Divagaciones
Ayer presencié un hecho curioso, se había formado un atasco, cuando llegué al paso de cebra me di cuenta del motivo; había un hombre parado, en posición de cruzar, cuando me paré para dejarle paso, de repente empezó a mover el brazo enérgicamente, indicándome que siguiera, parecía un guardia de tráfico que regulase la circulación.
Hacía bastante calor pero el hombre llevaba puesto un abrigo, era mayor, tenía bigote y un poco de barba, quizá fuese un mendigo y probablemente se había vuelto loco, eso pensé en ese momento.
Luego, me puse a imaginarme la historia de ese hombre, pensé que quizá estaba muy solo, que hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie, pensé que quizá esa era su única manera de interaccionar con alguien, de que alguna otra persona notara su presencia; tal vez al mandar seguir a los conductores sentía que hacía algo, que podía influir en los demás, que por una vez alguien le hacía caso, quizá esa era su manera de tener una posición, un lugar, una ocupación en la sociedad.
Dos son las necesidades básicas de todo ser humano, la primera es querer y sentirse querido, (no hablo de tener pareja o no, ni de oír con cierta frecuencia decir a alguien que nos quiere, hablo de sentirse escuchado y comprendido por alguien). La otra necesidad es de hacer, crear, opinar, sentirse útil, tener una función, ser respetado y valorado, poder influir en los demás. De esta manera este hombre estaba satisfaciendo esas dos necesidades de un modo bastante creativo y original.
Tal vez era su manera de aferrarse a la vida, de seguir sintiendo algo, de no sentirse solo, tal vez lo hacía para no suicidarse. En un congreso sobre personas mayores celebrado en el año 2006 se constató que mil personas mayores se habían suicidado en el año anterior en la comunidad de Madrid.
Quien sabe… tal vez el hombre solo estaba borracho, quizá solo estaba desorientado, quizá hizo eso sólo durante un momento, después dio un paso hacia atrás y esperó allí a su amigo, a su mujer o a su nieto.
Después de darle tantas vueltas, ahora vuelven a decir los científicos lo que ya dijeron los pensadores griegos hace más de dos mil quinientos años, que una de las claves más importantes de la felicidad está en compartir el tiempo con los seres queridos, en sentirse integrado.
¿Por qué me tendré que inventar todas estas tonterías? y lo que es más grave aún, permitirme incluso escribirlas y publicarlas esperando que alguien las lea. ¿Qué validez tienen estos delirios? ¿Alguien que lo lea podrá esperar aprender o sacar algo de aquí?
Quizá yo también me tengo que inventar todas estas cosas para sentirme escuchado y comprendido, quizá también yo intente hacer cosas, crear, sentirme útil para poder tener un papel en la sociedad, para sentirme integrado, tal vez lo haga para no volverme loco o no suicidarme.
Pero ¡Por cierto! Quién ha dicho que las fábulas, las cosas inventadas, las leyendas, los mitos o incluso las mentiras no tienen valor para aprender de ellas ¿Quién dice que una canción, una poesía o un dibujo valen menos que una ley o una teoría científica? Todos, todos lo dicen, pero yo no lo creo.
Hacía bastante calor pero el hombre llevaba puesto un abrigo, era mayor, tenía bigote y un poco de barba, quizá fuese un mendigo y probablemente se había vuelto loco, eso pensé en ese momento.
Luego, me puse a imaginarme la historia de ese hombre, pensé que quizá estaba muy solo, que hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie, pensé que quizá esa era su única manera de interaccionar con alguien, de que alguna otra persona notara su presencia; tal vez al mandar seguir a los conductores sentía que hacía algo, que podía influir en los demás, que por una vez alguien le hacía caso, quizá esa era su manera de tener una posición, un lugar, una ocupación en la sociedad.
Dos son las necesidades básicas de todo ser humano, la primera es querer y sentirse querido, (no hablo de tener pareja o no, ni de oír con cierta frecuencia decir a alguien que nos quiere, hablo de sentirse escuchado y comprendido por alguien). La otra necesidad es de hacer, crear, opinar, sentirse útil, tener una función, ser respetado y valorado, poder influir en los demás. De esta manera este hombre estaba satisfaciendo esas dos necesidades de un modo bastante creativo y original.
Tal vez era su manera de aferrarse a la vida, de seguir sintiendo algo, de no sentirse solo, tal vez lo hacía para no suicidarse. En un congreso sobre personas mayores celebrado en el año 2006 se constató que mil personas mayores se habían suicidado en el año anterior en la comunidad de Madrid.
Quien sabe… tal vez el hombre solo estaba borracho, quizá solo estaba desorientado, quizá hizo eso sólo durante un momento, después dio un paso hacia atrás y esperó allí a su amigo, a su mujer o a su nieto.
Después de darle tantas vueltas, ahora vuelven a decir los científicos lo que ya dijeron los pensadores griegos hace más de dos mil quinientos años, que una de las claves más importantes de la felicidad está en compartir el tiempo con los seres queridos, en sentirse integrado.
¿Por qué me tendré que inventar todas estas tonterías? y lo que es más grave aún, permitirme incluso escribirlas y publicarlas esperando que alguien las lea. ¿Qué validez tienen estos delirios? ¿Alguien que lo lea podrá esperar aprender o sacar algo de aquí?
Quizá yo también me tengo que inventar todas estas cosas para sentirme escuchado y comprendido, quizá también yo intente hacer cosas, crear, sentirme útil para poder tener un papel en la sociedad, para sentirme integrado, tal vez lo haga para no volverme loco o no suicidarme.
Pero ¡Por cierto! Quién ha dicho que las fábulas, las cosas inventadas, las leyendas, los mitos o incluso las mentiras no tienen valor para aprender de ellas ¿Quién dice que una canción, una poesía o un dibujo valen menos que una ley o una teoría científica? Todos, todos lo dicen, pero yo no lo creo.





