[Llámalo "Equis"]
Es esa sensación que experimento cuando suena el despertador (Por última vez) y ya tengo que levantarme. La misma que aparece cuando me desnudo por las mañanas y el frío se cuela entre mi piel. Idéntica a aquella que me embarga cuando cruzo el umbral de la puerta de mi casa, aun no queriendo hacerlo, para dirigirme el trabajo. La que se intnsifica cuando lo que hago es salir a la calle por primera vez en el día con este destino. La que me acompaña todo el camino hasta llegar allí con la nariz colorada por el frío. La que sigue aquí cuando abro la puerta de la oficina, enciendo la luz, la radio, la calefacción, sobre mis hombros, como un peso del que no puedo librarme. La misma que me acaricia toda la mañana hasta la hora de salir.
La que se vuelve fuerte y toma el mando cada vez que tengo que ir allí, va creciendo desde mi estómago hasta mi corazón, inundando mis pulmones sin dejarme respirar. (Como el martes pasado).
La que me asalta de vez en cuando, como una ligera brisa que, sin embargo, es dificil de ignorar, en ciertas épocas, en soledad, en compañía, incluso con él.
La que me recuerda quien soy y me devuelve a mi status quo, la que me obliga a ser esa niña pequeñita refugiada en este cuerpo que, aunque ella lo crea así, apenas puede protegerla.
La que se vuelve fuerte y toma el mando cada vez que tengo que ir allí, va creciendo desde mi estómago hasta mi corazón, inundando mis pulmones sin dejarme respirar. (Como el martes pasado).
La que me asalta de vez en cuando, como una ligera brisa que, sin embargo, es dificil de ignorar, en ciertas épocas, en soledad, en compañía, incluso con él.
La que me recuerda quien soy y me devuelve a mi status quo, la que me obliga a ser esa niña pequeñita refugiada en este cuerpo que, aunque ella lo crea así, apenas puede protegerla.





