Poemas de Paolo astorga
Todos Estos poemas Fueron publicados en el numero 140 de la revista Letralia, disfrutenlos...
Afuera
Afuera
sólo existe el estío.
Hay muchos rincones invisibles donde soñar
hay mucha arena para llenar nuestros zapatos,
y sólo hay un lecho
un nombre que abandona nuestras bocas.
Afuera
sólo silencio.
Viejos amores en cuclillas caminan dejando sus semillas
y detrás de sus espaldas
derriban las estatuas
sin saber nunca
que son ellos mismos
los que hirieren sus ojos bajo la luz
de un horizonte incomprendido.
Óleo
Ven, acércate a mi rostro y empújalo lentamente hacia la pista.
Es de tarde
y caminar por estas calles es desaparecer
con la cornisa de mis ojos
y sin saber cómo estallar en el más desolado silencio.
La voz de las dalias
Donde escapan las aves
mi figura existe en un trozo de mañana
inmortal
sin sombra
y entre hormigas invisibles
recorriendo mi dorso desnudo.
La tristeza es mansa
entre los tardíos parques bostezantes
y las tablas de un puerto apartado de mi vientre
que me llama
susurrando una historia.
La matanza (desde un mundo subterráneo)
Pero yo lo vi acurrucado entre cartones viejos
y hediondas prendas rojas.
Él me miró siempre con su ojo izquierdo
y un camino derribado crujió silvestres cantos
de zampoña
que iban cayendo por debajo de las piernas y la piel
de una iguana enceguecida por el trigo.
Dos hombres temblaban cerca al pozo
y una de sus mujeres miraba el cielo pálido
mientras la luna turbulenta y celeste pregunta por sus cuerpos.
Ni una voz
ni el bramar de un murmullo,
derribados por el estupor de sus frentes sudorosas
tocaron sus dedos
y se ataron al olvido.
Poema para desesperar en una avenida
Inventar una voz que comience levemente sola
y devuelva a la garra de un águila
es hacer que mis párpados se cierren a la belleza de tus formas
y sólo lea mi diario
con una cruda mirada de resignación.
Nadie me dijo
qué profundidad tenía el río
donde nos ahogábamos alegremente
sin dudar de nuestra inmortalidad.
Garabatos entre tus piernas y almíbar en tus labios,
garabatos, tachadas palabras que se encuentran
y se vuelven a encontrar
en las muertes cotidianas
de mi propia muerte desempleada.
Afuera
Afuera
sólo existe el estío.
Hay muchos rincones invisibles donde soñar
hay mucha arena para llenar nuestros zapatos,
y sólo hay un lecho
un nombre que abandona nuestras bocas.
Afuera
sólo silencio.
Viejos amores en cuclillas caminan dejando sus semillas
y detrás de sus espaldas
derriban las estatuas
sin saber nunca
que son ellos mismos
los que hirieren sus ojos bajo la luz
de un horizonte incomprendido.
Óleo
Ven, acércate a mi rostro y empújalo lentamente hacia la pista.
Es de tarde
y caminar por estas calles es desaparecer
con la cornisa de mis ojos
y sin saber cómo estallar en el más desolado silencio.
La voz de las dalias
Donde escapan las aves
mi figura existe en un trozo de mañana
inmortal
sin sombra
y entre hormigas invisibles
recorriendo mi dorso desnudo.
La tristeza es mansa
entre los tardíos parques bostezantes
y las tablas de un puerto apartado de mi vientre
que me llama
susurrando una historia.
La matanza (desde un mundo subterráneo)
Pero yo lo vi acurrucado entre cartones viejos
y hediondas prendas rojas.
Él me miró siempre con su ojo izquierdo
y un camino derribado crujió silvestres cantos
de zampoña
que iban cayendo por debajo de las piernas y la piel
de una iguana enceguecida por el trigo.
Dos hombres temblaban cerca al pozo
y una de sus mujeres miraba el cielo pálido
mientras la luna turbulenta y celeste pregunta por sus cuerpos.
Ni una voz
ni el bramar de un murmullo,
derribados por el estupor de sus frentes sudorosas
tocaron sus dedos
y se ataron al olvido.
Poema para desesperar en una avenida
Inventar una voz que comience levemente sola
y devuelva a la garra de un águila
es hacer que mis párpados se cierren a la belleza de tus formas
y sólo lea mi diario
con una cruda mirada de resignación.
Nadie me dijo
qué profundidad tenía el río
donde nos ahogábamos alegremente
sin dudar de nuestra inmortalidad.
Garabatos entre tus piernas y almíbar en tus labios,
garabatos, tachadas palabras que se encuentran
y se vuelven a encontrar
en las muertes cotidianas
de mi propia muerte desempleada.
Micropoemario El hombre dormido

DÓNDE ESTAS
Busco la nieve, encerrado en mi habitación
reviviéndote.
Busco sin forma tus labios albinos
en esta atmósfera plana y desgarrada
desnudando tu pecho llano,
bajo las tétricas formas de la mar
recordándote.
Me pierdo por los espejos
por las playas rojas estirando bajo la espuma mi
grito desesperado,
fábula interminable
que se extravía por tu neblina,
y mi habitación que se desprende
de sus cinturas
y de los albatros que se incendian
bajo la hoguera del olvido.
CAFÉ COMPASIVO
Tu espalda es mi poesía.
La noche decrece es ahora más anciana
y las caricias inútiles.
Son sólo reflejos mis amigos, tenues moscas
disolviéndose en mi café.
Cuando siquiera esta último bramar de mi soledad
te toca las mejillas
te esconde entre sus últimos lamentos,
sonríe desesperado.
EL TERCERO
Dos palomas se visten con tu silencio.
Has despertado
tus ojos se desnudan a la soledad de la mesa,
el silencio otra vez.
Es 1945, es un día como hoy
tal vez habrá una noche y estaremos juntos
sin tristeza
Quizá sea 1945, y no alguna de sus horas
que se suicidan en el hambre,
o las otras horas que se sientan sombre su propia sombra
y esperan.
Dos palomas con tu silencio,
las horas que se sacuden con nuestra sangre
donde no hay manos
sino mutiladas palabras sin sentido.
Has despertado
con otro día por recoger. Las ventanas al mundo,
donde es muda la tierra.
NOCTURNO DE NORMANDÍA
Cerebro dormido
naciste sin sueños
viste la cara de la luna despintada
el cuerpo de las hierbas pulverizadas
de las miradas cantando de pie.
Del campo recuerdo la sonrisa desnuda de crueldad.
Eran amigos sordomudos
los que se fueron a morir sobre ahogados tanques.
Aquellos ojos llorosos bajo las trincheras
el humo de las fieras
desgarrando el silencio.
No los dejan en paz.
Sus arrugados cuerpos de acordeón
sus trajes blancos en el pavimento
vagan por las calles desunidas,
por un barco que los trae
para soñar, con los que quedan.
(Publicado en la Revista Literaria "Oxigen")
Poema

¡Shhh...!
Callaré pronto
con la dama a mi
costado (un maniquí)
Callaré siempre
y para siempre
con el único propósito
De hablarte.
Callaré sin molestias,
Se erguirá el vacío
En nuestras bocas.
Reclama que calle
Y callaré...
La poesía se escribirá
Sola.
