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el uso público de la razón
el autor expondrá su opinión ante los lectores sobre diversos temas
Sindicación
 
El transporte público
El fin de semana anterior, el día 10 de septiembre, decidí coger el transporte público, porque mi coche hacía un ruido raro, así que a las ocho menos cuarto cogí el autobus de Oporto, la 484 para que me dejara cerca de mi puesto de trabajo.

Medio dormido, entré en el autobus con la mochila a cuestas y mi bolsito dentro, al sacar la cartera le pregunté al conductor cuánto costaba el billete sin salir de Leganés, a lo cual me responde que son noventa y cinco centimos. Abro la cartera y miro el dinero suelto que tengo, que son 82 cts., por lo que saco un billete de 20 € y se lo dejo donde se deja el dinero para pagar.

Estoy esperando a que me cobre, cuando, ante mi gran sorpresa, el conductor coge el billete, extiende su mano hacia mí con el billete de 20 € y me dice que “sólo está obligado” a darme cambio de 5 euros y por lo tanto “me tengo que bajar” del autobús.

Yo, que ya llegaba como siempre con la hora pegada al culo, le digo que voy a trabajar, ante lo cual me contesta: “yo tambien estoy trabajando, hijo”. Llegamos a una parada y sube una chica. Después de haberla cobrado, se queda parado esperando a que me baje. Lo peor de todo es que parecía aburrido de mí, que no se planteaba ni por un momento en dejarme dentro del autobus, que no me ofrecía ninguna alternativa, sentía una humillación, una impotencia..... le dije, pero si tengo dinero. ya, pero yo solo estoy obligado a cambiar 5 euros, “qué quieres que le haga, hijo.” Me le quede mirando, porque la verdad, yo no tenía intención de bajar del autobus cuando tenía dinero suficiente, cuando no consideraba excesivo un billete de 20 €, y cuando hacerlo me costaba llegar tarde al trabajo. Me le quede mirando a ver si era un robot, a ver si era de verdad una persona. Pero no era más que un chulo, con sus gafas de sol oscuras, su pelo casi rapado, y encima no paraba de llamarme hijo, cuando probablemente era yo mayor que el..... sentía una rabia, una confusión, una impotencia...

A todo esto, la chica que había subido oyó la conversación y, rompiendo el clima subrealista del momento me preguntó que cuánto me faltaba. yo le dije que 15 cts. pero que me cambiara los 20 euros si podía. La chica, mucho más comprensiva que el conductor, me dio un euro y yo le devolví los 82 cts y pagué al conductor.

Después de darle las gracias a la chica, pedí el libro de reclamaciones, -librito que no termina de asentarse en la cultura española y que creo que nos iría mucho mejor si utilizasemos más en determinadas ocasiones-.

Siguiendo con su actitud chulesca, el chaval, me dice en un tono desafiante: - por supuesto, aquí tiene.

Cojo el libro de reclamaciones y busco en mi bolsito el bolígrafo que siempre llevo, pero que justamente en esa ocasión, claro, no llevaba. Le pregunto a la chica si tiene algún bolígrafo, pero claro, tampoco. Así que me veo obligado a pedírselo al conductor, que por supuesto me dice que no tiene. Yo le digo que me tendrá que dejar el libro de reclamaciones y algo para poder rellenarlo, pero me contesta que él sólo está obligado a dejar el libro, no el bolígrafo. Curioso, porque yo trabajo en un organismo público y sí que facilito el libro de reclamaciones y un bolígrafo a todo/a aquel/la que me lo solicita. Total, que con más frustración todavía y ya con algo de rabia le devuelvo el libro al conductor diciéndole que sí me tenía que haber dejado un bolígrafo y que no me llamara hijo –que me estaba sacando de quicio- que el no era mi padre.

Ya por fin me bajé y mientras caminaba y el autobús permanecía parado le eché una mirada al conductor..., que se me quedó mirando a su vez, creo que incluso un poco sorprendido. He de reconocerlo, le eché una mirada de rencor, de rabia, creo que incluso en ese momento, en contra de todas mis convicciones, hubiera deseado que el conductor se bajara y haber arreglado eso a puñetazos...

Después de este episodio, al cual no se todavía como calificar, me surgieron muchas dudas, la primera ¿De quién es la idea de no dar cambio más allá de un billete de 5 euros? Porque la gente solemos llevar billetes de 10 o de 20 €, yo no le dí un billete de 50, ni de 100 ni de 200, tan sólo de 20 euros.

¿Es idea del conductor en particular? creo que no, porque creo que viene por escrito en algún sitio del autobus. ¿Es idea del colectivo de trabjadores por miedo a sufrir algún atraco? si es así, creo que se equivocan y perjudican a sus conciudadanos. ¿Es idea de la empresa? ¿qué tira piedras contra su propio tejado?

¿y si una persona no lleva el suficiente cambio, pero sí dinero, se tiene que bajar irremisiblemente del autobus? no hay otra manera. ¿si son las siete de la mañana, donde va a cambiar? Incluso si una persona tiene que coger el autobus urgentemente y no lleva dinero ¿que pasaría? tiene que ir al hospital, al tanatorio, a ver urgente a su hijo, su amigo, su mujer, ¿qué pasa?


No sé, pero desde luego, esas normas y esa actitud del conductor no fomentan en absoluto el uso del transporte público. Y es que aquí está lo más grave, que es del transporte público de lo que estamos hablando ¿es esta la manera de fomentarlo? ¿acaso quieren que la gente no lo utilice? ¿quieren degradarlo y privatizarlo como hacen con otros tantos servicios públicos? ¿Qué organismo público controla todo esto?

Yo, que estoy empezando a utilizarlo -al menos cuando me acerco a madrid-, después de tantos años de monopolio del coche, concienciado cada vez más de la galopante contaminación, de los atascos, del creciente precio del gasoil y de los problemas de aparcamiento.... no me motivaron mucho a hacerlo, pero aún así perseveraré en mi intento, asegurandome muy mucho previamente de llevar dinero suelto y como mucho un billete de 5 euros.


Creo que lo que más me fastidia de todo esto es la creciente indiferencia ante los problemas ajenos, el cumplimiento estricto de las normas, no ayudar, no preocuparse, no ponerse ni por un solo momento en la piel del otro...

En mi pueblo, uno de los conductores del autocar hacia madrid, que allí se llama correo, coge a los hortelanos por el camino, entre pueblo y pueblo. El verano pasado estuve en marruecos, estuvimos compartiendo todo con una familia en las montañas del rif durante 2 días, cuando nos marchamos les preguntamos donde había una parada de autobus. Ellos, entre extrañados y divertidos nos dijeron que el autobus se puede parar en cualquier sitio, salimos del camino de las montañas, y en medio de ninguna parte se pusieron en la carretera y pararon el primer autobus que pasaba para nosotros.

El autobus era de los más incómodos en los que he viajado nunca, pero me pregunto si con tanta regulación de todo, con tantas normas, con tanta exactitud y eficacia, con tanto progreso económico y cientifico-tecnologico ¿no estaremos dejando atras una cosa que podríamos llamar como “lo humano”?

Si me viera en la necesidad de elegir entre la puntualidad, la comodiad y la eficacia de la línea 484 leganés-oporto y mi pueblo o marruecos, prefiero esto último.




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