[Ventanas encendidas en la oscuridad]
A veces, como ayer, pienso en la inmensidad insignificante de este mundo.
Dejando atrás kilometros en un extrañamente relajado atardecer de sábado. Las luces naranjas comenzaban a encenderse bajo el aún azul cielo que se desangraba en nubes rojas. En en interior del coche, solo nosotros y algo de música, silencio mientras disfrutabamos de aquel momento tranquilo a solas en mucho tiempo, mientras secretamente soñabamos que aquel fuera nuestro viaje y que jamás tuvieramos que regresar.
Al otro lado el aparentemente tranquilo mundo, silencioso como pocas veces, ocultando millones de vidas, de problemas, amores, desamores, pasiones ocultas, secretos temores, maravillosos sueños por cumplir, horribles pesadillas por olvidar e infinitos sentimientos desconocidos. Vidas que nadie conoce. Misterios que quedarán siempre ocultos. Personas que viven entre nosotros. Nosotros. Yo.
Me descubro a mi misma como un misterio para la gente que me rodea y pienso que quizá sea igual para todos los insignificantes seres que habitamos este planeta y que nos levantamos diariamente tratando de sobrevivir ocultando la parte más auténtica de nosotros. Quizá nunca nadie llegue a conocer a nadie en el mundo en que nos movemos. Quizá nunca nadie se desnude sincero ante nadie por miedo. Quizá poco a poco nos vayamos alejando más y más unos de otros, hasta que el frio hiele nuestros corazones.Quizá nadie podría decir palabras autenticas de nadie. Quizá nunca podrán. Quizá los sueños parecerían más alcanzables si los compartieramos. Quizá la ciudad no sería tan cruel si todos lo hicieramos. Quizá el miedo desaparecería. Quizá...
Mañana despertaremos, despertaré, y seguiré ocultandole al mundo estos secretos anhelos, estos deseos ocultos, este fuego invisible que quema mi corazón de desesperación, y de desesperanza. Arañaré de nuevo el espejo al no reconocerme allí y maquillaré mi alma de vida para salir a sobrevivir a la incertidumbre.
Dejando atrás kilometros en un extrañamente relajado atardecer de sábado. Las luces naranjas comenzaban a encenderse bajo el aún azul cielo que se desangraba en nubes rojas. En en interior del coche, solo nosotros y algo de música, silencio mientras disfrutabamos de aquel momento tranquilo a solas en mucho tiempo, mientras secretamente soñabamos que aquel fuera nuestro viaje y que jamás tuvieramos que regresar.
Al otro lado el aparentemente tranquilo mundo, silencioso como pocas veces, ocultando millones de vidas, de problemas, amores, desamores, pasiones ocultas, secretos temores, maravillosos sueños por cumplir, horribles pesadillas por olvidar e infinitos sentimientos desconocidos. Vidas que nadie conoce. Misterios que quedarán siempre ocultos. Personas que viven entre nosotros. Nosotros. Yo.
Me descubro a mi misma como un misterio para la gente que me rodea y pienso que quizá sea igual para todos los insignificantes seres que habitamos este planeta y que nos levantamos diariamente tratando de sobrevivir ocultando la parte más auténtica de nosotros. Quizá nunca nadie llegue a conocer a nadie en el mundo en que nos movemos. Quizá nunca nadie se desnude sincero ante nadie por miedo. Quizá poco a poco nos vayamos alejando más y más unos de otros, hasta que el frio hiele nuestros corazones.Quizá nadie podría decir palabras autenticas de nadie. Quizá nunca podrán. Quizá los sueños parecerían más alcanzables si los compartieramos. Quizá la ciudad no sería tan cruel si todos lo hicieramos. Quizá el miedo desaparecería. Quizá...
Mañana despertaremos, despertaré, y seguiré ocultandole al mundo estos secretos anhelos, estos deseos ocultos, este fuego invisible que quema mi corazón de desesperación, y de desesperanza. Arañaré de nuevo el espejo al no reconocerme allí y maquillaré mi alma de vida para salir a sobrevivir a la incertidumbre.





