vaguedades
... Porque el mundo real es impreciso.
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Alfonso E. Romero, http://alfonso.2ya.com para más detalles :)
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Relato: nadie
6:00 AM. Aún no ha amanecido pero algo te hace levantarte como un resorte de la cama. Tu cabeza va a estallar y no sabes por qué. ¿Aspirina? ¿Paracetamol? Cualquier cosa te sirve en este estado. Tras tomar un sobre de algo que acaba en "lix" y esperar 5 minutos, te sientes mejor.

No puedes dormir. No es suficientemente temprano para despertarte, pero es suficientemente tarde para no poder caer en estado REM. Una vuelta, dos, tres, ... Tras maldecir a toda la familia del presidente del gobierno (a falta de alguien mejor a quien echarle la culpa), piensas que un paseo por la manzana te vendría bien. No en vano, en media hora tendrías que levantarte para empezar tu jornada normal,... Si no te hubiera pasado esto.

Al pasar el alféizar de la puerta y andar unos metros captas lo evidente: a pesar de tu estado actual, no has tardado ni diez segundos en ver que la calle está absolutamente vacía. Ni un coche, ni un madrugador viandante, ni siquiera un mísero ruido matinal.

El borracho del barrio yace a dos metros de ti, anormalmente inerte. No le das demasiada importancia, ya que es prácticamente su estado habitual. Un rápido recorrido por las cercanías te hace comprobar que pasa lo mismo con el quiosquero, y con el panadero y con ... Todos dormidos, muertos o lo que sea. Por lo menos, no eres capaz de reanimarlos, con lo que el asunto toma una seriedad absoluta. Una exploración más lejana provée los mismo resultados: toda forma de vida ha sido aniquilada. Toda... Salvo tú. Ni siquiera los perros callejeros se han salvado del misterioso ángel exterminador que ha decidido hacer de las suyas hoy.

Por más que te pellizcas no puedes despertarte, porque básicamente esto no es un sueño. Es tan real, pero a la vez tan absurdo que no sabes qué pensar. Las televisiones de un escaparate cercano muestran todas una carta de ajuste, o simplemente la nieve de la falta de sintonía.

Y entonces oyes la voz. "Usted", dice, dirigiéndose a ti. Una persona con uniforme extraño, y buena forma física (por lo que puede intuirse por sus brazos, altamente desarrollados) se acerca a ti y te habla. Te rindes a la no alternativa, entablas una conversación y él te habla. Te habla de un terrible atentado en masa contra las ciudades de tu país y sus aliados, te habla de bombas de neutrones y otros artilugios del demonio, y te habla de "los que sobreviven". "Eres un afortunado, muy afortunado". De repente todo toma forma desordenadamente en tu aún dolorida cabeza y comprendes que eres inmune a "eso", y que esa "inmunidad" a los ataques es producto de alguna extraña mutación. Y que hay más como tú. Otros como tú y como el que te está hablando. Y que "la resistencia" os está buscando para organizaros, porque posiblemente seáis la esperanza de lo que todavía queda en pie en tus países libres (si es que todavía puede hablarse de países).

Con una mezcolanza de asombro, desolación, y deber hacia la humanidad, asientes cuando te pregunta si quieres seguirle, sin pensar tan siquiera las consecuencias. Extrañamente ilusionado por el "tenemos que descubrir qué más eres capaz de hacer", caminas pensando que siempre habías vivido creyendo en aquello de "carpe díem". "Carpe diem", aunque esto no fuera precisamente lo que, de algún modo el que inventó el dicho, intuyó que podría ocurrir algún día.

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