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El mismo problema es la solución
Desde hace ya algunos años se ha implantado en nuestro país un sistema de separado y reciclado de residuos. Se separa el vidrio, el papel, los envases y las pilas, pero ¿qué pasa con los residuos orgánicos?

Producimos miles y miles de toneladas de basura orgánica que va a parar a gigantescos vertederos que se quedan pequeños porque no dan a basto para absorver tanto. La basura se quema, se entierra o se acumula en inmensas cantidades, produciendo desagradables olores que apestan a los pueblos cercanos, como les pasa a los habitantes de rivas-vaciamadrid, que tienen al lado el vertedero de Valdemingómez.

¿Cuál es el proceso de descomposición de los residuos orgánicos? Puede haber dos procesos distintos: el primero, que es el que se produce habitualmente, se da cuando los desechos se pudren sin estar en contacto con el aire, que es lo que pasa cuando están encerrados en bolsas de basura. En este caso, se produce un líquido tóxico, de fuerte olor que se llama "lixiviado", es el líquido asqueroso que aparece en los cubos de basura cuando la bolsa lleva ahí dos o tres días. Este líquido contaminante degrada la zona en donde está y acaba filtrándose a las aguas subterráneas.

Pero puede haber otro proceso de descomposición de la materia orgánica. Si ésta se deja al aire libre produce un abono natural de gran calidad y muy rico en nutrientes para las plantas que se llama compost. El proceso es más lento, porque como dice el primer precepto de la filosofía zen "la naturaleza tiene su ritmo", pero al final el resultado es que se produce un abono que puede ser reutilizado en beneficio de la propia naturaleza.

Adoptando esta segunda medida, no sólo resolveríamos el problema de la contaminación que produce, sino que podríamos aprovechar el abono para frenar el proceso de desertización que se está produciendo en nuestro país, y que va avanzando cada vez más.

También serviría para mejorar nuestros parques, jardines y huertas, en las que se utilizan a menudo abonos y fertilizantes químicos, y demasiados insecticidas que se adhieren a las frutas y verduras que luego nos comemos. Una planta fuerte, bien nutrida, con un buen abono, crece mucho más y es mucho más resistente a los insectos.

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