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Echando Muros abajo
En términos generales, luego de la posguerra, el territorio alemán fue dividido y se repartió entre los aliados y la URSS. Su capital, Berlín quedó en territorio soviético, aunque también le correspondía una mitad a la República Federal Alemana. Así quedó la porción Federal aislada dentro del régimen comunista.
Aunque la URSS en un principio consideró la posibilidad de reunificar Alemania, por la guerra fría y el éxodo hacia la Alemania Federal, a través de Berlín del Este, la Unión Soviética cerró las fronteras de la Alemania Democrática y se construyó un muro en Berlín que separaba ambas secciones de la ciudad, y asimismo familias, lugares de trabajo, incluso el tren subterráneo, aunque algunas de sus líneas siguieron circulando, pero ya no paraba en las estaciones de la Alemania Oriental, las cuales quedaron abandonadas por cerca de 28 años.
La porción este de Berlín quedó aislada dentro del régimen soviético, que intentó bloquear su comunicación, pero pilotos norteamericanos se las ingeniaron para aterrizar en las calles de la ciudad, portando enseres y víveres, lo que obligó a la URSS a cancelar el bloqueo.
No está clara la cantidad de gente que murió intentando cruzar de un lado a otro. Se lo denominaba “La Cortina de Hierro” o “Muros de Protección Antifascista”, dependiendo de a qué lado te encontraras.
Con el tiempo se acordó disminuir las restricciones para el paso, que permitirían a unos cuantos miles de alemanes pasar de un lado a otro para visitar a sus familiares en las fiestas de fin de año. En 1898 las autoridades del Politburó finalmente deciden abrir el muro, comunicando la noticia en transmisión directa por radio y televisión. La noticia llegó a oídos civiles antes que a los puestos de control, a donde llegaron hordas de gente exigiendo salir, frente a lo cual los funcionarios policiales no pudieron ofrecer resistencia. Así las puertas del muro se abrieron oficialmente la mañana del 10 de noviembre de 1989, y los berlineses orientales fueron recibidos incluso con cerveza gratis en los locales colindantes al muro, y con abrazos de desconocidos en la calle.




Después de esto, no me atrevo a quejarme de las limitaciones que me pone la vida, que por muy grandes que me parezcan, no miden 41,9 kilómetros de largo y hasta 500 mts de ancho, ni tienen 302 torres de vigilancia, ni campos minados a uno de sus costados, ni pistolas automáticas adosadas a las paredes, ni alambre de púas, perros policiales, sistemas de alarma, equipamiento antitanques.. en fin. Aunque es cierto que tengo barreras, también es cierto que tengo formas de franquearlas, y salir relativamente ilesa.