Viajar alarga la vida
"Lo que llamamos hastío, es consecuencia de la sensación de brevedad del tiempo provocada por la monotonía... Cuando un día es igual a los demás, es como si todos ellos fueran un único día; y una monotonía total convertiría la vida más larga en un soplo que se llevaría el tiempo... los años de la niñez son vividos lentamente y luego el resto de la vida se desarrolla cada vez más deprisa y se acelera, también se debe a la costumbre.
Sabemos perfectamente que introducir cambios y nuevas costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos vivos, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para rejuvenecer, refortalecer y ralentizar nuestra percepción del tiempo."
Thomas Mann. La montaña mágica
El otro día, cuando estaba desayunando me fijé en el álamo blanco que se ve desde la ventana, -llega hasta el octavo piso-. Me di cuenta, sorprendido, de que ya estaban brotando las nuevas hojas, ya está llegando la primavera ¡qué rapido se han pasado el otoño y el invierno! parece que no ha transcurrido apenas el tiempo desde que me empecé a fijar en como tiraba las hojas, primero por arriba y luego descendiendo poco a poco, hasta quedarse totalmente pelado durante el invierno.
Recuerdo que cuando era pequeño, vi en un libro de ciencias del colegio que si un hombre viajaba a gran velocidad por el espacio, su proceso de envejecimiento se ralentizaba y, si un hombre estuviera varios años viviendo así podría incluso llegar a estar más joven fisicamente que su propio hijo, si éste se hubiera quedado en la tierra. Recuerdo aún el dibujo del padre vestido de astronauta con el hijo, parecía que los dos tenían la misma edad.
En esos tiempos, transcurrían los años 80, y siendo aún niños nos parecía que en el año 2000 nos desplazariamos todos en moto voladora y viajariamos por el espacio como si tal cosa. Yo me imaginaba en una gran macronave espacial, viajando por el espacio y viviendo años y años sin envejecer.
Ahora sé que eso no va a ser así, ahora tengo treinta y tantos, que es la edad en que, como dice Arundathy Roy en El Dios de las pequeñas cosas, uno se da cuenta de que puede morir, sabe que probablemente todavía le quedan muchos años de vida, pero sabe que ya puede morir.
Ya se que no voy a pasar muchos años en una nave espacial, así que lo que me queda por hacer es disfrutar al máximo del tiempo de vida, y para eso hay que hacer muchas cosas diferentes, para no descubrir un día que han pasado los años sin que uno casi ni se diera cuenta.
Una de las mejores cosas que se pueden hacer para ello es viajar, descubrir nuevos lugares, nuevas formas de arte, de pensamiento, nuevas costumbres, sensibilidades, combinaciones de colores, sabores, olores... nuevas personas, con ideas diferentes.
Decía Javier Reverte que el viajaba para vivir más, que aquí en España se le pasan dos años como si nada, pero que cuando está en una barca por el amazonas en una semana parece que han pasado dos meses, porque en un solo día ocurren muchas cosas diferentes.
Viajar es una de las mejores formas de vivir plenamente, de detener el paso del tiempo, de aprovechar los años que estamos aquí.
Estoy en el festival de cine de Málaga, con una mujer maravillosa, que he visto esta mañana cuando me he despertado. Estoy contento, porque siento que en estos momentos estoy aprovechando bien mi vida, mi tiempo.
Os recomiendo que viajeis todo lo que podais. Un abrazo para vosotros y un beso para vosotras.
Sabemos perfectamente que introducir cambios y nuevas costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos vivos, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para rejuvenecer, refortalecer y ralentizar nuestra percepción del tiempo."
Thomas Mann. La montaña mágica
El otro día, cuando estaba desayunando me fijé en el álamo blanco que se ve desde la ventana, -llega hasta el octavo piso-. Me di cuenta, sorprendido, de que ya estaban brotando las nuevas hojas, ya está llegando la primavera ¡qué rapido se han pasado el otoño y el invierno! parece que no ha transcurrido apenas el tiempo desde que me empecé a fijar en como tiraba las hojas, primero por arriba y luego descendiendo poco a poco, hasta quedarse totalmente pelado durante el invierno.
Recuerdo que cuando era pequeño, vi en un libro de ciencias del colegio que si un hombre viajaba a gran velocidad por el espacio, su proceso de envejecimiento se ralentizaba y, si un hombre estuviera varios años viviendo así podría incluso llegar a estar más joven fisicamente que su propio hijo, si éste se hubiera quedado en la tierra. Recuerdo aún el dibujo del padre vestido de astronauta con el hijo, parecía que los dos tenían la misma edad.
En esos tiempos, transcurrían los años 80, y siendo aún niños nos parecía que en el año 2000 nos desplazariamos todos en moto voladora y viajariamos por el espacio como si tal cosa. Yo me imaginaba en una gran macronave espacial, viajando por el espacio y viviendo años y años sin envejecer.
Ahora sé que eso no va a ser así, ahora tengo treinta y tantos, que es la edad en que, como dice Arundathy Roy en El Dios de las pequeñas cosas, uno se da cuenta de que puede morir, sabe que probablemente todavía le quedan muchos años de vida, pero sabe que ya puede morir.
Ya se que no voy a pasar muchos años en una nave espacial, así que lo que me queda por hacer es disfrutar al máximo del tiempo de vida, y para eso hay que hacer muchas cosas diferentes, para no descubrir un día que han pasado los años sin que uno casi ni se diera cuenta.
Una de las mejores cosas que se pueden hacer para ello es viajar, descubrir nuevos lugares, nuevas formas de arte, de pensamiento, nuevas costumbres, sensibilidades, combinaciones de colores, sabores, olores... nuevas personas, con ideas diferentes.
Decía Javier Reverte que el viajaba para vivir más, que aquí en España se le pasan dos años como si nada, pero que cuando está en una barca por el amazonas en una semana parece que han pasado dos meses, porque en un solo día ocurren muchas cosas diferentes.
Viajar es una de las mejores formas de vivir plenamente, de detener el paso del tiempo, de aprovechar los años que estamos aquí.
Estoy en el festival de cine de Málaga, con una mujer maravillosa, que he visto esta mañana cuando me he despertado. Estoy contento, porque siento que en estos momentos estoy aprovechando bien mi vida, mi tiempo.
Os recomiendo que viajeis todo lo que podais. Un abrazo para vosotros y un beso para vosotras.
Un tranvía para madrid
¿Estaría bien verdad? Que madrid tuviera un tranvía, un transporte con encanto y no contaminante. Los tranvías tienen algo especial, algo romántico, bohemio. Los de Lisboa son los más bonitos que he visto, de madera, amarillos; parece que uno está en otra época cuando se sube a uno de ellos. También los he visto, con ese aire que dan a la ciudad en sitios tan bellos como Amsterdam o Praga, y en otras ciudades.
Algunas ciudades están volviendo al tranvía, en Barcelona se inaguró uno hace poco y en Parla ya hay un proyecto para construir otro.
Siempre me ha parecido un lugar excelente para poner uno el camino que va desde Moncloa hasta Ciudad Universitaria, en realidad se trataría de recuperar el transporte que hubiera allí hace tiempo, ya que permanecen aún las vías.
Estaría bien, un tranvía bonito, de madera, de dos plantas, como antes, con la segunda de ellas al aire libre, que fuera despacio...
Que conectara visiblemente y por arriba la universidad con la ciudad, como un símbolo de que uniera la élite intelectual con la ciudadanía.
Una buena ruta para hacer un día: ir a Moncloa en transporte público, bajarse allí y llegar caminando a la ciudad Universitaria, visitar el jardín botánico, visitar alguna facultad, a cada uno la que le interese: filosofía, periodismo, biología, historia, agrónomos, matemáticas, teleco etc. Comer en alguna cafetería de las facultades, que son baratas, si hace buen tiempo incluso sacarse la comida y disfrutar al aire libre en alguno de los varios jardines que hay por allí. Entablar conversación con los estudiantes para el enriquecimiento de ambos. Luego volverse en el tranvía y subir al faro de Moncloa, que tampoco es caro y contemplar las explendidas vistas que ofrece Madrid desde lo alto...
¿Estaría bien verdad?
Algunas ciudades están volviendo al tranvía, en Barcelona se inaguró uno hace poco y en Parla ya hay un proyecto para construir otro.
Siempre me ha parecido un lugar excelente para poner uno el camino que va desde Moncloa hasta Ciudad Universitaria, en realidad se trataría de recuperar el transporte que hubiera allí hace tiempo, ya que permanecen aún las vías.
Estaría bien, un tranvía bonito, de madera, de dos plantas, como antes, con la segunda de ellas al aire libre, que fuera despacio...
Que conectara visiblemente y por arriba la universidad con la ciudad, como un símbolo de que uniera la élite intelectual con la ciudadanía.
Una buena ruta para hacer un día: ir a Moncloa en transporte público, bajarse allí y llegar caminando a la ciudad Universitaria, visitar el jardín botánico, visitar alguna facultad, a cada uno la que le interese: filosofía, periodismo, biología, historia, agrónomos, matemáticas, teleco etc. Comer en alguna cafetería de las facultades, que son baratas, si hace buen tiempo incluso sacarse la comida y disfrutar al aire libre en alguno de los varios jardines que hay por allí. Entablar conversación con los estudiantes para el enriquecimiento de ambos. Luego volverse en el tranvía y subir al faro de Moncloa, que tampoco es caro y contemplar las explendidas vistas que ofrece Madrid desde lo alto...
¿Estaría bien verdad?
¡Viva la libertad!
Durante la dictadura del generalísimo de todos los ejércitos, el general Franco, dos estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid, hicieron una pintada en la parte posterior de la Facultad de Filosofía, con la frase ¡Viva la libertad! Pintaron la frase con nitrato de plata para que no se pudiera borrar y, a pesar de todos los esfuerzos, todavía se la puede contemplar allí después de tantos años.
Estos estudiantes fueron descubiertos y obligados, por pintar esa frase, a realizar trabajos forzados en el valle de los caídos, construyendo la tumba del generalísimo de todos los ejércitos, se fugaron y tuvieron que emigrar a Francia. Toda esa historia está descrita en la película Los años bárbaros.
Una facultad que reivindica tanto la libertad como la de Filosofía, debería hacer un reconocimiento a estos estudiantes y volver a restaurar la pintada original.
...y si la burocracia institucional es demasiado lenta, demasiado acomodada y no quiere meterse en polémicas... algún estudiante debería subirse ahí con una brocha por la noche y... esperaté a ver si no yo mismo... cualquier día... vaya con un par de amigos y...
Estos estudiantes fueron descubiertos y obligados, por pintar esa frase, a realizar trabajos forzados en el valle de los caídos, construyendo la tumba del generalísimo de todos los ejércitos, se fugaron y tuvieron que emigrar a Francia. Toda esa historia está descrita en la película Los años bárbaros.
Una facultad que reivindica tanto la libertad como la de Filosofía, debería hacer un reconocimiento a estos estudiantes y volver a restaurar la pintada original.
...y si la burocracia institucional es demasiado lenta, demasiado acomodada y no quiere meterse en polémicas... algún estudiante debería subirse ahí con una brocha por la noche y... esperaté a ver si no yo mismo... cualquier día... vaya con un par de amigos y...
Me da mucha pena I
El actual alcalde de Madrid, presidente en ese tiempo de la Comunidad Autónoma, nos dijo a todos que iba a liberalizar el precio del suelo, esto haría que la competencia entre las constructoras abaratara su precio. El resultado de esta política fue que el precio de las viviendas experimentó un crecimiento como nunca antes se había dado, haciendo que para muchos de nosotros fuera imposible acceder a una.
Esto ha llevado a una penosa situación en la que personas de más de 30 años nos encontramos compartiendo piso aún con nuestros padres. Nosotros nos acomodamos y tenemos la persistente sensación de no ser responsables de nuestra vida, mientras que nuestros padres, que ya se van haciendo mayores, continuan con la carga de tener que seguir cuidando de nosotros.
El verano pasado me encontré con una de mis vecinas haciendo cola en una carnicería del barrio, le pregunté por su hijo, amigo del barrio de la infancia, y me dijo que estaba muy bien, que se acababa de independizar.
Me contó que, aún queriéndose mucho, cuando estaba en casa discutían mucho el uno con el otro y que no estaban a gusto, pero que ahora, vivían cada uno en su casa y cuando se veían se daban grandes besos y abrazos, y que si discutían por algo, cada uno se iba a su casa y ya está.
Llega un momento en que cada uno tiene que hacer su propia vida y romper con el cordón umbilical que les une con sus padres, si no, se produce una penosa situación de continuas discursiones entre los padres y los hijos, los hijos y los padres.
Estoy deseando de tener mi independencia, pronto la tendré, y espero poder darle un gran abrazo y un beso fuerte a mi madre cuando venga a visitarme a mi casa o yo a la suya.
Esto ha llevado a una penosa situación en la que personas de más de 30 años nos encontramos compartiendo piso aún con nuestros padres. Nosotros nos acomodamos y tenemos la persistente sensación de no ser responsables de nuestra vida, mientras que nuestros padres, que ya se van haciendo mayores, continuan con la carga de tener que seguir cuidando de nosotros.
El verano pasado me encontré con una de mis vecinas haciendo cola en una carnicería del barrio, le pregunté por su hijo, amigo del barrio de la infancia, y me dijo que estaba muy bien, que se acababa de independizar.
Me contó que, aún queriéndose mucho, cuando estaba en casa discutían mucho el uno con el otro y que no estaban a gusto, pero que ahora, vivían cada uno en su casa y cuando se veían se daban grandes besos y abrazos, y que si discutían por algo, cada uno se iba a su casa y ya está.
Llega un momento en que cada uno tiene que hacer su propia vida y romper con el cordón umbilical que les une con sus padres, si no, se produce una penosa situación de continuas discursiones entre los padres y los hijos, los hijos y los padres.
Estoy deseando de tener mi independencia, pronto la tendré, y espero poder darle un gran abrazo y un beso fuerte a mi madre cuando venga a visitarme a mi casa o yo a la suya.
Me da mucha pena
El otro día, cuando salía del trabajo, presencié algo que me dolió en el corazón. Una madre se llevaba a su hijo a la salida de un partido de fútbol, cuando se empezaron a oir, delante de todo el mundo, los gritos del padre que decía que su hijo se tenía que duchar después de haber acabado el partido, que después de hacer deporte hay que ducharse.
La madre se encaró con él, a gritos también, diciendo que estaba en su tiempo y que ella sabía lo que había que hacer, que le dejara llevarse a su niño. Todo esto, que es lo que me parece triste, se desarrollaba delante de del niño, que tendría 7 u ocho años.
El padre, totalmente enojado decía que se lo llevara pero después de haberse duchado, la madre dijo que se duchaba en casa. Al final, el padre cogió al niño de la mano a la voz de: "Es mi hijo y se ducha" y se lo llevó, desde casi la puerta de salida, hacia dentro, otra vez de nuevo al vestuario. El niño miraba hacia atras y hacia adelante, hacia el padre y hacia la madre, perdido, desconcertado, sin saber que hacer.
No se trata, en mi opinión, de discernir quien tiene razón o no en este caso, ni caer en ponerse de parte de uno u otro. Yo opino que los padres, nunca, se deberían de haber puesto a discutir delante de él, deberían haber hablado a parte y haber llegado a un acuerdo, ahorrandole al pequeño el mal trago.
Cuando dos personas se separan, han de hacer un gran esfuerzo personal por dialogar entre ellas al margen de sus sentimientos personales, por muy duro que ésto sea, y si no se ponen de acuerdo acudir a una persona que medie entre los dos.
Lo que me parece más penoso de todo, es que, por lo que me cuentan, éste no es un caso aislado, sino que desgraciadamente, no es tan infrecuente presenciar escenas de este tipo.
La madre se encaró con él, a gritos también, diciendo que estaba en su tiempo y que ella sabía lo que había que hacer, que le dejara llevarse a su niño. Todo esto, que es lo que me parece triste, se desarrollaba delante de del niño, que tendría 7 u ocho años.
El padre, totalmente enojado decía que se lo llevara pero después de haberse duchado, la madre dijo que se duchaba en casa. Al final, el padre cogió al niño de la mano a la voz de: "Es mi hijo y se ducha" y se lo llevó, desde casi la puerta de salida, hacia dentro, otra vez de nuevo al vestuario. El niño miraba hacia atras y hacia adelante, hacia el padre y hacia la madre, perdido, desconcertado, sin saber que hacer.
No se trata, en mi opinión, de discernir quien tiene razón o no en este caso, ni caer en ponerse de parte de uno u otro. Yo opino que los padres, nunca, se deberían de haber puesto a discutir delante de él, deberían haber hablado a parte y haber llegado a un acuerdo, ahorrandole al pequeño el mal trago.
Cuando dos personas se separan, han de hacer un gran esfuerzo personal por dialogar entre ellas al margen de sus sentimientos personales, por muy duro que ésto sea, y si no se ponen de acuerdo acudir a una persona que medie entre los dos.
Lo que me parece más penoso de todo, es que, por lo que me cuentan, éste no es un caso aislado, sino que desgraciadamente, no es tan infrecuente presenciar escenas de este tipo.
Si quieres ayudar a los demás, quiereté a ti mismo
"A aquel que ama más su propio cuerpo que el mundo entero, se le puede confiar el gobierno del imperio"
El libro de la vía y de la virtud
"Ayudaté a ti mismo y entonces te ayudarán también los demás. Principio de amor al prójimo".
Friedrich Nietzsche. El ocaso de los ídolos
Hace poco oí en la televisión algo que me llamó mucho la atención; el llamado síndrome del cooperante -o algo parecido-. Este consistía en que cuando un cooperante llegaba a la zona de ayuda, era tal su afán por colaborar que ponía a trabajar sin descanso en las más diversas labores durante horas y horas, un día tras otro, olvidándose de descansar lo necesario, dormir bien, alimentarse, relajarse. Entonces, a los pocos días, caía enfermo y se convertía en una carga para la comunidad, que tenía que cuidarle, en vez de dar la ayuda que había ido a prestar.
Mi compañero Ramón, de Butarque me contó que hacía ya mucho tiempo que se había dado cuenta de que si no estaba bien no podía llevar dinero a su casa y cuidar de su familia, me dijo que el primero al que hay que quererse es a uno mismo y luego a los demás, recuerdo que se decía a sí mismo: "hay que bonito que eres" y se daba besos en el brazo para demostrarme lo mucho que se quería.
Hay que quererse mucho a uno mismo, cuidarse, estar fuerte, sereno y alegre, hay que besarse a uno mismo.
Cuando estamos fuertes, nos sentimos bien y podemos ayudar a los demás.
Cuando estamos descansados y despejados, podemos escuchar a los demás.
Cuando estamos alegres, transmitimos esa alegría a la gente que nos rodea y ellos estan encantados de compartir su tiempo con nosotros.
Si estamos cansados e irritables, lo pasamos mal y los demás también.
Hay que estar serenos, tranquilos, relajados, para transmitir nuestra energía positiva a los demás, nosotros nos encontraremos bien, y haremos más agradable la vida a los demás.
El libro de la vía y de la virtud
"Ayudaté a ti mismo y entonces te ayudarán también los demás. Principio de amor al prójimo".
Friedrich Nietzsche. El ocaso de los ídolos
Hace poco oí en la televisión algo que me llamó mucho la atención; el llamado síndrome del cooperante -o algo parecido-. Este consistía en que cuando un cooperante llegaba a la zona de ayuda, era tal su afán por colaborar que ponía a trabajar sin descanso en las más diversas labores durante horas y horas, un día tras otro, olvidándose de descansar lo necesario, dormir bien, alimentarse, relajarse. Entonces, a los pocos días, caía enfermo y se convertía en una carga para la comunidad, que tenía que cuidarle, en vez de dar la ayuda que había ido a prestar.
Mi compañero Ramón, de Butarque me contó que hacía ya mucho tiempo que se había dado cuenta de que si no estaba bien no podía llevar dinero a su casa y cuidar de su familia, me dijo que el primero al que hay que quererse es a uno mismo y luego a los demás, recuerdo que se decía a sí mismo: "hay que bonito que eres" y se daba besos en el brazo para demostrarme lo mucho que se quería.
Hay que quererse mucho a uno mismo, cuidarse, estar fuerte, sereno y alegre, hay que besarse a uno mismo.
Cuando estamos fuertes, nos sentimos bien y podemos ayudar a los demás.
Cuando estamos descansados y despejados, podemos escuchar a los demás.
Cuando estamos alegres, transmitimos esa alegría a la gente que nos rodea y ellos estan encantados de compartir su tiempo con nosotros.
Si estamos cansados e irritables, lo pasamos mal y los demás también.
Hay que estar serenos, tranquilos, relajados, para transmitir nuestra energía positiva a los demás, nosotros nos encontraremos bien, y haremos más agradable la vida a los demás.





