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El porque
Porque mi vida no es más que eso: una eterna lucha por sobrevivir a la incertidumbre, la de mi futuro, la de mis propias contradicciones que me impiden alcanzarlo...
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[El futuro no existe...aún]
Cuando era pequeña ni me lo planteaba. Creo que fue en tercero de la desaparecida E.G.B. cuando me lo preguntaron por primera vez. Entonces decidí que quería ser profesora. No por vocación sino porque me encontraba sometida a un engendro entre Úrsula de "La Sirenita" y La Reina de Corazones de "Alicia en el Pais de las Maravillas" disfrazada de docente que atormentaba mi vida. Pretendía cambiar eso y ser una buena profesora, que enseñase y cuidase de sus alumnos y que tratase a todos con respeto y cariño.

De cualquier forma, lo veía tan lejano que no lo pensaba de verdad, así que como no tenía amigos ni otro lugar donde refugiarme, me dediqué a estudiar.
Era la mejor de la clase, no me gustaba serlo ni el precio que había tenido que pagar para ello, pero al menos a mis padres y profesores si, y de esta forma dejaron de verme rara y antisocial para comprenderlo todo por ser "muy estudiosa e inteligente".
Entonces empecé 6º, había alli una amante profesora de historia que nos encandilaba a todos con sus historias de griegos escultores e ingenieros egipcios. Entoncesdecidí que quería ser arqueóloga. Y viajar por el mundo descubriendo tesoros artísticos como jeroglificos ocultos o pinturas rupestres desconocidas.
Igualmente veía lejísimos el momento de desarrollar mi carrera, así que continuaba con mi propósito estúpido de agradar a los que podía, ya que con mis compañeros era imposible.

(En estos lares, alguna que otra desesperada y no correspondida historia de amor. Me escogieron para Celestina en lugar de para Melibea.)

Pasaron los años y me descubri a mi misma rellenando solicitudes para el instituto. "El Instituto". Todo un mundo. Me resultaba tan dificil adaptarme que ni pensaba en lo que iba a hacer cuando terminase. Mientras superaba la depresión a los 14 años solo pensaba en que acabase, lo que viniese despues no parecía poder ser peor.

La cuestión es que lo conseguí. Sacrificando mi expediente hasta entonces y dejando de lado las notas, por fin me dí cuenta de que ni mis padres, ni los profesores, ni la psicopedagoga, ni los tres psicólogos que me trataron, ni la medicación, podían ayudarme.
Lo soporté todo. Las burlas, los comentarios, las miradas, las notitas, las llamadas al despacho del jefe de estudios,las crisis de ansiedad, las lagrimas, la vergüenza, los gritos de mis padres, las noches en vela, la soledad. Mis amigas del colegio se desentendieron. Mi madre me gritaba y me obligaba a ir a clase. Mis hermanas eran pequeñas y ni se enteraban. Y la típica frase: "No es para tanto". ¿Y que sabrían?. Pero aguanté. Todo porque no sería nada en la vida si abandonaba. Todo por la Universidad. Porque se suponía que iría a la Universidad. No se quien lo supuso, pero se daba por hecho.
Y decidí ser psicóloga, para escuchar a la gente en lugar de encerrarlos en habitaciones con espejos haciendo tests y atiborrandoles de pastillas.

Y entonces llegó la realidad, La dura realidad. Las notas, los accesos, las facultades,.. No se puede estudiar "lo que se quiera".
De modo que tras meses de deliberación, charlas, visitas a la Universidad,consulta de libros, revisar una y otra vez las notas de corte, etc,.. Me decidí por lo que parecía más o menos accesible (estaba en mi ciudad y la nota era alcanzable) y creía que podía gustarme (aunque en realidad no tenía ni idea).
Pero no solo lo que había hecho los últimos cuatro años había definido las carreras a las que podría acceder, sino que además me jugaba la mayor parte de mi nota de acceso en una sesión de examenes para los que mi instituto no me había preparado como debiera. Resultado: una nota más baja de lo que esperaba, que sumada a una subida de la nota de corte de mi carrera, me trajo una de las grandes noticias de los últimos años. No admitida.
Me negaba a matricularme porque sí,asi que renuncié a las otras opciones, quizá porque en realidad el mundo universitario se me hacía demasiado grande y en el fondo rechazaba acceder a él.

Así que decidí repetir selectividad en septiembre. Pero la casualidad quiso que coincidiera con el examen una representación de mi grupo de teatro en el Teatro Principal. No podía negarme. No quería negarme. Era algo que quería experimentar y no lo pensé. Quizá hoy no hubiese tomado la misma decisión. Pero hoy no tengo 17 años y un espiritu soñador incombustible. De modo que renuncié y decidí que aquel año fuera sabático. Para pensar en el futuro y tomar alguna decisión.

Aquellos nueve meses pasaron volando. Aquel año me trajo lo mejor que me ha pasado nunca.La que sería la aventura mas grande de mi vida y que hasta hoy ha sido lo único con lo que he querido seguir adelante. Pero el tiempo corría y debía tomar una decisión. Me dejé aconsejar, me calentaron la cabeza y acabé matriculandome en una carrera que nome gustaba y de la que a lo sumo pise cinco o seis clases. Hasta que dejé de ir. Otro año perdido. Mis padres me daban por perdida. Y yo... yo intentando no naufragar en un mar de dudas que me consumía,cuando por fin me dí cuenta de que lo que escogiese en ese momento supuestamente decidiría mi futuro.

No quería hacerlo. Nunca quise. Pero lo hice. Cuando ya nadie creia en mi y me daban por una bala perdida, me preparé durante cuatro meses unas pruebas de acceso que me trajeron hasta donde estoy ahora. Las superé y todo pareció comenzar a ir bien. Pero poco a poco el sueño se convirtió en pesadilla. No sabria decir donde se produjo el cambio, si es que lo hubo. Mi corazón comenzó a ahogarse no se como ni porqué, hasta que tuve que tomar una decisión. Una decisión de la que no me arrepiendo porque realmente no podía hacer otra cosa. Porque frenar no significa parar, sino aprender a ir más despacio.

Crecer es algo que no decidí y que me encontré de bruces. La lección mas importante que he aprendido de toda esta experiencia es que lo que hago no define lo que soy. Cuando los años me lleven al borde de esta vida, no me llevaré lo que he estudiado, o los trabajos que he desempeñado. Me llevaré los momentos en los que he sido feliz, las buenas sensaciones, las personas a las que he querido, las canciones que me han gustado, los dias de playa, los sabados por la tarde, mi comida favorita, los viajes, los momentos especiales, los besos que he dado y recibido,...
No soy profesora, ni arqueóloga, ni psicologa, ni publicista, ni tampoco diseñadora,... Soy Lucía, y solo trato de sobrevivir. Sobrevivir a la incertidumbre.

* Dedicado a los que en los próximos días decidirán su futuro. Solo la experiencia nos hace crecer. Ni los exámenes ni las notas, ni las carreras nos definen, solo nosotros lo hacemos.
 
Comentario:
La vida tiene esas cosas. Muchas veces da vueltas y vueltas sin saber si la controlamos nosotros a ella o al reve´s.
Es como decía John Lennon, que la vida es aquello que sucede mientras te empeñas en tener otros planes.
A mi al menos me pasa así. La selectividad para bien o mal, muchas veces mediatiza el resto de tu existencia. Si estudias lo q deseabas genial, pero si no, puede ser una putada grande y siempre pensé que mejor no estudiar nada que hacer algo a disgusto, y te lo digo yo que estudié lo que quería, trabajo en ello, y no sé aún si es lo que quiero hacer hasta el dia que me jubile si antes no me lleva el de arriba.
Un besin
chau
 
Comentario:
Muy emotivo y, no por ello, carente de razón.

Un saludo.
 
Comentario:
Muy emotivo y, no por ello, carente de razón.

Un saludo.
No