Acerca de la financiación de la sanidad
"Si quieres hacer feliz a un hombre no aumentes sus bienes, reduce sus necesidades"
x.x.
Se ha hablado mucho en estos días pasados sobre la financiación de la sanidad; sobre si el sistema está desbordado con la cobertura a los inmigrantes; sobre la iniciativa de la comunidad valenciana, de entregar facturas simbólicas del coste de la intervención a pacientes de hospitales, etc.
Sobre este tema mi opinión es la siguiente:
Si algo hay que defender a toda costa es la sanidad pública, universal y gratuita.
Igual que en otras cuestiones hay que buscar el término medio, o establecer matices, casos particulares, etc. Yo creo que en este hay que ser claro y tajante, sin excepciones. Hace poco pusieron en televisión la película "John Q", esta película esta basada en un hecho real que ocurrió en Estados Unidos, y muestra los casos que pueden darse cuando la sanidad depende del dinero ganado. Pueden darse casos como los de este hombre, al que deniegan la estancia en el hospital de su hijo gravemente enfermo porque su seguro sanitario no lo cubría.
Ahora bien, hay que encontrar fórmulas para financiar la sanidad, si es necesario, subiendo los impuestos para financiarla. Una buena medida ha sido la regularización de inmigrantes, para que ellos mismos también contribuyan al gasto público que generan, además de disfrutar de las ventajas de ser cuidadanos de pleno derecho.
Sin embargo, considero que aún queda un ámplio campo por explorar en la mejora de la gestión de los recursos sanitarios, siempre bajo control público y con criterios de mejora en la calidad del servicio.
En esta línea, quiero insistir aquí en una medida que le oí plantear por primera vez a Sanchez Dragó, importada de otros países donde ya se está utilizando y que consiste en que al paciente se le faciliten el número exacto de pastillas que necesita para su tratamiento, ni una más ni una menos.
Por ejemplo: si yo necesito tomar una pastilla cada 8 horas durante 7 días: 7 x 3= 21; iré a la farmacia con mi receta y el/la farmaceutico/a abrirá la caja y me dará exactamente 21 pastillas.
¿Que se consigue con esta medida?
- Abaratar el coste del medicamento para la persona que lo consume, ya que sólo paga lo que necesita.
- Abaratar el coste del medicamento para la Seguridad Social, que financia un porcentaje del mismo.
- Reducir la perniciosa práctica de la automedicación, ya que las medicinas sobrantes, hacen que muchas veces por pereza de acudir al médico, me tome las pastillas que me recetaron la vez anterior para un problema que yo considero igual, pero que puede ser o no ser el mismo. Lo cual es muy peligroso, sobre todo en el caso de los antibioticos, ya que se puede dejar el tratamiento a medias y lo único que se consigue es que los virus se hagan más fuertes para otra ocasión.
En definitiva, considero que, regulada por los controles necesarios para que esta medida no sea utilizada con criterios mercantilistas, esta medida debe instaurarse lo antes posible, porque además es contraria a la lógica; es como si voy a comprarme un pantalón y el tendero me dice que no, que me tengo que llevar los tres que vienen juntos. Sólo que en este caso, no sólo afecta al bolsillo, sino que puede afectar a la propia salud.
x.x.
Se ha hablado mucho en estos días pasados sobre la financiación de la sanidad; sobre si el sistema está desbordado con la cobertura a los inmigrantes; sobre la iniciativa de la comunidad valenciana, de entregar facturas simbólicas del coste de la intervención a pacientes de hospitales, etc.
Sobre este tema mi opinión es la siguiente:
Si algo hay que defender a toda costa es la sanidad pública, universal y gratuita.
Igual que en otras cuestiones hay que buscar el término medio, o establecer matices, casos particulares, etc. Yo creo que en este hay que ser claro y tajante, sin excepciones. Hace poco pusieron en televisión la película "John Q", esta película esta basada en un hecho real que ocurrió en Estados Unidos, y muestra los casos que pueden darse cuando la sanidad depende del dinero ganado. Pueden darse casos como los de este hombre, al que deniegan la estancia en el hospital de su hijo gravemente enfermo porque su seguro sanitario no lo cubría.
Ahora bien, hay que encontrar fórmulas para financiar la sanidad, si es necesario, subiendo los impuestos para financiarla. Una buena medida ha sido la regularización de inmigrantes, para que ellos mismos también contribuyan al gasto público que generan, además de disfrutar de las ventajas de ser cuidadanos de pleno derecho.
Sin embargo, considero que aún queda un ámplio campo por explorar en la mejora de la gestión de los recursos sanitarios, siempre bajo control público y con criterios de mejora en la calidad del servicio.
En esta línea, quiero insistir aquí en una medida que le oí plantear por primera vez a Sanchez Dragó, importada de otros países donde ya se está utilizando y que consiste en que al paciente se le faciliten el número exacto de pastillas que necesita para su tratamiento, ni una más ni una menos.
Por ejemplo: si yo necesito tomar una pastilla cada 8 horas durante 7 días: 7 x 3= 21; iré a la farmacia con mi receta y el/la farmaceutico/a abrirá la caja y me dará exactamente 21 pastillas.
¿Que se consigue con esta medida?
- Abaratar el coste del medicamento para la persona que lo consume, ya que sólo paga lo que necesita.
- Abaratar el coste del medicamento para la Seguridad Social, que financia un porcentaje del mismo.
- Reducir la perniciosa práctica de la automedicación, ya que las medicinas sobrantes, hacen que muchas veces por pereza de acudir al médico, me tome las pastillas que me recetaron la vez anterior para un problema que yo considero igual, pero que puede ser o no ser el mismo. Lo cual es muy peligroso, sobre todo en el caso de los antibioticos, ya que se puede dejar el tratamiento a medias y lo único que se consigue es que los virus se hagan más fuertes para otra ocasión.
En definitiva, considero que, regulada por los controles necesarios para que esta medida no sea utilizada con criterios mercantilistas, esta medida debe instaurarse lo antes posible, porque además es contraria a la lógica; es como si voy a comprarme un pantalón y el tendero me dice que no, que me tengo que llevar los tres que vienen juntos. Sólo que en este caso, no sólo afecta al bolsillo, sino que puede afectar a la propia salud.





