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el uso público de la razón
el autor expondrá su opinión ante los lectores sobre diversos temas
Sindicación
 
Contrafrases
Fue el que más lejos llegó, pues no sabía adonde iba.

No paraba de aprender, pues no iba mucho a clase.

Era el que mejor lo hacía, porque le encantaba.

Se tomaba muy en serio reir cada día.

Había plantado un árbol, montado en globo y probado muchas cosas, pero repetía que le quedaba mucho por hacer.

Tan poco se sentía ante los demás, a pesar de todo lo que era, que tenía que mentir en lugar de mostrarse.

Que poco tenía, sólo su dinero.

Era tan, tan insegura, que llegó a ser perfecta (fisicamente).

El éxito le hinchó como a un globo, y llegaba a ocupar tanto espacio que asfixiaba a los que querían compartir su tiempo con él.

Subió tan alto que era incapaz de ver a los demás.

Quería llamar tanto la atención que ya nadie le hacía caso.

Hablaba tan alto que ya nadie le escuchaba.

Que buena era, te lo daba todo, -siempre que tuvieras problemas y pudiera sentirse por encima de ti-.

Era tan inseguro, tan inseguro que siempre tenía que hacer algo más que tu para poder sentirse a gusto contigo.

Tan insegura era que no se sentía con fuerzas para estar con alguien al que no considerara inferior.

Era infatigable, no descansaba un minuto en todo el día; para evitar el esfuerzo de ponerse a pensar donde estaba.

Tan grande era su necesidad de ser querida para encontrase bien, que se destruía a sí misma.

Tanta necesidad tenía de sentirse integrado con los demás, que la gente le marginaba.

Pasaba tanto tiempo criticando a los demás, que se olvidaba de mantener su buen humor y ser feliz.

Tanto tiempo pasó analizando a la gente, que se olvidó de vivir su propia vida.

El movimiento exterior lleva al reposo interior y la ausencia de movimiento exterior lleva a la inquietud interior.

El mejor uso del bolígrafo ahora es dárselo a la gata para que juegue.
 
Tratamiento de salud y belleza
"Ya sola se miró en el espejo.
Tenía cara de mujer bien amada".
La mujer habitada. Gioconda Belli


Tranquila, relajada, con una sonrisa de felicidad. Sus labios aparecen rojos como si estuvieran recién pintados, la piel de su cara aparece limpia, brillante, en todo su esplendor. Sus ojos brillan con un fulgor especial.

Está tan bonita después de hacer el amor…
 
Divagaciones
Ayer presencié un hecho curioso, se había formado un atasco, cuando llegué al paso de cebra me di cuenta del motivo; había un hombre parado, en posición de cruzar, cuando me paré para dejarle paso, de repente empezó a mover el brazo enérgicamente, indicándome que siguiera, parecía un guardia de tráfico que regulase la circulación.

Hacía bastante calor pero el hombre llevaba puesto un abrigo, era mayor, tenía bigote y un poco de barba, quizá fuese un mendigo y probablemente se había vuelto loco, eso pensé en ese momento.

Luego, me puse a imaginarme la historia de ese hombre, pensé que quizá estaba muy solo, que hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie, pensé que quizá esa era su única manera de interaccionar con alguien, de que alguna otra persona notara su presencia; tal vez al mandar seguir a los conductores sentía que hacía algo, que podía influir en los demás, que por una vez alguien le hacía caso, quizá esa era su manera de tener una posición, un lugar, una ocupación en la sociedad.

Dos son las necesidades básicas de todo ser humano, la primera es querer y sentirse querido, (no hablo de tener pareja o no, ni de oír con cierta frecuencia decir a alguien que nos quiere, hablo de sentirse escuchado y comprendido por alguien). La otra necesidad es de hacer, crear, opinar, sentirse útil, tener una función, ser respetado y valorado, poder influir en los demás. De esta manera este hombre estaba satisfaciendo esas dos necesidades de un modo bastante creativo y original.

Tal vez era su manera de aferrarse a la vida, de seguir sintiendo algo, de no sentirse solo, tal vez lo hacía para no suicidarse. En un congreso sobre personas mayores celebrado en el año 2006 se constató que mil personas mayores se habían suicidado en el año anterior en la comunidad de Madrid.

Quien sabe… tal vez el hombre solo estaba borracho, quizá solo estaba desorientado, quizá hizo eso sólo durante un momento, después dio un paso hacia atrás y esperó allí a su amigo, a su mujer o a su nieto.

Después de darle tantas vueltas, ahora vuelven a decir los científicos lo que ya dijeron los pensadores griegos hace más de dos mil quinientos años, que una de las claves más importantes de la felicidad está en compartir el tiempo con los seres queridos, en sentirse integrado.
¿Por qué me tendré que inventar todas estas tonterías? y lo que es más grave aún, permitirme incluso escribirlas y publicarlas esperando que alguien las lea. ¿Qué validez tienen estos delirios? ¿Alguien que lo lea podrá esperar aprender o sacar algo de aquí?

Quizá yo también me tengo que inventar todas estas cosas para sentirme escuchado y comprendido, quizá también yo intente hacer cosas, crear, sentirme útil para poder tener un papel en la sociedad, para sentirme integrado, tal vez lo haga para no volverme loco o no suicidarme.

Pero ¡Por cierto! Quién ha dicho que las fábulas, las cosas inventadas, las leyendas, los mitos o incluso las mentiras no tienen valor para aprender de ellas ¿Quién dice que una canción, una poesía o un dibujo valen menos que una ley o una teoría científica? Todos, todos lo dicen, pero yo no lo creo.
 
El muro
Cuando estudiaba filosofía en la universidad, aprendíamos que la atención puede mantenerse durante cuarenta y cinco minutos seguidos, luego se necesitaba un descanso de cinco minutos para volver a poder mantener la atención durante el mismo periodo de tiempo.

Esto nos lo decían mientras nos daban una clase magistral que duraba una hora y media seguida, quince años después siguen haciendo lo mismo.

El temario de la oposición de animador sociocultural a la que me acabo de presentar, alentaba constantemente a superar la educación tradicional de memorizar y escribir en un examen los temas que ha seleccionado el profesor. Hablaba de una educación más activa y participativa, de aprehender las cosas haciéndolas y reflexionando sobre ellas.

Para demostrar que esto lo he entendido bien, he tenido que hacer un examen tipo test delante de un tribunal para el cual he tenido que memorizar más de cien folios.

 
Hallado en remotos y oscuros lugares
Yo no creo en él, pero él si cree en mí. A pesar de que yo no crea, él siempre me envía personas y señales que me indican el camino cuando estoy desorientado, siempre me recuerda quién soy realmente, por encima de la confusión reinante a mi alrededor y de los deseos de los demás.

A pesar de traicionarme a mí mismo tantas y tantas veces, cuando he estado a punto de perderme y abandonar mi camino, siempre he encontrado una senda, un rodeo, un atajo o una empedrada y empinada ruta que me ha vuelto a conducir al mismo.

No he entendido –y sigo sin entender- por qué me ha hecho sufrir así, he renegado de él, le he odiado, maldecido, injuriado… pasado el tiempo he comprendido, he asimilado, he interiorizado, he aprendido…

Gracias por poner a esas personas maravillosas que pones a mi alrededor, para que me vea reflejado en ellas como en un caleidoscopio, dándome los miles de puntos de vista desde los cuales puedo observarme.

Me da igual como te llames: Jahwé, Dios, Alá, Buda, Brahmán, Manitú, primer motor, azar, necesidad, destino, leyenda personal, energía, naturaleza, caos, cosmos, universo, reencarnación, inconsciente, instinto, sexto sentido…

Aunque he tardado bastante, he descubierto que tienes un pacto conmigo, yo me ocupo de los demás sin preocuparme mucho por mí, y tú te ocupas de mí, me provees de lo necesario para que siga con mi labor.


 
La regla de oro del cambio: Si algo funciona ¡ni meneallo!
Esta es la regla de oro ¡No tocarlo! Si algo funciona, dejaló como está y si quieres innovar, cambiar, probar algo nuevo, haz proyectos paralelos.

Todos conocemos ejemplos de ello, sabemos de alguien al que le ha ocurrido, quiso cambiar para mejorar, y la cagó.

La librería Fuentetaja de Madrid era un lugar de encuentro de personas que iban a buscar libros; rebuscaban en el desorden general y mientras lo hacían, conversaban con la gente que había allí, veían libros que habían estado buscando hacía tiempo y se dejaban sorprender por otros nuevos; la gente iba a por un libro y se traía otros dos que no tenían nada que ver con lo que había ido a buscar, si alguien necesitaba realmente un libro, se lo pedía al encargado y éste se lo buscaba y lo encontraba.

Hasta que algún día, a alguien se le ocurrió que acabar con ese desorden haría mejorar a la empresa: se clasificó, ordenó e informatizó todo, ibas, pedías un libro, el ordenador le decía al trabajador donde estaba, iba a por él y te lo daba. Era más rápido, más cómodo y más eficiente. ¿Cuál fue el resultado que produjo? Que la gente dejó de ir.

Cuando la coca-cola anunció que cambiaba su fórmula se produjeron interminables colas en los centros comerciales americanos para llevarse las botellas con la fórmula antigua, al final tuvieron que dejar la antigua y sacar la nueva. Por eso cuando cola-cao y la cerveza Mahou han sacado fórmulas mejoradas han seguido dejando las antiguas.
No significa que no haya que mejorar, ajustar y modernizar las cosas, pero los cambios se suelen hacer con las cosas que van mal, con los fallos, para mejorarlos. Si algo funciona bien, no lo toques y, si quieres cambiar, haz proyectos paralelos.