Excusas vs argumentos... o por decir algo...
Siempre encuentro excusas que justifican que no haga algo, pero mi única excusa valida es que como ser humano, tengo limitaciones, y el tiempo y espacio me detienen a la vez que me sostienen.
No he escrito en mucho tiempo, ni siquiera me he dado el tiempo de sentarme a pensar en qué escribir. Muchas cosas están cambiando en mi alrededor ahora mismo, y darme cuenta de todas ellas no me ha sido fácil. ¿Cómo diferenciar entre lo que es una corazonada y lo que realmente pasa? Quizás debería dejar de dudar de mis opiniones y empezar a fundamentarlas un poco más ¿no? Buscar más argumentos y menos excusas.
¿Iré a cambiar algún día?
Nada, hecho de menos lo que era, siempre crecer implica perder algunas cosas y ganar otras. Lo que no quiero perder es a las personas que amo, esas que veía todos los días, con quienes almorzaba, esudiaba, lloraba y reía. Ya no tengo el tiempo de verlos a diario, pero no por eso tengo que permitirme perderlos. No quiero perderlos, para ello no hay excusa ni argumento que valga. Los quiero mucho y los necesito.
¿Me daré cuenta ya de qué estoy haciendo mal?
No he escrito en mucho tiempo, ni siquiera me he dado el tiempo de sentarme a pensar en qué escribir. Muchas cosas están cambiando en mi alrededor ahora mismo, y darme cuenta de todas ellas no me ha sido fácil. ¿Cómo diferenciar entre lo que es una corazonada y lo que realmente pasa? Quizás debería dejar de dudar de mis opiniones y empezar a fundamentarlas un poco más ¿no? Buscar más argumentos y menos excusas.
¿Iré a cambiar algún día?
Nada, hecho de menos lo que era, siempre crecer implica perder algunas cosas y ganar otras. Lo que no quiero perder es a las personas que amo, esas que veía todos los días, con quienes almorzaba, esudiaba, lloraba y reía. Ya no tengo el tiempo de verlos a diario, pero no por eso tengo que permitirme perderlos. No quiero perderlos, para ello no hay excusa ni argumento que valga. Los quiero mucho y los necesito.
¿Me daré cuenta ya de qué estoy haciendo mal?
Echando Muros abajo
En términos generales, luego de la posguerra, el territorio alemán fue dividido y se repartió entre los aliados y la URSS. Su capital, Berlín quedó en territorio soviético, aunque también le correspondía una mitad a la República Federal Alemana. Así quedó la porción Federal aislada dentro del régimen comunista.
Aunque la URSS en un principio consideró la posibilidad de reunificar Alemania, por la guerra fría y el éxodo hacia la Alemania Federal, a través de Berlín del Este, la Unión Soviética cerró las fronteras de la Alemania Democrática y se construyó un muro en Berlín que separaba ambas secciones de la ciudad, y asimismo familias, lugares de trabajo, incluso el tren subterráneo, aunque algunas de sus líneas siguieron circulando, pero ya no paraba en las estaciones de la Alemania Oriental, las cuales quedaron abandonadas por cerca de 28 años.
La porción este de Berlín quedó aislada dentro del régimen soviético, que intentó bloquear su comunicación, pero pilotos norteamericanos se las ingeniaron para aterrizar en las calles de la ciudad, portando enseres y víveres, lo que obligó a la URSS a cancelar el bloqueo.
No está clara la cantidad de gente que murió intentando cruzar de un lado a otro. Se lo denominaba “La Cortina de Hierro” o “Muros de Protección Antifascista”, dependiendo de a qué lado te encontraras.
Con el tiempo se acordó disminuir las restricciones para el paso, que permitirían a unos cuantos miles de alemanes pasar de un lado a otro para visitar a sus familiares en las fiestas de fin de año. En 1898 las autoridades del Politburó finalmente deciden abrir el muro, comunicando la noticia en transmisión directa por radio y televisión. La noticia llegó a oídos civiles antes que a los puestos de control, a donde llegaron hordas de gente exigiendo salir, frente a lo cual los funcionarios policiales no pudieron ofrecer resistencia. Así las puertas del muro se abrieron oficialmente la mañana del 10 de noviembre de 1989, y los berlineses orientales fueron recibidos incluso con cerveza gratis en los locales colindantes al muro, y con abrazos de desconocidos en la calle.

Después de esto, no me atrevo a quejarme de las limitaciones que me pone la vida, que por muy grandes que me parezcan, no miden 41,9 kilómetros de largo y hasta 500 mts de ancho, ni tienen 302 torres de vigilancia, ni campos minados a uno de sus costados, ni pistolas automáticas adosadas a las paredes, ni alambre de púas, perros policiales, sistemas de alarma, equipamiento antitanques.. en fin. Aunque es cierto que tengo barreras, también es cierto que tengo formas de franquearlas, y salir relativamente ilesa.
Aunque la URSS en un principio consideró la posibilidad de reunificar Alemania, por la guerra fría y el éxodo hacia la Alemania Federal, a través de Berlín del Este, la Unión Soviética cerró las fronteras de la Alemania Democrática y se construyó un muro en Berlín que separaba ambas secciones de la ciudad, y asimismo familias, lugares de trabajo, incluso el tren subterráneo, aunque algunas de sus líneas siguieron circulando, pero ya no paraba en las estaciones de la Alemania Oriental, las cuales quedaron abandonadas por cerca de 28 años.
La porción este de Berlín quedó aislada dentro del régimen soviético, que intentó bloquear su comunicación, pero pilotos norteamericanos se las ingeniaron para aterrizar en las calles de la ciudad, portando enseres y víveres, lo que obligó a la URSS a cancelar el bloqueo.
No está clara la cantidad de gente que murió intentando cruzar de un lado a otro. Se lo denominaba “La Cortina de Hierro” o “Muros de Protección Antifascista”, dependiendo de a qué lado te encontraras.
Con el tiempo se acordó disminuir las restricciones para el paso, que permitirían a unos cuantos miles de alemanes pasar de un lado a otro para visitar a sus familiares en las fiestas de fin de año. En 1898 las autoridades del Politburó finalmente deciden abrir el muro, comunicando la noticia en transmisión directa por radio y televisión. La noticia llegó a oídos civiles antes que a los puestos de control, a donde llegaron hordas de gente exigiendo salir, frente a lo cual los funcionarios policiales no pudieron ofrecer resistencia. Así las puertas del muro se abrieron oficialmente la mañana del 10 de noviembre de 1989, y los berlineses orientales fueron recibidos incluso con cerveza gratis en los locales colindantes al muro, y con abrazos de desconocidos en la calle.
Después de esto, no me atrevo a quejarme de las limitaciones que me pone la vida, que por muy grandes que me parezcan, no miden 41,9 kilómetros de largo y hasta 500 mts de ancho, ni tienen 302 torres de vigilancia, ni campos minados a uno de sus costados, ni pistolas automáticas adosadas a las paredes, ni alambre de púas, perros policiales, sistemas de alarma, equipamiento antitanques.. en fin. Aunque es cierto que tengo barreras, también es cierto que tengo formas de franquearlas, y salir relativamente ilesa.
La Jaula Invisible
Tal vez la peor de las batallas es aquella que no nos atrevemos a librar, no porque nos damos cuenta de que perderíamos, sino porque nos da miedo el solo intentarlo. Cuando nos encerramos y sólo vemos barrotes, una jaula construida a base de excusas. Que la culpa es de que el trabajo, que los estudios, que la vida, que los amigos, que mis papás... es que soy así, así nací.
Pero no son excusas, claro que no, son argumentos realistas que tienen todo un análisis de trasfondo, son limitantes propias de la vida cotidiana que barren con nuestras posibilidades, nuestros sueños... en fin, con lo que queremos hacer. ¡Excusas! No, argumentos, explicaciones, siempre con una base muy clara y profunda de por qué no podemos hacer lo que queremos. Por ejemplo, si quisiera volar, no podría, imposible, no tengo alas. ¡Ba!
Pura basura, si realmente hiciéramos caso a tanto argumento realista nunca se habría inventado el avión. No tenemos alas, eso es cierto, pero esa no es una excusa, es un obstáculo, es decir que podemos hacer algo, tal vez no es posible hacer exactamente lo que queremos, pero el mundo tiene tantas oportunidades como obstáculos. Al final, la limitante más grande es justificar lo que no hacemos de manera que parezca que realmente no hay más opción. ¡Excusas!
Que difícil es muchas veces vencer el obstáculo más grande de todos, esas barreras invisibles tan reales y presentes, que no nos dejan volar, donde nos encerramos nosotros mismos, por miedo.

Ahora estoy encerrada en mis propias excusas, y todavía no sé bien cómo vivir sin ellas, me hacen sentir buena y segura, al final me quitan la culpa de no atreverme... por lo menos ya sé que en el fondo son barreras que realmente no están ahí.
Pero no son excusas, claro que no, son argumentos realistas que tienen todo un análisis de trasfondo, son limitantes propias de la vida cotidiana que barren con nuestras posibilidades, nuestros sueños... en fin, con lo que queremos hacer. ¡Excusas! No, argumentos, explicaciones, siempre con una base muy clara y profunda de por qué no podemos hacer lo que queremos. Por ejemplo, si quisiera volar, no podría, imposible, no tengo alas. ¡Ba!
Pura basura, si realmente hiciéramos caso a tanto argumento realista nunca se habría inventado el avión. No tenemos alas, eso es cierto, pero esa no es una excusa, es un obstáculo, es decir que podemos hacer algo, tal vez no es posible hacer exactamente lo que queremos, pero el mundo tiene tantas oportunidades como obstáculos. Al final, la limitante más grande es justificar lo que no hacemos de manera que parezca que realmente no hay más opción. ¡Excusas!
Que difícil es muchas veces vencer el obstáculo más grande de todos, esas barreras invisibles tan reales y presentes, que no nos dejan volar, donde nos encerramos nosotros mismos, por miedo.

Ahora estoy encerrada en mis propias excusas, y todavía no sé bien cómo vivir sin ellas, me hacen sentir buena y segura, al final me quitan la culpa de no atreverme... por lo menos ya sé que en el fondo son barreras que realmente no están ahí.
Caída del cielo...
Esta es la segunda parte de un cuento al que aún no le pongo nombre. No creo que se entienda si no han leído la primera parte.
Como lo comenté antes, esta historia no se termina, y aún no lo hace. Ni siquera yo sé bien cómo sigue. Para mi es tan novedoso escribirlo como para ustedes leerlo.
No tiene un título, tampoco tengo nombre para sus personajes, acepto sugerencias.
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El cielo se estaba nublando, anunciando lluvia. El viento empezó a correr helado por sobre los campos, en los que no se veía gente labrando. En cambio algunos caminaban cansados, derrotados, asustados a buscar el calor de un hogar que no sabían si seguía en pie. Otros yacían en el suelo, heridos, muertos. Las casas que se veían desperdigadas por el valle, hogares alguna vez prósperos, estaban los más, abandonados, sino cerrados en un vano intento de dejar afuera el dolor y la violencia de la guerra.
La que había sido una tierra apacible y próspera hoy había sucumbido a una fuerza extranjera que llegaba en busca de sus riquezas, de su gente y de su gloria.
Así se veía el panorama desde las alturas, a lo lejos se ve la silueta negra de un majestuoso castillo de altas torres, alguna vez de colores plateados y albos, hoy sólo ruinas oscuras y en el río que lo circunda, se reflejan las llamas que lo consumen. Su silueta se aleja cada vez más, en tanto vuela un ángel en dirección contraria, con un muchaho en brazos. Ambos lloran lágrimas silenciosas, de frustración e impotencia. Callados comparten su pesar, observan lo que la guerra ha hecho a su país, y lloran por ellos, por su tierra y por su historia. Lo que era, no volvería a ser, nunca más. El cielo, el rumor del viento, la cadencia suave de un aleteo… atrás quedó el chasquear del fuego y la madera, el choque de los metales, los golpes, el sonido de huesos rotos, los gritos de terror. Ahora calma… viento… lágrimas... frío y desconsuelo.
-"Pobre gente. Pobre pueblo, pobre país." – Se lamentaba el ángel a medida que veía los campos quemados, los animales muertos, las casas vacías. – "Nosotros solíamos pasear por aquí. Era un país tan bello."-
El niño en sus brazos no podo contestar, las lágrimas salieron con más fuerza, corrían por su cara e iban a caer metros más abajo, como una lluvia amarga sobre la tierra devastada. Empezó a temblar, a resentir el hambre y la fatiga. Habían pasado muchas cosas, había perdido mucho. ¿Qué iba a hacer ahora?
El ángel, como si hubiese adivinado, lo estrechó contra sí, aún con más fuerza. Ella irradiaba un calor tibio, transmitía calma. De a poco el joven se confortó y empezó a caer en un sueño superficial e inquieto.
Viajaron hasta bien entrada la tarde, atravesaron la frontera y descendieron en el borde de un bosque de pinos, donde se veía en el claro una pequeña iglesia, hecha de madera y piedra, con una torre alta y estilizada donde podía adivinarse la silueta de tres campanas. El joven príncipe se sentía débil, además de que seguía con el estómago vacío, el sueño no le dio descanso, pues pesadillas de lo que había sido real se sucedían al dormir.
-"Ten fe, ten fuerza, aquí vamos descansar un poco." – A pesar de verse como un ángel, sus alas estaban caídas, y las arrastraba por el suelo al avanzar, su rostro tranquilo ahora se veía cansado, y sus movimientos eran torpes y lentos. Cansados y a duras penas caminaron desde el bosquecillo hacia la iglesia. El príncipe en su encontró algunas matas de frambuesa con fruta, aunque su hermana no aceptó las que le ofrecía. – "Por mucha hambre que tuviera, no podría comer ahora. "–le explicó.
Atravesaron la entrada, pasaron por un corto empedrado que limitaba, en uno de sus costados, con un cementerio con antiguas tumbas. Llegaron al frente de una gruesa puerta de madera. El joven príncipe empujó, sin conseguir siquiera que emitiera sonido, su hermana lo apartó y le pidió a la puerta que se abriera. – "En el nombre de Dios, pido asilo y descanso." –La puerta se abrió inmediatamente, sin siquiera tocarla.
Después de unos segundos de sorpresa, el joven mancebo siguió a su hermana por el pasillo de la capilla, iba a felicitarla por su hazaña, pero al acercarse a ella y detenerse en su expresión, no pudo menos que sentir compasión. Su hermana ahora tenía la tez grisácea, se le notaban azules las venas bajo la piel, sus ojos estaban rojos, el aura celestial que la acompañaba se estaba apagando junto con ella. Se sentó abatida en una de las bancas de la capilla, sus alas estaban sucias y caían sin fuerza a su costado, como un manto de tela.
-"Ahora yo estaré contigo, para que descanses de tan largo vuelo, gracias por sacarnos de ahí." –El príncipe se acercó a ella y la abrazó, sin poder evitar que algunas lágrimas corrieran a humedecer el hombro de su hermana. Ambos se abrazaron y estuvieron unos minutos en silencio, sólo se oía la respiraciòn del muchaho y el murmullo del viento al pasar por los pinos y las campanas.
Se estaban retirando ya los últimos rayos del sol, afuera el viento corría más fuerte, y se sentían las primeras gotas de lluvia chocando contra los vitrales. Los hermanos habían estado haciéndose compañía en silencio, ella le acariciaba el pelo, él curioseaba las alas recién adquiridas de su hermana. – "Deben abrigar mucho." -Comentó el muchacho. Ya empezaba a hacer frío y las iglesias nunca se han caracterizado por lo templado de sus salas.
-"Vamos a ver qué tanto sirven para abrigar. " –Acotó el ángel, recostando a su hermano en sus rodillas, tomó sus alas con las manos y lo tapó con ellas.
– "En verdad abrigan... ¿pero y tú? "–
- "Yo las tengo incorporadas, no siento frío." - Le contestó el ángel, esbozando una sonrisa franca y dulce, una sonrisa que alivió a su hermano, la primera sonrisa desde hacía ya muchas semanas. Él le devolvió una sonrisa infantil, mostrando todos los dientes, recordando cómo había que poner los músculos para sonreír, sorprendido de cómo esa mueca le cambiaba tanto el ánimo. Ambos rieron juntos, de sus risas, de recordar cómo era reirse, de seguir juntos, del destino incierto que les esperaba, rieron a gusto y con sinceridad, pues fuese como fuese, al fin estaban lejos de la guerra y la violencia; de una manera extraña, se sentían libres.
Llovió toda aquella noche e hizo frío, pero el joven príncipe logró dormir como nunca en mucho tiempo, descansó y no sintió lo helado del ambiente. Su hermana veló por él toda la noche. Le cantó, hasta que se quedó dormido...
*“Recuéstate, yo te cantaré un lullaby,
de vuelta a los años de loo-li, lai-lay.
Cantaré a tu sueño, cantaré tu mañana
bendigo con amor el camino que hagas.”
“Deberás viajar a las tierras del destino,
diamantes y perlas en tu cabeza y pies.
Ojalá nunca tengas que desterrar la desgracia,
y que encuentres bondad donde sea que estés.”
“Siempre estarán los ágeles pendientes de ti
guiandote a cada paso de tu andar,
guardando y cuidándote de todo mal.
Loo-li, loo-li, lai-lay.”
“Que entregues amor, entrega alegría.
Que te amen también, hasta el fin de tus días.
Ahora duerme que yo, no haré esto por ti,
Sólo voy a cantarte este loo-li, lai-lay.”
Ella también estaba cansada, y de a poco su voz se fue apagando, sus ojos de cerraron y se quedó inmóvil. Esa sería la última canción que le cantaría a su hermano... la última vez que podría mover su cuerpo.
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* Sleepsong de Secret Garden, adaptación mía del inglés... intenté que rimara lo mejor que podía sin cambiar el texto... para hacerle justicia pueden leer la letra original.
Como lo comenté antes, esta historia no se termina, y aún no lo hace. Ni siquera yo sé bien cómo sigue. Para mi es tan novedoso escribirlo como para ustedes leerlo.
No tiene un título, tampoco tengo nombre para sus personajes, acepto sugerencias.
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El cielo se estaba nublando, anunciando lluvia. El viento empezó a correr helado por sobre los campos, en los que no se veía gente labrando. En cambio algunos caminaban cansados, derrotados, asustados a buscar el calor de un hogar que no sabían si seguía en pie. Otros yacían en el suelo, heridos, muertos. Las casas que se veían desperdigadas por el valle, hogares alguna vez prósperos, estaban los más, abandonados, sino cerrados en un vano intento de dejar afuera el dolor y la violencia de la guerra.
La que había sido una tierra apacible y próspera hoy había sucumbido a una fuerza extranjera que llegaba en busca de sus riquezas, de su gente y de su gloria.
Así se veía el panorama desde las alturas, a lo lejos se ve la silueta negra de un majestuoso castillo de altas torres, alguna vez de colores plateados y albos, hoy sólo ruinas oscuras y en el río que lo circunda, se reflejan las llamas que lo consumen. Su silueta se aleja cada vez más, en tanto vuela un ángel en dirección contraria, con un muchaho en brazos. Ambos lloran lágrimas silenciosas, de frustración e impotencia. Callados comparten su pesar, observan lo que la guerra ha hecho a su país, y lloran por ellos, por su tierra y por su historia. Lo que era, no volvería a ser, nunca más. El cielo, el rumor del viento, la cadencia suave de un aleteo… atrás quedó el chasquear del fuego y la madera, el choque de los metales, los golpes, el sonido de huesos rotos, los gritos de terror. Ahora calma… viento… lágrimas... frío y desconsuelo.
-"Pobre gente. Pobre pueblo, pobre país." – Se lamentaba el ángel a medida que veía los campos quemados, los animales muertos, las casas vacías. – "Nosotros solíamos pasear por aquí. Era un país tan bello."-
El niño en sus brazos no podo contestar, las lágrimas salieron con más fuerza, corrían por su cara e iban a caer metros más abajo, como una lluvia amarga sobre la tierra devastada. Empezó a temblar, a resentir el hambre y la fatiga. Habían pasado muchas cosas, había perdido mucho. ¿Qué iba a hacer ahora?
El ángel, como si hubiese adivinado, lo estrechó contra sí, aún con más fuerza. Ella irradiaba un calor tibio, transmitía calma. De a poco el joven se confortó y empezó a caer en un sueño superficial e inquieto.
Viajaron hasta bien entrada la tarde, atravesaron la frontera y descendieron en el borde de un bosque de pinos, donde se veía en el claro una pequeña iglesia, hecha de madera y piedra, con una torre alta y estilizada donde podía adivinarse la silueta de tres campanas. El joven príncipe se sentía débil, además de que seguía con el estómago vacío, el sueño no le dio descanso, pues pesadillas de lo que había sido real se sucedían al dormir.
-"Ten fe, ten fuerza, aquí vamos descansar un poco." – A pesar de verse como un ángel, sus alas estaban caídas, y las arrastraba por el suelo al avanzar, su rostro tranquilo ahora se veía cansado, y sus movimientos eran torpes y lentos. Cansados y a duras penas caminaron desde el bosquecillo hacia la iglesia. El príncipe en su encontró algunas matas de frambuesa con fruta, aunque su hermana no aceptó las que le ofrecía. – "Por mucha hambre que tuviera, no podría comer ahora. "–le explicó.
Atravesaron la entrada, pasaron por un corto empedrado que limitaba, en uno de sus costados, con un cementerio con antiguas tumbas. Llegaron al frente de una gruesa puerta de madera. El joven príncipe empujó, sin conseguir siquiera que emitiera sonido, su hermana lo apartó y le pidió a la puerta que se abriera. – "En el nombre de Dios, pido asilo y descanso." –La puerta se abrió inmediatamente, sin siquiera tocarla.
Después de unos segundos de sorpresa, el joven mancebo siguió a su hermana por el pasillo de la capilla, iba a felicitarla por su hazaña, pero al acercarse a ella y detenerse en su expresión, no pudo menos que sentir compasión. Su hermana ahora tenía la tez grisácea, se le notaban azules las venas bajo la piel, sus ojos estaban rojos, el aura celestial que la acompañaba se estaba apagando junto con ella. Se sentó abatida en una de las bancas de la capilla, sus alas estaban sucias y caían sin fuerza a su costado, como un manto de tela.
-"Ahora yo estaré contigo, para que descanses de tan largo vuelo, gracias por sacarnos de ahí." –El príncipe se acercó a ella y la abrazó, sin poder evitar que algunas lágrimas corrieran a humedecer el hombro de su hermana. Ambos se abrazaron y estuvieron unos minutos en silencio, sólo se oía la respiraciòn del muchaho y el murmullo del viento al pasar por los pinos y las campanas.
Se estaban retirando ya los últimos rayos del sol, afuera el viento corría más fuerte, y se sentían las primeras gotas de lluvia chocando contra los vitrales. Los hermanos habían estado haciéndose compañía en silencio, ella le acariciaba el pelo, él curioseaba las alas recién adquiridas de su hermana. – "Deben abrigar mucho." -Comentó el muchacho. Ya empezaba a hacer frío y las iglesias nunca se han caracterizado por lo templado de sus salas.
-"Vamos a ver qué tanto sirven para abrigar. " –Acotó el ángel, recostando a su hermano en sus rodillas, tomó sus alas con las manos y lo tapó con ellas.
– "En verdad abrigan... ¿pero y tú? "–
- "Yo las tengo incorporadas, no siento frío." - Le contestó el ángel, esbozando una sonrisa franca y dulce, una sonrisa que alivió a su hermano, la primera sonrisa desde hacía ya muchas semanas. Él le devolvió una sonrisa infantil, mostrando todos los dientes, recordando cómo había que poner los músculos para sonreír, sorprendido de cómo esa mueca le cambiaba tanto el ánimo. Ambos rieron juntos, de sus risas, de recordar cómo era reirse, de seguir juntos, del destino incierto que les esperaba, rieron a gusto y con sinceridad, pues fuese como fuese, al fin estaban lejos de la guerra y la violencia; de una manera extraña, se sentían libres.
Llovió toda aquella noche e hizo frío, pero el joven príncipe logró dormir como nunca en mucho tiempo, descansó y no sintió lo helado del ambiente. Su hermana veló por él toda la noche. Le cantó, hasta que se quedó dormido...
*“Recuéstate, yo te cantaré un lullaby,
de vuelta a los años de loo-li, lai-lay.
Cantaré a tu sueño, cantaré tu mañana
bendigo con amor el camino que hagas.”
“Deberás viajar a las tierras del destino,
diamantes y perlas en tu cabeza y pies.
Ojalá nunca tengas que desterrar la desgracia,
y que encuentres bondad donde sea que estés.”
“Siempre estarán los ágeles pendientes de ti
guiandote a cada paso de tu andar,
guardando y cuidándote de todo mal.
Loo-li, loo-li, lai-lay.”
“Que entregues amor, entrega alegría.
Que te amen también, hasta el fin de tus días.
Ahora duerme que yo, no haré esto por ti,
Sólo voy a cantarte este loo-li, lai-lay.”
Ella también estaba cansada, y de a poco su voz se fue apagando, sus ojos de cerraron y se quedó inmóvil. Esa sería la última canción que le cantaría a su hermano... la última vez que podría mover su cuerpo.
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* Sleepsong de Secret Garden, adaptación mía del inglés... intenté que rimara lo mejor que podía sin cambiar el texto... para hacerle justicia pueden leer la letra original.
Cambiando el cincel por la cámara.
Estaba haciendo hora y me dediqué a dar vueltas por internet, entonces me encontré con esto... esculturas líquidas

Había oído hablar de esculturas de hielo, de mármol… pero todo sólido.
No dejo de admirar la paciencia y la visión de este arte.
Un día de estos voy a pararme frente a una gotera, a ver si logro “esculpir” algo como eso. Mientras les recomiendo que visiten este link, donde hay más esculturas líquidas.

Había oído hablar de esculturas de hielo, de mármol… pero todo sólido.
No dejo de admirar la paciencia y la visión de este arte.
Un día de estos voy a pararme frente a una gotera, a ver si logro “esculpir” algo como eso. Mientras les recomiendo que visiten este link, donde hay más esculturas líquidas.





