que se agarra como con uñas hasta subir a mi boca que se convierte en ese sabor amargo que llega a inundar mis ojos que se mueven rapidos buscando una salida que no encontrarán nunca, buscando al menos un lugar donde poder derramar esas lágrimas delatoras que ya no pueden enjugar por más tiempo. Despues esos escalofríos, como las garras del pánico arañando mi espalda, esperando verme caer para alimentarse de mi espíritu. Y me paralizo, no puedo soportarlo, quiero huir, correr tan lejos como pueda, buscar un lugar seguro donde guarecerme. Pero no puedo. Soy incapaz por mas que lo desee. Está ella. Que me mira desde el espejo repitiendo lo mismo una y otra vez. Ya no la reconozco. Y están todos los demás. Que me miran desde el otro lado de mi burbuja distorsionados por su redondez. Y está él. Que me mira y me espera y me cuida. Y al que siento le estoy robando algo esencial, que con gusto me entrega pero que no me pertenece. No se merece sufrir las consecuencias de mi carrusel de emociones. No se merece que descargue en él estos miedos y presiones, que terminarán por consumirme y que temo acaben por consumirle, por consumirnos.
La veo en el espejo y siento que me dice algo, a veces no puedo oirla, pero otras veces la escucho claramente. Me dice lo que ya se, lo que sabe todo el mundo, me dice que no pasa nada, que estoy paranoica, que en realidad tengo lo que siempre habia deseado, lo que llevaba buscando mucho tiempo. Lo sé. Lo sé. En mi interior estoy segura de que tiene razón. pero algo no termina de funcionar. Hay algo más. Algo dentro de mi. Esa sensación. La sensación de que aunque todo va como debería ir, como hubiera deseado que fuera, no puedo soportar ni un minuto más. Y quiero llorar, y gritar, y salir corriendo, pero se que no debo hacerlo, que me arrepentiria tarde o temprano, que he trabajado mucho por llegar hasta aquí y tengo mucho que perder. Pero esa sensación no atiende a razones. Lo se porque llevo más de tres meses intentando hacerla callar, ignorandola, subiendo el volumen de mi vida lo suficiente como para escucharla solo como un murmullo. Pero ahora se hace cada vez más y más dificil. Los momentos en los que no la oigo todo parece ir bien, pero de pronto surge, se apodera de mí. Comienza por ese nudo en la garganta que se agarra como con uñas hasta subir a mi boca que se convierte en ese sabor amargo que llega a inundar mis ojos que se mueven rapidos buscando una salida que no encontrarán nunca, buscando al menos un lugar donde poder derramar esas lágrimas delatoras que ya no pueden enjugar por más tiempo. Despues esos escalofríos, como las garras del pánico arañando mi espalda, esperando verme caer para alimentarse de mi espíritu. Y me paralizo, no puedo soportarlo, quiero huir, correr tan lejos como pueda, buscar un lugar seguro donde guarecerme. Pero no puedo. Soy incapaz por mas que lo desee. Está ella. Que me mira desde el espejo repitiendo lo mismo una y otra vez. Ya no la reconozco. Y están todos los demás. Que me miran desde el otro lado de mi burbuja distorsionados por su redondez. Y está él. Que me mira y me espera y me cuida. Y al que siento le estoy robando algo esencial, que con gusto me entrega pero que no me pertenece. No se merece sufrir las consecuencias de mi carrusel de emociones. No se merece que descargue en él estos miedos y presiones, que terminarán por consumirme y que temo acaben por consumirle, por consumirnos.
Comentario:
No es paranoia. La angustia es real. La sientes como un gran hueco en tu pecho. A veces duele, no en una manera alegórica, sino un dolor físico real que empieza en el pecho y llega hasta la cabeza para convertirse en una jaqueca.
Ese hueco tiene forma y tamaño. Lo que lo puede llenar no es físico, no existe en este mundo, no es algún objeto material, sino que es espiritual. Ese hueco tiene el tamaño de Dios.
Jesús, el Cristo, dijo: Vengan a mi todos los que estén cansados y cargados y yo los haré descansar.
Saludos desde México Princesa.
Ese hueco tiene forma y tamaño. Lo que lo puede llenar no es físico, no existe en este mundo, no es algún objeto material, sino que es espiritual. Ese hueco tiene el tamaño de Dios.
Jesús, el Cristo, dijo: Vengan a mi todos los que estén cansados y cargados y yo los haré descansar.
Saludos desde México Princesa.
Comentario:
Nadie llega al paraíso con los ojos secos.
Thomas Adams
Thomas Adams
Comentario:
No, no creo que sea la angustia lo que juzgue y sentencie todo lo que hay en tí, condenándote a concederle toda la razón! (esa sensación de "sabía que todo esto no podía ser cierto ni para siempre"...)
Ummm...la angustia siempre estará allí, a la vuelta, así como el miedo y la soledad, sólo hay que aprender a caminar en su calle, viéndoles a los ojos y sonriendo con ironía, porque definitivamente no vives allí.
Ummm...la angustia siempre estará allí, a la vuelta, así como el miedo y la soledad, sólo hay que aprender a caminar en su calle, viéndoles a los ojos y sonriendo con ironía, porque definitivamente no vives allí.





